Los jóvenes rurales en México. ¿Por qué ellos? ¿Por qué ahora?

Los jóvenes rurales en México. ¿Por qué ellos? ¿Por qué ahora?

Raul Anthony Olmedo Neri

Resumen

En este artículo se realiza un análisis histórico-estructural sobre los jóvenes rurales en México. En primer lugar, a través del análisis discursivo y la interpretación diacrónica de estadísticas demográficas oficiales, se plantean elementos sobre la visibilidad de este sector en los diferentes modelos de desarrollo que se emplearon desde la segunda mitad del siglo

xx. En segundo, se plantea la relevancia de las juventudes rurales dentro del marco analítico de la Nueva Ruralidad, pues esta corriente teórica posibilita la descentralización y amplificación de los estudios rurales para reconocer grupos sociales de creciente relevancia como las mujeres y las juventudes, por ejemplo.

En suma, este trabajo ofrece una visión de largo plazo sobre las juventudes rurales y aquellas transformaciones teóricas y estructurales que permiten enunciar a este grupo dentro de la ruralidad mexicana.

Introducción

El estudio de los jóvenes que residen en zonas rurales adquiere progresiva relevancia desde inicios del siglo XXI sobre todo por su papel protagónico en las novedosas reconfiguraciones y conflictos que se presentan en dicho territorio.1 Antes de eso, este sector juvenil destacado por su anclaje territorial fue invisibilizado dentro de los estudios formales sobre jóvenes porque su nacimiento y enfoque tuvieron un distintivo urbano;2 el interés por estudiar a los jóvenes citadinos responde a la legitimidad que éstos adquieren mediante formas organizativas que emplearon –como las pandillas surgidas en ciudades en pleno proceso de expansión y modernización3 –para presentarse en el espacio público, explicitar su capacidad de agencia individual/colectiva en la realidad social4 y demostrar la legitimidad tanto de sus procesos de subjetivación como las dinámicas propias de su constitución identitaria y ontológica.5

Ante ese panorama analítico que prioriza la condición y la experiencia juveniles urbanas, las particularidades materiales, históricas y ontológicas de aquellos jóvenes que viven fuera o en los márgenes de la ciudad quedan excluidas e invisibilizadas.6 Por ello, es necesario contextualizar no solo la importancia de los jóvenes en los espacios rurales sobre todo como herederos de la tierra y de la reproducción de la esencia agropecuaria que ha caracterizado históricamente al campo mexicano, sino explicar por qué hay un progresivo interés de las ciencias sociales sobre este sector en los años recientes.

Así, el objetivo de este trabajo es analizar la relevancia de los jóvenes rurales en México, con el fin de reconocerlos como un grupo de interés para las ciencias sociales. Para ello, se realiza un análisis histórico-estructural de la ruralidad desde la segunda mitad del siglo XX, con el fin de visibilizar el apogeo, protagonismo y desencanto de los jóvenes rurales sobre el campo mexicano a través de los modelos de desarrollo económico; sumado a esto, se recurren a las estadísticas demográficas de las zonas rurales con el fin de evidenciar la relevancia de este sector poblacional y su variación en el tiempo. Se entiende que todo proceso de análisis implica siempre una omisión; en este caso, dado el alcance nacional de la argumentación, se presta menos atención a las heterogéneas condiciones de los territorios rurales de México, por lo que es preciso reconocer que las experiencias juveniles en espacios no urbanos tienen matices siempre en función de sus condiciones materiales e históricas en las que se concretan.

Ahora bien, el análisis histórico-estructural facilita la construcción e interpretación de un fenómeno en periodos históricos amplios a partir de su concreción y de la dialéctica entre proceso y estructura7 bajo el que opera. Por ello, este método requiere de un corpus que dé cuenta de la materialidad del objeto abordado y la capacidad heurística de quien lo emplea para identificar, articular y explicar las transformaciones desde un punto de vista crítico.8

Uno de los primeros retos para delimitar a este grupo social fue definir los rangos etarios que contribuyen a reconocer y al mismo tiempo diferenciar la juventud –y sus representantes– de otros grupos sociales como la adultez, por ejemplo. Aunque la referencia etaria se ha mantenido sobre todo para fines estadísticos y demográficos, en los años recientes diversas instituciones, organizaciones y la academia han adoptado y adaptado dicho criterio de acuerdo con sus escalas de trabajo y los intereses que persiguen, hasta el punto de empezar a rechazar su uso pues la noción ser joven remite a una producción de subjetividad y (auto)reconocimiento, por lo que puede volverse incluso un problema teórico-analítico.

No obstante, para este análisis la edad adquiere relevancia porque ayuda a delimitar la representación de datos sobre la presencia de la juventud en las zonas rurales y porque a través de ella es posible aglutinar las similitudes de dichas subjetividades mediante su contextualización. De este modo, la pertinencia de la edad no pretende anular la singularidad constitutiva del ser joven, sino identificar las experiencias comunes a partir de un rasgo que permite agrupar a dicho sector. En este sentido, y con el fin constituir el corpus necesario para el método histórico-estructural, se ha recopilado, sistematizado y analizado los datos de los censos de poblaciones en México respecto a la población de 10 a 29 años. La delimitación etaria responde a dos decisiones metodológicas: la primera es que dicho rango se ciñe a lo dispuesto en la Ley del Instituto Mexicano de la Juventud, publicada en 1999, la cual reconoce a los jóvenes como aquellos que poseen entre 12 y 29 años; la segunda decisión metodológica fue ampliar el rango inicial a los 10 años, ya que la desagregación de datos en los censos se hace por quinquenios, lo que dificulta el cálculo exacto.

Otra precisión importante a realizar es que dentro del análisis histórico-estructural, los jóvenes varones tienen un protagonismo en comparación a sus coetáneas mujeres. Esto deriva de la división del trabajo doméstico a través del género,9 donde los jóvenes ostentaron una capacidad de agencia estrictamente vinculada con las dimensiones agroproductivas –adjudicándoles un papel central en la producción de los modos de vida rural–, volviéndose directamente afectados ante las transformaciones estructurales del sistema económico mexicano, mientras que las jóvenes mujeres tuvieron mínima participación en este ámbito pues quedaron atadas a las actividades de (re)producción de la vida rural –especialmente a las labores domésticas y de procreación–. Ellas, en realidad, adquieren relevancia dentro del marco de la Nueva Ruralidad y los múltiples procesos de feminización del campo mexicano como resultado de la migración, enunciándolas a partir de una perspectiva de género sobre la ruralidad.

Con estas precisiones sobre el objeto de estudio, es posible emplear el método histórico-estructural, con el fin de ubicar a los jóvenes rurales y comprender los contextos en los que se desarrollan. En términos específicos, en este trabajo se argumenta que:

  1. Los jóvenes rurales tuvieron una participación estratégica en la (re) producción de los modos de vida rural durante la segunda mitad del siglo XX dado el panorama próspero que vieron y vivieron dentro del Modelo Sustituivo de Importaciones, el cual se tornó desfavorable por la crisis del sistema y la consecuente instalación del proyecto neoliberal en el país. En este proceso los jóvenes en espacios rurales terminaron desencantándose del campo ante la transición estructural derivada de la integración y subordinación de México al entramado hegemónico de la globalización. Dado que son pocos los datos e investigaciones que se enfocan en los jóvenes rurales en la segunda mitad del siglo XX, se analizan los contextos en los que se desarrollan para así evidenciar su participación latente en los cambios estructurales de orden productivo en el agro mexicano. De esta manera, analizar las reconfiguraciones de orden productivo y estructural que se llevan de manera interna y externa en la ruralidad permite problematizar la participación histórica de los jóvenes rurales.
  1. Los jóvenes rurales en tanto sujetos de estudio cobran relevancia analítica en el siglo XXI por la apertura analítica que ofrece el marco teórico de la Nueva Ruralidad y con ello, la descentralización de los temas predilectos dentro de los estudios agrarios. Así, su relevancia deriva no solo de la descentralización de su presencia juvenil en la lucha por la tierra, sino por su acrecentada vinculación con otras problemáticas como la migración, la defensa del territorio y el nuevo protagonismo que adquieren por el saber-poder que les otorgan las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) ante los adultos.

Para dar forma y solidez a estos argumentos, este trabajo se desarrolla en dos apartados: en el primero se presenta el análisis histórico-estructural; en el segundo apartado, se ofrecen elementos para enriquecer la problematización de los jóvenes rurales y cuál es el contexto actual en el que se desarrollan. Con estos elementos se busca evidenciar la relevancia empírica que guardan los jóvenes rurales mexicanos e incitar su análisis como sujetos de estudio dentro de una coyuntura sistémica que los ubica en una posición histórica ambivalente para la mejora o deterioro de la ruralidad mexicana.

(Continuará…)


Sobre el autor:

Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, Universidad Nacional Autónoma de México,

México raul.olmedo@polticas.unam.mx

https://orcid.org/0000-0001-5318-0170

Doctor en Ciencias Políticas y Sociales por la Universidad Nacional Autónoma de México

NOTAS: 

  1. La primera delimitación sobre este sector es espacial, por lo que se entiende por localidad rural aquellos asentamientos humanos con menos de 2,500 personas, atendiendo el criterio del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) para censar y diferenciar las localidades rurales de las urbanas en México.
  2. Delia Crovi, Para leer la Apropiación Digital. Una transformación de las prácticas culturales (Ciudad de México: Tintable, 2020).
  3. América T. Becerra, “Jóvenes e internet. realidad y mitos”, Nóesis. Revista de Ciencias Sociales y Humanidades 24, no. 47-2 (2015), https://doi.org/10.20983/ noesis.2015.13.5 
  4. Rossana Reguillo, Culturas juveniles. Formas políticas del desencanto (Buenos Aires: Siglo XXI, 2013).
  5. María Collignon y Zeyda Rodríguez, “Afectividad y sexualidad entre los jóvenes. Tres escenarios para la experiencia íntima en el siglo XX”, en Los jóvenes en México, coord. Rossana Reguillo (Ciudad de México: Fonde de Cultura Económica, 2010).
  6. Isidro Soloaga, Diagnósticos de las

juventudes rurales de México (Ciudad de México: RIMISP Centro Latinoamericano para el Desarrollo Rural, 2018).

7 Fernando Cortés, “Algunos problemas metodológicos en una práctica de investigación histórico-estructural”, Notas de Población. Revista Latinoamericana de Demografía, 4 11 (1976), (consultado el 5 de junio de 2024).

8. Carlos Torres-Novoa, “Teoría de la dependencia: Nota crítica sobre su metodología histórico-estructural”, Nueva Sociedad, 42 (1979), https://static.nuso. org/media/articles/down-loads/584_1.pdf (consultado el 5 de junio de 2024).

9. Nancy Fraser, Capitalismo caníbal (Ciudad de México: Fondo de Cultura Económica, 2023).

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