Por la Misericordia de Dios

Por la Misericordia de Dios

…debo admitir que en todo lo sucedido en estos ocho años, la misericordia de Dios se ha hecho manifiesta y es sólo por ella que seguimos caminando, entregando la estafeta del episcopado a nuestro Obispo Manuel de Jesús Ruelas López. 

Cuando fui invitado para compartir en este medio oficial de comunicación de nuestra amada Iglesia Metodista de México mi experiencia en el episcopado, tuve dos conflictos: el primero, cómo titular este escrito; y el segundo, cómo poder resumir en unos cuantos párrafos el trabajo de ocho años, de los cuales dos fueron sumamente complicados por la aparición del Covid 19.  

Esta experiencia inicia el viernes 12 de julio del 2014 cuando por la voluntad de Dios -expresada en el voto de los delegados participantes en el XXIV Período Ordinario de Sesiones de la CANO celebrado en las instalaciones del templo “Fuente de Vida” de la ciudad de Agua Prieta Sonora-, el que esto hoy comparte, fue electo Obispo de la Conferencia en mención para el periodo dos mil catorce, dos mil dieciocho.  El domingo catorce del mismo mes y año fui consagrado por el entonces Obispo Eduardo Alberto Carrillo.    

Mi primera actividad en esta gran responsabilidad se da el domingo tres de agosto al realizar mi primera visita a la congregación “Nuevo Pacto” de Playas de Tijuana.  Fue muy emocionante el ser presentado a la congregación antes mencionada como el Obispo de la Conferencia Anual del Noroeste; pero más allá de la emoción, sentía una gran responsabilidad por tan importante encomienda dada por Dios.   

El lunes cuatro de octubre, di inicio a los trabajos administrativos desde el cuarto de lavado de la casa episcopal, localizada en la ciudad de Tijuana, B. C, debido a que, en ese entonces, no se tenía una oficina propia para los trabajos de organización, comunicación y correspondencia. Uno de los primeros propósitos al llegar al episcopado fue buscar la forma de aumentar la prestación que en ese entonces se daba a pastores jubilados y/o viudas de pastores; por la Gracia de Dios, en el primer año se logró aumentar en un setenta por ciento esta aportación.    Casi para terminar el primer año, se concretó la renta de una oficina en el centro de la ciudad de Tijuana, misma que, desde entonces, es considerada como la dirección oficial de la CANO: calle Cuarta Díaz Mirón.  Al inicio esta oficina -que sólo contaba con paredes, techo y piso- fue compartida con el presidente de Administración y Finanzas y el Tesorero Conferencial.  A los quince días de haber iniciado en ese sitio, la congregación “Fuente de Vida”, de Agua Prieta Sonora, envió a la Tesorería Conferencial una ofrenda de amor, misma que Dios multiplicó y se logró comprar el primer equipo de cómputo y la primera impresora en la siguiente quincena. El área de finanzas y administración realizó la compra de muebles para los cubículos de tesorería y de un servidor.  

Durante el primer cuadrienio, a Dios gracias, se visitó el cien por ciento de las congregaciones año con año y pude ser testigo del crecimiento que algunas de ellas tuvieron, pero también debo mencionar que pude observar el estancamiento o decrecimiento de algunas otras. Enfrenté momentos sumamente difíciles al tener que confrontar a pastores que,  además de no realizar su trabajo como es debido, según la Escritura y el Libro de la Disciplina, cometieron acciones que me llevaron a darles las gracias por su servicio prestado a la iglesia y decirles adiós.  Pero no todo fue confrontación: también hubo muchas ocasiones en que felicité a mis consiervos por todos sus esfuerzos realizados, mismos que se vieron reflejados no solamente en el crecimiento de la congregación a su digno cargo, sino por la relación tan hermosa que se podía observar con los congregantes, al grado de recibir solicitudes cada año, para que su pastor no fuese cambiado. 

Otra de las grandes experiencias vividas sin duda alguna fue los retiros pastorales en los que pudimos no sólo tener tiempos de adoración y/o meditación en la palabra de Dios, sino en la convivencia, en la cual fue posible conocer más sobre el carácter de unos y otros, así como algunas de sus reacciones que desconocíamos.  Durante este mismo período, por la gracia de Dios fui electo como secretario del Colegio de Obispos y secretario del Gabinete General; sin duda alguna, fue una gran escuela ser el redactor de las minutas de tan altas instancias de nuestra Iglesia. Tuve la gran oportunidad de aprender de Obispos como David Ibarra, Andrés Hernández, Juan Pluma, Cruz Hernández y mi compañero de generación del Seminario Juan Wesley y paisano, Fernando Fuentes Amador.  

Con dolor profundo comparto que,  en el tercer año de este período, nuestro representante laico, Arturo Martínez Rojas, enfermó de cáncer; y al cabo de algunos meses de pelear contra este terrible mal, el Señor tuvo misericordia de él y lo llamó a sus moradas celestiales y se unió al coro eterno de ángeles que cantan y alaban a nuestro Señor. Olvidaba compartir que, al inicio de mi ejercicio episcopal, durante mi participación en la Reunión Quinquenal del Consejo De Iglesias Evangélicas Metodistas de América Latina y el Caribe, un servidor fue electo, primero como secretario de la asamblea y posteriormente secretario del Comité Ejecutivo. 

El viernes 13 de julio del dos mil dieciocho, atendiendo el XXVIII período ordinario de sesiones de nuestra Conferencia Anual, en las instalaciones del templo “El Mesías”, de la ciudad de Ensenada, B. C.,  fui reelecto como Obispo para el ejercicio episcopal dos mil dieciocho-dos mil veintidós. Debo admitir que al principio pensé que el segundo cuadrienio sería mucho más fácil, ya que los primeros cuatro años fueron de un constante aprendizaje. Pero no fue así: el segundo período fue diferente y debo admitir que un poco más complicado, ya que llegaron retos que no conocía y mucho menos esperaba. Uno de ellos fue en la primera junta del Gabinete General celebrada en el mes de agosto del dos mil dieciocho, donde fui electo como presidente de éste, una responsabilidad que representó un gran reto al lado de mis compañeros.

A mitad de esta época, apareció en el ámbito global una pandemia que afectó en gran forma la movilidad de las personas, los cultos; y toda actividad presencial fue cancelada, buscando en ello evitar la propagación del mal antes mencionado. A Dios gracias, los pastores y congregantes se activaron e hicieron uso de todos los medios posibles para continuar con la labor de compartir el mensaje de la palabra de Dios. Debo admitir que en algún momento pensé que experimentaríamos la amarga situación de un decrecimiento; pero Dios nos sorprendió: lejos de vivir la deserción de congregantes o el estancamiento, pudimos vivir un ligero crecimiento en membresía; además, pudimos participar en todas las convocatorias en el ámbito nacional.   

Como lo mencioné al principio, han sido ocho años de incontables experiencias de todo tipo que difícilmente se podrían escribir en tan pequeño espacio. Pero debo admitir que en todo lo sucedido en estos ocho años, la misericordia de Dios se ha hecho manifiesta y es sólo por ella que seguimos caminando, entregando la estafeta del episcopado a nuestro Obispo Manuel de Jesús Ruelas López. Y para un servidor, iniciaré un nuevo ministerio de tiempo completo con migrantes, el cual lleva por nombre “Acompañamiento Pastoral en la Ruta del Migrante”. 

Lamentablemente en el tercer año de este cuadrienio, nuestro Hno. Iván Lozano Casavantes, Representante laico de la CANO, también enfermó de cáncer y fue llamado a la Patria Celestial. 

Como siempre mi gratitud a Dios por haberme tenido por fiel en el ministerio. A cada pastor y congregante de nuestra amada conferencia, a los Pbros. María Calixto Luna, Martha Alicia Canseco Cabrera, Juan Manuel Lozano Luna, Antonio Romero Cota y Arturo González Sandoval, por su apoyo y trabajo como Superintendentes de Distrito. También agradezco a cada integrante de los gabinetes conferenciales que me tocó presidir en los dos períodos. A mis compañeros obispos Raquel Balbuena Osorio, José Antonio Garza Castro, Moisés Morales Granados, Rodolfo Edgar Rivera de la Rosa, Rogelio Hernández (quien hoy descansa en Cristo), al Administrador Episcopal José Zayas, a los representantes laicos, así como a nuestro Hno. Raúl Negrete Vargas, presidente nacional de Programa.

Hay tantas experiencias que compartir. Espero más adelante poder expresarlas a ustedes y sean de bendición y edificación en sus vidas y ministerios.

Respetuosamente compartido,

Pbro. Felipe de Jesús Ruiz Aguilar                                                                                                                   Siervo de Jesucristo                                                                                                                                                             “Por la Gracia de Dios” 

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