Una Normalidad Sin Compromiso

Una Normalidad Sin Compromiso

La nueva normalidad: una normalidad sin compromiso

Carlos Alejandro Muro Flores

El regreso a los templos 

“Las vidas que hemos escogido requieren muy poco de Dios”.

E. R. McManus

“No hay cristianos de fe y otros de obras”.

Giovanni Herrera

Para nuestros pastores, líderes espirituales y servidores laicos, este tiempo los regresa a las actividades eclesiásticas que desempeñaban antes de la confinación, a sus actividades normales, para ellos el desafío era quedarse quietos en casa. Es todo un reto, pero el volver a ese estado, seguramente los tiene muy motivados y ocupados en el asunto; regresan a los servicios presenciales, volver a activar organizaciones, células y ministerios, planeación con liderazgos, visitación, consejería, etcétera, todo volverá paulatinamente con los debidos cuidados.

Con los LAICOS la situación es muy diferente, pues aprendimos a seguir siendo cristianos sin congregarnos; quiero decir, esta confinación nos llevó de regreso a un espacio que hace tiempo no teníamos, el tiempo libre en nuestras casas. Tiempo que, a pesar de la problemática agregada y muy difícil en muchos hogares, poco a poco comenzamos a disfrutar tanto en lo individual como en lo familiar; disposición de tiempo sin la preocupación de estar en algún sitio sirviendo congregacionalmente al Señor. Poco a poco fueron llegando actividades que llenaron nuestros espacios tales como: la lectura, la televisión, los deportes, el ocio, dormir más, o simplemente pasar tiempo con la familia.

Hace tiempo, cuando tuvimos aquel primer encuentro con Dios y se nos hizo costumbre el congregarnos, poco a poco fuimos incluyendo actividades como: el servicio dominical, la oración, participar en alguna organización como matrimonios, células de estudio, o grupos de varones, jóvenes , niños o mujeres. El punto es que el sábado y domingo y algunos días entre semana los dedicábamos a esto, y por más de 6 meses nos fue imposible continuar con este ritmo de vida al que ya estábamos habituados; al principio nos fue difícil, pero con el tiempo nos acostumbramos.

Aprendimos a ser CRISTIANOS SIN COMPROMISO, veíamos o escuchábamos alguna predicación, mandábamos nuestras aportaciones y ¡nada más! Para muchos eso fue el patrón de todos estos meses.

Algunos abrieron con la familia algún estudio bíblico y oraron juntos.

Con el tiempo bajó mucho el número de personas que dedicaban un tiempo especial a escuchar los servicios dominicales en vivo y reverentemente; otros los escuchaban haciendo al mismo tiempo otras cosas, teniéndolos como sonido de fondo.

¿Cómo estamos reaccionando a estos cambios, en donde la asistencia y el compromiso volverá a ser de manera voluntaria?

Para mi sorpresa, personas de la edad madura y las mujeres son las que están regresando, los varones y los jóvenes diríamos que brillan por su ausencia. Esto también traerá seguramente una repercusión en el número de niños que regrese.

Sinceramente, ¿estamos lo suficientemente motivados para dejar esas comodidades que tenemos en casa? Comodidades que por cuestiones fuera de nuestro control fueron buenas durante todo este tiempo, pero ahora nuestra militancia en Cristo como seguidores nos invita a volver a ser constantes en el servicio congregacional.

Para muchos antes de la pandemia el ser “cristiano en casa” ya era una realidad, asistiendo solamente en ocasiones especiales, pero eso sí, mucha crítica hacia la iglesia.

A través de las redes sociales “florecieron” enormemente los grupos que promovieron el no congregarse ni comprometerse y muchos abrazaron estas ideas, sobre todo nuestros jóvenes.

Tenemos, en lo personal, la decisión de regresar comprometidos o de quedarnos a ser “cristianos de casa” sí es que se puede seguir a Cristo de esta manera; sin el cuerpo que somos la iglesia la cual también fue pensada por Dios para nuestro crecimiento.

Creo que no estaríamos dispuestos a caer en un activismo nuevamente y cambiarlo así nada más por lo que edificamos en casa, NO debemos volver a actividades sin objetivo que son actividades solo de “mantenimiento espiritual”.

Nuestros líderes deben de tener esa “visión” muy clara, no hablo de entretenernos, sino de movilizarnos hacia la gran comisión, que es llevar el mensaje de salvación por todos lados y de paso alimentarnos con Palabra fresca que nos fortalezca y nos una como congregación.

Tanto a ministros como a laicos será evidente en que dedicamos nuestro tiempo. El que perseveró en el estudio de la Palabra, se le notará, el que perseveró en la oración, se le notará, el que salió victorioso de una situación, se le notará, el que ejercito la fe en momentos difíciles también se le notará y el que se descuidó, obviamente se le notará. Algunos regresarán como Moisés, con el rostro resplandeciente, otros como el hijo pródigo, y tal vez habrá otros que no regresarán.

Cada uno de nosotros sabremos en nuestro interior si fuimos como las vírgenes sensatas o como las insensatas en el cuidado del aceite en nuestras lámparas, aunque en esta ocasión no hablamos del regreso del Esposo sino del regreso a nuestras congregaciones. Un regreso que nos llama nuevamente al compromiso con y en la obra.

“Y les decía: La mies a la verdad es mucha, más los obreros pocos; por tanto, rogad al Señor de la mies que envíe (nuevamente) obreros a su mies”.

Lucas 10:2

“Porque si primero hay la voluntad dispuesta, será acepta según lo que uno tiene, no según lo que no tiene”.

2 Corintios 8:12