Jesucristo y la Vida Económica

Jesucristo y la vida económica

Silvano Mares Rangel

Referencias: Mateo 8:2, Lucas 9:58, Lucas 10:4, Juan 12:6, Juan 13:29, Mateo 6:19-34, Lucas 12:13-48 y Mateo 20:1-16.

Usted jamás ha pensado en la vida de Jesús, el Jesús humano que comía, dormía, lloraba, tenía frío. ¿Se ha cuestionado usted cómo le hacía Jesús para vivir? ¿Dónde comía y dormía? ¿Qué importancia daba al dinero y a los bienes materiales? ¿Quién lo patrocinaba? ¿Qué lecciones su vida nos deja a nosotros? Acudamos a las Escrituras para darnos una idea de lo que era el Señor. Mateo 8:20 dice “[…] las zorras tienen madrigueras y las aves tienen nidos –le respondió Jesús- pero el Hijo del hombre no tiene donde reclinar su cabeza”.

“Luego dijo Jesús a sus discípulos: -por eso les digo: no se preocupen por su vida, que comerán, ni por su cuerpo, con que se vestirán, la vida tiene más valor que la comida, y el cuerpo más que la ropa fíjense en los cuervos no siembran ni cosechan, ni tienen almacén ni granero, sin embargo, Dios los alimenta” .

Lucas 12: 22-24

Lucas 10:3-11 dice “¡Vayan ustedes! Miren que los envió como corderos en medio de lobos. NO lleven monedero ni bolsa ni sandalias, ni se detengan a saludar a nadie por el camino. Cuando entren en una casa digan primero “Paz a esta casa”, si hay allí alguno digno de paz gozará de ella; y si no la bendición la bendición se cumplirá. Quédense en esa casa, t coman y beban de lo que ellos tengan, porque el trabajador digno es de sueldo. No anden de casa en casa. Cuando entren en un pueblo y los reciban coman lo que les sirvan. Sanen a los enfermos que encuentren allí y díganle “el reino de Dios ya está cerca de ustedes”.

Lamentablemente, si hoy se pretendiera hacer con los pastores, lo que Jesús hizo con sus discípulos, morirían de inanición, porque el ofrendar y el diezmar está condicionado a la simpatía que nos despierta el pastor y su familia, no a las enseñanzas de las Escrituras. El pastorado hoy en día, está condicionado a la simpatía que despierta éste en los sectores dominantes de las iglesias locales, por los intereses creados (lease cacicazgos). ¡Desmiéntanme!

Lucas 12:6 dice “[…] Dijo esto, no porque se interesara por los pobres, sino porque era un ladrón y como tenía a su cargo la bolsa del dinero, acostumbraba robarse lo que echaban en ella”. Lucas 13:29 dice “Como Judas era el encargado del dinero, algunos pensaron que Jesús le estaba diciendo que comprara lo necesario para la fiesta, o que diera algo a los pobres”. ¿Por qué si el Señor sabía el tipo que era Judas lo sostenía como tesorero? Como se colige de los pasajes, le daban a Jesús donativos y llegaban a la bosa de Judas. Estos pasajes nos dan una idea de quien era Jesús y para Él que importancia tenía el dinero y los bienes materiales.
De acuerdo a la historiografía bíblica, el Señor Jesús trabajo muchos años en la carpintería con su padre. Hacia arados, yugos bien hechos de buena madera, construía casas sobre cimientos de piedra maciza, daba gracias a Dios por el pan y desde que era niño tuvo buen cuidado de su cuerpo. Cuando se sentía cansado buscaba la manera de descansar y, cuando tenía sed, bebía agua pura y fresca.

Para conocer a una persona es muy importante conocer el contexto en que se ha desarrollado su vida. No es lo mismo haber nacido en un país que en otro, en una cultura que en otra, en una situación política o en otra. Todas estas circunstancias nos condicionan poderosamente y configuran nuestra mentalidad. Jesús nació y vivió en una situación concreta. Pasó la mayor parte de su vida en una pequeña región del oriente romano llamada Galilea. En aquel tiempo Galilea era un pequeño reino vasallo de Roma, que estaba gobernado por uno de los hijos de Herodes el Grande, llamado Antipas. Era una región relativamente próspera, pero sometida a enormes presiones desde el punto de vista económico y social. Jesús era judío y, como tal tenía una especial relación con Jerusalén, la ciudad santa, donde se encontraba el Templo al que los judíos acudían en peregrinación para dar culto a Dios. Jerusalén es también muy importante en la vida de Jesús, porque fue allí donde murió.

Nos interesa conocer cómo eran las cosas entonces, porque de otra manera estaremos proyectando continuamente nuestra forma de ver la vida sobre aquel judío que vivió hace dos mil años en una región muy distante y en una cultura diferente a la nuestra. La tarea no resulta fácil, precisamente por la distancia que nos separa. No podemos tener una información de primera mano, sino que hemos de contentarnos con los restos arqueológicos y literarios que han llegado hasta nosotros para reconstruir el “escenario” de la vida de Jesús. Afortunadamente, tanto unos como otros han sido estudiados con gran cuidado y minuciosidad, y cada vez tenemos una imagen más precisa del mundo de Jesús.

El “escenario” de la vida de Jesús puede recuperarse desde diversas perspectivas que son complementarias. Estas perspectivas pueden agruparse en tres formas de mirar el mundo de Jesús, que nos ayudan a entrar cada vez más profundamente en él: EL AMBIENTE MATERIAL. Esta mirada nos ayuda a situar geográficamente Galilea y Judea en el contexto del Imperio Romano. Con ayuda de la arqueología podemos averiguar también cómo eran las ciudades y sus edificios, cuál era la distribución de la tierra, etc.

EL CONTEXTO POLITICO Y RELIGIOSO. Desde este punto de vista se puede observar la organización política de Galilea y sus relaciones con Roma, la relación de los gobernantes con sus súbditos, el sistema de impuestos, etc. También nos permite calibrar la importancia de la religión en aquella sociedad, y conocer sus creencias, sus instituciones, sus prácticas, etcétera.

EL MARCO SUBCULTURAL. Esta es una mirada más profunda, porque trata de entrar en la organización social, la familia, la ciudad, las tensiones entre las zonas rurales y urbanas, etcétera y, sobre todo, en los valores que determinan la forma de concebir el mundo y las relaciones entre las personas, el honor, la personalidad y las relaciones de patronazgo. La cultura, en este sentido, es el elemento más determinante en la vida de una persona. Todos hemos sido socializados en una determinada cultura y esto configura nuestra visión de nosotros mismos, de los demás y del mundo.

  1. La cuestión económica jugaba un papel preponderante en la sociedad de los tiempos de Cristo. Las circunstancias políticas, traían implícitas circunstancias económicas. El país políticamente dominado estaba dominado también en lo económico. Su organización social, predominantemente agraria, sufría la permanente sangría de la ocupación romana, y ello había dado tintes económicos a las esperanzas de liberación mesiánica. De acuerdo con la expectativa popular, la era mesiánica traería una milagrosa abundancia de bienes materiales.
  2. En Palestina existía entonces un gran contraste entre ricos y pobres. El Nuevo Testamento habla constantemente de los pobres, cuyo alimento común era el pan y el pescado. La carne no se menciona como alimento ni una sola vez en los evangelios. Las ocupaciones predominantes eran la agricultura y la cría de ovejas. El suelo pobre, los métodos primitivos y las seculares exacciones de los gobernantes extranjeros habían hecho del pueblo común una nación de indigentes. En medio de ella, los ricos eran contados y, por lo tanto, estaban en mayor evidencia (véase, por ejemplo, Marcos 12:41-44).
  3. Jesús rechazó las ideas populares sobre la era mesiánica, pero el problema económico de sus compatriotas pesó siempre sobre su corazón. Es lógico, entonces, que una de las grandes tentaciones de su ministerio consistiera en la solución milagrosa del hambre de los pobres (Lucas 4:1-4). Jesús habría de recurrir a la multiplicación de panes y peces, pero no para ganar la adhesión de las multitudes sino para satisfacer una necesidad (Juan 6:1-15, 22-58). Tenía conciencia de las necesidades de los pobres (Lucas 6:20-21; 16:19-31; Mateo 25: 37-40). No era un asceta ni un romántico que ignorara o despreciara las exigencias materiales de la vida. Comida, abrigo y techo eran para él cosas necesarias, pero no indispensables. “Vuestro Padre celestial sabe que de todas ellas tenéis necesidad” (Mateo. 6:32).
  4. Él había nacido en un hogar humilde. Con toda probabilidad, era el hijo mayor de una madre viuda y tenía por lo menos seis hermanos menores. Es probable también que él mismo sostuviera la familia con su trabajo manual. Más tarde, se nos dice que la compañía de maestro y discípulos —todos de humilde origen— se mantenía con una bolsa común (Juan. 13:29). Algunas mu¬jeres los atendieron en sus necesidades materiales, en alguna ocasión (Lucas 8:3). Durante su ministerio itinerante, fue literalmente cierto aquello de que “las ra¬posas tienen madrigueras y las aves del cielo nidos; mas el Hijo del hombre no tiene donde reposar su cabeza” (Mateo 8:20).
  5. Jesús no era un asceta. Pero aun cuando se sentara a comer y beber con publícanos y pecadores, ese hecho no significa que fuera indiferente a la manera en que ellos habían adquirido sus riquezas. El episodio de Zaqueo es significativo. Su arrepentimiento se expresó en la devolución del cuádruple de lo que había extorsionado (Lucas 19:2-10). Constantemente hallamos referencias en las enseñanzas de Jesús a la injusticia y corrupción de la sociedad. Muchas veces condena enérgicamente la avaricia, la falta de honradez y la indiferencia a las necesidades de los pobres (véase, por ejemplo, la historia del rico y Lázaro, Lc. 16:19-31).
  6. Veamos algunas de sus enseñanzas fundamentales en cuanto a la vida económica.

a) En primer término, el amor a las posesiones es un rival peligroso del amor a Dios, y en su origen el problema que engendra es religioso. Jesús vio con claridad que el amor del dinero tiene la tendencia a convertirse en el deseo dominante de la vida. Porque el dinero es símbolo de poder sobre los demás, y es claro que la fe cristiana afecta necesariamente nuestra actitud hacia el prójimo. De allí que exista en potencia un conflicto entre el amor al dinero y el amor a Dios. La vida cristiana exige una actitud completamente nueva con relación al dinero y las posesiones. “No podéis servir a Dios y a las riquezas” (Mateo 6:19-34). Porque servir a Dios exige toda la vida, y no es posible compartir su culto con el culto a ninguna otra cosa. Así como el servicio a Dios exige la disposición de renunciar a todo otro compromiso humano que se le oponga, del mismo modo implica que ni las cosas materiales que el dinero adquiere, ni las satisfacciones que esas cosas pueden proporcionarnos, ni el poder que se deriva de la posesión del dinero, deben competir con nuestra lealtad a Dios. Tal el caso del rico de la parábola, que se sentía tranquilo porque tenía bienes materiales e ignoraba por ello su pobreza espiritual (Lucas 12:16-21).

b) Las personas son más importantes que el dinero. Es evidente que en la esfera de la economía se conocen las batallas más despiadadas y los crímenes más crueles. Nunca más egoísta y ciego el hombre que cuando se trata de adquirir bienes materiales. “Los negocios son los negocios”. Jesús dice, en cambio: “¡Cuánto más vale un hombre que una oveja!” (Mateo 12:12). “Mirad, guardaos de toda avaricia, porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee” (Lucas 12:15). Esto último lo dijo por razón de un conflicto familiar causado por una herencia.

c) Todas las ocupaciones deben estar basadas tanto en la necesidad de ganar dinero como en la oportunidad de servir a los demás, y esto último es lo más importante. El trabajo implica el empleo de dones recibidos de Dios, que no deben ser empleados meramente para la propia satisfacción. La única jerarquía cristiana es la del servicio al prójimo, no la que se mide con, pesos y centavos. “Cualquiera de vosotros que quisiere ser el primero, será siervo de todos” (Mr. 10:44; véase también Mt. 20:27; Le. 9:48).

d) Las personas son más importantes que los principios. En la vida y enseñanzas de Jesús encontraremos fundamento suficiente para esta afirmación. Tomemos por ejemplo la cuestión de la justicia social. El hombre moderno tiende a confundir justicia con igualdad, en el sentido de que la justicia consistiera en tratar a todos los hombres sin hacer distinciones. “La justicia es ciega”, que es como decir que la justicia es impersonal. Cristo dice otra cosa. La justicia de Dios es absolutamente personal; trata a cada uno como a una persona, y no como a un ejemplar más de la especie humana. Esto tiene sus implicaciones para la vida económica. En la parábola de los obreros de la viña (Mt. 20:1-16), algunos de los obreros fueron contratados al final de la jornada y trabajaron solamente una hora, recibiendo el mismo jornal que los demás. Cuando uno de los que trabajó la jornada completa se queja al patrón por la “injusticia” que ha cometido, éste justifica su actitud diciendo que a nadie ha defraudado en lo que le debía, pero que su generosidad con los últimos no debe molestar a los primeros. En este caso, su sensibilidad ante la situación de hombres que trabajaron poco no por pereza sino por la condición de la sociedad, le mueve a ser generoso. La generosidad cristiana tiene en cuenta las necesidades del hombre antes que las exigencias de la igualdad.

e) No existe la propiedad absoluta. Lo que poseemos, inclusive nuestro dinero, no es absolutamente nuestro, sino que se nos ha confiado para que lo administremos en el nombre de Dios y para el bien de nuestros prójimos. Tales sus parábolas de los labradores malvados (Lucas 20:9-18), de los talentos (Mateo 25: 14-30), del buen samaritano (Lucas 10:25-37), del juicio final (Mateo 25:31-46) y sus reiteradas enseñanzas en las que a menudo emplea la figura del mayordomo, o del siervo (véase, por ejemplo, Lucas 12:13-48), donde se reúnen muchas enseñanzas acerca de las posesiones y donde recurren una y otra vez ambas expresiones).

Para meditar

  1. ¿Cree usted que en verdad las personas son más importantes que los principios?
  2. ¿Hay alguna relación entre la vida espiritual y la prosperidad económica de una persona? En estos tiempos de pandemia por el Covid-19, cuánta falta nos hace meditar en estas enseñanzas que Jesús nos da, para movernos hacia la solidaridad y amor al prójimo:

“Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con todas tus fuerzas, y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo”.

Hago votos, para que nuestros empresarios que se precian de ser cristianos y metodistas, reflexionen en la enseñanza de Jesús y actúen en consecuencia, respaldando a su empleados y obreros, y no dejándolos a la buena de Dios.

Con mi afecto y respeto, su servidor y amigo.

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