Seminarista
Brandon Obed Medina Terrazas
Actualmente vivimos una problemática que nos compete y nos debería preocupar a todos. Hoy vivimos en una sociedad en la cual, gracias a los avances tecnológicos, tenemos más herramientas y facilidades para comunicarnos, para seguir de lejos nuestras relaciones personales. También hemos tenido un avance en las cuestiones médicas o de salud, especialmente sobre la salud mental que hoy en día hay mucha consciencia de ello.
Pero de manera paradójica hemos presentado tasas alarmantes: de ansiedad, de depresión y soledad; y en el peor de los casos, estas personas terminan con sus vidas. De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), en 2026, el 21.8 % de la población de 12 años y más, presentó indicios de ansiedad; el 13.4 %, indicios de depresión; y el 6.9 % declaró haberse sentido sola la mayor parte o todo el tiempo.
Además, durante 2025 se registraron 8,709 defunciones por suicidio en México, lo que representó una tasa nacional de 6.7 por cada 100 mil habitantes (Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI, 2026).
Comprendo que estos problemas son multifactoriales y requieren de muchas estrategias y tratar los casos de manera particular. Pero mi pregunta es: nosotros, como iglesia ¿qué podemos hacer al respecto? ¿qué cambios o estrategias son esenciales para solucionar estos problemas?
No pretendo con este artículo resolverlo todo. Aún sigo buscando respuestas e incluso no estoy exento de equivocarme. Me gustaría ser activo en la lucha en contra de la soledad. Creo que podemos como iglesia hacer algo para ayudar en esto. Y realmente no es que esté sacando algo nuevo y revolucionario; creo que nuestra respuesta la hemos tenido todo este tiempo, una práctica muy vital en nuestra tradición metodista que incluso se menciona en la Biblia: me refiero a la rendición de cuentas.
Rendición de cuentas como fundamento en el movimiento metodista
“Confesaos vuestras ofensas unos a otros, y orad unos por otros, para que seáis sanados. La oración eficaz del justo puede mucho.” (Stg. 5:16, RVR60). “Sobrellevad los unos las cargas de los otros, y cumplid así la ley de Cristo.” (Gá. 6:2, RVR60).
De acuerdo a Howard A. Snyder en su libro “El Wesley Radical”, el mandato que encontramos en Santiago 5:16 era citado frecuentemente como base bíblica para las reuniones de los grupos pequeños, especialmente las bandas (Snyder, 2016). Snyder añade un comentario de Wesley respecto a la formación de las reuniones de clase y las bandas diciendo lo siguiente:
“Reflexionando sobre esto, me di cuenta cuán exactamente habíamos copiado lo que hacían en la iglesia primitiva”. (Snyder, 2016). Otros comentarios que podemos observar eran referentes a cómo realmente se veía una comunidad dentro de estos grupos que se apoyaba, que sobrellevaban las cargas uno con otros. Este apoyo entre hermanos produjo un nivel profundo en la santidad. (Snyder, 2016)
¿Esto qué tiene que ver con la soledad?
Nosotros bíblicamente conocemos una de las razones por las que una persona puede aislarse, y está muy vinculada a un aspecto espiritual: “Mas Jehová Dios llamó al hombre, y le dijo: ¿Dónde estás tú? Y él respondió: Oí tu voz en el huerto, y tuve miedo, porque estaba desnudo; y me escondí.” (Gn. 3:9-10, RVR60).
Desde el inicio nuestro pecado ha estado muy vinculado al miedo, al sentirse vulnerable; y por consecuencia, nos lleva a escondernos principalmente de Dios, La reacción natural es esconderse. Y ante una iglesia que está en contra del pecado, pero no da espacios de rendición de cuentas o no busca ayudar a aquel que pecó, entonces también nos aísla de nuestros hermanos.
Algunos, para no terminar saliéndose de la iglesia, terminan ocultando su pecado, esperando que así puedan permanecer sin ser juzgados -lo cual tampoco es lo mejor porque eso nos lleva a una vida de mentira e hipocresía y a quedarnos solos con nuestro pecado- (Bonhoeffer, 2026).
Y con esto de manera inconsciente alimentamos el acto que no queremos, el pecado. Voy a permitirme utilizar una escena de un libro; el libro en cuestión es “El Principito” de Antoine de Saint-Exupéry. En una escena el principito viaja a un planeta donde se encuentra con un bebedor, que pronto aprendemos que bebe para olvidar su vergüenza, y lo paradójico es que el origen de su vergüenza es la misma causa con la que intenta solucionarla.
Tiene vergüenza de ser un bebedor (Saint-Exupéry, 2025). Sé que esta escena trata un problema específico, beber, el cual es una práctica que podemos ver en nuestra sociedad; pero ¿y si ese es el estado de muchos de nuestros hermanos? Esta es una escena de un libro, un libro para niños. Y es ficción hasta que lo vemos reflejado en nuestras vidas y lo podemos explicar mediante la psicología.
En el libro “Entrevista motivacional”, de William R. Miller y Stephen Rollnick, se describe cómo una persona puede sostener una conducta actual a pesar de querer dejarla, porque la misma acción produce satisfacción, alivio, placer, seguridad, pertenencia e incluso evasión. (Miller & Rollnick, 2015)
Y esto sin añadir que vivimos ante una sociedad que batalla con las adicciones por el mal manejo de dopamina. De acuerdo a Anna Lempke, uno puede caer en un círculo donde buscamos satisfacción; y a pesar de las consecuencias malas, volvemos a buscar la satisfacción después. (Lembke, 2026).
Lo podemos ver en el consumo de las comidas. Por ejemplo: yo mismo sé que el consumo excesivo de refresco es malo para mi salud; sin embargo, es rico, me siento mal lo dejo un tiempo; pero vuelvo a él porque recuerdo la satisfacción de tomarlo. Recordemos el texto bíblico: “¿No sabéis que, si os sometéis a alguien como esclavos para obedecerle, sois esclavos de aquel a quien obedecéis, sea del pecado para muerte, o sea de la obediencia para justicia?” (Ro. 6:16, RVR60). Finalmente nos volvemos esclavos; el decirnos que lo que hacemos está mal y deberíamos dejar de hacerlo no es la forma más eficaz de ayudar. Y terminamos desamparados en nuestra lucha.
Camino a seguir
Watson expresa que “la experiencia de Wesley con el movimiento metodista lo convenció de que las personas, por sí mismas, rara vez lograban avances en el traslado de sus vidas a la casa de Dios”. E incluso también señala que le reclamó a Whitefield por quitarle la importancia a los espacios que se encontraban en los grupos pequeños previamente comentados; enfatizando que la predicación era vital, pero si no se le acompañaba a los que escuchaban, consecuentemente ellos terminaban desistiendo en la fe y en el camino. (Watson, 2014)
De acuerdo al testimonio de Pool, aunque Whitefield al inicio no le daba importancia, terminó viendo la fuerza detrás de estos grupos pequeños: “W. John, estás en el lugar correcto. Mi hermano Wesley actuó con prudencia; las almas que fueron despertadas bajo su ministerio las reunió en clases y, por lo tanto, conservó los frutos de su labor. Yo descuidé esto y mi pueblo es como una cuerda de arena.” (Watson, 2014)
Estos ejemplos algo tienen que decirnos como iglesia. Enseñar la doctrina y la palabra es esencial; pero si al final no hay un acompañamiento y lugares donde nuestros hermanos puedan compartir sus cargas o bien rendir cuentas, es probable que los vayamos a perder. Y en palabras de Whitefield, tengamos un pueblo como cuerda de arena, que no sale de sus ciclos de pecado, condena, culpa, vergüenza y asi sucesivamente.
Bonhoeffer también señala en su libro “Vida en comunidad” que nuestros hermanos son un medio de gracia y por ellos podemos recibir perdón fraternal; no necesitamos fingir y además nuestras confesiones nos dan acceso a la comunidad. Mientras el pecado nos quiere mantener solos, separados de la comunidad. Entre más solos estemos, más poderoso y destructivo se vuelve el pecado. (Bonhoeffer, 2026)
“El pecado dicho y confesado ha perdido todo su poder. Se ha hecho manifiesto como pecado y ha sido juzgado. Ya no es capaz de desgarrar la comunidad. Ahora la comunidad sobrelleva el pecado del hermano. Él ya no está solo con su mal, sino que con la confesión ha «depuesto» su mal, lo ha entregado a Dios. Le ha sido quitado. Ahora está en la comunidad de los pecadores que viven de la gracia de Dios en la cruz de Jesucristo.” (Bonhoeffer, 2026)
Conclusión
En conclusión, reconozco que confesarse y rendir cuentas es duro. Es más fácil darle vueltas, y aparte es humillante, pero es lo mejor que podemos hacer personalmente. Y como comunidad cristiana que busca cambios, que ama a Dios con todas sus fuerzas y a su prójimo, deberíamos buscar dar espacios para que no se pierda esta práctica. Si realmente queremos reflejar a Cristo en nuestras vidas, mostrando una vida piadosa y en santidad, necesitamos rendir cuentas y confesarnos unos a otros y no solamente de manera personal con Dios.
Si estás peleando solo, encarecidamente te pido que te acerques a un hermano o comunidad de confianza y te liberes. Por otro lado, líderes, ayudemos a nuestros hermanos. No permitamos que el pecado venza sobre ellos; no dejemos que sean consumidos por la vergüenza, por la culpabilidad, el desánimo, la soledad.
Así como lo era en sus inicios con el movimiento wesleyano y como lo era en la iglesia primitiva, busquemos que sea una práctica dentro de nuestras iglesias y nuestros grupos cristianos. No permitamos que nuestro pueblo, sus frutos, se pierdan. Que no queden en vano nuestras predicaciones y la palabra que proclamamos, sino que podamos verla transformando a cada uno de nosotros para ser mejores cristianos.
¡Dios los bendiga!
BIBLIOGRAFIA
Instituto Nacional de Estadística y Geografía. (2026, 8 de septiembre). Estadísticas a propósito del Día Mundial para la Prevención del Suicidio (10 de septiembre)
[Comunicado de prensa núm. 49/26]. https://www.inegi.org.mx/contenidos/saladeprensa/aproposito/2026/EAP_Suicidio_26.pdf
Snyder, H. A. (2016). El Wesley radical: Patrones para la renovación de la Iglesia.
Seedbed.
Saint-Exupéry, A. de. (2025). Le Petit Prince. Zenith Ivory Tower Publications
Miller, W. R., & Rollnick, S. (2015). La entrevista motivacional, 3ª edición: Ayudar a las personas a cambiar. Traducción de Montserrat Asensio Fernández. Editorial Paidós.
Lembke, A. (2026). Generación Dopamina. Editorial Urano.
Watson, K. M. (2014). La reunión de clase: Recuperando una experiencia de grupos pequeños olvidada (y esencial). Seedbed.
Bonhoeffer, D. (2026). Vida en comunidad. Traducción de José Peña Coto
Sociedades Bíblicas Unidas. (1960). Santa Biblia: Reina-Valera 1960. Sociedades
Bíblicas en América Latina.
