UMAD Papaloapan

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A propósito del Día del Padre

Hace unos días visitando una tienda de conveniencia con mis hijos y por cierto… buscando un obsequio para el día del padre; muy próximos a nosotros estaban cuatro personas. Por las conversaciones intuí que se trataba de una familia: papá, mamá y dos hijas adolescentes. Reían un poco fuerte y el padre exclamaba “¡ahora estuvo mejor!, ustedes eligen y yo tendré que pagar mi propio regalo”, más risas… y continuaba, “¡si fuera el día de la madre ya estuvieran ahí los regalos, el festival, la comida!”  Hubo un momento en que involuntariamente hasta yo me involucré en esas pequeñas risas.

Ya fuera de la tienda y con el obsequio listo para que mis hijos pequeños lo entregasen a su padre al otro día, la escena regresó a mi mente y particularmente el reclamo implícito de aquel señor, que afirmaba que el día del padre no era tan importante como el día de la madre. Vaya situación social.

Pero más ideas ocuparon mi pensamiento, porque cierto, muchos afirman que  México es una sociedad “machista”, pero recordé que mi profesor de humanidades de la universidad (era de Puerto Rico), afirmaba que para él, en México lo que prevalecía era el matriarcado, porque es la madre la que ejerce el poder, sea abiertamente o mediante el chantaje y la madre figura en todo. ¡Qué lío una sociedad machista con matriarcado!

Bueno, parece que me desvío de la idea central pero a lo que invito es a la reflexión. No podemos dejar de ver lo que está sucediendo, la incursión de la mujer en la educación, su derecho al voto y más tarde a su participación en la política, su fortalecimiento económico y hasta su independencia emocional, son algunos grandes aciertos o más bien un poco de justicia, respecto al estado o trato desigual de la mujer en general. Sin embargo, eso aunado a la liberación femenina produjeron una fórmula que nos hace creer que la mujer lo puede todo hasta el extremo incluso, de pensar que no necesita del hombre. Y finalmente sucedió los hombres cayeron en su zona de confort y huyeron a sus responsabilidades.

Volvamos entonces al punto de la reflexión. Necesitamos reconocer nuevamente la importancia de la familia, para recuperar la salud social y necesitamos urgentemente que los hombres y particularmente los padres, entiendan y asuman su correcto rol. A ellos corresponde dar cuentas finales de la familia, ellos están obligados a ser los proveedores, los protectores, a cuidar y amar primeramente a su esposa y luego de sus hijos como Cristo amó a su iglesia. ¿Muy fuerte verdad?, Dios ha establecido una línea de autoridad para guardar un orden.

1 Corintios 11:3 dice, “Pero quiero que sepáis que Cristo es la cabeza de todo varón, y el varón es la cabeza de la mujer, y Dios la cabeza de Cristo”. ¿En qué momento ese orden se rompió, se malentendió? Sucedió cuando el enemigo logró tentar nuestro pensamiento y endureció corazones, hombre y mujer se enorgullecieron y confundieron, sin entender que Dios nos colocó en igual posición respecto a Él y su salvación. Nos hizo participes en igualdad de sus bendiciones, a ambos nos hizo a imagen y semejanza, pero nos encargó diferentes roles y nos equipó para poder cumplirlos, En eso y no en otra cosa estriban nuestras diferencias.

Por eso, rogamos que haya entendimiento y que se restablezca el orden. Que los esposos asuman su posición y que entiendan que la autoridad que el Señor delegó en ellos como cabeza de familia, no fue para maltratar, sino para proteger y que les exige amar a su familia como, Cristo amó a su iglesia, que hasta dio su vida por nosotros.

¿Qué mujer podría ofenderse o incomodarse, con ese trato? ¿A qué esposa no le gustaría cobijarse en el brazo de un esposo amoroso, firme, responsable y temeroso de Dios? ¿Y qué mujer no podría entender que el hombre necesita reconocimiento, admiración y ayuda idónea?

Mujer-esposa, que esta reflexión del día del padre sea la ocasión propicia para animarte a reconocer y fortalecer la admiración a tu esposo, así como cuando te enamoraste. Y a ti esposo-padre te invitamos a estar consciente de tu posición y de la responsabilidad de tu rol. ¿Qué esposa has delineado? ¿Qué familia estas forjando?

Bendice, Señor, los corazones de los padres, fortalece su correcta identidad y levántalos firmes, fuertes y más responsables que nunca, ¡vivan los héroes del hogar! Nuestros niños necesitan esos ejemplos.

Oíd, hijos, la enseñanza de un padre, Y estad atentos, para que conozcáis cordura. Porque os doy buena enseñanza; No desamparéis mi ley. Porque yo también fui hijo de mi padre, Delicado y único delante de mi madre. Y él me enseñaba, y me decía: Retenga tu corazón mis razones, Guarda mis mandamientos, y vivirás. Proverbios 4:1-4