Categoría: Opiniones y Comentarios

Autoridad

Autoridad: Jesucristo, la Escritura, el Espíritu Santo

Jesucristo se presenta deliberadamente como el Maestro autoritativo: “Oísteis que fue dicho a los antiguos […]. Pero yo os digo”.

Martyn Lloyd-Jones

La autoridad de Jesucristo: el testimonio de los Evangelios

Permítaseme recordar brevemente el alegato que se presenta en el Nuevo Testamento en defensa de esta gran aseveración de la autoridad definitiva y suprema del Señor Jesucristo. Es interesante advertir cómo el Nuevo Testamento asevera ese hecho al comienzo de todas sus afirmaciones. Lo hace en el mismísimo comienzo de los Evangelios. Pensemos en Mateo 1:23. Esto sucederá —se nos dice— a fin de que se verifique la siguiente afirmación: “He aquí, una virgen concebirá y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Emanuel, que traducido es: Dios con nosotros”. Ahí lo tenemos, al comienzo, justo en la mismísima introducción del Evangelio.

De la misma forma, el ángel que se apareció a María y le anunció esto hace la siguiente afirmación extraordinaria con respecto a este ser “santo”, a este niño que habría de nacerle: “Y su reino no tendrá fin”, el Señor eterno y universal. Luego, recordemos que el ángel que habló a los pastores dijo: “Os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es Cristo el Señor”.
Ahora bien, esa clase de afirmación se hace al mismísimo comienzo. ¡Qué trágica es la frecuencia con que, debido a nuestra gran familiaridad con las Escrituras, pasamos por alto cosas como esta! Los Evangelios se escribieron con un propósito muy claro y deliberado en mente. No fueron unos simples testimonios escritos, una mera recopilación de hechos. No, no cabe la menor duda de que tenían la intención de presentar las cosas desde un punto de vista concreto. Todos ellos presentan al Señor Jesucristo como el Señor, como esta Autoridad última.

El mensaje de Juan el Bautista fue esencialmente el mismo. Ahí lo tenemos solo, tras haber predicado y bautizado al pueblo en el Jordán, cuando oye las murmuraciones de la multitud. Hablan entre ellos y dicen: “Sin duda, este ha de ser el Cristo. Nunca hemos oído una predicación como esta. Cuando vemos su rostro, ¿acaso no se percibe su autoridad? Este tiene que ser el Mesías que esperábamos”. Pero Juan se dirige a ellos burlándose y dice: “No soy el Cristo”. “Yo a la verdad os bautizo en agua; pero viene uno más poderoso que yo, de quien no soy digno de desatar la correa de su calzado; él os bautizará en Espíritu Santo y fuego. Su aventador está en su mano, y limpiará su era, y recogerá el trigo en su granero, y quemará la paja en fuego que nunca se apagará” (Lucas 3:16-17). ¡Observa la aseveración! “Yo no soy el Cristo, no soy quien posee la autoridad. Preparo el camino; soy el precursor, el heraldo. Él es la autoridad y está aún por venir”. Nuevamente, toda la idea gira en torno a aseverar la autoridad de Nuestro Señor. ¡Con cuánto cuidado estos Evangelios hacen esa afirmación una y otra vez!

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DisCAPACIDAD y Empatía en Dios

Dis-CAPACIDAD y empatía “en” DIOS

Cuando hablamos de las personas con discapacidad, nos encontramos con una deshumanización, justo cuando ésta se convierte en una razón para la exclusión y para la discriminación. El texto bíblico no puede ser un pretexto para la perpetuación de estructuras opresoras, sino una oportunidad para la liberación.

Juan Calvin Palomares

Mientras escribía estas palabras me sentía enormemente tentado a criticar las teologías que enfatizan luchas espirituales contra el mal, contra satanás, y particularmente contra la enfermedad. Sólo diré, al hilo de N. Wright [1], que los resultados de investigaciones en torno a movimientos neo-carismáticos son contradictorios con los discursos de quienes lideran dichas corrientes: los registros empíricos sobre supuestas sanaciones no corresponden con lo que se dice desde los púlpitos, ni con los espectáculos que se originan. Considerar a una persona con Síndrome de Down una manifestación de satanás, algo que algunos de estos grupos han promovido, merece un calificativo que me voy a ahorrar por convicción pacífica.
Personalmente, siendo parapléjico desde hace veinte años a causa de un accidente de tráfico, he sufrido el acoso de personas que han querido orar para que salga caminando de mi silla de ruedas. Algunas veces ha supuesto una humillación pública hacia mi persona, acusándome de mi falta de fe. Paradójicamente, doy gracias a Dios por no levantarme de dicha silla y fallar así a mi convicción pacífica.

Zanjaré este asunto con una sentencia de puro sentido común, y pasaré a otras cuestiones, a mi juicio, mucho más interesantes: quién se sienta llamado a sanar a enfermos debería saber que nunca es tarde para formarse en medicina, enfermería, en primeros auxilios, en psicología, y tantas disciplinas que pueden nutrir la sociedad, y también la Iglesia. Las personas con discapacidad no deberían pagar las frustraciones de las vocaciones pérdidas.

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Tu Sí a Dios Requiere Tu No a la Injusticia

Bonhoeffer: «Tu sí a Dios requiere tu no a toda injusticia, a todo mal, a todas las mentiras»

Jim Gordon

La vida y el pensamiento de Dietrich Bonhoeffer persiste como una voz esencial y crítica, incluso setenta y cinco años después de su muerte. Hay muchas razones para prestar atención a los escritos y discursos ocasionales de Bonhoeffer; pero en nuestro tiempo de política frenética, toma de poder lenta y a veces descarada, creciente apoyo al populismo de derecha y adulación acrítica del líder fuerte, es el llamado radicalmente inflexible y el costo del discipulado en seguir a Jesús lo que desafía a las comunidades cristianas a decidir dónde La lealtad miente. Este es el pastor Bonhoeffer, predicando un sermón de confirmación en 1938. La fecha es un contexto esencial, y las palabras son explosivas en sus reverberaciones políticas, teológicas y espirituales:

«Ahora solo tienes un maestro … Pero con este ‘sí’ a Dios pertenece tan claramente un ‘no’. Su ‘sí’ a Dios requiere su ‘no’ a toda injusticia, a todo mal, a todas las mentiras, a toda opresión y violación de los débiles y pobres, a toda impiedad y a toda la burla de lo que es santo. «a Dios requiere un» no «a todo lo que intente interferir con su servicio a Dios solo, incluso si ese es su trabajo, sus posesiones, su hogar o su honor en el mundo. Creer significa decisión».

Predicado a los jóvenes cristianos que enfrentan lo que ahora conocemos como la vida en uno de los regímenes más violentos, letales y despiadados de la historia europea. El uso de la palabra «maestro» también está cargado de contraste intencional, e implica una o una de las cuales no puede haber una tercera opción comprometedora. Un maestro ¿Quién es ser? Sí a Dios significa ‘no’ a todos los demás poderes que exigen lealtad final de mente, corazón, alma y cuerpo. Creencia significa decisión, no solo una sola decisión, después de lo cual es lo de siempre; pero una decisión de confirmación que significa que todas las demás decisiones toman su dirección de ese compromiso vivo y central con Jesucristo.

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La Regeneración en el Contexto Metodista

La Regeneración en el Contexto Metodista

Pbro. Bernabé Rendón Morales

La publicación de la presente reflexión aparece un tanto extemporánea por razones fortuitas. Un servidor está compartiendo estas ideas a raíz de la consulta que le hizo una maestra de Escuela Dominical de la IMMAR Agua de Vida, en la zona de Monterrey. Ella se refirió a la guía de estudio para el Evangelio según San Juan que se nos ha provisto a la IMMAR, por medio de su página web (www.iglesia-metodista.org.mx). Hubiera sido mejor elaborar este artículo antes de enero para ofrecer puntos de vista oportunos que pudieran ayudar a nuestros maestros en su ministerio de enseñanza sobre este Evangelio que nos será libro de estudio para el primer semestre de 2020, pero las cosas se dieron ya a camino andado. Nos referiremos solamente a la Introducción de la guía citada, con el ánimo de hacer algunas precisiones que esperamos provean pautas para la investigación propia de cada lector de El Evangelista Mexicano.

En la pág. 5 de la guía dice, “Regeneración es el acto de Dios en el alma que se hace de una vez para siempre, lo que Dios hace lo hace para siempre”. Esta idea no va de la mano con la doctrina arminiana del metodismo. Dado que creemos en la posibilidad de la apostasía, afirmamos que la regeneración o nuevo nacimiento podría perderse. Nuestros hermanos calvinistas señalan que la calidad de ser hijos, ya se trate de una filiación terrenal, o de la filiación divina, es imposible que desaparezca. Razonan que así como un mal hijo podría alejarse al máximo de su padre, pero no dejaría de ser su hijo, del mismo modo nadie puede dejar de ser hijo de Dios. Y citan Juan 3:3,5, que se refiere al nuevo nacimiento que nos hace hijos de Dios. Sin embargo, no se percatan de que ese símil no está permitido en Juan 3, puesto que en el v. 6 se aclara que “Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es”. No se puede echar mano de un nacimiento en la carne para ilustrar literalmente un nacimiento en el Espíritu. Un hijo natural goza de vida independiente de sus padres, la recibe de ellos y la disfruta como algo suyo; pero el hijo de Dios no tiene vida independiente, participa de la vida de Dios y debe permanecer en él para seguir recibiéndola.

Luego, en las págs. 6,7, dice, “los pasos por los cuales el creyente transita hasta alcanzar la plenitud de la salvación, Juan Wesley tenía bien definido éstos”, y en seguida enlista y explica la justificación, regeneración, adopción, redención, reconciliación y santificación inicial. Aquí tenemos dos problemas. El primero consiste en llamar “pasos” a los aspectos de la salvación que allí se enlistan, como si se tratara de un proceso que se va dando gradualmente. Y, por cierto, Juan Wesley jamás definió tales “pasos”. Los reformadores, cuando exponían su soteriología, no hablaban de pasos sino de un “ordo salutis” (orden de la salvación), que es muy distinto. La Iglesia Católica no había definido antes ningún “ordo salutis”, pero los reformadores lo hicieron para describir la apropiación subjetiva (personal) de los beneficios del sacrificio objetivo de Jesucristo. Propusieron que la justificación y la regeneración son instantáneas, que suceden al mismo tiempo, pero discutían en qué orden debían colocarse en el terreno de las ideas, ¿iba primero la justificación o la regeneración? Wesley, en esa misma línea, dijo textualmente que eran simultáneas, pero que la justificación precede a la regeneración.(1) En otro momento dijo que la santidad inicial también sucede a la vez que la justificación y la regeneración.(2) Si estos componentes de la salvación son coincidentes, entonces no podemos hablar de pasos. Y, por supuesto, la reconciliación no es tampoco un paso posterior, pues fue una obra objetiva consumada por Cristo desde su cruz (2 Corintios 5:19); aunque, subjetivamente, podría ser no otra cosa que la misma justificación. La redención tampoco es otro paso, sino una forma de referirse a la salvación. La visión wesleyana de la salvación perfila sólo dos etapas, la inicial (justificación, regeneración, santidad inicial) y la subsecuente (santidad progresiva). La glorificación puede ser vista, si lo deseamos, como la etapa final, pero no fue parte de las definiciones soteriológicas de Wesley.

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El Derecho a la Información

El derecho a la información

Por: ABALRA

Los trabajos de la Conferencia Anual [de México, 2018] concluyeron. Y con profunda tristeza y dolor, nos damos cuenta que el Obispo que estaba por salir se encontraba en el ojo del huracán, debido a que era el Presidente de la Junta de Directores de una institución ajena a nuestra iglesia y esta se encontraba sumida en dimes y diretes, de los cuales ha dado debida cuenta la prensa nacional, con asuntos de índole penal y laboral, debidamente ventilados en los correspondientes tribunales.

Uno de los graves problemas de la Iglesia Metodista de México, es que carecemos de una Dirección de Comunicación Social, y generalmente nos enteramos del acontecer de nuestra iglesia, por medio de “Radio Pasillo”, o de los rumores y díceres, de quienes presumen estar bien informados y nos llevan a una total desinformación. No entiendo cuál es el prurito para el ocultamiento de información que debe estar en poder de todas las iglesias y surge la pregunta ¿Tenemos derecho a estar informados? Por supuesto que sí. En muchas ocasiones, se calumnia a los pastores por la desinformación existente, pues no existe la versión oficial, sino la versión distorsionada, de quienes se escudan en el “a mí me dijeron”.

O de pronto resulta que al funcionario x o z, lo han desbancado, y nadie supo, nadie sabe; pues pareciera ser, que somos muy dados a tirar la piedra y esconder la mano y que nadie se entere de lo hecho. El estar bien informado es un derecho inalienable de todo ser humano. Me permito ofrecerle al compañero pastor, la siguiente información, que habrá de servirle como cultura general. En donde radica la trascendencia de eventos: en que tenemos el derecho a estar informados, acerca del estado general que guarda nuestra iglesia, en donde hemos avanzado y en donde hemos retrocedido.

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EDITORIAL

EDITORIAL
Modernidad líquida, fe cristiana sólida

Vivimos una era llamada “posmodernidad”. Más allá de lo moderno y, más aun, sobrepasando los conceptos clásicos de “modernidad” que se caracteriza por el consumismo extremo y la globalización, con una fluidez e indefinición constante que genera una angustia existencial, donde parece no haber sentido cuando se trata de construir nuevas cosas, ya que el tiempo y la propia modernidad impulsarán su desintegración. Lo que Zygmunt Bauman (2003) define como la “modernidad líquida”, una sociedad que vive en constante fluidez e indefinición de sus valores y perspectivas.

Así nos encontramos como raza humana navegando los mares de la incertidumbre, sin saber cómo estará la economía mañana, si estallará una crisis o no, si contaremos con trabajo, si formaremos una familia, si mantendremos la familia que tenemos bajo los modelos que consideramos buenos. Se perciben síntomas como las relaciones sociales actuales, los conflictos de identidad y el consumo excesivo trasladado a todos los ámbitos de la vida.

Es en esta época de valores “líquidos” en que se pondera más lo que sentimos y no lo que pensamos o creemos. Donde se desprecia el esfuerzo y el trabajo, y se aprecia el “éxito” y la “autorrealización”. Donde se busca explotar y manipular más la emoción y se explora menos la fe y la razón. Donde se busca acomodarse al deseo de la gente; la “gente”, así de general, sin nombre ni apellido. ¿Cuál es el gran riesgo? Convertir la verdad en un asunto de opiniones lleva inexorablemente a la pérdida de esperanza. Por eso, debemos regresar a nuestras doctrinas fundamentales emanadas de la Palabra de Dios. No siempre, el “interés popular” es coincidente con la verdad de Dios.

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Hospitales, No Clubes

Hospitales, no clubes campestres: las iglesias sin los quebrantados son iglesias “quebradas”

Jesús vino a servir y a salvar. La profecía se estaba cumpliendo cuando mostró bondad a los quebrantados, quienes tenían una necesidad.

Ed Stetzer

Es natural que los cristianos quieran estar cerca de otros cristianos. Algo especial sucede en la comunión de los creyentes, pero demasiado de algo bueno puede conducir a iglesias “quebradas”.

Podemos adorar libremente, estudiar profundamente y comunicarnos con claridad. Pasar el rato con personas de ideas afines que (parecen) «tener sus cosas juntas» puede ser algo maravilloso. Pero, ¿qué tan bien estamos involucrando a aquellos que no son tan espiritualmente estables como nosotros (creemos que somos)?

Me ha fascinado el hecho de que a muchos cristianos no parecen gustarles los no cristianos, también conocidos como «los perdidos», «los no creyentes» o cualquier otro término que quieran usar. Quieren mantenerse alejados de las personas desordenadas, quizás omitiendo lo obvio, que nosotros también somos desordenados.

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Fundamentalismo: algunas Causas Psicosociales

Fundamentalismo: algunas de sus causas psicosociales

En el ámbito cristiano, las interpretaciones literales de la Biblia proporcionan “respuestas seguras” al fundamentalista frente al método histórico crítico; frente al análisis de los registros del lenguaje que permite distinguir el símbolo o el mito de la historia objetiva o ante la aceptación de la distinción entre ciencia y fe.

Jaume Triginé

Introducción
La creciente oleada de intolerancia que nos invade, sea de naturaleza religiosa o laica, ¿puede explicarse tan sólo desde una perspectiva dogmática o ideológica?, el fundamentalismo, de matriz protestante, vinculado a una interpretación literal de la Biblia, ¿sólo se justifica con argumentos doctrinales?

En la medida que vamos conociendo el fenómeno y percibiendo sus formas intransigentes y excluyentes, frente a todo cuanto no coincide con sus presupuestos, identificamos que en su génesis abundan importantes factores causales de naturaleza psicosocial.

Factores sociales
Algunas de las características de la sociedad contemporánea como el neoliberalismo que sitúa a muchas personas en los márgenes del sistema; la competitividad propia de una economía de mercado que provoca una “selección natural” a la hora de hallar un lugar en la estructura jerárquica de la sociedad; el individualismo que nos aísla de los demás… se hallan en la base de la aparición de personas y grupos radicalizados al sentirse excluidos de la dinámica convencional de la sociedad.

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El Rico y Lázaro

“El rico y Lázaro”, una parábola revisitada

Rubén Bernal

Nuestra forma de leer la Biblia viene condicionada por nuestra cultura y nuestro estilo de vida, lo que impide que nos demos cuenta de muchas cuestiones que tratan del reinado de Dios y la atención a los pobres. Soares Prabhu ha llegado a decir que: “La exégesis occidental, que forma parte de la inmensa producción ideológica de una sociedad opulenta e intensamente consumista basada en principios diametralmente opuestos a los de Jesús, […] Ha intentado sistemáticamente espiritualizar la comprensión evangélica de pobre…”.[1] Para ilustrar esta idea, quisiera rescatar una brevísima reflexión que me publicaron en la web de Los sermones de Gotinga y que trata sobre la parábola del rico y Lázaro.[2]

La parábola del rico y Lázaro no está diseñada para defender la existencia del infierno como un lugar físico. Quienes centran aquí su atención en hacer una apología del infierno, solo desfigurarán el contenido del mensaje. En teología se utiliza un dicho que nos llama precisamente a esta cautela: theologia parabolica non est argumentativa. Aquí simplemente tenemos a Jesús utilizando una retórica y un imaginario bien conocido en el judaísmo tardío que le tocó vivir y, desde ahí, va a configurar una narración que apunta al verdadero corazón de su enseñanza.[3] Como recurso pedagógico, las parábolas de Jesús siempre toman elementos conocidos y propios de su entorno, en este caso el recurso que hace distinción entre “el seno de Abraham” y el “Abismo-Hades”.

¿Entonces qué nos quiere enseñar Jesús con esta parábola? Primero nos presenta el desequilibrio que impera en el mundo, donde hay personas muy ricas y otras que son muy pobres. El evangelio de Lucas hace muchísimo hincapié en el asunto de la pobreza y la riqueza.[4] El reino de Dios, de justicia, paz y gozo (Ro 14,17) no aprueba la injusticia del desequilibrio. El rico de la parábola que vivía con ostentación (v.19) tenía la realidad misma de la pobreza muy cerca, justamente en la puerta de su casa (v.20).

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