Esposa de Pastor, ¿Pastora?

16. Esposa de pastor, pastoraEsposa de pastor, ¿pastora?

In memoriam:

Lucina Merabdy Rangel de Alaniz, que supo ser, ¡esposa de pastor!. <Mi Madre>

¡ROTUNDAMENTE ME NIEGO HA ACEPTAR QUE LO SEA! ¡Por Dios! He escudriñado a detalle las Sagradas Escrituras, y no existe en ninguna parte, este concepto, que erróneamente en muchas de nuestras congregaciones se ha acuñado, causando serios problemas al ministerio del pastor, porque la gran mayoría de las veces, sobre todo las hermanas, particularmente de la Soc. Misionera Femenil acuden a la esposa, bajo el supuesto de que es “la pastora”, y le hacen preguntas relativas al trabajo de la iglesia o de la organización, contraponiendo el criterio de la esposa, al criterio del pastor “esposo”, que en primera y final instancia es el que ha recibido el nombramiento y es el responsable del cargo pastoral, ya sea para bien o para mal.

De antemano, me disculpo, por si mis conceptos provocan escozor en algunos sectores de nuestra iglesia. Mi experiencia de tantos años al servicio de la IMMAR, me permite, clarificar conceptos que a fuerza de ser sinceros, han demeritado la tarea pastoral <en muchos de los casos>

¡Válgame Dios! ¡habrase visto semejante dislate!. ¿Ha visto usted, alguna vez que la esposa del Doctor, se meta al consultorio a dar consulta? o ¿Ha visto a La esposa del ingeniero, que se meta a discutir con su esposo cómo hacer unos planos? Entonces, ¿Por qué la esposa del pastor, se mete a discutir, los asuntos referentes a la iglesia, y quiere estar enterada de todo? Porque se siente apoyada por los miembros de la iglesia, que le llaman Pastora sin serlo.

Esta vieja práctica, que nos es bíblica, es adoptada por tradicionalismos, y sentimentalismos. Esto les ha hecho pensar, que ellas también tienen autoridad y dominio sobre el ministerio de sus esposos pastores, lo cual se presta para severos conflictos, no solo de autoridad, sino en el seno del hogar, teniendo en muchos de los casos matrimonios disfuncionales, precisamente por esta situación.

Recuerdo, incluso el caso de un compañero pastor, quien sufrió en carne propia, una situación de infidelidad, pues resulta que un hermano, le empezó a llamar zalameramente a la pastora “pastorcita”, incluso se prestaba para llevarla a donde ella quisiera, y ella ingenuamente le siguió el juego, y finalmente se dio la infidelidad. No dudo, que haya esposas de pastor, que tengan diversos dones y talentos, y que los usen para el servicio de Dios, y el beneplácito de la congregación, pero aún en esos casos, no tiene por qué sentirse que es la pastora; solo es una servidora de Dios. En el Nuevo Testamento, tenemos ejemplos, de mujeres consagradas, virtuosas, que colaboraban en el ministerio junto con sus esposos, aunque no por eso se les llamaba “Apóstolas” u “Obispas”; sin embargo cumplían una obra muy importante y necesaria, ejemplo de ello tenemos en 1ª De Corintios 9:5, donde Pablo señala: “No tenemos derecho de traer a la esposa” Nótese: “esposa” no “Pastora.”

El marido, como pastor, si lo desea, bien puede compartir con su esposa como “ayuda idónea”, que colabore y sirve en algunos aspectos, que el considere pertinentes, pero eso no significa delegarle ninguna autoridad. El pastor, no puede bajo ninguna circunstancia delegar su llamado y vocación, a la esposa; ya que Dios le pedirá cuanta por las ovejas que solo a él como pastor, NO A SU ESPOSA, le delegó. (Efesios 4: 11; hebreos 13:17).

En el Antiguo Testamento, cuando Dios llamó a Moisés al ministerio de Profeta, no vemos que Dios le haya llamado a su esposa Séfora, la “profetiza”. En el caso de Abraham, él fue el Patriarca, nunca la esposa fue la “patriarca”. Esto no significa, que porque no se les llame “pastoras”, sean menos importantes e inferiores para Dios. Pero, vuelvo a mi ejemplo inicial, cuando el médico se titula como tal, ¿también a la esposa se le confiere de facultad de consultar? Cuando el profesor se titula como tal, ¿a la esposa también se le da esa facultar de enseñar? ¿Cuándo el pastor se gradúa del Seminario, y se le ordena con la imposición de manos, a la esposa se le confiere la facultad de dar los sacramentos? ¡verdad! ¡qué es obvio que no! Entonces vayamos erradicando ese inveterado mal de nuestras congregaciones, propugnemos por la dignificación del ministerio, y de la esposa, como “la esposa del pastor”

La tarea, que bíblicamente pudiera corresponder a la esposa del pastor, puede ser la señalada en Tito 2: 4-5: “Enseñar a las jóvenes a amar a sus esposos e hijos, a ser prudentes y puras, a cuidar del hogar y a ser dulces y obedientes con sus esposos, para que nadie hable mal del cristianismo por culpa de ellas. De igual manera exhorta a los jóvenes a ser prudentes y a tomar la vida en serio. En esto tienes que darle el ejemplo… su conversación ha de ser tan sensata y lógica que el que discuta con ustedes se avergüence al no encontrar en sus palabras nada que criticar” Veamos un ejemplo en las Escrituras, en donde la esposa, en lugar de ayudar “destruye”. En Números 12, Aarón y Miriam hablan mal de Moisés, porque su esposa era descendiente de Cus. Dios trabaja con hombres completos para hacer su obra. El que no reconozca a su esposa, no se reconoce a si mismo, la congregación que no reconozca a la esposa del pastor, en sus labores de pastorado, no está reconociendo a su pastor; pero eso dista mucho de que ella sea pastora. No faltara, alguno que pueda decir, “Es que usted no conoce a la esposa de mi pastor, es algo serio, en todo se quiere meter, y siempre se la pasa murmurando de los demás”.

Hagamos ahora, un análisis, desde la antropología social, de ¿cuál es el papel del esposo, y de la esposa en una familia, a fin de clarificar situaciones. Me surge la pregunta: ¿Cuál es el papel del esposo y la esposa en una familia”. La respuesta salta a la vista y acudo a las Sagradas Escrituras, y estas me dicen, que cada uno tienen asignados roles específicos, entro del matrimonio: De conformidad, a lo señalado en 1ª. De Corintios 11:3 El esposo debe asumir el liderazgo en la casa. “Pero hay algo que deseo recordarles: la mujer está sujeta al esposo, el esposo a Cristo y Cristo a Dios. Por eso si un hombre no se quita el sombrero mientras ora o predica, deshonra a Cristo, Y si una mujer ora o profetiza en público sin cubrirse la cabeza, deshonra al esposo, porque el estar cubierta es señal de sujeción a él”.

En Efesios 5:21-25, se afirma: “Honren a Cristo sometiéndose unos a otros. Las mujeres sométanse a sus esposos al igual que se someten al Señor. Porque el esposo es cabeza de la esposa, de la misma manera que Cristo es cabeza de ese cuerpo suyo que es la iglesia. Así que, las esposas deben obedecer en todo a sus esposos. Asi como la iglesia obedece a Cristo. Los esposos por su parte, deben mostrar a sus esposas el mismo amor que Cristo mostró a su iglesia”. Como podemos ver, la exhortación es a ambos, pues el esposo no debe asumir un papel de dictador.

En 1ª. Timoteo 5:8:El que no se ocupa de los suyos, especialmente de los de su propia familia, no tiene derecho a llamarse cristiano, y es peor que un infiel” como vemos se señala que el papel del esposo es ser el proveedor: “Además, en 1ª. Tesalonicenses 4: 4, se hacen recomendaciones adecuadas: “Esta es la voluntad de Dios: que sean santos y puros. Eviten por todos los medios los pecados sexuales; los cristianos deben casarse en santidad y honor, y no en pasión sensual como lo hacen los paganos en su ignorancia de las cosas de Dios”. El Proverbista señala en el capítulo 18:22: “El hombre que encuentra esposa, halla algo bueno, ella es una bendición que Dios le envía” ¿Será? Veamos ahora, veamos, cual es el papel de la esposa. La palabra “esposa” significa “tejedora”. Ella es la que teje en el hogar. Un hogar tejido por una esposa cristiana, expresará la gracia y la belleza que revela la obra del Espíritu Santo. La descripción de una buena esposa, la hallamos en, Proverbios 31, pasaje clásico por excelencia, que nos habla del papel de la esposa en el hogar. Un ejemplo de ello lo teneos en Proverbios 31:28-29 “Sus hijos se levantan y la bendicen; lo mismo su marido. Él la alaba diciendo: “Muchas mujeres excelentes hay en el mundo, pero, tu eres la mejor de todas”.

Es innegable que la felicidad del hogar es una experiencia muy confortable y muy disfrutable, siempre y cuando la esposa cumpla con sus responsabilidades. El mismo libro de Proverbios, advierte: “la mujer sabia edifica su hogar, pero la necia la destruye”. Cada uno en la pareja son diferentes, pero esas diferencias deben ser motivo de complementación y no de enfrentamientos. Cuando la pareja conoce y acepta sus diferencias, esto debe traducirse en unidad en el matrimonio.

En Génesis 2:18, se dice: “No es bueno que el hombre esté solo. Le voy a hacer una compañera que sea de ayuda para él en todas sus necesidades”. He aquí, algunas ideas, que surgen de la antropología social:

1.- Haz que tu hogar sea un lugar seguro y feliz, donde se pueda encontrar ánimo, consuelo, comprensión, descanso y protección, para toda la familia.

2.- No Hagas bromas o burlas acerca de tu esposo, ni lo ridiculices entre tus amigas, sobre todo de no hables de tu vida íntima… No le digas palabras ordinarias o groseras.

3.- No le recuerdes siempre sus faltas, errores y fracasos.

4.-  Si tienes algo que decirle busca el momento apropiado, hazlo a solas, y nunca delante de los hijos.

5.- Mantén la casa limpia y ordenada. Tampoco hagas de la limpieza una “fobia”. A los esposos, les gusta llegar y asentirse cómodos y distendidos.

6.- Sé una esposa en quien el esposo pueda confiar y de quien depender. Habla las cosas con él. Valora su opinión. Nunca le escondas nada que pueda afectar la relación y sé honesta.

7.-Vive feliz y contenta con lo que tu esposo te provee.

8.- Sé paciente, perdona y muéstrate dispuesta a hacer sacrificios por tu familia.

9.-Cuidate a ti misma. Muéstrate hermosa y prolija. Cuida tu salud. Se amable en tu comportamiento, de suerte que te vea hermosa en tu vida interior.

10.- Coopera y coopera con tu esposo en educar y corregir a los hijos. Tomen juntos la decisión de cómo quieren disciplinarlos.

11.- Toma en cuenta que el trabajo de la iglesia es absorbente, y allí es vital tu participación como ama de casa.

12.- Recuerdo que hay un dicho que señala, hijos de pastor lo peor; ayuda a erradicar ese falso concepto, haciendo que tus hijos sean leales y respetuosos, con tu esposo y con la congregación. Esto solo ze puede dar, si tú eres leal y respetuosa con tu esposo.

13.- Siempre se agradecida. NO tengas vergüenza de decir gracias, todas las veces que sea necesario. Dar un beso, una sorpresa, con esa comida que le gusta o celebrarle su cumpleaños; muestra tu amor y cuidado con palabras y hechos, tu esposo lo apreciara muchos y redundara en beneficio de ti misma y de toda la familia.

Finalmente, quiero compartirles un poema de Ruth Ann Polston, esposa de un pastor de renombre; que puede ayudar a entender mejor la situación del pastor, que muchas veces esta entre la espada y la pared; de una parte una esposa incomprensiva y arrogante y de la otra una congregación intransigente.

NO CRITIQUE A SU PASTOR

Fue una mañana de domingo agotadora: un desayuno con los miembros de la Junta de la Iglesia a las siete, dos cultos de adoración y un programa de radio y televisión. Parece increíble que tanto mi esposo como yo seamos el medio por el cual Dios derrama bendiciones a nuestros feligreses cada domingo. Todas las fuerzas espirituales que obtenemos en nuestra comunión con Dios son, en cierto modo, virtud que emana de nosotros al ministrar a nuestro rebaño.

Damas de la casa pastoral, permítanme hacerles una sugerencia un tanto negativa, pero con resultados positivos para la parte del ministerio que les corresponde desarrollar al lado de su esposo: No critique sus sermones, ni en público ni en privado. Ese domingo a mediodía, mientras él manejaba con rumbo a casa, mi “sexto sentido” femenino me indicaba que algo le inquietaba, pero no se animaba a decírmelo. Al fin rompí el silencio cuando le dije: -Predicaste muy bien, querido. El Señor te usó poderosamente para bendecirnos a todos. Pero no siempre mi intuición femenina ha sido efectiva y mucho menos oportuna. Por lo general, en los años que tenemos dedicados al pastorado reservo esta clase de comentarios para ocasiones en las que Dios ha usado a mi esposo, como ese domingo en la mañana.

Pero, con mucha pena, recuerdo todavía las ocasiones en las que en vez de ayudar hice todo lo contrario, como cuando acostumbraba sentarme en la primera banca de la iglesia y, al menor error de mi esposo -como por ejemplo, confundir a Moisés con Abraham, o viceversa – en voz baja trataba de decirle el error que había cometido. Cierto domingo en la mañana mi esposo le puso remedio a tan mala costumbre. En una de esas ocasiones en las que “me deshacía” por corregir su error, mi esposo dejó de predicar, me miró fría y duramente y con voz firme me dijo: ¿Deseaba usted algo, hermana…? ¡Jamás lo he vuelto a hacer desde esa ocasión!

A través de amargas experiencias he descubierto que la manera más práctica y útil de ayudarle a mi esposo en su ministerio es sencillamente cumpliendo mi deber como esposa y ama de casa. Creo que en la iglesia y fuera de ella ya hay suficientes críticos que le dicen a mi esposo sus faltas y errores. No deseo unirme a ese gru po de “inspectores sin sueldo” de la obra pasto ral. Uno de los deberes especiales de la esposa del pastor es elevar la confianza de su amado en sí mismo. Le hace mucho bien si antes de predicar lo anima, elogia sus cualidades oratorias y su personalidad, le asegura que Dios lo usará y que estará orando por él mientras predica. Arréglele la corbata o el cuello de la camisa y vaya con él del brazo hasta la iglesia. Al terminar el culto haga lo mismo, pero no le recuerde aquello que no hizo bien, o el error que cometió al predicar, o quien faltó al culto, o ¡quién de las fieles ancianas o ancianos se estaba durmiendo cuando predicaba!

En una de esas ocasiones en que todavía no perdía la mala costumbre de tratar de corregir los errores de mi esposo mientras predicaba, se equivocó al citar el versículo de Lamentaciones 4.3 y, en vez de decir avestruz, dijo pelícano. Celosamente y tratando de decírselo en voz baja, le dije: “Es avestruz.” Para mi sorpresa, volteó hacia mí y en voz alta me dijo: “No, es pelícano.” Yo le repetí: “¡Es avestruz!” Para ese momento toda la congregación buscaba la cita en la Biblia para comprobar quien estaba en lo correcto. Por ningún concepto mi acción se justificó, pues parecía que toda la congregación lo miraba acusadoramente tratando de decirle que estaba equivocado y que su esposa tenía razón. ¡Imagínese cómo terminaría de predicar mi pobre esposo aquella ocasión!

Mi esposo suele decir que mi aprobación a sus sermones es más importante que la de un jurado compuesto por mil personas. Una de las necesidades sicológicas del hombre es precisa mente la admiración que le debe tener la mujer a quien él ama. Compañeras esposas de pastor, no hagan sufrir a sus esposos. Al fin y al cabo, ¿Qué tanto daño causa si se equivoca y, en vez de decir avestruz dice pelícano? Cordialmente  Ruth Ann Polston.

Con mi afecto y respeto,

Silvano Mares.

Bibliografia:

Problemas Conyugales / Un libro de Buen Hogar / Publicaciones DEARMAS.

El acto Matrimonial

Tim & Beverly La Haye / Edit.Clie

Cuál es el papel del esposo y la esposa en una familia / Got Questioins.

La función del esposo como cabeza de la esposa y de la familia / La Biblia Dice / David Logracho/ Argentina

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