¿Hay Una Iglesia en mi Casa?

Pero… realmente, ¿hay una iglesia en mi casa?

Carlos Alejandro Muro Flores

La inercia del activismo término para dar paso al sedentarismo frente a una pantalla; o para dar lugar a una Iglesia intencional y viva en todo lugar, nosotros decidimos.

Hemos escuchado y leído en estas semanas la frase: “Nosotros somos la iglesia” o “las personas somos la iglesia”. Verdaderamente somos el templo del Espíritu Santo pues Él vive en nosotros si somos creyentes. Pero él cuestionamiento no es si creemos o no, se trata de ser más reflexivos en nuestro quehacer diario.

Ser IGLESIA FUNCIONAL, hermano/a eso es otra cosa y eso tiene que ver con la misión de la iglesia que básicamente es:

  • Proclamación del evangelio.
  • Adoración hacia Dios.
  • Enseñanza y discipulado.
  • Servició hacia los demás.
  • Convivencia entre creyentes.

El orden puede variar y al propósito de la misión le podemos aumentar puntos según criterios, pero ¡no disminuir!

No olvidemos que la Iglesia se integra de personas con dones y ministerios que se deben usar para glorificar a Dios, proclamar su Gracia multiforme y servir a los demás.

No funciona como personas aisladas, es una comunidad de dos o tres reunidos en su nombre con Él como cabeza.

Si estamos realizando algunas de estas cosas en casa entonces SÍ estamos accionando como iglesia, si NO hay nada de esto en mi hogar, aunque crea y sea creyente NO hay una IGLESIA FUNCIONAL en mi casa.

Esto puede deberse a que cuando asistía a las reuniones no me involucraba en lo más mínimo en esta misión y el día de hoy sigo pensando que otras personas deben de ser los involucrados, que yo no puedo o no sé cómo y esto puede ser honestamente cierto, pues lo único que hacía era asistir y nada más; llegar, cantar, sentarse, escuchar y salir.

Este aislamiento ha dejado de ver muchos recovecos que tenemos en nuestra vida y que no eran evidentes en el ACTIVISMO que profesábamos pero que al quedar algunos solos o medio aislados el día de hoy son más que evidentes.

Podría enumerar muchas cosas que pudiésemos estar haciendo para SER una IGLESIA FUNCIONAL dentro del aislamiento en casa pero sería limitativa; el solo hecho de que uno se pregunte, qué más pudiera hacer si estoy confinado, ya nos habla de una visión corta.

Me duele que sean los grupos no religiosos los que primero se organicen para llevar ayuda a los necesitados. Los lugares de comida perfectamente organizados para llevar su producto a donde sea. Pero ¿y nosotros? Que en lugar de predicar y enseñar “en línea” acerca de las cosas y necesidades contemporáneas nos encontremos en explicaciones de exégesis en las más de las veces estériles; seguir escuchando “estrellas” que no tienen idea de lo que “el pueblo” necesita escuchar.

Las predicaciones, cultos y estudios en los medios electrónicos están a todo lo que da; pero me pregunto ¿eso es todo lo que podemos ofrecer? Pues es únicamente una extensión de lo que ya hacíamos antes y que en muchas ocasiones no daba los mejores resultados.

A estas alturas ya sabemos si pasamos más tiempo viendo televisión que conviviendo con la familia, si ese teléfono es mejor compañero que las personas que tenemos a nuestro alrededor (según nuestro criterio); Si realmente pasamos tiempo orando o escudriñando las escrituras, si somos lectores de libros o no, si nos interesan los sermones y asuntos relacionados con la “iglesia” si hemos ayudado en nuestras posibilidades a alguien , en fin , nos hemos ido conociendo quienes somos realmente en carácter y acciones y cuáles son nuestras verdaderas prioridades. Antes era la falta de tiempo para hacer las cosas, ¿ pero hoy cual sería el obstáculo?

¿Realmente hemos tomado en serio la ministración hacia los nuestros o lo hemos dejado así nada más a ver qué pasa?

Nos encontramos en dos extremos; algunos en profunda necesidad tanto material, espiritual y emocional, otros en la opulencia de las cosas pero SIN hacer uso adecuado de ellas (Biblia, música, predicaciones, recursos para dar, etcétera).

Mientras unos se preguntan ¿Que voy a comer hoy? (escasez), otros se preguntan ¿Que quiero comer hoy? (abundancia).

Para ser una IGLESIA FUNCIONAL debemos de accionar como Iglesia en un mundo lleno de necesidad.

Cuando la iglesia entraba en persecución tenía una característica, ¡Se multiplicaba a pesar de las circunstancias! y creo que tenía más limitantes de las que nosotros tenemos ahora, pues no tenían los recursos como algunos los tenemos hoy; ellos no podían moverse con libertad ni congregarse, ¡como nosotros! Pero si comunicaban las verdades del evangelio a conocidos y a desconocidos y la iglesia se fortalecía.

Mi temor es que hallamos salido de la COMODIDAD de cuatro paredes y el ACTIVISMO y estemos ahora en la comodidad en un sillón TOTALMENTE inactivos y auto engañados, no por el “quédate en casa” o por obra del diablo, sino por una ausencia que viene de tiempo atrás de una vida real como discípulos de Jesús y por consiguiente carentes de vida espiritual.
Habemos personas que nos entreteníamos asistiendo a los templos y ahora somos los mismos que nos entretenemos en casa haciendo mil cosas, pero en ambos casos sin llevar ningún fruto.

Seguramente esas situaciones sin resolver llámese como se llamen el día de hoy están haciendo crisis; debemos de ir nuevamente a los pies del maestro y decirle: “¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna.”

Por otro lado, si en este tiempo, en tu casa se está orando en conjunto, leyendo y estudiando la Escritura, alabando con cantos y adorando en la intimidad; preocupándose y sintiendo empatía y amor por el perdido y necesitado , intercediendo o buscando telefónicamente o por otro medio a los hermanos y necesitados, llevándoles consuelo y palabras de aliento, o tal vez elaborando o llevando a cabo en familia algún proyecto de servicio o ayuda etc. no cabe duda que en tu casa hay una Iglesia más que viva.

“Ni se enciende una luz y se pone debajo de un almud, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en casa. Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos”.

Mt. 15:15-16