INM – Celebración Independencia

14. INM - Celebración independencia bAl grito de:

 “¡Viva la Independencia Nacional!”,

“¡Vivan los héroes que nos dieron patria y libertad!”,

“¡Viva Hidalgo”,

“¡Viva Morelos!”,

“¡Viva Allende!”,

“¡Viva la Corregidora!”, “¡Viva Aldama!”,

“¡Viva México!”, “¡Viva México!”, “¡Viva México!”, Celebramos orgullosos el 208 aniversario de la Independencia de México.

En el Instituto Normal México celebramos este acontecimiento con una ceremonia representada con una plástica donde los alumnos personifican esos importantes hombres y mujeres que participaron y dieron su vida por luchar por un México independiente. Y después una verbena mexicana como símbolo de alegría y festejo ante la causa lograda.

A las dos de la mañana del 16 de septiembre de 1810, Hidalgo y Allende fueron informados de los últimos sucesos, y comprendieron que era indispensable tomar una decisión, misma que fue expresada por Hidalgo con estas palabras: “Caballeros, estamos perdidos. No hay más recurso que ir a coger gachupines”.

Siendo domingo, a las cinco de la mañana había mucha gente del pueblo de Dolores y de los alrededores reunida para asistir a Misa, a todos ellos el Párroco arengó diciéndoles: que los peninsulares querían entregar el Reino a los franceses, por lo que era necesario combatir el mal gobierno de aquellos y defender el territorio para su Rey legítimo, Fernando VII; que se iría hasta la capital, se instalaría un gobierno nuevo y no habría más opresión ni tributos.

La Independencia de México es un hecho trascendente de nuestra historia, interesante y que nos da razones para comprender mucho de lo que somos y tenemos como pueblo.

Hacia finales del siglo XVIII, debido a las causas internas y externas se desarrolló en la América Española un nuevo ambiente social que habría de trastocar el orden aparentemente estable formado en más de dos siglos de colonia. La mayoría de la población (el 60%) no hablaba castellano en 1810. Muchos de sus dirigentes rebeldes se referían a la vida anterior a la conquista afirmando que aquellos tiempos los pueblos habían vivido en libertad y bajo un régimen justo. Olvidaban y disminuían las luchas violentas y las contradicciones de la época prehispánica. Esta idealización del pasado fue una manera de afirmar la identidad.

Los pueblos indígenas no eran el único sector reprimido y pobre en vísperas de la lucha por la Independencia. Formaban también parte de éste los negros, esclavos o libres, y los mestizos o castas, quienes sufrían distintos grados de discriminación y explotación.

El profundo descontento, las malas cosechas, la desesperación y las inquietudes presentes en varias capas de la sociedad novohispanas tenían que llegar a explotar tarde o temprano como una revuelta social o movimiento militar, y así fue. Llama la atención que hayan participado un buen número de clérigos en la causa en el nivel de dirigentes y es explicable este hecho por su notable influencia en la población, por su sensibilidad sacerdotal, por su inconformidad ante la situación y por su formación intelectual.

Siendo Cura párroco de Dolores (Guanajuato), don Miguel Hidalgo y Costilla, estuvo en comunicación con los participantes de las juntas de Valladolid de 1809, y hasta tuvo contactos personales con ellos, lo cual indica que simpatizaba con las ideas de la insurrección. Ya en 1810, también en la ciudad de Querétaro, se estuvieron re-uniendo algunos de los simpatizantes de la causa de la Independencia, entre ellos: Ignacio Allende, Juan Aldama y Mariano Abasolo. La conspiración estaba disfrazada de tertulia literaria. El local de las reuniones era la casa de un padre Sánchez o la casa del corregidor Domínguez. La esposa de este, doña Josefa Ortiz de Domínguez también tomaba parte en dichas reuniones. El destacado padre Hidalgo, aceptó encabezar el movimiento.

La conspiración fue delatada por traición a las autoridades virreinales en septiembre de 1810. No hubiera sido difícil para sus integrantes obtener el perdón del gobierno, como lo habían logrado el año anterior los miembros de la Conjura de Valladolid, quienes sólo habían recibido castigos leves. Sin embargo los involucrados decidieron lanzarse a la lucha.

El carácter popular de la insurrección se afirmó con varias medidas decretadas por Hidalgo. Entre ellas destacan la supresión de las castas, la abolición de la esclavitud, la cancelación de los tributos que debían pagar los indios y la restitución a estos de sus tierras. 

El movimiento de Independencia no fue fácil, le costó al pueblo vidas y sacrificios, por eso al celebrar ahora el aniversario 208 de esta encrucijada de la historia, debemos comprometernos a seguir conservando los valores que nos dan identidad como pueblo y a seguir trabajando por el progreso, la paz y la justicia, con el propósito de seguir forjando una sociedad más libre y más igualitaria, así como la soñaron aquellos que en tiempos lejanos dieron la vida para conseguirla. Nuestra mirada al pasado no es un ejercicio simplemente académico, sino principalmente un gesto de fidelidad a Jesucristo cuya presencia descubrimos en nuestra historia. Esta presencia nos convoca también a prestar atención a lo que Dios desea de nosotros en el presente y de cara al futuro.