La iglesia ha tenido siempre el reto de encontrar su propia voz, más allá de las élites sociopolíticas. Los cristianos que creemos en la bondad del evangelio debemos evitar caer en la trampa de la autocensura.
Joel Forster
Esta es la primera parte de una respuesta a los planteamientos de Luis Marián publicados en el Magacín[1][2] en cuanto a cuál debería ser el acercamiento de las iglesias evangélicas a las cuestiones relacionadas con la Ideología de Género. Marián ha colaborado con Protestante Digital desde hace muchos años y es alguien por quien tengo respeto intelectual y aprecio personal.
De acuerdo con Marián: La necesidad de un acercamiento sabio y compasivo
Marián acierta en apuntar que los evangélicos nos hemos equivocado a menudo en nuestro acercamiento a los movimientos feministas, y muy especialmente, a las personas que se identifican como LGBT. Hemos pecado cuando hemos hecho las mismas bromas homófobas que se oían en la calle o en televisión. Nos hemos equivocado de lleno cuando hemos dado por hecho que nadie en nuestras congregaciones luchaba con su identidad sexual. Hemos fallado cuando hemos respondido a estas personas con ideas simplistas como “Dios odia el pecado pero ama al pecador”, o “la homosexualidad es un pecado más, como el mentir o el robar”.
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