El título de este breve artículo proviene de Proverbios 12:10, según la Nueva Traducción Viviente. Lo traigo a consideración en vista de las numerosas noticias del maltrato animal que nos proporcionan las redes sociales.
Los informes de crueldad en contra de los animales, mayormente domésticos, son de tal clase que causan espanto. Por ejemplo, el caso de un individuo que arrojó un perrito a un perol con aceite hirviendo, o el que se divertía tomando a un can como blanco disparándole varias veces, o las personas que sobrecargan excesivamente a los caballos hasta deformarlos en su columna vertebral, o de quienes azotan despiadadamente a sus bestias de carga o labranza, o los que maltratan a las aves cazándolas por simple gusto, etc., etc.
Las personas que cometen tales atrocidades olvidan que la fauna es, como el ser humano, creación de Dios y tiene -por tanto- un lugar específico dentro del amplio espacio diseñado por el Omnipotente. Baste recordar que su cuidado le fue asignado al género humano, desde el Edén, cuando Dios dijo: “Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra” (Gen. 1:26). La palabra “señoree” no se refiere a gobernar tiránicamente sino a administrar, cuidar y preservar el orden y equilibrio que el Creador había establecido en el mundo. Lamentablemente hemos descuidado esta responsabilidad, al punto que hay especies a punto de desaparecer debido a nuestras acciones irresponsables.
Por otra parte, hay que alabar a nuestros legisladores quienes no hace mucho tiempo han propuesto y aprobado varias leyes que protegen a los animales, tanto caseros como del campo, bosque y selva. En esta labor legislativa, nuestros gobernantes, consciente o inconscientemente, están cumpliendo un mandato divino y por ello merecen nuestro apoyo.
El cuidado de Dios por los animales se hace notar durante el juicio del diluvio, cuando ordena a Noe preservar en el arca a toda clase de animales de la región. Posteriormente, en el marco de las diversas leyes que estableció Dios para su pueblo, están algunas que tienen que ver con el cuidado para las aves y animales de labranza, como por ejemplo en Deuteronomio 22:6, 7, 10. En el Nuevo Testamento resalta la santa figura de Jesucristo, quien se define como el buen pastor que da la vida por sus ovejas.
Como metodistas hay que recordar las recomendaciones de Juan Wesley respecto al cuidado que los predicadores debían tener para con sus cabalgaduras, para las cuales habrían de procurar techo y alimento, aún antes que para pastores.
Finalmente, esto nos lleva a examinar nuestro propio comportamiento con los animales, no sólo con las mascotas, sino con la fauna en general; y si acaso no les estamos dando la atención y cuidado que merecen, hemos de corregir nuestras fallas; porque delante de Dios no hacerlo es pecado de desobediencia; y delante de las autoridades civiles, es delito.
