Claudio Pose
Ser metodista no es simplemente una adhesión denominacional, como tampoco una elección al azar donde vivir la fe junto a otras personas. El metodismo enriquece la gran diversidad de la Iglesia de Cristo por algunos particulares acentos. En esta ocasión, señalaremos uno de ellos, al que denominamos “El método Wesley”.
Por mucho tiempo se enfatizó en la experiencia de Aldersgate un rasgo de “conversión” y entrega personal de la vida a Cristo. Esta mirada es inexacta e injusta, Wesley conocía el amor redentor de Cristo en su vida. Lo novedoso de aquella noche fue el descubrimiento de que Dios actuaba en el presente en la vida de las personas. En este sentido, Wesley vivirá otras experiencias que también lo marcarán y lo confirmarán en este hallazgo.
La búsqueda de Wesley en las fuentes moravas, como también en el misticismo español y hasta en los antiguos Padres del Desierto, nos dan una pauta del hambre y la sed que lo movía: ¿Es posible que Dios actúe en mi vida en el presente y que actúe en la iglesia y en la sociedad?
Estas preguntas implícitas en la vida del fundador del metodismo encontraron, primero en Aldesgate, como también en Bristol (cuando hizo su opción por la vileza), el camino a la respuesta. Todo aquello que las Escrituras enseñan y que la tradición de la iglesia continuó, siguen vivas en el presente. Dios actúa hoy, cambia vidas, abre nuevos horizontes en la sociedad e ilumina a la iglesia en el cumplimiento de su misión.
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