¿Diezmo Legal o Diezmo de Gracia?

¿Diezmo legal o diezmo de gracia?

El diezmo no debe ser una manera de obtener el favor de Dios. Es un elemento en el acto de adoración, como un acto de culto, renueva la disposición de rendir nuestra vida a la fuente de todas las bendiciones, reafirmando nuestra entrega incondicional a Dios.

Abner Alaniz Rangel

“¡Más ay de vosotros, fariseos! Que diezmáis la menta, y la ruda, y toda hortaliza, y pasáis por alto la justicia de Dios y el amor de Dios. Esto, era necesario hacer, sin dejar aquello”.

Lucas 11: 42

Hoy hablaré sobre el candente tema que resulta polémico en muchas de las iglesias: ¿Diezmo legal o diezmo de gracia?

Estimado lector, debo advertir que no estoy cuestionando si el diezmo es bíblico o no. Por supuesto que lo es. Mi cuestionamiento es otro. Durante un taller de finanzas al que tuve el privilegio de asistir, me di cuenta que subyacen conceptos, que sí son preocupantes partiendo de quiénes vienen pues pregonan mucho el evangelio de la prosperidad. Es necesario señalar el viejo apotegma “En lo no esencial libertad, pero en lo esencial unidad”. El tema que te quiero compartir entraña mi preocupación por lo que considero no es correcto y, que para mí, es esencial y por tanto debe haber unidad. He notado, que en algunos casos, se maneja un concepto incorrecto respecto al diezmo.

Soy tan humano como tú y puedo estar equivocado. De antemano perdón, pero… tengo la ventaja de que cuando menos me atrevo a escribírtelo, a fin de que lo hagas motivo de análisis y estudio. Durante el mencionado taller (cuya denominación omito por razones obvias), la mayoría de los asistentes nos enfrascamos en agudas reflexiones haciendo exhaustivas consideraciones acerca del estado financiero de las iglesias. Se habló del diezmo y se hicieron las connotaciones de si era legal o no, si era diezmo legal o el diezmo de gracia. Hasta se invocó a San Pablo; y hasta se llegó a decir que la situación obedecía a la situación financiera mundial.

Con el advenir de los tiempos, las cosas han cambiado sustancialmente. No tenemos conciencia histórica, se hace un manipuleo conceptual de determinados pasajes a conveniencia solamente financiera, olvidando la parte motivacional del diezmo y circunscribiendo éste solamente a la recolección de dinero; si es tanto nuestro interés en los dineros, llamémosle de otra forma, pero no usemos los sagrados diezmos como pretexto.

Como veremos más adelante en detalle, los diezmos deben ser consagrados, y noto con cierta preocupación que en determinados sectores de muchas iglesias hay, respecto al diezmo, rasgos preocupantes de la llamada Teología de la Prosperidad, usando esto para engrosar la cuenta bancaria de los líderes. Esta forma de Teología, también llamada Evangelio de la Prosperidad, que es un conjunto no sistematizado de doctrinas de ciertos grupos religiosos que enseñan, que la prosperidad económica y el éxito en los negocios son una “evidencia externa” del favor de Dios. También conocida como “Palabra de Fe” o “Confiésalo y recíbelo”.

La teología de la prosperidad establece que Dios quiere la victoria y el éxito en sus hijos. Según esta teología, Dios quiere que sus hijos sean abundantes en cuanto a economía, salud, conocimiento y en “todos sus caminos”. Es una enseñanza bastante común entre muchos telepredicadores y también en algunas iglesias pentecostales y neo pentecostales, pero incluso también entre predicadores evangélicos y carismáticos. Los críticos de estas enseñanzas del Evangelio de la Prosperidad, aducen que estas doctrinas son usadas para enriquecer indebidamente a los líderes religiosos, que explotan la ingenuidad de los creyentes sinceros que ofrendan su dinero y que el énfasis en “la bendición material” es una mala interpretación de la Biblia.
Seamos muy cuidadosos en nuestra exégesis y evitemos la mezcla de estos elementos que atentan contra la enseñanza verdadera de las Escrituras, respecto al diezmo, como veremos en el curso de este trabajo. ¿No estamos nosotros haciendo lo mismo con el diezmo? ¿No estamos predicando que “si diezmas, el Señor te bendecirá abundantemente” y si “no diezmas eres un ladrón”? ¿Por qué tanta insistencia en ello, que hasta tenemos que verlo como una obligatoriedad disciplinaria?

La pregunta obligada respecto al diezmo es: ¿Estamos en la dispensación de la Ley o de la Gracia? Y lo recalco, seamos muy cuidadosos en nuestra exégesis y evitemos la mezcla de elementos que atentan con la enseñanza verdadera de las escrituras respecto al diezmo. Tratemos, ahora, el tema que ocupa mi atención.

En una encuesta realizada por la Asociación Nacional de Evangélicos en los Estados Unidos (NAE, por sus siglas) hecha a pastores y ministros de su junta directiva, se revela que el 58% de los encuestados afirman que el diezmo no es un mandato bíblico. Los encuestados, afirmaron que la práctica del diezmo es una tradición de las iglesias evangélicas, pero que no es un deber de los creyentes. Ante estos resultados, John Walton, profesor de Antiguo Testamento en Wheaton College, dijo no estar sorprendido sobre todo por la pregunta “¿Es necesario diezmar?”. Walton, resaltó ¿Estamos bajo la ley o bajo la gracia? En la mayoría de los casos, se afirmó que el diezmo es un modelo legal del Antiguo Testamento y que los cristianos del Nuevo Testamento deben dar por generosidad. En una de sus cartas, Wesley, el fundador del metodismo mundial, afirmaba: “Gana todo lo que puedas, ahorra todo lo que puedas y da todo lo que puedas”; a este respecto, El Dr. Kurt Fredrickson, director del Programa de Doctorado en Ministerio en el Seminario Fuller, en Pasadena California, afirmó:
“John Wesley, el fundador del movimiento metodista, regaló la mayoría de sus ingresos. Entre más ganaba, mantenía su nivel de vida igual. Al final terminó regalando el 90% de su dinero y viviendo con el 10%”.

Los que piden el diezmo de dinero, no lo pueden fundamentar bíblicamente, porque no existe un pasaje que enseñe eso; el tema de pedir dinero como diezmo no proviene de Dios. La Ley Bíblica sobre los diezmos tenían que ver primordialmente con alimentos no con dinero, el diezmo está íntimamente ligado con las primicias. Los documentos neobabilónicos del siglo VI a.C. revelan que el diezmo era una práctica común en Babilonia; era practicado también entre los persas, los griegos y los romanos.

La Biblia no lo discute y, cuando se menciona el diezmo por primera vez, parece haber sido ya una práctica común. El sistema del diezmo se remonta más allá de los días de Moisés, aún tan atrás como en los días de Adán. Herbert Haag, en su breve diccionario de la Biblia, de la editorial Herder señala: “El diezmo, de acuerdo a 1 Samuel 8:15-17, era el tributo pagado al rey o al santuario para el sostenimiento de los sacerdotes y los Levitas. Así se refiere en Génesis 14:20; 28:22; 1 Macabeos 3:49. El fundamento del diezmo para el culto es el pensamiento de que Dios como propietario del país puede exigir que se le den los primeros y mejores frutos (las primicias).
La forma y cuantía del diezmo varían: frutos sembrados y de los árboles, como cereales, mosto, aceite y vino, según lo señalado en Deuteronomio 12:6, y 11:17. También se podía redimir el diezmo y, en lugar de ello, dar la cantidad de dinero correspondiente:

“Indefectiblemente diezmarás todo el producto del grano que rinda tu campo cada año. Comerás delante de Jehová, tu Dios, en el lugar que él escoja para poner allí su nombre, el diezmo de tu grano, de tu vino y de tu aceite, y las primicias de tus manadas y de tus ganados, para que aprendas a temer a Jehová, tu Dios, todos los días. Si el camino es tan largo que no puedas llevarlo, por estar lejos de ti el lugar que Jehová, tu Dios, haya escogido para poner en él su nombre, cuando Jehová, tu Dios ye haya bendecido, entonces lo venderás, llevarás el dinero contigo e irás al lugar que Jehová tu Dios escoja. Allí entregarás el dinero por todo lo que deseas: por vacas, por ovejas, por vino, por sidra o por cualquier cosa que tú deseas. Comerás allí delante de Jehová, tu Dios, y le alegrarás, tú y tu familia. No desampares al levita que habite en tus poblaciones, porque no tiene parte ni heredad contigo”.

Deuteronomio 14:22-27

Nótese que dice que el diezmo era anual y que el diezmador lo debe llevar y entregar.

En tiempos el Nuevo Testamento se conocían tres diezmos: el primero, el segundo y el de los pobres. Como ya hemos visto, la práctica de dar los diezmos es muy antigua y se la conoció entre los pueblos no hebreos, como una forma de tributo al rey, equivaldría a nuestro actual impuesto sobre la renta. En la historia bíblica la primera mención que se hace de los diezmos, es cuando Abraham, después de haber logrado una victoria militar sobre cuatro reyes, dio los diezmos del botín a Melquisedec sacerdote del Dios altísimo.

No se menciona quién instruyó a Abraham a hacerlo, pero fácilmente podemos inferir que seguía el ejemplo de sus antepasados y que ya era una costumbre inveterada. Este mismo principio, que sirve de base a la costumbre religiosa de dar los diezmos, aparece también en el Nuevo Testamento, no necesariamente en cuanto a la proporción de la décima parte, pero si en cuanto a la motivación de adoración gratitud y responsabilidad cristianas, cuando se hace la exhortación a la generosidad en 2 Corintios 9:6-7:

“Pero os digo, el que siembra escasamente, también segará escasamente; y el que siembra generosamente, generosamente también segará. Cada uno de como propuso en su corazón: no con tristeza ni por obligación, porque Dios ama al dador alegre”.

Nótese que el apóstol Pablo condena la obligatoriedad.

Es en el sistema mosaico, donde Dios demanda claramente a su pueblo los diezmos de todo. Aunque no se anuncian castigos por no darlos, -tal como suele suceder entre nosotros-, que a veces pecamos de ser más papistas que el papa; en cambio sí hay bendiciones por darlos. Los israelitas debían dar los diezmos a los levitas, quienes eran la tribu sacerdotal del pueblo. Esto era la compensación a ellos por su ministerio; pero los levitas a su vez, debían dedicar en ofrenda a Dios el diezmo de los diezmos, presentándolo delante de Aarón, según se colige en Números 18:21-38.

Recapitulemos. Te invito caro lector, para que, en complemento de lo aquí expuesto, te sirvas leer los siguientes pasajes: Génesis 28:22; Deuteronomio 14:22; 26:12; 1 Samuel 8:15-17; Nehemías 10:37, 38; Génesis 14:20; Levítico 27:30, 31, 32; Números 18:21,24,26 y 28; Deuteronomio 12:6, 11, 17; Nehemías 10:37, Malaquías 3:8-10. Los hechos básicos del Antiguo Testamento pueden resumirse así:

El diezmo fue reconocido en los tiempos patriarcales, según Génesis 14:20; y 28:22. Es dentro de esta posición teológica, que se introduce el diezmo en la historia. Se menciona la práctica de diezmar, lo que sugiere que el diezmo era parte de la vida y experiencia religiosa de Abraham.

En la legislación mosaica, el diezmo pertenecía esencialmente al Señor, conforme a lo señalado en Levítico 27:30-33 y se les entregaba a los levitas a causa de su servicio sacerdotal y en razón de que no tenían herencia en Israel: Números 18:21-32. Las modificaciones -aunque no contradicciones- de la ley aparecen en la legislación, de acuerdo a Deuteronomio 12:5-19; 14:22-29; 26:12-15 designadas para el establecimiento en Palestina. Por supuesto, el diezmo está basado en los ingresos, según lo vemos en Génesis 14:20, Abraham devolvió al rey de Sodoma los diezmos de lo que había recolectado en la batalla, además de lo que consideró suyo. Abraham reconoció la santidad del diezmo, lo devolvió a aquel a quien Dios había elegido para ser su instrumento santo. Solo él podía manejar las cosas sagradas: el sacerdote.

En la historia subsiguiente el diezmo es reconocido; sin embargo, parece que esta ley fue pervertida cayendo en el legalismo (¿no estaremos haciendo lo mismo nosotros?) Amós 4:4 o de plano cayó en el olvido, Malaquías 3:7-12

Significativamente el diezmo no se introduce como una parte del templo y sacerdocio restaurado en la visión de Ezequiel (Ezequiel, capítulos 40-48).
La base teológica para el diezmo, radica en el concepto de que Dios es el creador; sin el concepto bíblico de creación, el diezmo carece de un significado sólido (Génesis 14:22). El Señor Dios altísimo, creador de los cielos y la tierra. Abraham reconoce que Dios era propietario, mediante su confesión y mediante sus acciones al devolver el diezmo. Dios es quien te bendice. Teológicamente, la bendición precede al diezmo, sin esta bendición preliminar, diezmar genuinamente es imposible. Abraham dio el diezmo porque había rechazado el egoísmo como la fuerza dominante de su vida. Por otra parte, Dios preserva la vida humana. La vida no es nuestra, pertenece a Dios. El diezmo de Abraham era un reconocimiento de que el Dios altísimo le había dado la victoria (Génesis 14.20).

En el caso del diezmo de Jacob (Génesis 28:10-22), Jacob se entrega a Dios. El diezmo está basado en el reconocimiento de la intervención providencial de Dios en la vida de una persona. Sin esta experiencia y entrega previa, el diezmo carece de propósito, se vuelve irrelevante y pierde sentido. La procreación humana está en las manos del Señor, no bajo el control exclusivo de la ley. Jacob hace un voto, fruto de un corazón lleno de gratitud, por la seguridad del amor y la misericordia de Dios. Jacob, al hacer un voto, expreso en su libre albedrío la decisión de devolver el diezmo al Señor, Dios no lo había forzado a diezmar. Esto significa que eligió voluntariamente devolver al Señor lo que era suyo. Jacob aceptaba el desafió de Dios a confiar en Él, a probarlo. Dios le hizo promesas específicas esperando que Jacob las aceptase y creyese. El diezmo no debe ser una manera de obtener el favor de Dios. El diezmo, es un elemento en el acto de adoración, como un acto de culto, el diezmo renueva la disposición de rendir nuestra vida a la fuente de todas las bendiciones, reafirmando nuestra entrega incondicional a Dios.

En Levítico 27. 30 al 33, encontramos la legislación del diezmo, en donde: a) Define lo que debía ser diezmado, b) El proceso a seguir, c) Se define su uso, d) Se establece la función teológica y social del diezmo. El diezmo es santo, por su misión y naturaleza le pertenece al Señor. No llega a ser santo mediante un voto o un acto intimidatorio; tal como se establece en nuestra Disciplina en donde es condición sine qua non, para ser administrador. No se debe manipular el diezmo, la legislación levítica rechaza todo intento d manipular el sistema del diezmo, en un esfuerzo por obtener alguna ganancia personal; la responsabilidad del diezmo recae en los sacerdotes y levitas como guardianes del santuario. Números 18.21-32. Dios decide dar el diezmo a los levitas, y estos el diezmo del diezmo a los sacerdotes.

El Nuevo Testamento, guarda silencio acerca del diezmo. Cristo censuró a los fariseos por su observancia legalista de éste, así se afirma en Lucas 18:9-14. Y por situarlo por sobre la justicia y el amor a Dios: “¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas, porque diezmáis la menta, el anís y el comino, y dejáis lo más importante de la ley: la justicia la misericordia y la fe. Esto era necesario hacer, sin dejar de hacer aquello” Mateo 23:23.
Tenemos una referencia final en Hebreos 7:2-9, citando los diezmos de Abraham y de Melquisedec. El silencio del Nuevo Testamento y de sus escritores particularmente Pablo, tocante a la validez presente del diezmo puede explicarse solamente sobre la base de que en la dispensación de la gracia no existe un lugar para la ley del diezmo como tampoco existe una ley para la circuncisión. Los principios de la ofrenda cristiana claramente están establecidos en las cartas de Pablo a la Iglesia de Corinto. “En cuanto a la ofrenda para los santos, haced vosotros también de la manera que ordené en las iglesias de Galacia. Cada primer día de la semana (domingo) cada uno de vosotros ponga aparte algo, según haya prosperado, guardándolo, para que cuando yo llegue no se recojan entonces ofrendas” (1 Corintios 16:1-2). Y en 2 Corintios 9.7: “Cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza ni por obligación, porque Dios ama al dador alegre”.

Finalmente, estamos en la posibilidad de señalar, que las tradiciones rabínicas llamaban al diezmo que se registra en Levítico “El primer Diezmo” y al que se menciona en Deuteronomio el “Segundo diezmo”, y además tenían el diezmo de caridad (Deuteronomio 14.28-29). El diezmo impone una responsabilidad, no solo sobre el dador, sino también sobre el recipiente. Dios espera que los que administran el diezmo lo usen en forma adecuada. La negación a diezmar se interpreta como una apropiación ilícita de la propiedad de Dios; y considerarlo simplemente como una entrada más para usarlo como queramos es robar a Dios.

Al no dar los diezmos las personas le dicen al Señor: Confío solamente en mí para la subsistencia. Malaquías 3:7, nos habla del diezmo genuino. A la luz de la enseñanza de las Escrituras, podemos colegir las siguientes enseñanzas:

  • El diezmo pertenece al Señor.
  • El Señor lo apartó para los levitas y los sacerdotes.
  • Retener el diezmo es robar a Dios.
  • Dios pedirá cuentas a su debido tiempo de aquellos que viven del diezmo.
  • En el Nuevo Testamento, no hay un mandato explícito para diezmar, pero tampoco hay un rechazo al sistema. Hebreros 7:1-10, reconoce su valor y su significado.

En Lucas 18:12, se nos habla de la forma errona de tomar el diezmo, cuando el fariseo lo usaba como una forma de obtener la misericordia de Dios. En Mateo 22:23, Jesús, como buen judío apoya el diezmo. Y por último, Pablo nos habla del llamado diezmo de gracia (2 Corintios 9:7). Aquí se señalan aspectos importantes:

  • El dar debe ser una propuesta del corazón.
  • No debe darse con tristeza.
  • No debemos convertir el dar en una obligación.
  • Dios ama al que da con alegría.

Como habrás notado estimado lector, no estoy en contra del diezmo, sino en contra de la forma en cómo hemos degradado el concepto bíblico del diezmar, pues el diezmo no debe ser objeto de una actitud inquisitorial.

Y tú, estimado lector, ¿Cuál diezmo prefieres? ¿El legal o el de gracia? Yo, por mi parte, me quedo con el diezmo de gracia, porque así le puedo dar a mi Dios, todo lo que mi corazón disponga y no solamente la décima parte.
Dios le bendiga y nos veremos en la próxima cápsula. Pero mientras tanto, hágame usted estimado lector, un favor: ¡Sea usted feliz!

Con mi afecto y respeto, pastor Alaniz.