Significado Teológico de los Acontecimientos Históricos (3/3)

Significado Teológico de los Acontecimientos Históricos (3/3)

Juan Stam

3. La teología profética y la historia universal

Los profetas de Israel son sobre todo los que elaboran, ante la crisis de su pueblo, una teología de la historia. Son ellos los que más iluminan el problema de la historia salvífica y la historia universal. Frente al aparente fracaso de las promesas divinas, los profetas anuncian un mensaje osado y revolucionario: (a) Yahvé es un Dios ético, el Dios de la justicia, y (b) Yahvé es el Señor de toda la historia y de todas las naciones. Acentúan así la unidad de la historia y el nexo orgánico entre historia salvífica (que sigue siendo normativa y paradigmática para lo nuevo que Dios hará) y la historia universal.

El libro de Amós expresa este “universalismo” profético en su forma más drástica:

Hijos de Israel, ¿no me sois vosotros como hijos de etíopes, dice Jehová? ¿No hice yo subir a Israel de la tierra de Egipto, y a los filisteos de Caftor, y de Kir a los arameos? (Am. 9.7)

Aquí, con penetrantes preguntas retóricas, el profeta cuestiona precisamente la relación entre historia salvífica (el éxodo) e historia universal (migraciones de filisteos y de arameos), y entre el pueblo escogido y los demás pueblos del mundo (etíopes, filisteos, arameos). Aunque Amós no contesta las preguntas que Dios dirige a su pueblo, quedan claras dos conclusiones: (a) En su pecado y desobediencia, Israel no se distingue de cualquier otro pueblo; en las palabras de Isaías, es “una nación pérfida” y “el pueblo de mi ira” (Is. 10.5, cf. 63.19). La elección es una categoría ética, de responsabilidad histórica y juicio divino (Am. 3.2) y no una categoría “ontológica” de un status privilegiado. (b) El Dios de Israel es también el Dios y Señor de todas las naciones y toda la creación (9.5-6). En la gracia y soberanía de Dios, los demás pueblos habrán de compartir también la bendición de Dios (cf. Is. 19.23-25 y Sal. 47.91, arriba; Zac. 2.11, Sal. 102.22, etc.).

Ese nexo orgánico entre sagrado (historia salvífica) y secular (política internacional) puede verse en el caso de Elías. En el momento más crítico de su ministerio (1 R. 19.1-14), Dios le manda ungir a tres personas distintas que habrán de afectar decisivamente la continuidad de su lucha profética contra el Baalismo. Son en primer lugar Hazael como futuro rey de Siria (19.16; cf. 2 R. 8.7-13), por cierto, un azote contra Israel; en segundo lugar, un futuro rey para Israel, Jehú (19.16-18), y en tercer lugar, Eliseo como su propio sucesor en el oficio profético (19.19-21). Se unen los hilos de historia secular, historia teocrática e historia religiosa.

La vocación del profeta alcanza a todos los pueblos; a veces eso se llama “la carga de las naciones”. A Jeremías el Señor le dice: “Mira que te he puesto en este día sobre naciones y sobre reinos, para arrancar y para destruir, para arruinar y para derribar, para edificar y para plantar” (Jer. 1.10, cf. Is. 2.4). También en Apocalipsis, se le dice al profeta, después de comer el libro agridulce: “es necesario que profetices otra vez sobre muchos pueblos, naciones, lenguas y reyes” (Ap 10.11).

Las tres superpotencias del período profético son, sucesivamente, Asiria, Babilonia y Persia (siempre frente al otro poderío suroccidental, Egipto). Es sumamente significativo analizar cómo los profetas teologizan los acontecimientos políticos y militares de sus tiempos frente a estas potencias contemporáneas.

3.1 Asiria (Is. 10.5-34, 14.24-27, Sof. 2.13; Nahum). Probablemente en ocasión de la invasión de Israel por Senaquerib (701 a. C. o 688), Isaías describe al flagelo asirio como instrumento del Dios de la historia:

Oh Asiria, vara y báculo de mi furor,
en su mano he puesto mi ira.
Le mandaré contra una nación pérfida,
y sobre el pueblo de mi ira le enviaré,
para que quite despojos y arrebate presa…

Aunque él no lo pensará así,
ni su corazón lo imaginará de esa manera,
sino que su pensamiento será desarraigar
y cortar naciones no pocas …

Pero acontecerá que después que el Señor
haya acabado toda su obra
en el monte de Sión y en Jerusalén,
castigará el fruto de la soberbia
del corazón del rey de Asiria,
y la gloria de la altivez de sus ojos (Is. 10.5-7, 12).

Asiria fue considerada la potencia más feroz y rapaz del mundo antiguo, pero detrás de su imperialismo expansionista (que a la postre Dios juzgará), Isaías ve también la mano del Señor. Dios lo envió (10. 6ab) y puso su ira en mano del asirio (10.5, cf. Ez. 30.14, “pondré mi espada en su mano” de Nabucodonosor), hasta que el Señor haya acabado toda su obra” con él (10.12). En vv. 15ss Isaías compara a Asiria con un hacha con la que Dios corta (10.15-33), una sierra que Dios mueve (15b), un bastón que Dios levanta (15c), una hoguera que Dios enciende (16), y un azote que Dios blande (10.26). Al respecto comenta H. W. Wolff: “A la par del Dios de Israel, no hay otro quien impulse la historia en el mundo de las naciones…”37

Se supone que la “nación pérfida, pueblo de mi ira” de 10.6 sería Israel. Isaías borra así las fronteras rígidas y simplistas entre “historia sagrada” e “historia secular”, pues Egipto llega a llamarse “pueblo mío” (19.25) e Israel por el contrario “pueblo de mi ira” (cf. 63.19; Os 1.9s; cf. Jn. 8.44, Ap. 2.9, 3.9, Ro. 2.25-28. etc.)38

3.2 Babilonia (Is. 13.1– 14.23, 21.1-12, Jer. 21, 25, 27, 39, 50.1 – 51.64, Ez. 29.18-20). Para Jeremías y Ezequiel, el rey pagano Nabucodonosor es un siervo de Yahvé; Dios mismo envía a traerlo contra Israel (Jer 25.9; 27.6-11; 43.10):

Yo hice la tierra, el hombre y las bestias ...
con mi gran poder y con mi brazo extendido,
y la di a quien yo quise.
Y ahora yo he puesto todas estas tierras en mano
de Nabucodonosor, rey de Babilonia, mi siervo,
y aun las bestias del campo le he dado para que le sirvan.
Y todas las naciones le servirán a él,
a su hijo, y al hijo de su hijo,
hasta que venga también el tiempo de su misma tierra,
y lo reduzcan a servidumbre muchas naciones y grandes reyes.
Y a la nación y al reino que no sirviere a Nabucodonosor,
rey de Babilonia,
y que no pusiese su cuello debajo de yugo del rey de Babilonia,
castigaré a tal nación con espada y con hambre y con pestilencia,
dice Jehavá, hasta que la acabe yo por su mano...

Más a la nación que sometiere su cuello al yugo del rey de Babilonia, la dejaré en su tierra, dice Jehová, y la labrará … “(Jer. 27.5-8, 11).

Igual que Isaías con Asiria, Jeremías ve detrás del poderío de Nabucodonosor la acción histórica del Señor. Utiliza uno de los más altos términos descriptivos de Israel (y del Mesías), “mi siervo”, y además establece la correlación directa con la creación (5a) y el éxodo (6b: “brazo extendido”). El lenguaje implica que Nabucodonosor se ha “colado” en la historia salvífica.

Según Ezequiel también Nabucodonosor y su ejército son siervos del Señor, “…porque trabajaron para mí, dice Jehavá el Señor” (Ez. 29.20). Dios quebró el brazo del Faraón y fortaleció los brazos de Nabucodonosor (Ez. 30.21-25), “…y sabrán que yo soy Jehová, cuando yo pongo mi espada en la mano del rey de Babilonia y él la extienda contra la tierra de Egipto” (30.25). Y como si se tratara de mercenarios, y visto que aparentemente Nabucodonosor sacó poco botín de Tiro, Dios asigna las riquezas egipcias como sueldo a los soldados babilonios:

Por tanto, así ha dicho Jehová el Señor:
He aquí yo doy a Nabucodonosor, rey de Babilonia,
la tierra de Egipto; y él tomará sus riquezas,
y recogerá sus despojos, y arrebatará botín,
y habrá paga para su ejército.
Por su trabajo con que sirvió contra ella (Tiro)
le he dado la tierra de Egipto;
porque trabajaron para mí,
dice Jehová el Señor" (Ez. 29.19, 20).

Pero cuando Dios haya realizado sus propósitos a través de Nabucodonosor y Babilonia, los castigará también por sus injusticias (Jer. 25.12-14, 27.7, 50.1-51.64). Babilonia había sido “el martillo de la tierra” (Jer. 50.23), pero ahora Dios enfilará contra ella “los instrumentos de su furor, porque ésta es obra de Jehavá” (Jer. 50.25).

Isaías describe al ataque en que cayó la ciudad de Babilonia ante los medos (538 a.C.? Is. 13.17-22) en términos sumamente cargados teológicamente:39

Levantad bandera sobre un alto monte;
alzad la voz a ellos, alzad la mano,
para que entren por puertas de príncipes (¿puertas de Babilonia?).
Yo mandé a mis consagrados,
asimismo llamé a mis valientes para mi ira,
a los que se alegran en mi gloria.
Estruendo de multitud en los montes, como de mucho pueblo;
estruendo de ruido de reinos, de naciones reunidas;
Jehová y los instrumentos de su ira, Para destruir toda la tierra.
Aullad, porque cerca está el día de Jehová;
vendrá como asolamiento del Todopoderoso ...
He aquí el día de Jehová viene, terrible ...
Por lo cual las estrellas de los cielos...no darán su luz ...
Y castigaré al mundo por su maldad ...
y haré que cese la arrogancia de los soberbios
y abatiré la altivez de los fuertes" (Is. 13.2-6, 9-11).

…Ya que esta descripción se refiere a una batalla entre dos naciones paganas, lejos de las fronteras de la tierra santa, podemos entenderla como una teología de la historia secular. Dios, el Señor de toda la historia, despierta a los medos contra Babilonia (13.17, cf. 2 Cr. 36.22, Esd. 1.1, cf. 1.5), pasa revista a sus “consagrados” (¡guerreros paganos!), los instrumentos de su ira que “se alegran con mi gloria” y él mismo manda dar la orden de ataque. Esta batalla pagana se clasifica como “el día del Señor” y “un golpe del Todopoderoso” (13.6, Dios Habla Hoy), con claras características escatológicas.

3.3 Persia. Isaías 44.24 – 45.25 describe a Ciro, libertador persa y “campeón de la justicia”,40 en lenguaje sorprendentemente histórico-salvífico y cuasimesiánico:

"Así dice Jehová, tu Redentor, que te formó desde el vientre;
Yo Jehová, que lo hago todo, que extiendo solo los cielos ...
que dice de Ciro: Es mi pastor (cf. 40.11, Sal. 23),
y cumplirá todo lo que yo quiero,
al decir a Jerusalén: Serás edificada;
y al templo: Serás fundado.
Así dice Jehová a su ungido (61.1), a Ciro,
al cual tomé yo por su mano derecha (41.13, 42.6),
para sujetar naciones delante de él (cf. 41.2),
y desatar lomos de reyes;
para abrir delante de él puertas,
y las puertas no se cerrarán:
Yo iré delante de ti (cf. 48.14-16)
y enderezaré los lugares torcidos (cf. 40.3, 4);
quebrantaré puertas de bronce ...
para que sepas que yo soy Jehová, el Dios de Israel,
que te pongo nombre (cf. 42.6, 43.1).
Por amor de mi siervo Jacob,
y de Israel mi escogido,
te llamé por tu nombre;
te puse sobrenombre, aunque no me conociste ...
Yo te ceñiré, aunque tú no me conociste ...
Yo lo desperté en justicia,
y enderezaré todos sus caminos;
él edificará mi ciudad,
y soltará mis cautivos,
no por precio ni por dones ...
haré todo lo que quiero,
que llamo desde el oriente al ave,
y de la tierra lejana al varón de mi consejo ...
Aquel a quien Jehová amó ejecutará su voluntad en Babilonia,
yo, yo hablé, y le llamé y le traje ...
será prosperado en su camino" (Is. 44.24 - 45.5, 45.13s. 46.10s, 48.12-16).

Este pasaje vincula estrechamente la historia salvífica (44.27, 45.4, 13) con la historia persa, y al hacerlo extiende a toda la carrera de Ciro el lenguaje y las categorías de la historia salvífica. H. H. Rowley ha subrayado también el uso de la terminología de la elección en estos pasajes.41 También se nota, igual que en Isaiás 13, la tendencia a pasar casi imperceptiblemente de lo histórico-político (secular, pagano) a lo mesiánico y escatológico (ej. de 45.12s Ciro, a 45.14 caravanas a Israel).

Denuncias. Como voceros del Dios de justicia, los profetas condenan los pecados de las naciones (Am. 1.3-2.16, Is. 14-23, Sof. 2.4-15, Jer. 46-51, Ez. 25-32, etc.). Yahvé es el Señor de todas las naciones, las llama a rendir cuentas, y les castigará sus injusticias. Esto de ninguna manera se limita a pecados religiosos (idolatría, blasfemia, etc.), ni sólo a los actos que afectan directamente a Israel y la historia salvífica especial. Dios condena la injusticia como tal, no importa quién la cometa ni contra quién sea cometida. Amós denuncia por ejemplo una atrocidad cometida por Moab contra Edom (2.1-3), que no afectaba directamente a Israel (cf. Amós 1.13, Jer. 51.25s, Nah. 3.5-13, Is. 23. Ez. 26ss) – Hay muy fuertes denuncias contra el lucro, el expansionismo y el comercio explotador de Tiro y otros países (Is. 23, Ez. 26~28), que reaparecen en Apocalipsis 18.42 El comentario de C. R. North es acertado: “Dios no se preocupa sólo por la suerte doméstica y la moralidad privada de Israel. Sus juicios son universales en su alcance.”43

Resumen. La enseñanza profética en general se resume fielmente en la declaración del libro de Daniel: “El Dios Altísimo tiene poder sobre los reinos humanos, que él da el gobierno a quien quiere dárselo y hace jefe de una nación al más humilde de los hombres” (4.17 Dios Habla Hoy, cf. 7.13s, 26s; Pr. 21.1). El libro de Jonás, en un sentido misionero, combate el particularismo nacionalista y propone un tipo misionero de universalismo profético (cf. Is. 51.5ss).

Fundamentalmente, en los escritos proféticos la historia salvífica se vincula muy estrechamente con la historia universal, dentro de la cual se realiza.

CONCLUSIONES

  1. Lo salvífico no es idéntico con lo histórico (histórico-universal) ; pero a la vez, es inseparable de lo histórico. La consigna debe ser: ni reduccionismo ni dualismo.
  2. El paradigma definitivo es cristológico: ni ebionismo (adopcionismo, reduccionismo humanista), ni docetismo (dualismo metafísico, reduccionismo espiritualista), ni nestorianismo (dicotomía entre evangelio e historia, fe y política), sino “unión hipostática” como único modelo (encarnación de lo salvífico dentro de lo histórico).
  3. Dios es Señor de toda la creación y toda la historia. La salvación por eso tiene alcance cósmico, como “nueva creación” y “bendición a todas las naciones”.
  4. La historia salvífica es la historia única e irrepetible de la gracia especial de Dios. La acción directa y especial de Dios la distingue del resto de la historia (gracia común). La historia salvífica es aquel “espacio” que Dios ha “ocupado’ estratégicamente como su “cabeza de playa” para la salvación, para actuar decisivamente dentro de la historia para la redención de la humanidad y de la historia.
  5. Por lo tanto, hay continuidad y discontinuidad entre historia salvífica e historia secular. La historia de la salvación es inmanente a la historia humana, y a la vez la trasciende.
  6. Toda la historia de la salvación es a la vez, plena e inequívocamente, historia humana. Se realiza dentro de la historia universal y pertenece plenamente a ella. Abraham fue sacado de entre las naciones, para formar una nación, con el fin de “rebotar” en bendición y salvación sobre todas las naciones. No hay dos historias, sino una historia redentora dentro de la historia universal y a favor (en función, en pro) de ella.
  7. La historia salvífica, lejos de constituirse en historia sustitutiva o alternativa, nos introduce plenamente dentro del proceso histórico en que vivimos. El evangelio nunca es indiferente a la historia. La fe nunca puede significar la irresponsabilidad histórica, social y política. La fe significa la mayor responsabilidad ante la historia, a la luz del evangelio.

Esta conferencia fue presentada en un encuentro centroamericano de la FTL, realizado en Ipís de San José, Costa Rica. Fue publicada en Boletín Teológico #29:3 (1988), pp. 11-40.


NOTAS

  1. Wolff in Westermann, op. cit., (n. 19), p. 346; McKenzie (n. 8), pp. 249ss; Minear (n. 22), pp. 149s.
  2. Por otra parte, si “nación pérfida” y “pueblo de mi ira” no fuera Israel, el pasaje sería un caso de juicio profético, y acción divina histórica, en acontecimientos puramente seculares, fuera de Israel.
  3. Ciertos detalles podrián indicar que este oráculo fuera originalmente contra Nínive, adaptado después contra Babilonia (v. 17).
  4. “San Jerónimo” (n. 3) 22.13. Para una exposición detallada de Isaiás 41.1-29, 44.24, 46.9-11 y 48. 13-16, ver San Jerónimo y Nuevo Comentario bíblico, Casa Bautista.
  5. Rowley, Biblical Doctrine of Election, p. 17; cf. Kittel, Theolocrical Wordbook of the New Testament, Vol. IV, p. 148.
  6. Ver J. Stam, “Apocalipsis y el imperialismo romano” en Lectura teológica del tiempo latinoamericano, Sebila, San José, 1979, pp. 33-39.
  7. C. R. North “History”, en Interpreters’ Bible Dictionary, Abingdon, Nashville, 1962, Vol. II, p. 6.

REFERENCIA

Stam, Juan. (2010). Significado teológico de los acontecimientos históricos. Diciembre 29, 2020, de Juanstam.com Sitio web: http://www.juanstam.com/dnn/Blogs/tabid/110/EntryID/265/Default.aspx