Juan W. Butler

Dr. Juan William Butler (1851 – 1918), en el año del Centenario de su partida a la Patria Celestial

“Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque esté muerto vivirá. Y todo aquel que cree en mí, no morirá eternamente” (Juan 11:25-26).

José Donato Rodríguez y Romero

Uno de los dos hijos del fundador de la obra metodista en México, don Guillermo Butler, estuvo durante medio siglo más íntimamente relacionado con el desenvolvimiento de la Iglesia Metodista en México, el Dr. Juan W. Butler, que nació el 13 de octubre de 1851 en Shelburne Falls, Boston, Massachusetts.

Realizó sus primeros estudios en un internado de los Estados Unidos de Norteamérica, entrando más tarde a la Escuela de Teología de la Universidad de Boston, a cuyo término recibe su nombramiento, a los 22 años de vida, como primer misionero, después de su padre, para el campo mexicano, y a donde llega el 8 de mayo de 1874. Pocos años después contrajo matrimonio con la Srita. Sara Axton.

El Dr. Butler atendió como pastor la obra inglesa en las ciudades de México, Puebla, Pachuca, Guanajuato, Orizaba y El Oro, Estado de México.

Fue Superintendente de Distrito de la Iglesia Metodista, Tesorero de Fondos de la Misión, impartió cátedra sagrada, escribió en periódicos y libros, fue director del periódico El Abogado Cristiano, y predicó la palabra de Dios durante los 44 años gloriosos de vida que dio a México como expresión de su ministerio.

Había una cosa singular en él, como miembro de la familia sajona, y era la afabilidad de su bondadoso carácter; secreto merced al cual pudo ganarse sin esfuerzo alguno la estimación y aprecio, no sólo de los protestantes mexicanos, sino aun de los prohombres y miembros distinguidos del partido liberal en México.

Su vasta ilustración, su talento, sus raras aptitudes de un eminente diplomático, le hicieron abrirse un fácil acceso al Señor Presidente de la República, ya fuera el señor Lerdo de Tejada, el General Díaz o el General González.

El señor Juan W. Butler no se mezclaba de manera alguna en la política de México ni en la de su país natal, y, sin embargo, se captó siempre el respeto y la consideración de los Presidentes mexicanos y de los Ministros Plenipotenciarios de los Estados Unidos.

A fines de 1895 y durante los dos siguientes años el Instituto Metodista Mexicano estuvo bajo la dirección del Dr. Butler, quien atendiendo siempre las indicaciones de los profesores introdujo cuantas mejoras se consideraron oportunas para garantizar los intereses educacionales de la juventud.

No siéndole posible vivir en Puebla, pues se desempeñaba también como Tesorero de la Misión, y representante de la Sociedad Misionera, tuvo que visitar el colegio con la frecuencia que le era dable dentro de cada año escolar, delegando sus facultades discrecionalmente en el Profr. Andrés Cabrera.

Una anécdota en su vida

A pesar de su arduo y pesado trabajo tenía tiempo para dedicarlo a actos pequeños que formaban verdaderamente su carácter y llenaban su vida.

Una de tantas mañanas de trabajo recibió una carta que venía de una lejana ciudad del Canadá. Era de una madre afligida que sabiendo que él era un ministro evangélico en la ciudad de México le rogaba con todo su corazón que buscase a un hijo suyo que habiendo abandonado el hogar se había venido a México.

El Dr. Butler, aprovechando sus pequeños ratos de descanso, empezó a buscar al joven descarriado, fue de hotel en hotel, a los lugares más sombríos donde se oculta el vicio, fue a los lugares más retirados y sucios de la ciudad buscando siempre, y al fin, en un cuarto desmantelado de una casa de huéspedes, encontró al joven enfermo y hambriento, y que había caído en las condiciones más tristes del vicio y de abandono.

Lo tomó, lo llevó a un hotel, le pagó sus gastos de médico y medicinas, y cuando lo vio renacer a la salud y la conciencia, le habló del Amor de Cristo, cómo vino a salvar a los cansados y enfermos, le habló también del hogar lejano, de su madre que lo esperaba con el corazón y los brazos abiertos, lista siempre para perdonar sus errores; entonces, cuando el Dr. Butler vio al joven sano y arrepentido escribió a su madre diciéndole: “Lo he encontrado y os lo envío”. En efecto, pagó el pasaje del joven que volvió a su hogar sano y salvo, llevando en su alma el conocimiento de un amigo mejor: Cristo Jesús.

Éste era el Dr. Juan W. Butler a quien todos los pastores llamaban con cariño, “don Juan”. El 16 de marzo de 1918, a sus 66 años, por divina disposición pasó a mejor vida.

“[…] Allí están esos templos majestuoso, esos edificios escolares y tanto otros monumentos en los que está petrificado, fosilizado el genio financiero del incomparable Dr. Juan W. Butler; allí esta su genuina y fructífera representación de los intereses evangélico-metodistas mexicanos ante la Conferencia General, Suprema Corte de la Iglesia, siete ocasiones distintas en que recibió nombramiento como nuestro delegado ministerial; por último, allí está el fallo inapelable de la conciencia de todos sus correligionarios, así nacionales como extranjeros, ya de nuestro país, ya de otras naciones ante cuyas asambleas cristianas, de distintos géneros, compareció, llevando siempre y de la manera más digna la muy aplaudida representación de México” (frase tomada del libro del cincuentenario).