Cuidar del Medio Ambiente es Amar al Prójimo

Cuidar del Medio Ambiente es Amar al Prójimo

“No podemos caer en la inacción: cuidar del medio ambiente es amar al prójimo”

Como experto en Ciencias de la Atmósfera, el científico cristiano Fernando Forgioni describe la situación actual como “crítica”. Acude a la COP26 con la esperanza de que sea una bisagra a favor del clima, con decisiones firmes para frenar el calentamiento global.

Daniel Hofkamp

La atención del mundo se centra estos días en Glasgow, donde se celebra la Conferencia del Clima de la ONU, COP26, desde el 31 de octubre hasta el 9 de noviembre. La conferencia viene marcada por el informe publicado hace unos meses por científicos expertos donde se alertaba de la situación de crisis climática urgente, lo que implicaría la necesidad de tomar decisiones que lleven a una estrategia mundial para reducir el calentamiento en el planeta.

Entre los científicos expertos en clima que acuden a Escocia se encuentra Fernando Forgioni, investigador de Ciencias de la Atmósfera de la Universidad Nacional de Villa María, en Argentina. Forgioni acude a la COP26 representando a la Coalición Evangélica por la Justicia Climática, una entidad que aglutina en Latinoamérica a cristianos de distintos ámbitos que trabajan para tender puentes entre la fe y la ciencia, y colaboran con otras entidades a nivel mundial para hacer oir la voz de los cristianos en el ámbito de la protección del medio ambiente.

Para Forgioni, la situación climática es de “crisis”, y espera que la COP26 sirva para impulsar medidas a nivel mundial que frenen el calentamiento global, partiendo de los distintos compromisos para reducir las emisiones de carbono. Los cristianos, dice Forgioni, tenemos que implicarnos en acciones de conservación del medio ambiente por “amor al prójimo” y como respuesta al mandato de ser “mayordomos” del lugar que habitamos.

Pregunta. Se ha definido la COP26 como una cita histórica para el futuro del clima. ¿Cuál es tu labor, y qué esperas de esta conferencia?

Respuesta. Me dedico a estudiar la parte física del clima, es decir, por qué se produce el cambio climático. En mi campo, usamos la física y las matemáticas para explicar estos fenómenos, y aplicamos estas herramientas para predecir cómo será el clima en el futuro de acuerdo a lo que hagamos como sociedad. Por eso es tan importante este evento, dado que de la COP26 saldrán las hojas de ruta que tienen que llevarse a cabo para frenar este problema del cambio climático que estamos viviendo. Preferimos hablar ya de crisis climática, dado que no solo afecta a los cambios en el clima, sino a muchos más factores. Estamos en una crisis climática.

Así que COP26 es importante porque los hallazgos que hacen los científicos son tomados en cuenta -o deberían ser tomados en cuenta- para frenar esta debacle.

Como cristianos, tenemos una coalición en Latinoamérica, llamada Coalición Evangélica por la Justicia Climática, donde desempeño una labor de asesor. Somos varias personas de distintos países, con diferentes roles. Yo intento tender puentes entre la fe y la ciencia. De esta forma, entramos en contacto con organizaciones cristianas a nivel mundial que están haciendo oír su voz en cuanto a la crisis climática. En la última COP, la ONU llamaba a los cristianos a salir en defensa del medio ambiente, porque somos muchísimos en todo el mundo. Tenemos una gran capacidad de influencia y, como los profetas de antaño ante los gobiernos del mundo, podemos elevar la voz para que se tomen decisiones rápidas para frenar esta crisis.

En cuanto a mi participación en la COP26, entré en contacto con la ONG Tearfund que realizó los trámites. Para mí es un honor, y a la vez una enorme carga, porque siento que tengo una enorme tarea por delante, dado que tengo que hacer oir nuestra participación.

También tengo una cita con el ministro de cambio climático en Argentina, donde le entregaré una carta de parte de la iniciativa “Renovemos nuestro mundo”, para poner el cuidado de la creación en primer plano.

P. Tenemos en la memoria la conferencia de 2015 en París, una cumbre que hizo un llamado urgente. ¿Después de estos seis años, se han podido cumplir las expectativas allí generadas?

R. El panorama está muy complicado, porque no se ha cumplido lo acordado. Las cosas han ido a peor. Y el clima nos ha sorprendido de lo rápido que ha ido desmejorando. Los pronósticos han superado los peores escenarios. Muchos de los cambios en el clima ya vinieron para quedarse. Nosotros solemos fijarnos en los eventos extremos: olas de calor, grandes nevadas, que no son revertibles en el corto plazo. El clima, para recuperarse de tan potente acción que hemos hecho sobre él, le llevará siglos recuperarse. Pero no podemos caer en la “inacción” de pensar que no hay nada que hacer. No es así: tenemos un llamado original de Dios a cuidar, somos mayordomos que cuidan de lo que Dios puso en nuestras manos. Si bien el mundo está en un problema serio, eso no nos exime de responsabilidad. Esto es una cuestión de amor al prójimo: no puedo amar al prójimo y destruir el entorno.

Volviendo al acuerdo de París, hay muchos que están desesperanzados, porque hay países que no quieren asumir sus compromisos. Tenemos el ejemplo de Brasil, pero también Argentina en algunos ámbitos relacionados con la extracción de petróleo. Pero desde hace unos días que estoy recuperando la esperanza, porque veo que hay países que están proponiendo acciones concretas. Yo no me dedico a la parte política, pero lo que he leído me da esperanzas.

Es por eso que esta COP26 debe ser una bisagra. Hace unos meses se presentó la contribución del grupo 1 de expertos del cambio climático de la ONU. El informe es lapidario, en el sentido de que no podemos mirar a otro lado. Nos ha llegado el agua al cuello, y creo que esto dará un giro interesante a las acciones que se tomarán a partir de ahora. Se ha demostrado que en ciertos momentos de la humanidad, hemos sido capaces de solucionar problemas climáticos. Por ejemplo, cuando se decidió dejar de emitir tantos gases que afectaban a la capa de ozono, y estamos por recuperar el agujero de la capa de ozono. Así que ruego a Dios que los gobiernos emprendan un nuevo camino. Vamos a ver efectos adversos del cambio climático, pero como sociedad estamos listos para dar un paso hacia una nueva meta de desarrollo limpio.

P. Se habla mucho del Horizonte 2050 de cero emisiones. ¿Es un objetivo que tiene sentido? ¿Es esta la herramienta adecuada para enfrentar el problema climático?

R. Es bueno explicar el concepto. Cuando hablamos de emisiones cero, no quiere decir que dejaremos de realizar emisiones gases de efecto invernadero, sino que lo que se emita pueda ser captado por la Tierra de forma natural sin producir efectos negativos, como por ejemplo la acidificación del océano, o algunos impactos sobre el suelo, las plantas… Así que es un objetivo ambicioso, posible, creo que bien pensado. Hay países que no van a alcanzar el carbono cero en 2050, pero si los grandes países productores avanzan en este objetivo, sería más fácil llegar. También es cierto que se están pidiendo transferencias de fondos de parte de los países desarrollados para ayudar a los países en vías de desarrollo, para que no tengan que asumir un freno en su desarrollo por aplicar esta estrategia. Esto podría ayudar a cambiar la tendencia. Es el camino a seguir.

P. Estamos ante un bombardeo informativo del que no se salva el tema del cambio climático. Muchas veces nos encontramos con información contradictoria, por lo que algunos llegan a pensar que el cambio climático no es cierto, o que es una estrategia diseñada desde las élites para aumentar el control y someter a la población. Desde tú perspectiva, de un científico que trabaja en este campo, ¿cómo valoras este fenómeno?

R. Es algo que me produce mucho dolor, porque basta una persona hablando mentiras para que cien personas que dicen la verdad queden descalificadas. El acceso a la información es inmenso, y tenemos la tendencia de cuestionar todo, lo que no está mal, pero el problema es que se llega a dudar de cosas que ya dábamos por sentadas. Te cuento algo muy simple, sobre el nivel de transparencia del informe del IPCC.

Este informe, que se redacta por personas calificadas, se pone a disposición de los gobiernos y una revisión abierta de pares. Yo participé de la última reunión. Uno explica en qué área quiere participar y envía su currículum, su trabajo, para ser seleccionado. El informe pasa por tres áreas de revisión, y en la última revisión participaron más de 200 autores, y se leyeron más de 50.000 comentarios de aportaciones. La información del cambio climático es sumamente transparente y revisada. Pero luego tenemos mucha gente que ya sea por lobbies de empresas petroleras, o porque solo le gusta cuestionar, desinforma.

Yo recomiendo que siempre que puedan, chequeen la información, de dónde viene. Yo no me voy a poner de defensor de las Naciones Unidas, pero el IPCC tiene un proceso muy transparente, el informe está disponible en muchos idiomas. Hay charlas, hay resúmenes, hay infografías… La comunidad científica está haciendo un enorme esfuerzo por dejar al alcance de todos la información.

Yo soy un apasionado de sentarme con mi congregación o con quien sea, porque siento que Dios me ha dado esta tarea de investigar, pero también para llevarlo a los demás. Considero que mi aporte tiene que ser al campo de la ciencia, pero me encanta “bajar” esto a la comunidad. Por eso pido a la gente que se informe y entienda cuál es el proceso. Hay un versículo que dice que lo examinemos todo y retengamos lo bueno. Siempre hay científicos que estarán sumamente complacidos de explicar, en lenguaje coloquial, para que se pueda entender nuestro trabajo.

P. ¿Qué papel consideras que los cristianos pueden tomar ante la situación de crisis climática que has descrito?

R. Nosotros no podemos decir que amamos a nuestro prójimo si no cuidamos el medio ambiente. Dios nos puso en la tierra para que la cuidemos y la disfrutemos. No tenemos que vivir con culpa por la situación que atravesamos. Jesús nos dijo que vino para que tengamos vida, y vida en abundancia. Pero el disfrute conlleva una responsabilidad, y los cristianos no podemos cerrarnos en nuestras iglesias, debemos salir a demostrar el amor que tenemos al mundo. No podemos abstraernos, pensando en la llegada de un cielo nuevo y tierra nueva. Cielo nuevo y tierra nueva no significa que tenemos que destruir el mundo en el que vivimos ahora. Así que nuestra misión como cristianos, nuestro papel es mezclarnos en la sociedad y cumplir nuestro llamado.

Creo que como iglesias tenemos que reflexionar, y leer a la luz de toda la Escritura cuál es nuestra misión en el mundo. Si Dios nos ha puesto como mayordomos, ¿cómo podemos ayudar a que esto se cumpla, desde cada ámbito en el que estamos? Ya sea que seas profesor, trabajes en una fábrica, o estés en casa, o con tu grupo de amigos… ¿qué puedes hacer? Tengo que preguntarme ¿cómo puedo consumir menos? Uno de los grandes problemas que tenemos es el desperdicio de comida. Debemos pensar, como cristianos, cómo perseguir un mundo más justo, llevando el amor de Dios a todas las personas, donde encontraremos que el cuidado del medio ambiente está implícito. Nosotros reflexionamos para llevar luego a la acción, siendo sensibles y humildes ante Dios.

P. ¿Qué significa para ti, personalmente, el tener esta oportunidad de participar en COP26?

R. Un amigo me decía hace poco: “abre el corazón ante este viaje”, y esa es mi oración. Quiero ser sensible a lo que Dios me quiere mostrar. Algunas personas que me rodean se sorprenden de estas oportunidades que me surgen. Imagínate para alguien como yo, de una provincia de interior de Argentina, el tener la ocasión de ir a este lugar, es algo muy grande. Por eso estoy agradecido a Dios y mi oración es que Dios me lleve a donde tenga que ir, para decir lo que Dios quiere que diga.

P. ¿Cuál será tu actividad en COP26?

R. Es una gran oportunidad, un sueño hecho realidad. Estoy ansioso por ir. En Argentina estamos viviendo una situación económica terrible, y me doy cuenta que esta oportunidad es un regalo. La bondad de Dios conmigo. Hacer mi carrera de investigador, comprender un poco más del mundo que Dios creó, para mí todo esto es un sueño cumplido.

Hace solo dos semanas me he enterado de que viajaba, porque me era imposible. Pero a través de Tearfund, cubriendo los costes del viaje, me permiten acudir y participar.

Mis planes no son tanto ver las negociaciones, porque los países llegan con las políticas ya hechas. Mi labor será la de seguir estrechando lazos con otros científicos, personas con las que no es fácil que podamos conversar en persona. Y por otro lado, ocmo parte del equipo de la campaña “Renovemos nuestro mundo”, hacer notar nuestra voz como cristianos a las autoridades. El plan es entregar a algunos funcionarios del gobierno una carta donde exigimos que se respeten los derechos humanos de tener un ambiente limpio. Queremos que los gobiernos del mundo se acople a los acuerdos de desarrollo limpio y se tomen acciones concretas para poder frenar esta crisis climática.

Queremos que sepan que como cristianos estamos a su disposición, y que nuestra misión no es encerrarnos en la iglesia, sino que somos personas de fe y acción que quieren contribuir al bienestar de todos.


REFERENCIA

Hofkamp, Daniel. (2021). “No podemos caer en la inacción: cuidar del medio ambiente es amar al prójimo”. Noviembre 3, 2021, de Protestante Digital Sitio web: https://www.protestantedigital.com/ciencia/63698/no-podemos-caer-en-la-inaccion-cuidar-del-medio-ambiente-es-amar-al-projimo

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