San Pablo: 119 años de historia

San Pablo: 119 años de historia

Brenda Selene Romero Grimaldi

Hay lugares que simplemente forman parte de una ciudad. Y hay otros que terminan formando parte de la vida de varias generaciones. El Templo Metodista San Pablo es uno de ellos.

Hoy, al celebrar 119 años de historia, no solamente recordamos un edificio de cantera, un órgano, sus vitrales o sus antiguas bancas. Recordamos a hombres y mujeres que llegaron con una fe sencilla, pero con la convicción de que el Evangelio podía echar raíces en esta tierra.

La historia de nuestra iglesia comenzó mucho antes de la inauguración del templo. Desde los primeros esfuerzos misioneros metodistas en México surgió el deseo de llevar el mensaje de Cristo a nuevos lugares. Torreón fue uno de esos campos. En aquellos años, una ciudad que apenas comenzaba a crecer recibió a misioneros que sembraron una obra que con el tiempo se convertiría en parte de su historia.

Bajo el trabajo de misioneros como W. F. Oglesby, J. H. Fitzgerald, J. F. Corbin y R. E. Tyler, comenzó a tomar forma esta congregación. 

El templo fue construido con cantera traída de Durango. El costo de la obra fue de 30 mil pesos de aquel entonces y, finalmente, el 13 de septiembre de 1907, fue inaugurado el Templo Metodista San Pablo. Ese mismo año la Villa de Torreón fue elevada a la categoría de Ciudad el 15 de septiembre. Aquel día inaugural solamente había lo necesario: un púlpito, un órgano, algunas lámparas y, sobre todo, 80 personas que decidieron hacer de este lugar su casa de fe.

Actualmente el registro de nuestra comunidad cuenta con 347 personas, entre miembros en plena comunión, miembros a prueba, miembros simpatizantes y afiliados. Pero detrás de cada número hay una historia: una familia, una oración, una conversión, una pérdida, un nuevo comienzo, alguien que llegó buscando respuestas y encontró una comunidad.

Una iglesia que también educó y transformó

La historia de San Pablo no se quedó dentro de sus paredes. En los primeros años, la comunidad metodista impulsó también la educación mediante el Seth Ward College, que posteriormente tomó el nombre de Colegio Elliot.

Aquella escuela comenzó atendiendo principalmente a hijos de familias estadounidenses que vivían en Torreón, pero con el paso de los años fue incorporando la enseñanza en español y ampliando su servicio educativo.

Así, la iglesia y el colegio fueron testigos del crecimiento de una ciudad que recibía a mineros, comerciantes, mecánicos, electricistas, profesores, amas de casa, empresarios, artistas y trabajadores de diferentes lugares. Muchos llegaron como extranjeros y terminaron convirtiéndose en torreonenses.

Una fe que permaneció en tiempos difíciles

Nuestra iglesia fue testigo de acontecimientos que marcaron a Torreón y a México: la Revolución Mexicana, la llegada de inmigrantes, el crecimiento industrial y social de la ciudad y también episodios dolorosos, como la violencia que alcanzó a la comunidad china en 1911.

Los documentos conferenciales de aquellos años hablan de dificultades, interrupciones en el transporte, pastores que no podían llegar a sus reuniones y hasta meses en los que San Pablo permaneció sin Pastor.

Quizá esa sea una de las grandes enseñanzas de estos 119 años: la iglesia no ha llegado hasta aquí porque nunca haya enfrentado problemas; ha llegado porque, aun en medio de ellos, Dios ha permanecido fiel.

Una historia que cambió una vida

Entre tantas historias que guarda San Pablo hay una que parece sacada de una película. En 1914, un joven cadete pasó frente al templo mientras se encontraba de asueto. Escuchó la música y un himno que invitaba: “Pecador, ven al dulce Jesús…”

Pensó: “Si dicen ven, pues iré.”

Entró y se sentó discretamente en una de las últimas bancas. Durante la oración, el misionero William Soddala pidió por aquel soldado que acababa de entrar. El joven miró a su alrededor pensando que seguramente había otro soldado, hasta darse cuenta de que la oración era por él.

Después de aceptar a Cristo, decidió dejar el ejército y prepararse para el ministerio. Con el tiempo ingresó al Instituto Lydia Patterson, en El Paso, Texas, y aquel joven que había sido soldado del gobierno terminó convirtiéndose en soldado de Jesucristo: fue el Pastor fundador de la primera Iglesia Metodista de Ciudad Juárez, Chihuahua.

Quizá esa historia nos recuerda algo muy sencillo: nunca sabemos lo que Dios puede hacer con una invitación, una oración o una persona que decide abrir la puerta y entrar.

Tal vez alguien que hoy cruza las puertas de San Pablo también está comenzando una historia que todavía no alcanzamos a imaginar.

San Pablo ha cambiado, pero el llamado permanece

La trayectoria de nuestra iglesia también contempla momentos de transformación y posturas encontradas. Durante la década de 1970, bajo el ministerio del pastor Gastón Valencia, se llevaron a cabo las remodelaciones del templo que disfrutamos hasta el día de hoy. En aquel proceso, la instalación del vitral del Buen Pastor desató un debate interno. Como relata el hermano Eligio Sánchez Aguilar —tesorero de aquella directiva y hoy presente para la gloria de Dios—, algunos miembros consideraron que la imagen rozaba en la idolatría, lo que llevó a un grupo a separarse de la congregación.

Hoy podemos mirar aquella historia con perspectiva y entender que las generaciones cambian, los espacios se transforman, las formas de hacer iglesia pueden ser diferentes, pero el centro sigue siendo Cristo. 

Seguirán llegando niños que algún día recordarán su primera clase bíblica. Jóvenes que encontrarán aquí amigos y propósito. Familias que serán recibidas cuando más lo necesiten. Personas que entrarán por primera vez buscando a Dios. Y habrá nuevas historias que hoy todavía no conocemos.

Jesús dejó un llamado muy claro:

“Id y haced discípulos a todas las naciones…” (Mateo 28:19) Ese llamado no quedó en 1907. No terminó con los primeros misioneros. No terminó con nuestros pastores y hermanos que ya partieron. El llamado sigue siendo el mismo. Ir, servir, amar, enseñar, acompañar y hacer discípulos.

Gracias por ser parte de esta familia

Hoy damos gracias a Dios por los que estuvieron antes y por los que estamos ahora. Gracias por los misioneros que sembraron cuando Torreón apenas comenzaba a crecer. Gracias por los pastores, maestros, líderes, familias, jóvenes, niños y adultos que hicieron de este templo un hogar.

Gracias por quienes permanecieron cuando hubo dificultades. Gracias por quienes, con sus manos, sus recursos, sus oraciones y su tiempo, hicieron posible que esta iglesia continuara.

Ser parte de esta iglesia es un privilegio, pero también es una responsabilidad. Hemos aprendido que no somos solamente espectadores de una historia de 119 años: somos parte de ella.

“Hasta aquí nos ayudó Jehová.”, 1 Samuel 7:12. Y confiamos en que Él seguirá acompañándonos en lo que viene.


Referencias Bibliográficas

Archivo Municipal de Torreón. 90 Años del Templo San Pablo (Crónica)

Reseña El Divino Salvador, Ciudad Juárez, Chihuahua.

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