La Iglesia y el Reto de Superar la Crisis

La Iglesia y el reto de superar la crisis

Tiempos de crisis y nuevos desafíos para la iglesia. Estamos frente a una oportunidad para que todos los creyentes ejerzan sus dones.

Abner Alaniz Rangel

Boris Cyrulmik, Neurólogo y Psiquiatra, señala: “Después de una catástrofe, siempre hay una revolución”; “El virus del hambre mata a 8,500 niños al día” ¿Cómo se movilizará la Iglesia en México, ante estos señalamientos y ante el coronavirus?

La propagación del coronavirus ha provocado cambios en la convivencia social, por lo que sumándose a las medidas de las autoridades diferentes congregaciones religiosas en nuestro país, han cerrado sus templos. Pero los servicios litúrgicos no serán clausurados, sólo cambiarán de escenario. En un domingo regular, miembros de diferentes credos se reúnen con cientos de personas con su misma fe, en esta oportunidad no será posible por instrucciones de las autoridades, por eso líderes eclesiásticos han optado por convertir a Facebook en su templo virtual.

Ante la emergencia sanitaria que se enfrenta por la crisis del coronavirus, la Iglesia se ha movilizado y con ella todos los recursos para ofrecer “el servicio, acompañamiento, ayuda y oración a todos los afectados y a toda la sociedad, para servir al bien común”. Se destacan las más de 175 iniciativas de la Iglesia en las diócesis que “atienden necesidades pastorales, espirituales, sociales, asistenciales, educativas y de entretenimiento ocasionadas por el confinamiento”. NO se emocione, Estimado lector, esto no sucede en México, ¡es en España! Respecto a México, no cuento con información al respecto.

Vivimos tiempos de crisis. Nuestro país, vive una crisis de inseguridad, pese a la pandemia, el índice delictivo sigue en aumento; crisis de los derechos humanos, crisis de los valores éticos y morales, crisis en la familia y en el matrimonio, etcétera. Así que, válida resulta la pregunta de nuestro tema de hoy: ¿Está la iglesia cristiana en crisis? Por supuesto, de antemano sé, que estará usted esperando un tajante ¡sí! Usted sacará su propia conclusión después de leer con detenimiento este documento.

Después de la segunda guerra mundial hubo una época de convivencia más pacífica con la religión, cada vez más contenida en la vida privada y una modernidad más tolerante. El Concilio Vaticano II fue el reflejo de esa época que daba la impresión de ser el comienzo de una era pacífica. En el Concilio nadie podía adivinar que dos años después iba a suceder una inmensa revolución cultural que debía hacer obsoletas todas las doctrinas conquistadas con tantos esfuerzos. Cuando se llegó a un virtual acuerdo con la República, la democracia y la modernidad, ya estaba lista la revolución en la mente de la juventud, que esperaba la oportunidad histórica.

La ciencia racionalista tenía la pretensión de ofrecer el verdadero conocimiento de la realidad. Las nuevas críticas de las ciencias mostraron la relatividad de todos los conceptos científicos, que no pueden decir lo que la realidad es, pero proporcionan la capacidad de producir efectos nuevos con los elementos que están a nuestra disposición. La ciencia es funcional, ya no metafísica. No nos revela la realidad del mundo, ya sea del mundo de la materia, ya sea del mundo humano. Tiene valor simplemente operacional. Puede intervenir en los procesos de la materia o de la mente para producir efectos nuevos, más útiles para el género humano.

Lejos de traer el fin de la crisis de la religión, la posmodernidad la profundizó. En este momento la crisis de la religión es mucho más radical que en 1970. No sólo en Brasil o en América Latina en general, sino en todo el territorio de la antigua cristiandad. La República enseñaba una moral que era prácticamente la moral tradicional de la cristiandad. La diferencia estaba en que la Iglesia daba a su moral un fundamento revelado y la República de daba como fundamento la naturaleza humana y la conciencia.
Las crisis de la religión clerical de la cristiandad y de la religión racionalista y laica de la República dejaron en la sociedad un vacío inmenso. Este espacio fue ocupado por la economía. Hay una coincidencia histórica entre la crisis de la modernidad y el advenimiento de la sociedad neoliberal.

Podemos preguntarnos si el advenimiento del nuevo capitalismo puro actuó primero y provocó o ayudó a la ruina de la modernidad y de todas sus instituciones, o si la crisis de la modernidad fue lo que permitió el advenimiento del capitalismo en su forma radical tal como existe en la actualidad. Claro está que la crítica al Estado favoreció la sociedad neoliberal que quiere un Estado débil, incapaz de controlar la economía. Por otro lado, el sistema neoliberal triunfó, porque fue adoptado e impuesto por Estados Unidos en forma bastante independiente de la crisis de la modernidad. Pero, a lo mejor, Estados Unidos no habría podido conquistar toda la economía mundial si no se hubiera encontrado con la ayuda de una crítica universal del Estado y con el gran relato social europeo. No importa mucho.

Nuestro primer mandatario, actualmente, está enfrascado en el combate a todo lo que sea parte del neoliberalismo. ¿Si la economía y el consumismo fueran la norma universal y total de la vida, la vida sería todavía soportable? ¿Todavía conservaría su sentido? ¿El individualismo radical inculcado por la economía actual, todavía sería viable? ¿Una vez que todos tengan las máquinas actuales (celular, carro, computador, etc.) esto será suficiente para dar sentido y valor a su vida? Es una pregunta que los economistas no se hacen. Hasta el momento la máquina funciona bien, y basta. Lo que puede pasar a la humanidad no les importa, porque no se puede medir en dólares y no puede ser trasformado en capital. Hay elementos de la religión antigua que ya no son asimilables. El primero es la cosmología subyacente a la religión tradicional. Esta era común tal vez desde los orígenes de la humanidad. El mundo aparece dividido en tres niveles. Arriba está el cielo. En el cielo está Dios. Dios es representado como patriarca o como rey-emperador, según la estructura social de los pueblos. Según la cosmología tradicional todo lo que sucede en la tierra, fue decidido en el cielo. Dios gobierna toda la vida terrestre según normas que sólo él conoce. Además, Dios no está sometido a ninguna norma. Puede cambiar cuando quiere.

La vida es vivida como combate permanente contra las fuerzas del infierno. Éstas quieren atraer hacia el pecado que es rechazo de Dios. La vida es lucha para evitar el pecado y practicar la virtud, adorar a Dios y no a Satanás. La vida humana sería una tensión permanente entre dos fuerzas exteriores al ser humano. Éste sería el terreno de un combate entre dos adversarios irreductibles. La vida no sería organizada por el mismo ser humano, sino más bien dominada por fuerzas exteriores.

Ahora bien, desde el Renacimiento está cada vez más claro que el ser humano hace su vida. Los combates que los seres humanos sienten en sí mismos o dentro de la humanidad no son combates de fuerzas sobrenaturales, sino combates interiores, personales, entre tendencias diversas. Es el descubrimiento de que cada cual tiene la responsabilidad de organizar su vida con autonomía, conquistando siempre más libertad, sin estar sometido a fuerzas sobrenaturales, buenas o malas.

Ese es también el descubrimiento que hacen los adolescentes desde hace siglos. Hoy en día ese descubrimiento ya se está generalizando, también por influjo de la escolarización. El joven aprende a hacer su vida sin preocuparse por las fuerzas celestiales o infernales. Todavía hay restos de la mentalidad rural arcaica, pero son cada vez menos operantes.

Otro elemento básico de la religión tradicional es el miedo, o como decía un historiador la pastoral del miedo. Mircea Elíade decía que los pueblos primitivos no creen en sus divinidades, pero les tienen miedo. De hecho, el miedo ha sido durante milenios una gran fuerza que sustentó las religiones.
Le tienen miedo a Dios porque Dios puede castigar. Dios es exigente y quiere que los seres humanos se sometan a su dominación. Los nombres de Dios son nombres de poder. Aun en la Biblia. Si bien es verdad que a Moisés Dios le declara que no tiene nombre, sino que existe sencillamente, en la práctica de la vida de Israel, Dios siempre es el Señor, el poder, el dominio, y los seres humanos son sus servidores, sus seguidores fieles y obedientes. Dios es autor de una ley y esto se encuentra en todas las religiones en forma variada. Quiere la obediencia a la ley. El que no obedece es castigado en este mundo o después de esta vida. El miedo al poder de Dios es el fundamento del culto. Para conquistar la indulgencia de Dios, su perdón, su paciencia, para pedirle lo necesario para la vida, o la salud, o la paz en la familia, el clan, la tribu, o la victoria en las guerras, es necesario ofrecerle oraciones, expresiones de sumisión, súplicas. Es necesario hacerle promesas.
Muchos textos litúrgicos que nos vienen de la edad media todavía conservan esa ideología del miedo, del poder, del castigo. Dios es un juez severo que no se deja engañar.

Está también el miedo a las potencias del infierno. Éstas tienen un gran poder de seducción y de engaño. Hay que desconfiar siempre y luchar contra las tentativas de los demonios con muchísimos gestos religiosos. Para el clero, la pastoral del miedo era la mejor publicidad. Los sacerdotes podían luchar más eficientemente contra los demonios y acercarse a Dios y a sus santos para conseguir bienes y favores. No es extraño que la pastoral del miedo haya tenido tanto éxito.

A partir de este descubrimiento los seres humanos han perdido el miedo. Ya no temen ni a Dios ni a los demonios. Asumen su vida con sus límites y sus posibilidades. Aprenden a conocer mejor la naturaleza y sus propias capacidades para producir ellos mismos los efectos deseados. No piden a Dios lo que ellos tienen que hacer. Tratan de hacerlo ellos mismos. Toda esta evolución es irreversible. Nadie podrá retornar a una conciencia religiosa del pasado. La cosmología y la antropología nacidas en la modernidad y desarrolladas más todavía desde entonces, son definitivas. Habrá siempre algunos supervivientes de las épocas anteriores… Sin embargo, desde ahora gran parte del culto católico ya no es nada más que espectáculo para los turistas. Los turistas no entienden nada, pero les gusta el museo antropológico que son las religiones en la actualidad.

Se comprende muy bien que la iglesia reaccione negativamente ante de cada nuevo paso de la erosión de la cristiandad. Ella defiende su poder. El poder que pierde en la sociedad, trata de aumentarlo en la misma Iglesia. Siendo la víctima de la evolución histórica, no puede no reaccionar negativamente. Menos comprensible sería que las Iglesias locales no hubieran entendido las señales de los tiempos, y que hubieran tratado de adaptarse a la evolución de la humanidad. Además, estos movimientos son típicos de la clase media, que no es la clase que busca una nueva cultura, sino una adaptación de la religión a su cultura. La clase media quiere una religión burguesa que le muestre que puede muy bien adorar a Dios y al dinero al mismo tiempo. La palabra está con los laicos. No hay que ofrecerles un programa. El programa lo harán ellos. Reaccionarán con su conciencia cristiana en medio del sector de mundo que ocupan. No pueden esperar que les venga un programa hecho porque no vendrá ningún programa.

El siglo XXI, presenta el desafío pentecostal y la estribillomanía. El siglo XXI es el siglo del pentecostalismo. Éste es el gran movimiento religioso que envolvió poco a poco al mundo entero y a todas las Iglesias y denominaciones cristianas: fue un movimiento de conversión de cientos de millones de cristianos. Hay sociólogos que han estudiado el fenómeno. Pero, si no son al mismo tiempo teólogos, los sociólogos no pueden entender el fenómeno desde adentro. Lo asimilan a otros movimientos culturales, sin observar lo que significa para la historia del cristianismo.

Ante todo, el pentecostalismo fue y todavía es principalmente un movimiento de los pobres. Hubo convergencia de dos movimientos históricos. En primer lugar las Iglesias no lograron acompañar la explosión demográfica de una humanidad que en el siglo XXI, pasó de mil millones de habitantes a 6 mil millones. Esta explosión demográfica fue acompañada por una inmensa migración de cientos de millones de campesinos del campo a la ciudad, en donde se perdió poco a poco su religión tradicional. Las Iglesias no pudieron o no quisieron tener las estructuras necesarias para encuadrar esta inmensa masa humana. Apareció el universo de los pobres de las ciudades, abandonado por las Iglesias tradicionales. Nacieron nuevas comunidades dentro del mismo pueblo de los pobres.

Al mismo tiempo, se produjo una evolución cultural en esas masas de ex campesinos que migraron para las ciudades. Fueron todos escolarizados, lo que les abrió la inteligencia. Adquirieron algunos elementos de la racionalidad moderna. Empezaron a descubrir que no todo venía de Dios y que la oración no era el único recurso. Aprendieron que los mismos seres humanos tienen capacidades, posibilidades de lograr efectos, de cambiar algo de sus condiciones de vida. Dejaron de creer en los “santos”. Fue la gran ruptura, para ellos. Creer en los “santos” es pensar que la vida es hecha por ellos. Aprendieron a pensar por sí mismos, a definir por sí mismos su vida, rompiendo la dependencia del clero. Una vez que supieron que los santitos eran de madera o de yeso, su pensamiento se liberó.

Llegando a la ciudad no sólo descubrieron que su Iglesia estaba ausente, sino que el mensaje de la Iglesia no daba respuesta a su nueva situación. Sin clero, tuvieron que buscar por sí mismos una nueva religión. Aparecieron los pentecostales. Los pentecostales conservan la cosmología religiosa tradicional: Dios y Satanás, el cielo, la tierra y el infierno, el pecado y los castigos divinos, las tentaciones de Satanás, el problema de la salvación como problema básico de la religión. Pero los pentecostales, abandonan el culto a los Santos. En adelante hay un solo Santo, un solo Salvador, que es Jesucristo. Jesucristo soluciona todos los problemas. Ya no se necesitan los Santos para solucionar los problemas de la vida: Jesús todo lo soluciona.

Recurrir a los “santos” es una ilusión. De esta forma, los pentecostales tienen conciencia de ser intelectualmente más desarrollados. Han descubierto que las fuerzas sobrenaturales de los “santos” no existen y que sólo existe Jesús. También los pentecostales se emancipan del clero. Los pastores son mensajeros del evangelio, consejeros, profetas que exhortan, pero no tienen autoridad sobre las personas, pues cada una se relaciona directamente con Jesucristo. Hay una emancipación del sujeto humano.
Los convertidos los pentecostales se sienten más libres, más fuertes, más capacitados y más responsables. Se sienten más armados para enfrentar la dura vida de los pobres en la ciudad. Hubo y hay varias tentativas para adaptar el esquema pentecostal a un público letrado de clase media. Se insistió en la experiencia del Espíritu Santo. La conciencia de ser sujeto aumenta. Hay movimientos católicos y otros protestantes.

Ahora bien, los pastores u orientadores pentecostales aprenden cada vez más las técnicas del show y las técnicas de la comunicación, que enseñan a despertar y orientar emociones colectivas. Estos movimientos pentecostales pueden provocar fenómenos neuróticos graves. En muchos grupos los líderes controlan la emoción para evitar que se den situaciones de perturbación psíquica intensa. Pero, no todos lo hacen. En Estados Unidos estos movimientos se desarrollaron sobre todo desde los años 70 y lograron una penetración grande en el público más conservador.

En general, los pentecostales tradicionales y populares y la iglesia en general, no aceptan y no reconocen como cristianas organizaciones como la “Iglesia universal del reino de Dios”, o la “Iglesia internacional de la Gracia de Dios”, que desde Brasil se han difundido por el mundo entero, pero usando técnicas de comunicación que permiten dudar de la sinceridad de su fe.En la ruina de la religión tradicional y el advenimiento de una nueva sociedad no hay nada que pueda afectar al evangelio. Éste conserva todo su valor. No fue atacado. Nunca fue atacado durante las fases de la modernidad tampoco. Al revés, todos los nuevos movimientos querían realizar el evangelio, denunciando que la Iglesia no anunciaba ese evangelio. La estructura eclesiástica incluye el evangelio dentro de su sistema religioso. Desde afuera las personas no lo descubren tan fácilmente en la Iglesia.

La religión convoca a los cristianos para que vengan participar del culto. El evangelio anuncia que el reino de Dios ya está presente, ya está actuando en este mundo y no solamente en el cielo. El portador del evangelio es la persona que vive una vida común en medio de personas iguales, mostrándoles el camino de Jesús como proyecto de vida que conduce a la felicidad, no sólo en el cielo, sino también en esta tierra. Al revés, la religión ofrece una participación en el culto celestial. El culto separa de este mundo para realizar una entrada en el mundo del cielo, participando de la liturgia de los santos y de los ángeles. La religión es el dominio del clero como clase sagrada y reservada al culto.

La religión pertenece a la condición humana. Hay personas que pueden vivir sin religión, así como hay personas que no saben practicar ningún instrumento musical, que no viajan, que no aprenden idiomas, pero todas esas ausencias disminuyen su ser humano, su humanidad. Por eso, en cualquier cultura hay religión, y, si la cultura cambia, la religión va a cambiar también, y otra aparecerá. Estamos en un momento crucial de la historia por motivo del cambio radical de la cultura.

La religión tiene futuro, pero no necesariamente las religiones que conocemos hoy día. La religión tradicional de la cristiandad no tiene mucho futuro porque ya es incomprensible y la nueva cultura quiere comprender. Jesús no fundó ninguna religión, dejando la puerta abierta para que sus discípulos crearan la religión más adaptada a su cultura, lo que se hizo inconscientemente, o sea, sin que nadie supiera que estaba construyendo una religión nueva.

Por eso esa religión que conocemos y practicamos, se formó dentro del Imperio romano y es una posibilidad histórica. Otras pueden aparecer. Estamos al comienzo de la historia del mundo y de la evangelización. Hasta ahora el cristianismo sólo penetró en una sola cultura (con dos variantes) a partir de lo que había en el Imperio romano. Es sólo un comienzo, una primera etapa. Lo más probable es que no habrá ruptura fuerte, sino evolución progresiva. Ciertas instituciones o prácticas van a desaparecer y otras van a aparecer. Después de algunos siglos se podrá observar que apareció un nuevo conjunto.

En primer lugar, es probable que la religión del futuro será más mística que cultural. Dará más importancia a la escucha de la palabra de Dios que al culto. Será una oración más de escucha y acogida que una oración de petición o de adoración. El culto será mucho menos la celebración del poder de Dios y más la celebración de su presencia discreta y humilde en nuestro mundo. La iglesia debe recobrar, el Sola Fide, Sola Gratia y Sola Scriptura.

En segundo lugar, la religión del porvenir dará menos importancia a los objetos religiosos y mucho más al sujeto. Menos importancia a la literalidad de los dogmas, y más calor a la vivencia personal del seguimiento de Jesús. Habrá menos necesidad de objetivar la religión, separando claramente los objetos religiosos de las fuerzas del universo. La Biblia tenía mucho miedo de la naturaleza material del universo porque vivía en medio de religiones que identificaban la divinidad con fenómenos naturales. Había que hacer una distinción entre Dios y las fuerzas naturales. Pero esto nos distanció demasiado de la naturaleza y de sus dinámicas.

Falta la integración de la religión en la vida del universo. Pues el universo no es hecho de objetos inertes. La tierra vive, cambia, produce… y actualmente siente las heridas que una civilización excesivamente destructiva le inflige. En tercer lugar, el sujeto nace por medio del diálogo con otro sujeto. Nace por la relación recíproca con otros sujetos. La religión tradicional proporciona a las personas un mundo religioso completo y su comunicación se hace por la transmisión de ese mundo religioso exterior a la persona (dogmas, ritos, preceptos, instituciones).

Todo indica que ese mundo de objetos religiosos va a tener que ceder el lugar a la relación viva entre personas iguales. La casta sacerdotal irá desapareciendo progresivamente, con todas las marcas de lo sagrado que le atribuyeron en el transcurso de los siglos. Pues el status sacerdotal impide una relación sencillamente humana. Es muy difícil prescindir del carácter sagrado del sacerdote. Solamente algunos laicos que tienen mucha intimidad logran una relación humana normal. Incluso dentro de la familia, las relaciones entre hermanos están afectadas. En cuarto lugar, los cristianos de mañana necesitarán de comunidades pequeñas en las que las relaciones son de fraternidad.

La familia pierde su importancia porque cada uno de los hijos hace su vida y la vida los lleva a lugares muy distantes. Las relaciones de vecindad desaparecen. Lo que se necesita son relaciones de comunidad entre personas, que participan de la misma religión, la misma finalidad, los mismos valores. A partir de la pandemia del coronavirus, las cosas deben cambiar sustancialmente, la iglesia y sus liderazgos deben ser debidamente re valuados, los paradigmas actuales resultan ya obsoletos, a los reformadores del siglo XVI, siempre les preocupó el papel de la experiencia en la teología cristiana. Temían que sus seguidores se dieran por satisfechos con una ortodoxia espiritualmente estancada, desprovista de la vitalidad y el poder que le da una relación personal con Dios.

El Reformador de la Iglesia Anglicana, el Rev. Juan Wesley en uno de sus comentarios más citados, observó lo siguiente: No tengo miedo de que el pueblo llamado metodista alguna vez deje de existir, ni en Europa ni en América. Pero si temo que sólo exista como una secta muerta, con la forma de una religión, pero sin su poder. Hago votos, para que las iglesias cristianas en general, reciban siempre la iluminación del Altísimo, para que conduzcan a la iglesia, por los caminos de una renovación permanente.
Con mi afecto y respeto. Su servidor y amigo.

2 comentarios sobre “La Iglesia y el Reto de Superar la Crisis

  1. Querido hermano Abner Dios bendiga su vida, le comento que hoy la iglesia metodista en Mexico esta siendo usada por Dios, que lejos de caer en una secta muerta, hoy Jesus esta moviendo personas que no creia que pudieran tener por lo menos algo de fe.
    algunos pastores estamos usando facebook para hacer nuestro templo los domingos y veo que de muchos pastores en Mexico siguen esta corriente

    Bendiciones

    Me gusta

  2. Jesucristo es el mismo ayer y hoy y por los siglos. El cielo y La tierra pasarán, pero sus palabras no pasarán.

    Me gusta

Los comentarios están cerrados.