A diestra y siniestra, una lucha por el nombre de Cristo.

A diestra y siniestra, una lucha por el nombre de Cristo.

Oscar Uriel Armendariz Zainos

Hace más de cinco siglos, un fraile agustino llamado Martín Lutero inició un movimiento que sería conocido como Reforma Protestante. Lutero luchaba por la identidad de aquellas personas que se denominaban cristianas. Hoy día, desde trincheras muy diferentes, valdría la pena reflexionar si ese calificativo con sus diferentes acepciones sigue en disputa: nuestro lenguaje simbólico ha dejado de habitar únicamente la esfera de los templos para empezar a habitar espacios políticos y democráticos. Indiscriminadamente se utilizan términos como «cristiano», «evangélico» o «protestante» a la hora de realizar análisis políticos. Nuestro lenguaje no cuenta con una denominación de origen, por lo que cualquiera puede ocuparlo a diestra y siniestra. La verdadera pregunta sobre el uso de estas palabras no es para la gente que está fuera, sino para nosotros mismos. La identidad que se construye desde dentro también se pierde desde dentro.

¿Cómo se ancla la identidad en un contexto específico? En 1979 Federico Pagura escribe el himno Tenemos esperanza, con música de Homero Perera. La elección que este último hace es darle un ritmo inconfundible con un tango argentino. Esta decisión acompaña a la letra que nos presenta a un Dios que ancla su Evangelio, su buena noticia, en la identidad, la cultura popular y el sentir de un pueblo concreto (Dergarabedian, 2024). Así, el himno presenta a un Dios que se encarna con características muy específicas. No es un Dios que hace eco de su majestad u omnipotencia, sino que se hace sentir cercano y humilde quitando todo lo que lo diferencia de nosotros. El apóstol Pablo menciona: “se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres” (Fil. 2:7). Frente a las grandes manifestaciones de poder y grandilocuencia, la encarnación de Dios se realiza en un pesebre oscuro. Frente a la defensa de aquellos valores que se dicen cristianos y occidentales, el Hijo de Dios viene a cuestionar estos valores cuando terminan arrebatando la dignidad de las personas, misma que es dada desde la creación, ya que todo ser humano es creado a imagen y semejanza de Dios. Junto con esta idea, el Cristo se deja acompañar de la gente sencilla y humilde, anunciando que incluso éstos van por delante de aquellos que sostienen el statu quo. “De cierto os digo, que los publicanos y las rameras van delante de vosotros al reino de Dios” (Mt. 21:31).

Sin embargo, en nuestra búsqueda de poder o relevancia, cambiamos el contenido de la esperanza. La pregunta es: ¿por qué? Pablo dice: “la esperanza no avergüenza” (Rom. 5:5). Pero ¿qué sucede cuando nuestra fe no aspira al poder sino a la humildad? ¿Qué sucede cuando nuestra fe no sólo nos consuela, sino que nos confronta con la realidad? ¿Qué sucede cuando la esperanza no nos da certeza, sino que nos obliga a dar un paso de fe y confrontarnos con los poderes de este mundo?

Tenemos esperanza canta: «Porque fue luz en nuestra noche fría». El día de hoy muchas de nuestras sociedades latinoamericanas viven en medio de noches frías: violencia, narcotráfico, desapariciones, inseguridad… y la lista sigue y sigue. La ilusión de una esperanza que se vuelva a encarnar se hace palpable en nuestro día a día. Desde ahí, el hacerse llamar enviado de Dios traslada la esperanza y el lenguaje a un lugar que hasta hace poco no era muy familiar: la esfera política.

En agosto de 2025, a través de su cuenta de X, Abelardo de la Espriella, en aquel momento candidato a la presidencia y hoy presidente de Colombia, publicó un video donde mencionaba: «Yo quiero ser el Ciro de Colombia» (De la Espriella, 2025), haciendo eco de la figura bíblica de Ciro, rey de Persia. Desde que asumió la presidencia, De la Espriella se ha encargado de volver a popularizar el lema «Viva Cristo Rey» (Croda, 2026). Así, la fe se vuelve la punta de lanza de lo que ciertos sectores llaman la batalla cultural.

No obstante, esta referencia a Ciro no es nueva y encuentra sus orígenes más hacia el norte del continente, específicamente en Estados Unidos. Tras la decisión de Donald Trump de reconocer a Jerusalén como capital de Israel y de trasladar su embajada ahí, múltiples pastores evangélicos de corte conservador le llamaron el nuevo Ciro, interpretando que la cita de Isaías 45:1, donde se menciona a Ciro como ungido, hace referencia a que Trump es el presidente 45 de los Estados Unidos (Barro, 2018).

Otro ejemplo donde la identidad termina siendo difusa se puede ver en el reciente caso de Brasil, donde el candidato Flávio Bolsonaro, identificado como católico, se volvió la opción preferida por ciertos sectores evangélicos conservadores, por apoyar «los principios bíblicos» (Agencia EFE, 2026). Una enemistad que el mundo evangélico hasta hace algunos años tenía con la Iglesia Católica hoy día se puede negociar con tal de vencer la batalla cultural.

En México tampoco nos encontramos tan lejos de esta realidad. En 2018 Andrés Manuel López Obrador consiguió una victoria histórica. Es de mencionar que, en su coalición y de forma menor, se encontraba el Partido Encuentro Social: un partido político con base y liderazgo cristianos de corte neopentecostal. Aunado a ello, durante los primeros años de su gobierno AMLO se encontró asesorado muy de cerca por el pastor Arturo Farela, quien apoyó la distribución de la Cartilla Moral de Alfonso Reyes en amplios sectores evangélicos. En 2019 Farela causó una gran controversia al revelar que acudía constantemente a Palacio Nacional a orar con el presidente (Expansión Política, 2019).

Recordando la cita de Isaías 45:1, Dios habla a través del profeta lo siguiente: “Así dice Jehová a su ungido, a Ciro”. Es interesante notar que en este texto en concreto la palabra ungido es la misma palabra que Mesías, mashíaj, que después será traducida al griego como Cristo. Ante todos estos ejemplos de “mesianismo”, estamos en la responsabilidad de preguntarnos: ¿qué clase de ungido, Mesías o Cristo anunciamos?

La profecía actúa como vocera de Dios en el aquí y en el ahora. Se distingue de la denuncia social porque es capaz de tener un pie en el presente para señalarlo y tener el otro pie en el futuro para caminar hacia la esperanza y la utopía. La profecía jamás actúa en el ámbito de lo privado, sino que inevitablemente termina en la vida pública. Como pueblo cristiano, hemos dejado de ocupar las esferas públicas. Ante un mundo que avanza con muchísima velocidad, decidimos ensimismarnos y, cuando menos nos dimos cuenta, nuestra voz dejó de ser escuchada. Así que, en nuestra necesidad de volver a ser visibles, nos terminamos mimetizando con otros movimientos que, en teoría, buscan un fin común.

La pregunta para nosotros tendría que ser: ¿para qué queremos una voz pública? Retomando a una figura profética, Miqueas lo expresa así: “Oh hombre, él te ha declarado lo que es bueno, y qué pide Jehová de ti: solamente hacer justicia, y amar misericordia, y humillarte ante tu Dios” (Miq. 6:8). Explorar nuestros conceptos de justicia y misericordia para compararlos con los de aquellos que usan el mismo lenguaje es necesario para no perder nuestra identidad.

Podríamos pensar en el ejemplo de Juan Wesley y su lucha contra la esclavitud y su trabajo con pobres y presos. Quizás un ejemplo concreto son sus Pensamientos sobre la actual escasez de víveres (Wesley, 1998) escritos en 1773. En este texto Wesley critica a aquellas élites que atribuyen la pobreza de las personas a su pereza o a sus vicios. Por el contrario, menciona cómo un trabajador podía estar de sol a sol e incluso así no tener la capacidad de comprar un pan. Es por esto por lo que Wesley concluye que la causa de la escasez es un problema que tiene raíces más hondas. Dentro de esto menciona cómo el trigo era otorgado a la destilación para producir licores. También critica la vida lujosa de las personas que acaparaban grandes extensiones de tierra para criar caballos de carruaje cuyo único propósito era el entretenimiento de la misma élite. Wesley entiende que el pecado no es una cuestión meramente individual ni que las circunstancias son un castigo divino. En términos actuales diríamos que las problemáticas sociales son el resultado de un sistema económico basado en la codicia de unos pocos, el cual debe ser denunciado y transformado.

Wesley entendió que la esfera pública no era para ganar reconocimiento o poder, sino para denunciar el hambre y el sufrimiento de las personas. Ese mismo sentir no se debe volver algo a admirar como una pieza de museo, ya que nuestra tradición como metodistas mexicanos está influenciada por ese mismo espíritu: los misioneros del siglo XIX con su énfasis educativo o la lucha de Rubén Jaramillo por la justicia agraria. Si nuestros motivos no están en el lugar adecuado, nuestra búsqueda de pertinencia se pierde y de paso termina comprometiendo el Evangelio. Cuando simplemente queremos acompañar causas por salir en la foto o por querer imponer nuestra visión a la de los demás, traicionamos al Cristo que nació en un pesebre oscuro.

Cuando la discriminación y la violencia se vuelven parte de nuestro lenguaje de la fe, cuando se bendicen armas y ejércitos en aras de la paz, hemos permitido que el Evangelio deje de ser una buena noticia. Cuando la dignidad de cualquier ser humano es aplastada por ganar una “batalla” ideológica, deberíamos cuestionar si lo que estamos anunciando es el Reino de Dios y su justicia. Como cristianos estamos llamados a comprometernos de forma terrenal e histórica con la liberación del ser humano de aquellas cosas que lo oprimen. Caminamos rumbo a la realización de la vida plena y abundante que Cristo prometió, no solo como espectadores sino como anunciadores de esta. Somos una iglesia que siempre se está reformando, cambiando, afirmando que tenemos esperanza. Porque donde se instaura la justicia, la fraternidad y la vida plena para todas y todos, ahí está el Reino de Dios.


Bibliografía

Agencia EFE. (5 de Junio de 2026). Flávio Bolsonaro busca sumar apoyo en masiva marcha religiosa. Recuperado el 25 de Octubre de 2026, de UltimaHora: https://www.ultimahora.com/flavio-bolsonaro-busca-sumar-apoyo-en-masiva-marcha-religiosa

Barro, A. (16 de Marzo de 2018). “Es un Ciro moderno”: la profecía de Trump el Grande según la derecha evangélica. Recuperado el 25 de Octubre de 2026, de El Confidencial: https://www.elconfidencial.com/mundo/2018-03-16/la-profecia-de-trump-el-grande-segun-la-derecha-evangelica-es-un-ciro-moderno_1535740/

Croda, R. (10 de Octubre de 2026). De la Espriella adopta la consigna “¡Viva Cristo Rey!” de la guerra cristera mexicana. Recuperado el 25 de Octubre de 2026, de Proceso: https://www.proceso.com.mx/internacional/2026/1De%20la%20Espriella%20adopta%20la%20consigna%20%E2%80%9C%C2%A1Viva%20Cristo%20Rey!%E2%80%9D%20de%20la%20guerra%20cristera%20mexicana0/10/de-la-espriella-adopta-la-consigna-viva-cristo-rey-de-la-guerra-crister

Dergarabedian, C. (10 de Septiembre de 2024). La resonancia de «Tenemos esperanza»: un faro en tiempos difíciles. Recuperado el 25 de Octubre de 2026, de Bahía Cesar: https://bahiacesar.com/2024/09/10/la-resonancia-de-tenemos-esperanza-un-faro-en-tiempos-dificiles/

Expansión Política. (27 de Junio de 2019). AMLO ha orado con pastor evangélico en Palacio Nacional. Recuperado el 25 de Octubre de 2026, de Expansión Política: https://politica.expansion.mx/mexico/2019/06/27/pastores-evangelicos-distribuiran-cartilla-moral-amlo

Wesley, J. (1998). Pensamientos sobre la actual escasez de víveres. En A. Zorzin, Curso de Ubicación Histórica (págs. 335-339). Buenos Aires: Instituto Superior Evangelico de Estudios Teologicos – ISEDET.

Acerca del autor:

Oscar Uriel Armendariz Zainos es pastor de la congregación Mahanaim en Cuautitlán Izcalli.

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