Día: 31 de diciembre de 2021

EDITORIAL

EDITORIAL

¿Algo qué Celebrar este Año?

En nuestros días, es común leer o escuchar opiniones sobre los múltiples problemas que aquejan a la humanidad. Desde los ámbitos más personales, hasta los más globales. Desde la falta de valores que corrompen a la sociedad posmoderna, hasta las catástrofes climáticas más apremiantes y aparentemente insalvables. Pasando por los problemas causados por la pandemia mundial que se alarga ya casi 2 años y pareciese interminable, así como el caos económico originado en sistemas inequitativos que conllevan corrupción, segregación, exclusión de grupos vulnerados y migraciones forzadas, familias y etnias destruidas, gobiernos ineficientes, tensión y frustación social. Todo ello deriva en espíritus quebrantados y desesperanzados.

Pareciera que no hay mucho que celebrar

Ya hemos pasados las “felices fiestas” de todos los años, sólo restan los deseos de un feliz y mejor 2022. ¿Cómo podremos mantener el “espíritu festivo” de los días pasados por el resto del año próximo? Primero, tendríamos que preguntarnos: ¿Qué es la Navidad? Es la Buena Noticia de Dios para la humanidad. Es el recuerdo permanente de que estamos en la memoria del Creador.

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<strong>Ante el umbral de un nuevo año</strong>

Ante el umbral de un nuevo año

Obispo Rodolfo Rivera de la Rosa 

Diciembre de 2021

Las celebraciones decembrinas representan una buena ocasión para hablar de la fe, la esperanza y el amor. Celebrar la llegada de un año nuevo está conectado con un nuevo comienzo, un renacimiento o resurgimiento. 

Al término casi ya, de un año más, deseo recordarles aquellos valores que nos mantuvieron firmes en los días soleados y en los tiempos grises que nos ha tocado vivir: 

  • La unidad, vínculo familiar por medio del cual recordemos a “Dios entre nosotros”;
  • La fidelidad mutua, presente en cada relación que tenemos, recordando que somos sustentados gracias al Señor, quien es fiel; y 
  • La verdad, la cual gobierne nuestros labios, para demostrar que creemos en Aquél que es Verdadero. 

Recordemos, además, que Jesús de Nazareth es el único camino que conduce a una vida plena basada en la fe, la esperanza y el amor. 

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<strong>La Gloria de Dios Inunda la Vida</strong>

La Gloria de Dios Inunda la Vida

Obispo Moises Morales Granados 

24 de diciembre de 2021

Juan 1:1-14 

Amados hermanos y hermanas de la Conferencia Anual de México, 

Es una bendición saludarles con motivo de la Navidad, fecha fundamental para nuestra fe cristiana. 

Junto con el invierno y el clima frío en buena parte de nuestra Conferencia, también ha entrado la amenaza invisible, pero real, de la pandemia que nos amenaza constantemente quitando certeza al futuro. Además, como si de sumar incertidumbres se tratara, las noticias de inestabilidad económica abundan, amenazando los trabajos y la manutención de nuestros hogares. Si bien muchas cosas parecen normales, el mismo estado de nuestra iglesia y templos nos marcan la anormalidad de este tiempo al no poder tener las actividades acostumbradas, ni la apertura total de nuestros santuarios. 

Incertidumbre, incertidumbre y más incertidumbre, y en medio de esto es que las palabras del Evangelio suenan más fuerte, más que en cualquier otro tiempo: “En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz en las tinieblas resplandece, y las tinieblas no prevalecieron contra ella”. (Jn 1:4-5). La palabra esperanzadora de Juan se abre paso a través de los siglos y espacios para resonar hoy más presentes y válidas que nunca. Somos llamados a buscar la luz en medio de la gran crisis que se está viviendo en la certeza de saber cómo Dios acudió y se encarnó en Cristo en auxilio de su pueblo. Esa certeza ha de Llegar como luz a nuestras vidas, tal como lo hizo antes, y lo hizo a través de los tiempos antiguos, lo hace y lo hará hoy para volver a confiar. 

El Verbo fue hecho carne para salvar el mundo, no sólo al mundo antiguo del pueblo de Israel, sino dando luz en medio de las tinieblas para todo aquel que vive en incertidumbre. Cristo nació y Cristo vuelve a nacer cada año, cada Navidad, y todos los días en aquellos que buscan la esperanza, la luz en medio de la oscuridad 

Mis queridos hermanos y hermanas, haciendo una comparación simbólica en este día, si en tu vida hubiera tinieblas frías y desoladoras o ya estás viendo la luz de Dios que abre decididamente la oscuridad para que veas el camino en medio de la incertidumbre, no dejes de confiar, porque la Gloria de Dios seguirá inundando tu vida. 

A todos los que conformamos la Conferencia Anual de México, ministros y laicos. Hoy más que nunca es necesario que no desmayemos y sigamos buscando la luz de Cristo en nuestras vidas. Él está presente, él nunca se ha ido, él nunca nos dejará. Arriba los corazones y que en esta Navidad, con empeño y seguridad, busquemos la luz de Dios para nuestra vida, para la vida de nuestra iglesia, para nuestro país y para el mundo. Es tiempo de esperanza. La luz de Dios no se ha apagado, sigue presente en el mundo y nos mostrará el camino a seguir.

¡Feliz Navidad y bendecido año 2022!

Año Nuevo, Compromiso Continuo

Año Nuevo, Compromiso Continuo

Un culto de «renovación de pacto», es decir, un fresco compromiso entre los creyentes y Dios, ha sido un elemento distintivo del wesleyanismo desde casi sus inicios.  

Instituto de Estudios Wesleyanos

Wesley celebró el primer culto con este propósito el 11 de agosto de 1755, en base al material de un libro del puritano Richard Alleine. Durante los siguientes años, Wesley iba adaptando el orden y contenido, celebrando el culto en diferentes lugares de Gran Bretaña y en diferentes momentos del año.  Entre las sociedades metodistas de Londres, se celebraba entre la noche del 31 de diciembre y la madrugada del 1 de enero, como forma de comenzar el año nuevo comprometidos de nuevo con el señorío de Cristo. 

Aquí compartimos extractos de la segunda versión publicada por Wesley, con la esperanza de que sea de bendición tanto para individuos como iglesias enteras. Si quiere leer todas las indicaciones de Wesley, el texto completo se encuentra en el Tomo IX de las Obras de Wesley.

Nuestra oración es que, para usted, su familia, y su iglesia, el año entrante sea lleno de las bendiciones que solo vienen con una vida escondida en Cristo.  

Ríndanse al Señor, esto es, como sus siervos. Entreguen el dominio y el gobierno de sus vidas a Cristo.

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<strong>Natalidad de la Palabra en el relato humano</strong>

Natalidad de la Palabra en el relato humano

La Palabra desgarrada de Dios entró en el tiempo en medio del desgarro humano. Por ello la celebración de la Navidad debe ser para los cristianos la profundización en la experiencia de la Palabra que Dios nos ha dicho, que puede encontrar su sentido más cabal en estas fechas.

Juan Pablo Espinosa Arce

La celebración de la Navidad es el recuerdo del acontecimiento que hace memoria de la dicción de la Palabra por excelencia que Dios ha pronunciado al mundo. Así lo testimonia el poético prólogo del Evangelio de Juan en donde se narra que la Palabra que estaba junto a Dios y que era Dios puso su tienda en medio de nuestras propias tiendas (Cf. Jn 1,14). El Verbo-Acción de Dios, su Logos dicho y pronunciado, marca una gramática que se podría denominar palabra desgarrada, en cuanto lo expresado por la boca de Dios supone la itinerancia y descenso de esa misma Palabra. El desgarro o la desgarradura ha sido una terminología usada por autores judíos como Edmond Jabes, Ricardo Forster o Emmanuel Taub, quienes indican que la experiencia del lenguaje o del decir es una que atraviesa los espacios de la historia o del desierto. A través de la palabra, de los relatos y de enunciación Dios creó el mundo; la palabra posibilita la expresión de la vida interna y social; por medio de la palabra se hace memoria del pasado fundador, se crean símbolos y nace la socialización. Es profundamente sugerente comprender que Dios es el Dios de la palabra, de una Palabra encarnada que es relación, expresión y proyecto.

La Palabra desgarrada de Dios entró en el tiempo en medio del desgarro humano. Esa es la radicalidad de la Encarnación, a saber, el Dios que se apropia de lo humano y de sus relaciones, relaciones que están marcadas por la misma desgarradura. Por ello la celebración de la Navidad debe ser para los cristianos la profundización en la experiencia itinerante de la Palabra que Dios nos ha dicho, profundización que puede encontrar su sentido más cabal en que debemos aprender a contar una y otra vez el relato que condensa el acontecimiento que celebramos en estas fechas de Diciembre. La Natalidad de la Palabra se va acompasando al relato humano y el relato humano permite hacer memoria de la desgarradura divina.

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<strong>Grito navideño: ¡evangelio, evangelio!</strong>

Grito navideño: ¡evangelio, evangelio!

La luz de Dios que quiere iluminarnos es un mensaje de posibilidades de cambios, de nuevas iluminaciones, de nuevos valores, de diferentes etilos de vida.

Juan Simarro

El grito navideño: ¡evangelio, evangelio! Es necesario y urgente en el mundo. Debería estar siempre anclado en nuestras gargantas. El Evangelio es precisamente eso, una buena noticia. Hoy sería necesario que el mundo lanzara este grito con independencia de que sea Navidad o no. Debería ser el grito que ahuyentara el miedo, que echara fuera el temor, que aliviara las depresiones que abaten a tantas y tantas personas en nuestro mundo. Nadie duda de que estamos rodeados de temores, muchos y diferentes miedos tanto reales como irreales, horrores a que puedan venir situaciones peores que nos agobien y nos sepulten bajo un manto de angustias.

Pandemias que asustan a la humanidad, virus que sepultan a muchos de nuestros coetáneos, rumores de guerras, de hambres, de pobrezas. Pandemias psiquiátricas, psicológicas en las que muchos hombres se ven desestructurados en su interior. Riadas de migrantes, de refugiados políticos, de huyentes de la muerte por situaciones políticas o económicas adversas. Se necesita una buena noticia. El grito es necesario: ¡Evangelio, Evangelio!

Y es que hay muchas cosas que pueden irrumpir en nuestras vidas como relámpagos que nos deslumbran y nos sumen en el más tenso de los miedos, hasta el punto de oscurecer nuestras mentes y nuestros corazones. Pregunta: ¿acaso para los pastores de Belén, que se vieron rodeados de ese resplandor celestial, no fue un momento de tremendo temor, de miedo ante lo otro, lo incomprensible? Necesitaron que unos ángeles les dieran el grito de: ¡Evangelio, Evangelio!, o sea, buena noticia, no temáis, en medio de esta irrupción de lo otro, lo desconocido, lo que nos desconcierta, se encuentra una noticia de alegría.

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<strong>¡Demasiados regalos!</strong>

¡Demasiados regalos!

Los regalos más valiosos son los que Dios nos da y son los que menos valoramos.

Carlos Alejandro Muro Flores

En estos ya casi dos años que tenemos de pandemia e incertidumbre, me vienen a la mente muchas personas que la han pasado mal; algunas verdaderamente mal y pienso “¿Qué pudiese regalarles en esta navidad para mejorar su existencia?”.

Muchos perdieron seres queridos o tienen secuelas o problemáticas que un carro o un perfume no harían nada para mitigar su situación, pues más que de carencias materiales, las necesidades que ellos tienen (tenemos) se han ido alojando en lo más dentro de nuestro ser, en nuestra alma (me incluyo en esto). Muchos estamos en una situación que nada que sea material soluciona; pero que estamos cometiendo el error de llenarnos de cosas que en nada van a ayudar.

Pensando en los que perdieron familiares, si en mis manos estuviera les regalaría consuelo; los que no tienen claro cómo será su futuro, les regalaría esperanza; a los que han cometido errores, se los borraría; a los que no se dieron tiempo de expresar sentimientos les daría ese tiempo que les faltó para poder abrazar o decir cosas guardadas.

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