<strong>“HEME AQUÍ, SEÑOR”</strong>

“HEME AQUÍ, SEÑOR”

Si no sabes cómo descubrir tu llamado, creo que el servicio en la iglesia local y la comunión con tus hermanos de la congregación serán un factor importante y determinante para conocer tu llamado.

Toda historia de vida es única e irrepetible. Como cristianos, tenemos la riqueza de experimentar diversas historias con un mismo fin: el llamado de Dios. Hombres y mujeres diciendo “Sí” al Señor, desarraigándose de su lugar de origen, de planes personales, y de pronto un amor por las almas, por su grey es despertado en muchos.

Quizás muchos lectores pueden estar en esa búsqueda de áreas para servir al Señor, otros (sin importar la edad) sienten ese “cosquilleo” al pensar en un servicio al ministerio pastoral o misionero. 

Este escrito es un testimonio vivo para aquellos hombres y mujeres que tienen dudas en cuanto a su llamado o ministerio. Y también es un testimonio de que nuestro fiel Dios sigue llamando, sigue buscando, y aún hay valientes que dicen “HEME AQUÍ”.

Esta es la historia de Obed Juárez, miembro de la Iglesia Metodista Bethel, en Chihuahua, Chihuahua. Lee de su pasión, su llamado, y los caminos por donde Dios lo llamó para confirmarle su llamado a la vida de ministerio Pastoral.

MI LLAMADO A SERVIR

Desde que el Señor me llamó a servirle he visto el ministerio como toda una aventura. En lo que he podido ver y vivir, creo que no hay mejor palabra para describir el ministerio: “Una aventura”. Es verdad que el Señor cumple Su propósito en la vida de cada uno de Sus hijos y en la vida de todo aquel que con audacia clama: ¡Heme aquí! 

Dios me llamó a servirle en el año 2019, más específicamente en los juegos Conferenciales que se llevaron a cabo en el pueblo mágico de Sombrerete, Zacatecas. Ese evento en particular fue de mucha bendición para todos los que fuimos y fue ahí donde en oración y a través de una predicación dije: “Envíame, Señor!”. Desde entonces supe que el Señor le plació llamarme a ser misionero Transcultural. 

Comencé mi preparación ministerial en el año 2020 en Nuevas Tribus, un instituto misionero en la ciudad de Chihuahua. Después, partí a la ciudad de Oaxaca al Seminario Teológico Bautista Lacy a estudiar la Licenciatura en Misiones Transculturales. Oaxaca es bien conocido por ser cuna de muchos misioneros y por ser un campo misionero muy concurrido debido a su gran diversidad cultural. Fui a Oaxaca a vivir solo, donde conocí a muchísima gente a lo largo de todo el estado. En enero del presente año comencé mis clases presenciales en el seminario, mismo que nos envió a los pueblos de la Sierra Sur de Oaxaca.

En la práctica me di cuenta de que la obra misionera es realmente hermosa y necesaria; sin embargo, sentía que Dios quería dirigir mi vida a otro enfoque. A mí me enviaron a un pueblo llamado Yagalán, a una iglesia llamada Bethel, la cual no tenía pastor. Esa misma iglesia cada 15 días nos enviaba a un pueblo llamado San Miguel Yogovana, en el cual estuvimos trabajando en una obra nueva. 

Es decir, en Yagalán hacíamos obra pastoral (yo era el que tenía que hacer dicha labor, porque a mi compañera no la tenían muy en cuenta por ser mujer, es una cuestión cultural de estos pueblos) y en San Miguel hacíamos obra misionera. Si bien ambas cosas están muy relacionadas, había distintas necesidades que cubrir. Fue ahí donde me di cuenta que la obra pastoral era el campo al cual el Señor me estaba llamando, aunque seguía esperando una confirmación de parte de Dios al respecto. Este verano volví a Chihuahua a mi iglesia para hacer mis prácticas de verano y fue aquí donde Dios confirmó todo mi llamado. Predicar en el templo y dar la bendición al final del culto fue algo que llenó mi corazón por completo. Estando en oración, meditando en la palabra de Dios, siguiendo el consejo de mis padres y pastores, y con el reconocimiento de la Iglesia de mi llamado, tomé la decisión de enfocarme en el ministerio pastoral por completo y por ahora me estoy preparando para partir a la ciudad de Monterrey a estudiar en el Seminario Metodista Juan Wesley. 

De todo esto puedo concluir con tres cosas que espero y sirvan de consejo a muchos: 

  1. Si Dios te está llamando, ¡Dile que sí! ¡Él te va a sostener! 
  2. Si has atendido al llamado de Dios, prepárate para la aventura, llena de cambios, dificultades, pero también de alegrías y bendiciones. 
  3. Si no sabes cómo descubrir tu llamado, creo que el servicio en la iglesia local y la comunión con tus hermanos de la congregación serán un factor importante y determinante para conocer tu llamado.

En fin, puedo decirles muchas cosas, pero termino con esto: ¡Fiel es el que nos llama! 


Obed Juárez Espinosa

Iglesia Metodista Bethel
Chihuahua, Chih.

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