Cuando las Situaciones nos Rebasan

Cuando las situaciones nos rebasan

Iván Jiménez Jiménez

Jesús dejó de ser un desconocido. Gracias a las señales que hacía, una multitud se empezó a aglutinar en los lugares a donde iba. Ya no era el predicador galileo anónimo y solitario: ahora se perfilaba como un líder, un sanador famoso, alguien que podía cambiar la situación de vida de los necesitados. Su popularidad crecía y las multitudes se convirtieron en un problema.

Así sucedió el día que la multitud tuvo hambre. Luego de ver a quienes lo seguían, Jesús hizo una pregunta administrativa a Felipe: “¿De dónde compraremos pan para que coman éstos?” (Jn. 6:5). La respuesta del discípulo fue clara: ni siquiera doscientos denarios (que era equivalente a doscientos días de salario) no bastarían para comprar el pan suficiente. La situación los rebasó por completo. La multitud tenía hambre y Jesús sentía la necesidad de proveer alimento para esas personas. No tenían dinero, tampoco comida, pero sí a mucha gente hambrienta. Esta fue una bendición que se transformó en prueba. La situación se salió de control, al menos para los discípulos, así como muchas cosas suelen salirse de control en nuestras vidas. Supongo que a todos nos ha pasado que el dinero, el tiempo, las fuerzas, la inspiración o los conocimientos parecen no ser suficientes para resolver los problemas que tenemos enfrente.

Nada es suficiente cuando se comparte y se pone en manos de Dios
Hay un héroe en esta historia: un muchacho anónimo que tenía cinco panes y dos peces pequeños. Como suele pasar con los héroes, nadie lo tomó en cuenta. Incluso Andrés lo mira con ironía (Jn. 6:9). Sin embargo, el muchacho está dispuesto a quedarse sin nada con tal de compartir la comida con Jesús. Es cierto que cinco panes y dos peces no son suficientes para más de cinco mil personas, es cierto que dar gracias por esa comida es un absurdo logístico, es cierto que la situación se ha salido de control, pero también es cierto que todo había sido puesto en manos de Jesús.

Nada es suficiente cuando se comparte y se pone en manos de Dios. Cuando compartes tu vida y pones todo en manos del Señor no eres demasiado joven, ni demasiado pobre, ni demasiado ignorante, ni demasiado pequeño en la fe, ni insuficiente. Puede que en tu reflejo no encuentres más que “cinco panes y dos peces”, pero en Dios eres lo suficientemente abundante para dar vida y alimento a un mundo necesitado.

“Aquellos hombres entonces, viendo la señal que Jesús había hecho, dijeron: verdaderamente es el profeta que había de venir al mundo”.

Jn. 6:14

Tomado de Facebook de LMJI CAM.