Firma: Marcos Serrato

FIRMA: MARCOS SERRATO

Alan Sánchez Cruz

Noviembrede 201

Carmen Serdán Alatriste. Fuente: Wikipedia.

Se cuentan, en la historia revolucionaria de México, hombres y mujeres que estuvieron dispuestos a dar la vida con tal de que su causa triunfara. Nombres como los de Francisco I. Madero, Francisco Villa y Emiliano Zapata son ampliamente conocidos, y es necesario -y justo- honrarlos por el grado de compromiso que tenían con sus ideales. Sin embargo, se ha estudiado poco a aquellos sectores que, aunque minoritarios, ayudaron a que diera inicio lo que los historiadores han dado por llamar Revolución Mexicana: en este caso se encuentra el de los niños revolucionarios -que bien pudiese estudiárseles en otro momento- y el de las mujeres.

Es sabido que una de las primeras llamas de la Revolución fue encendida en Puebla, con los hermanos Serdán. Estudiosos del tema distinguen su liderazgo en el siguiente orden: Aquiles en primer lugar, Carmen en segundo y Máximo en tercero, no obstante que Carmen era la hermana mayor. Pero, esta historia, que en ocasiones se cuenta con un tono de epopeya y hasta novelesco, aminora el papel que las Serdán -no sólo Carmen; también su hermana Natalia y María del Carmen, madre de ambas, además de Filomena, esposa de Máximo, el menor de los hermanos- desempeñaron en el movimiento que era leal a Madero y a su pensamiento antirreeleccionista.

La bandera con la que Francisco I. Madero hacía su llamado a la revolución era, como se ha mencionado, la de la no-reelección, contra Porfirio Díaz, quien, a su vez, levantó la misma bandera años atrás contra Benito Juárez. El presidente Díaz se había convertido en un viejo dictador y no se entreveían deseos de abandonar el cargo.

La división entre las élites políticas por el tema de la sucesión presidencial había sido superada. Los ecos de la entrevista que el viejo gobernante había dado al periodista James Creelman, que agitaron a la opinión pública y animaron a partidos y líderes políticos con ganas de sucederlo a lanzarse a la palestra política -y que parecían mostrar que, en efecto, el país estaba listo para la democracia-, se habían diluido. Don Porfirio parecía haber superado con éxito el dilema de la sucesión y se había reelecto por séptima vez, sin que las protestas y presiones se lo impidieran. Bernardo Reyes, quien se consideraba el heredero natural de Díaz, había sido neutralizado. Estaba en el exilio y el reyismo parecía extinguido. Madero, el joven hacendado coahuilense que se había atrevido a desafiar electoralmente al viejo gobernante, fue encarcelado en vísperas de las elecciones, y su movimiento desarticulado. Nadie parecía acordarse de Ricardo Flores Magón y sus compañeros, perseguidos y encarcelados en Estados Unidos. Y sin embargo, el régimen, que parecía más sólido que nunca en su apoteosis conmemorativa, sería barrido por una revolución popular…[1]

La Revolución popular iniciaba en Puebla y los Serdán, hombres y mujeres, serían clave para que se extendiera por todo el territorio nacional. Cómo inició el maderismo en esta zona del país es lo que se intentará explicar en las siguientes líneas.

El gobernador de Puebla, Mucio Martínez, sabía que los maderistas tenían armas en la casa de los hermanos Serdán, conocida como el Cuartel general de la Revolución en aquel estado. Cuando se descubrió el Plan de San Luis y que éste alentaba a que el pueblo se levantase en armas el 20 de noviembre de 1910, las fuerzas porfiristas entraron a la casa de los Serdán justo dos días antes. “Ese día, Carmen Serdán sería la protagonista de uno de los episodios más importantes de la gesta revolucionaria”[2].

Bautizada el 19 de noviembre de 1873, María del Carmen Serdán Alatriste nació en el seno de una familia de pensamiento liberal. Sus antepasados fueron figuras prominentes poblanas, tanto de parte de su padre como de su madre. Su abuelo, Miguel Cástulo Alatriste, fue gobernador del estado, mientras que su padre, el abogado Manuel Serdán Guanes, fue un reconocido defensor de Puebla durante la invasión francesa. Tanto ella como sus hermanos fueron desarrollando su pensamiento político en aquellos domingos y días festivos en que recibían a familiares y amigos que, de la plática festiva, pasaban al terreno de la discusión política. “De hecho, es así como se conformó un sólido núcleo antiporfirista en Puebla, que al presentarse la coyuntura de las elecciones presidenciales de 1910, se convirtió en promotor del maderismo”[3].

Varios hechos habían influido en las concepciones de los Serdán mucho antes de 1910. Cinco años atrás, en 1905, año del auge porfirista, la “paz social” reinaba oficialmente en México.

Las huelgas y los sindicatos obreros estaban prohibidos por la ley. La “agitación” se castigaba con el contingente, la deportación a las plantaciones, la cárcel o la ley fuga. Los alzamientos campesinos habían sido reprimidos con masacres y la “pacificación” de las etnias rebeldes parecía concluida. No había oposición organizada, salvo pequeños núcleos como los magonistas perseguidos, encarcelados o exiliados, y el poder del Estado central cubría todo el país. La resistencia de la población campesina y urbana, es cierto, continuaba sordamente por todas partes. Pero no parecía alterar la superficie oficial[4].

Incluso en diciembre de ese mismo año, debido al progreso capitalista que se apoyaba en el “sostenido crecimiento de la productividad del trabajo”, el Congreso de la Unión concedió a Porfirio Díaz el Cordón al Mérito Militar, en cuya medalla de oro y piedras preciosas se podía leer: “Pacificó y unificó al país”[5]. Esto no era ignorado por uno de los hermanos, Aquiles, quien reconocía “los relevantes servicios prestados por Díaz en la Guerra de Reforma y en la Intervención Francesa, pero señalaba que en su administración había cometido grandes errores”[6]. Añadía, además, que “la permanencia del general Díaz, en el poder, constituye un gran peligro para la paz, pues en su administración siempre se han violado nuestros derechos, y el pueblo empieza a despertar…”[7].

Sí, el pueblo comenzaba a dejar su solaz y quienes lo despertarían serían los Serdán; aunque, antes, la labor de concientizar a los hombres sería de las madres-hermanas Serdán, nombradas así por Patricio Eufracio Solano. Las mujeres, Carmen y Natalia, eran las mayores, por lo que mostraron gran liderazgo al interior de la familia. “Esta condición no tiene más fundamento y razón que la supervivencia y arraigada tendencia maternal que muchas mexicanas han presentado en circunstancias de apremio como las vividas por los Serdán y cuando los hijos son menores que las hijas”[8]. Además, dice Solano que “la educación que estas mujeres impartieron a los hombres Serdán no fue la de la sujeción a sus faldas o comportamientos ñoños… las Serdán forjaron a sus hermanos como personajes públicos capaces de comprometer, literalmente, hasta la vida misma en favor de un futuro distinto a lo vivido durante las tres décadas que pervivió el porfirismo”[9].

Por su parte, además de apoyar la actividad política de sus hermanos, Carmen Serdán se atrevió a escribir sus pensamientos liberales con el seudónimo de Marcos Serrato. Esto, después de que viera que en periódicos liberales como Regeneración o El hijo del Ahuizote escribían mujeres periodistas. Así, mantenía oculta su verdadera identidad y evitaba sospechas de los federales. Colaboró en El hijo del Ahuizote y el Diario del Hogar.

La preparación para la revuelta por la no-reelección en Puebla había comenzado en 1909, aunque fue descubierta un año después. El 14 de noviembre, la policía catea la casa de los hermanos Rafael, Antonio y Benito Rousset, responsables en aquellos días de un embarque de armas en la capital del país. Hubo muestras de violencia en aquel cateo, y esto despertó la animadversión de la población. Para congraciarse con la misma, el comandante de la policía se propone aprehender a Aquiles Serdán, líder del movimiento en Puebla. Esto será el 18 de noviembre, día de la emboscada.

Al llegar a la casa de la familia Serdán, aquel que se había propuesto someter a Aquiles terminaría muerto apenas a la entrada. Los Serdán tenían armas, algunos de los que estaban ahí -pues el ataque los tomo por sorpresa- corrieron a la azotea y Carmen les proveía de parque. El primero en caer fue Máximo y el último Aquiles, quien fue descubierto al salir de un incómodo escondite. Se dice que, cuando ya se sentían superados, Carmen salió al balcón a arengar pidiendo el apoyo del pueblo[10], pero nadie escuchó o no quiso escuchar. La batalla inicial de la revolución antirreeleccionista en Puebla costó la vida de diecisiete personas; quedaron vivas, de la familia Serdán: María del Carmen, Carmen, Natalia y Filomena. Sólo Natalia no fue apresada. La participación política de Carmen continuó, y se retiró a la vida privada al triunfo del constitucionalismo[11]. El compromiso con su país y con su gente hizo que esta familia encendiera la llama de una revolución que, en nuestros días, todavía está en pie.


[1] Felipe Arturo Ávila Espinosa y Pedro Salmerón Sanginés, Historia breve de la Revolución Mexicana (México, Siglo XXI, Primera reimpresión: 2016), 13. La “apoteosis conmemorativa” referida es la celebración del Centenario de la Independencia nacional.

[2] Carmen Serdán, el primer tiro de la Revolución, serie de documentales de Canal 22 bajo el nombre “REVOLUCIONARIAS”. Consultado en: https://www.youtube.com/watch?v=ZpAzwpCD6OQ; el 12 de noviembre de 2018.

[3] LOS HERMANOS SERDÁN, Comisión Nacional para las Celebraciones de 175 Aniversario de la Independencia Nacional y 75 Aniversario de la Revolución Mexicana; Nicolás Cárdenas García, colaborador (México, INEHRM, 1985), 9.

[4] Adolfo Gilly, La Revolución interrumpida (México, ERA, Quinta reimpresión: 2014), 62.

[5] Adolfo Gilly, Op. Cit., 63.

[6] LOS HERMANOS SERDÁN; Op. Cit., 13.

[7] Ibidem.

[8] Las mujeres Serdán, una historia poco conocida de la Revolución, artículo de Patricio Eufracio Solano en la revista Relatos e Historias de México; Año X, Número 114, 45.

[9] Ibidem.

[10] Este dato es de dominio público, aunque, de acuerdo a los investigadores, es más novelesco que histórico. Existe una novela una novela que la pone en el centro: Martha Porras y María Alejandra Domínguez Sánchez, Carmen Serdán (México, 3 Norte, 2017).

[11] Humberto Musacchio, Diccionario Enciclopédico de México, “Carmen Serdán” (México, Hoja Casa Editorial, 1999).