Los Sabios de Oriente

Los sabios del Oriente

Dr. Ernesto Contreras Pulido

La Biblia dice: Cuando Jesús nació en Belén de Judea en días del rey Herodes III, llamado el Grande, he aquí unos hombres sabios del oriente vinieron a Jerusalén, diciendo: “¿Dónde está el Rey de los judíos, que ha nacido? Porque su estrella (que anunció su llegada) hemos visto en el oriente, y venimos a adorarle”.

Oyendo esto el rey Herodes, se turbó, y toda Jerusalén con él; y convocando a todos los príncipes de los sacerdotes, y a los escribas del pueblo, les preguntó dónde había de nacer el Cristo; y ellos le dijeron: “En Belén de Judea; porque así está escrito por el profeta: Y tú Belén Efrata, aunque eres una pequeña aldea entre todo el reino de Judá; no obstante, de ti saldrá un Guiador, que será Pastor de mi pueblo Israel; y cuyos orígenes vienen desde la eternidad” (Mi. 5:2).

Entonces Herodes, llamando en secreto a los sabios, inquirió de ellos diligentemente el tiempo de la aparición de la estrella; y enviándolos a Belén, dijo: “Vayan, busquen, y pregunten con diligencia por el niño; y cuando lo encuentren, vuelvan y díganme dónde está, para que yo también vaya y le adore”. Y ellos, habiendo oído al rey, se fueron.

Y he aquí la estrella que habían visto en el oriente iba delante de ellos, guiándolos hasta que llegando, se detuvo sobre el lugar donde estaba el niño. Y al ver la estrella, se regocijaron con muy grande gozo. Y entrando en la casa, vieron al niño con María su madre, y postrándose le adoraron; y abriendo sus tesoros, le ofrecieron dones: oro, incienso y mirra. Y siendo avisados por Dios en un sueño, que no volvieran a Herodes, se volvieron a su tierra por otro camino (Mt. 2:1-12).

En el oriente, su lugar de origen, a los sacerdotes, hombres sabios y generalmente astrónomos de las religiones medo-persas (caldeos del área sirio-mesopotámica), se les llamaba magos.

Debido a que fueron tres los regalos ofrecidos, se supone y tradicionalmente se enseña, de acuerdo con una referencia de Orígenes en el siglo IV d.C., que fueron tres los hombres sabios de oriente que vinieron a conocer y visitar al niño Jesús. Pero hay leyendas que hablan de un cuarto rey mago (Artabán); y hay otras tradiciones (de los armenios) que dicen que los sabios que vinieron de oriente, fueron cuatro, siete y doce.

Se supone que la travesía desde su lugar de origen hasta donde encontraron al niño Jesús, duró más de un año. Por eso, cuando le dijeron a Herodes cuándo había sido el tiempo de la aparición del astro (la “estrella de Belén”) que los guio, él calculó que el niño Jesús tendría necesariamente menos de dos años de edad.

Por eso, cuando Herodes se dio cuenta de que los sabios se habían burlado de él, se puso furioso; y basado en el tiempo en que de acuerdo con los sabios, apareció por primera vez la estrella, mandó soldados a matar a todos los niños de dos años o menos, que habitaran en Belén y sus alrededores. Así se cumplió lo que Dios había anunciado por medio del profeta Jeremías: “En Ramá se oyó una voz, llanto, gran lamentación y gemido. Es Raquel que llora por sus hijos, y no quiso ser consolada, porque perecieron” (Mt. 2:16-18; Je. 31:15).

Otras tradiciones dicen que los hombres sabios eran representantes de Europa, Asia, y África, y por lo tanto, eran de tres razas diferentes: blanca, cobriza y negra; y que sus medios de transporte fueron un caballo, un elefante, y un camello.

En el relato bíblico, nunca se dice que fueron reyes, ni se mencionan sus nombres. Los nombres de Melchor (rey de los persas), Gaspar (rey de la India), y Baltasar (rey de los árabes), son producto de tradiciones y menciones en evangelios no canónicos o bíblicos, como el evangelio apócrifo de Tomás.

En el siglo XIV, el monje benedictino Beda, doctor de la iglesia, describió así en un manuscrito, a los tres Reyes Magos: Melchor, anciano de blancos cabellos y larga barba del mismo color; Gaspar, más joven y rubio; y Baltasar, un señor negro.

Tradicionalmente, se celebra su visita el 6 de enero, fecha en que se conmemora la Epifanía, o sea la primera manifestación de la luz de Jesucristo y las buenas nuevas de salvación a los gentiles (Epifanía quiere decir manifestación).

Lo que sí sabemos, es que los sabios de oriente habiendo recibido el anuncio de su venida al mundo, buscaron a Jesús, le encontraron, se postraron delante de él, le adoraron, y le ofrecieron sus presentes: oro (presente conferido a los reyes), incienso (en honor a su naturaleza divina), y mirra (un compuesto embalsamador, que hacía referencia a su futuro sufrimiento y muerte).

Otra tradición dice que el apóstol Tomás fue quien los evangelizó, bautizó y discipuló, hasta que llegaron a ser obispos en la iglesia cristiana.

También, se dice que los tres murieron mártires, en el 70 d.C. Que Melchor murió de 116 años; Gaspar, de 112 años de edad, cinco días después que Melchor; y Baltasar, de 109 años de edad, 6 días después que Gaspar.

También se dice que los tres fueron colocados juntos en un solo sarcófago triple, que eventualmente, fue trasladado a Constantinopla (actualmente Estambul, Turquía) por la madre de Constantino. Se dice que como regalo personal de Constantino a Eustorgio, prelado italiano del siglo IV, el sarcófago fue trasladado a Milán, Italia; y que finalmente, en el siglo XII, fue trasladado a la ciudad de Colonia, la cuarta ciudad más importante de Alemania, por Federico I Barbarroja.

Es ahí donde hasta hoy permanece el sarcófago de los Magos, los sabios de Oriente, tras haberse salvado milagrosamente, varias veces, de la destrucción, incluyendo los intensos bombardeos que sufrió la ciudad de Colonia, durante la Segunda Guerra Mundial. Por ello, es que hasta el día de hoy, el gran sarcófago triple, dorado y ricamente decorado, colocado encima y detrás del altar mayor de Catedral de Colonia, puede visitarse, junto con las tres coronas que supuestamente, los hombres sabios de oriente, usaron en vida.

Lo importante es enfatizar que aún en nuestros tiempos, los humanos verdaderamente sabios (menos del 15% de los siete mil millones de personas que habitan el planeta Tierra), siguen buscando, encontrando, adorando, y postrados, rindiendo sus dones, talentos, recursos y vida, a Jesucristo, a quien proclaman como su Rey, Señor, Salvador y Dios.

Dios quiera que usted y yo seamos parte de ese selecto grupo llamado la familia de Dios y el Cuerpo de Cristo.
Amén.

REFERENCIA
Contreras-Pulido, Ernesto. (2018). Los sabios del Oriente. Enero 14, 2019, de Dr. Ernesto Contreras Pulido Sitio web: http://docs.wixstatic.com/ugd/0317a1_fa73422f524844fbe05a027294a4db69.pdf