Se aprueba la ley trans: qué implica y qué hacer como evangélicos
Toca prepararse para ejercer defensa de la esperanza que hay en nosotros con mansedumbre y ser “astutos como serpientes y sencillos como palomas” como dijo Jesús.
22 DE DICIEMBRE DE 2022 · 17:14

Este jueves ha quedado validada la ley trans (Proyecto de Ley para la igualdad real y efectiva de las personas trans y para la garantía de los derechos de las personas LGTBI) por el Congreso de los diputados. El texto íntegro ya se puede consultar en la web de Congreso y próximamente será publicado en el Boletín Oficial del Estado, tras pasar por la votación del Senado.
Habría muchos puntos que destacar que resultan preocupantes de la norma, la cual se ha tramitado de forma anormalmente rápida. Si bien el debate se ha hurtado del Congreso de los Diputados, en los medios sí se ha podido observar el choque que produce, no sólo entre los ejes izquierda-derecha habituales al abordarse muchas leyes, sino también por la oposición de profesionales, expertos, así como distintos grupos y movimientos sociales que avisan de consecuencias negativas en la sociedad derivadas de la ejecución de la ley.
¿Cuáles serán estos problemas? Aunque el Gobierno contestó a Ferede que la libertad religiosa no se vería comprometida, hay aspectos que sí suponen muy preocupantes. La Alianza Evangélica emitió un comunicado, hace ya dos años, identificando algunos de ellos que están plenamente vigentes:
1- Criterios no científicos. Uno de los argumentos más fuertes presentados por los defensores de la ley es que “avanza en la despatologización”. Varios diputados de distintos partidos hacían hincapié ayer en que no se debe tratar a las “personas trans” como si tuviesen una enfermedad o un problema. La AEE explica que, a ojos de la medicina y la ciencia, la discordancia de género sigue siendo considerada una patología, así como la disforia de género. El problema de la ley es que ya no permite ejercer este diagnóstico: que una persona considere que su cuerpo no se corresponde con su sexo sentido pasa a ser un elemento identitario y, por tanto, no “tratable” ni diagnosticable, ignorando todo el desarrollo científico y médico al respecto.
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