Servir a Dios por Gratitud

Servir a Dios por gratitud

Dr. Ernesto Contreras Pulido

¡Que bendición tan grande es ser cristiano! Hijos, siervos, ministros e instrumentos escogidos de único Dios verdadero, quien por su pura misericordia y otras razones que realmente no entendemos, entre miles de millones de perdidos que vagan por este mundo sin Dios, sin luz y sin esperanza, nos amó, nos buscó, nos invitó a recibir a Jesucristo y nos salvó. ¡Gloria a Dios!

No sabemos por qué nos escogió para que en vez de que viviéramos y pereciéramos creyendo en ídolos mudos sordos, e impotentes, de metal, piedra, yeso, tela o palos; o en falsos profetas y seudoredentores, mejor quiso que creyéramos y recibiéramos a Jesucristo como nuestro único y suficiente Salvador, Señor, Maestro y Dios.

¡Que bendición tan grande es ser un miembro de la familia de Dios y de la nación santa y el pueblo que Dios adquirió para anunciar las virtudes de Aquel que nos llamó de las tinieblas a su luz admirable! Esto: Ser hijos, siervos, ministros e instrumentos útiles del Dios Altísimo, es lo necesario y trascendental en esta vida. Todo lo demás, la vida, la salud, la familia, el trabajo y las tareas encomendadas por nuestro Señor, son útiles y benditas añadiduras.

Los que saben dicen que el número de este linaje escogido por Dios, no rebasa el 5% de toda la población mundial de más de 7 mil millones de personas. Y nosotros ¿De veras apreciamos en toda su magnitud el privilegio de ser parte de la iglesia única, espiritual y verdadera de cristianos evangélicos y salvos por pura gracia? Espero que sí.

¡Cómo debemos darle gracias a Dios desde que amanece hasta que vuelve a amanecer, por su don inefable, nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo! Y ser agradecidos por su salvación tan grande que por pura gracia, o sea gratuitamente. Nos libró de la eterna condenación, nos redimió de la esclavitud del pecado y nos dio la opción de una vida abundante, bendita y eterna. Y todo por los méritos de Jesucristo y su sacrificio propiciatorio (sustitutivo, suficiente y aceptable delante de Dios) por todos nuestros pecados y los del mundo entero.

¡Gloria a Dios! Porque Jesucristo, siendo Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo semejante a los humanos; y se humilló a si mismo hasta la muerte de cruz.

Fue así que la Biblia dice que al que no conoció pecado, por nosotros, el Padre Celestial lo hizo pecado, para que nosotros fuéramos hechos justicia de Dios en Él y beneficiarios de una nueva vida espiritual, cuando por naturaleza, estábamos muertos en nuestros delitos y pecados, tanto los recibidos por la herencia adámica como los cometidos conscientemente, en los cuales andábamos antes de ser salvos, siguiendo la corriente de este mundo conforme al príncipe de la potestad del aire, Satanás, quien es el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia que rechazan a Jesucristo, entre los cuales también nosotros vivimos en otro tiempo, esclavos de la concupiscencia (el apetito innato para hacer el mal) y de los deseos mundanos, haciendo la voluntad de la carne y de los malos pensamientos, aunque la conciencia nos decía que nos eran perjudiciales y que por ello éramos, por naturaleza y herencia adámica, hijos de ira lo mismo que los demás.

Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó aun estando nosotros muertos en pecados, por gracia nos dio vida juntamente con Cristo y juntamente con Él nos resucitó espiritualmente para vida eterna, y para mostrar así las abundantes riquezas de su gracia, en su bondad para con nosotros en Cristo Jesús.

Porque habiendo Jesucristo pagado por nuestras deudas y pecados al derramar su preciosísima sangre y su vida en la cruz del monte Calvario, ahora, por gracia, somos salvos por medio de la fe en Jesucristo. Y esto, no es por méritos propios, pues es un regalo de Dios que no se nos da por las buenas obras que hayamos hecho, para que nadie se gloríe.

¡Gloria a Dios! Porque la Biblia dice que Dios estaba en Cristo reconciliando consigo mismo al mundo, no tomándoles en cuenta a los humanos sus pecados, y nos encargó a nosotros, la palabra de la reconciliación que dice: De modo que si alguno esta en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron, he aquí todas son hechas nuevas; y que todo esto proviene de Dios.

Así que ahora, tenemos el privilegio de ser embajadores en nombre de Cristo y, como si Dios rogara por medio de nosotros, les rogamos a todos en nombre de Cristo, que crean, acepten, reciban y confiesen a Jesucristo como su único y suficiente Salvador y así se reconcilien con Dios y sean salvos.

Dios promete en la Biblia diciendo: “Ahora estarán abiertos mis ojos y atentos mis oídos a la oración en este lugar. Si se humillare mi pueblo sobre el cual mi nombre es invocado, y oraren y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos, entonces yo oiré desde los cielos y perdonaré sus pecados y sanare su tierra” (2 Crónicas 7:14).

Pues al corazón contrito y humillado no desprecias Tú, oh Dios, pues toda oración y súplica que haga cualquier persona o todo tu pueblo, Tú la oirás en los cielos en el lugar de Tu morada y perdonarás el pecado de tus siervos y de tu pueblo, y actuarás y darás a cada uno conforme a sus caminos, cuyo corazón, como el de todo humano sólo Tú conoces.

Y todo aquel que se acercare a Ti creyendo sinceramente que existes, Tú le enseñaras cuál es el Camino para conocer Tu nombre; para que te respeten reverentemente y Tú abras sus ojos y se conviertan de las tinieblas a la luz y de la potestad de Satanás a Dios; y reciban por la fe en Jesucristo, perdón de pecados y herencia entre los santificados (los apartados para servir a Dios).

Además Jesucristo promete estar con nosotros todos los días hasta el fin del mundo, ser nuestro refugio y el Ángel de Jehová que acampe alrededor nuestro y nos defienda, cuidándonos, protegiéndonos, fortaleciéndonos y guiándonos en medio de las tribulaciones y dardos de fuego del maligno que por el solo hecho de ser humanos, necesariamente tenemos que enfrentar mientras peregrinamos en victoria, por este mundo rumbo a la patria celestial.

En un mundo en que cada año, más de 60 millones de bebés son abortados antes de ver la luz de su primer día de nacidos y en el que cada semana un millón de personas mueren y se van irremediablemente a sufrir los indecibles tormentos eternos del infierno, cómo debemos darle gracias a Dios porque no fuimos parte de esas estadísticas, y porque desde que estábamos en el vientre materno y hasta el día de hoy, nos formó, dio a luz, cuidó y conservó todos estos días años hasta el día de hoy, por puro amor y misericordia.

¡Cómo debemos estar agradecidos porque de tal manera amo Dios al mundo perdido (a usted y a mí), que ha dado a su Hijo Unigénito para que todo aquel que en Él cree, y le acepta, recibe y confiesa como su Gran Dios y Salvador, no se pierda, mas tenga vida eterna, y la posibilidad real de gozar una vida abundante, llena de gozo y éxito a la manera de Dios, mientras peregrina rumbo a la patria celestial!

Que la gratitud sincera que brota de un corazón lleno de amor y de la gracia de Jesucristo, sea la primordial razón por la que decidamos cada mañana, con nuevos ánimos, fuerzas y dedicación, servir a Dios con perseverancia, fidelidad y mucho fruto, en esta nueva etapa de nuestra vida, como buenos hijos, siervos, ministros e instrumentos útiles de Jesucristo. Amén. Así sea.

Preguntas de reflexión:

  • ¿Para qué nos salvó y escogió Dios entre 7 mil millones de personas?
  • ¿Qué debemos agradecerle a Jesucristo en cuanto a lo que hizo por salvarnos?
  • ¿Qué debemos agradecerle a Jesucristo en cuanto a nuestros pecados y deudas?
  • ¿Qué le debemos agradecer a Jesucristo en nuestra vida actual?
  • ¿Qué le debemos agradecer a Jesucristo en cuanto a las estadísticas de mortalidad del mundo?

REFERENCIA
Contreras-Pulido, Ernesto. (2019). Servir por gratitud. Agosto 26, 2019, de Instituto Virtual Sitio web: http://docs.wixstatic.com/ugd/0317a1_28a5e8eda0b841599103390f8ecb96e6.pdf