Categoría: Reflexiones

Familia, Pieza Clave para la Paz

Familia, pieza clave para la paz

Fernando Pascual, L.C.

Trabajar por la paz involucra a toda la sociedad y, de una manera muy concreta y cercana, a cada familia.

Basta con recordar que la familia es el lugar donde cada niño aprende, poco a poco, modos de pensar y de comportarse a partir de lo que ve y escucha de sus padres. Si éstos actúan y hablan desde presupuestos de odio, rencores y violencia, es fácil intuir que los hijos recibirán un influjo negativo en sus hogares. Si, por el contrario, los padres viven y transmiten valores de respeto, acogida, perdón y justicia, los hijos cuentan con un ejemplo maravilloso para introducirse en la sociedad desde actitudes pacíficas.

Por lo mismo, la familia es una pieza clave para la paz, a todos los niveles: en el barrio, en el pueblo o ciudad, en el Estado, en el mundo entero.

Entonces, ¿cómo puede la familia ser una promotora de paz? La familia ayuda a experimentar “algunos elementos esenciales de la paz: la justicia y el amor entre hermanos y hermanas, la función de la autoridad manifestada por los padres, el servicio afectuoso a los miembros más débiles, porque son pequeños, ancianos o están enfermos, la ayuda mutua en las necesidades de la vida, la disponibilidad para acoger al otro y, si fuera necesario, para perdonarlo”.

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La Libertad Cristiana

La libertad cristiana: fundamento de la reforma de la Iglesia

Leopoldo Cervantes-Ortiz

“Porque el Señor es el Espíritu; y donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad” ( 2 Corintios3:17).

Enseñanzas bíblicas y herencia protestante

La cita bíblica que preside este texto, tantas veces cantada con singular entusiasmo por la gente protestante o evangélica, siempre ha evidenciado esa característica fundamental de la fe en Jesús de Nazaret. Solamente que esa libertad tantas veces anunciada por el apóstol San Pablo debe encontrar cauces para su práctica y promoción auténticas. El testimonio de la salvación realizada por el Dios de la libertad el éxodo de los hebreos en Egipto y en otros pueblos, como bien lo destaca el profeta Amós (“Ustedes, israelitas, son para mí/ como si fueran oriundos de Cus/ —oráculo del Señor—/ si yo saqué a Israel de Egipto,/ también saqué a los filisteos de Creta/ y a los arameos de la tierra de Quir”, 9.7, La Palabra. Hispanoamérica) atraviesa las Sagradas Escrituras de principio a fin. Ella se realizó y se sigue realizando en los términos de liberación de cualquier forma de opresión que atente contra la voluntad de Dios, pues como dice Jürgen Moltmann: “Sólo un mundo libre corresponde efectivamente al Dios de la Libertad. Mientras el Reino de la Libertad no sea un hecho, Dios no se permite descanso en el mundo…”. [1]

Jesucristo vino al mundo como parte de la lucha del Dios bíblico contra la opresión y el dominio de unos seres humanos sobre otros, por lo que su llamada a la conversión es una puerta abierta al reino de la libertad otorgada por gracia, ciertamente, pero que por lo mismo es resistida por las fuerzas del mal y la injusticia. Porque si hay algo que define al cristianismo, por sobre todas las cosas, es que se trata de “una religión de libertad”, como bien resumió Moltmann en una época muy temprana (1967), en la que el lenguaje liberador aún no se utilizaba suficientemente en las iglesias. Hoy, cuando la palabra y el concepto de “liberación” se ha ido por otros rumbos dominados por el deseo de respuestas rápidas y “prácticas”, debe recuperarse la fuerza original con que aparece ligada a las acciones salvadoras de Dios, quien en la Biblia continuamente advierte de los peligros de esperar una salvación desligada de los problemas de todos los días, cuando la fe de las personas se enfrenta a las necesidades alimenticias, laborales, afectivas y un enorme etcétera.

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La Evangelización y sus Tentaciones

La evangelización y sus tentaciones

Un Evangelio que se despreocupa del destino de los sufrientes, es una evangelización que está cayendo en la tentación.

Juan Simarro

Es verdad que, en la evangelización, también podemos ser tentados. Sí. La Evangelización tiene sus tentaciones, que no vienen precisamente de Dios, para que nuestro esfuerzo evangelizador no se adapte a los parámetros bíblicos y, así, no alcance su fruto.

Una de las tentaciones es la de evangelizar desde los integrados del sistema mundo y, desde allí, lanzar mensajes evangelísticos a toda la humanidad. En Jesús fue al revés. Se posicionó al lado de los sencillos, marginados y sufrientes, y, desde allí, lanzó sus mensajes evangelísticos a todo mundo.

Quizás, una de las mayores tentaciones es no unir nuestra evangelización a la dinámica de los valores del Reino que exaltan a los humildes y a los últimos. Así, lanzamos nuestro mensaje evangelístico sin los compromisos ni preocupaciones ante la injusticia, la opresión y el sufrimiento del mundo en general. Si caemos en esta tentación, hacemos una evangelización no arraigada en nuestra historia, de dimensión vertical que mira más, o casi únicamente, al cielo, olvidando los focos de conflicto que se dan en el suelo y en donde sufre nuestro prójimo.

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El Precio de un Milagro

El precio de un milagro 

Pbro. Fernando Fuentes Amador

¿Cuánto necesito para obtener un milagro? Vivimos inmersos en un mundo donde todo cuesta, por todo se paga, todo tiene un valor estimado, y no se da nada gratis, todo tiene un precio. Desafortunadamente en la Iglesia, que es el universo al que pertenecemos y nos referimos, también se ofrecen milagros al mejor postor. ¿Pero esto es correcto?

El evangelio de Marcos nos narra de manera simple y sencilla el valor inmenso de las personas que evidenciaron creer en Cristo. Esa pequeña palabra que llamamos FE, pero que hace que sucedan las cosas más grandes e increíbles que podamos concebir. 

¿Cuál es la fe correcta? ¿Cuánta fe necesito para tener un milagro? La moneda de cambio para mover el corazón de Dios es LA FE; ésta es, por definición escrituraria, la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve; el precio que debemos pagar es creer porque “al que cree todo le es posible”; y debemos hacerlo en Dios, pues “para él nada hay imposible”. Ningún esfuerzo personal, ninguna obra, ninguna cantidad de dinero moverán el cielo a tu favor.

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La Coraza de Justicia

La coraza de justicia

Dr. Ernesto Contreras Pulido

La Biblia dice: Por lo demás, hermanos míos, fortalézcanse en el  Señor y en el poder de su fuerza. Revístanse de toda la armadura de Dios, para que puedan estar firmes contra las asechanzas del diablo, que solo vino para hurtar matar y destruir. Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes. Por tanto, tomen toda la armadura de Dios, para que puedan resistir en el día malo, y habiendo  acabado todo, estar firmes. Estén pues,  firmes, ceñidos sus lomos con la verdad, y revestidos con la coraza de justicia y el escudo de la fe, con que puedas apagar todos los dardos de fuego del maligno (Ef. 6:10-16; Jn. 10:10).

Es bien conocido que desde el tiempo de los romanos, la coraza, al principio de cuero, y luego incluyendo placas de metal, y actualmente a base de Kevlar, en los chalecos antibalas, le han salvado la vida a innumerable cantidad de soldados y policías, que en forma preventiva, disciplinada y prudente, todos los días, antes de iniciar sus labores, se aseguran de ponérselo, aunque el 99.9% de las ocasiones, no participen en tiroteos.

En el cristiano, la recomendación bíblica de usar 24 horas al día la coraza de justicia, que es Jesucristo, es una medida preventiva y defensiva, que nos asegura la protección divina en contra de los dardos de fuego del maligno, que nos son enviados, desde que amanece hasta que vuelve a amanecer, y desde el momento mismo en que decidimos enrolarnos en el ejército de Jesucristo, como hijos, siervos, ministros y soldados útiles de Dios, a los que el enemigo considera la peor amenaza para las huestes de satán y su reino de tinieblas.

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A los 500 Años de la Reforma

2. A los 500 años de la ReformaA los 500 años de la Reforma

Manuel Osorio

En una época de oscuridad emergió Lutero, cual profeta de Dios, con un mensaje que golpeaba a la conciencia de quienes sostenían un sistema religioso, político y social, plagado de corrupción, de abusos de poder, ambiciones materiales, explotación y toda clase de injusticias. Lo peor, era un sistema que negaba la eficacia de la fe, el camino de la gracia y la autoridad de las Escrituras. Y aunque es probable que muchos lo sabían, nadie se atrevía a denunciarlo.

Al igual que en el Antiguo Testamento, cuyo mensaje del profeta estaba dirigido especialmente al pueblo de Dios, así sucedió en la Reforma y así sucede actualmente. Pero como le sucede al pez en el agua, nos sucede a nosotros, no somos capaces de notar que estamos sumergidos en ella, hasta que alguien nos saca de nuestro lugar. Y esa fue, y es, la labor de los profetas. Sacarnos a la superficie de la santidad, para que nos demos cuenta, que ya no somos capaces de respirar, si no estamos sumergidos en la corrupción.

Como sucedía antes, sucede ahora, no somos capaces de ver el deterioro moral y espiritual de nuestra propia estructura religiosa. Y si lo vemos, lo obviamos, lo justificamos, lo suavizamos o hacemos cualquier cosa, menos enfrentarlo para corregirlo. Porque es probable que la corrección tenga implicaciones, como la pérdida del poder y de los privilegios por los que hemos luchado toda nuestra vida.

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Fundamentalismo, Inerrancia y Teología de las emociones

3. Fundamentalismo Inerrancia y Teología de las emocionesFundamentalismo, Inerrancia y Teología de las emociones

Máximo García Ruíz

Primero fue la lectura literal de la Biblia que derivó en la doctrina de la inerrancia bíblica para desembocar en la teología de las emociones, pasando por la teología de la prosperidad, por no mencionar otro tipo de reflexiones teológicas o pseudoteológicas que se han ído produciendo a lo largo de los veinte siglos transcurridos desde que Jesús de Nazaret recorría los pueblos y aldeas de Palestina.

Una de las primeras reglas de la hermenéutica es no hacerle decir a un texto lo que el propio texto no dice. Y esto tiene una relevancia de primer orden en lo que a la Biblia se refiere. Por otra parte, es necesario entender que el conjunto de libros que integran la Biblia, tanto el Antiguo Testamento como el Nuevo Testamento, ni son libros de historia, aunque incluyan relatos históricos; ni son libros de ciencia, aunque hagan referencia a determinados fenómenos o acontecimientos que han de ser interpretados por la ciencia; ni son tratados de filosofía, aunque encierren en sus páginas reflexiones que pudieran alcanzar una dimensión filosófica de gran nivel como ocurre con el libro de Proverbios, por poner un solo ejemplo. Los libros que integran la Biblia son libros de religión y su finalidad se centra en ofrecer enseñanzas que tienen que ver con la relación del hombre con Dios; desde la perspectiva judía unos, o a partir de la experiencia cristiana, otros.

El afán por defender las Escrituras condujo a los reformadores protestantes a proteger la Biblia frente a las corrientes liberales, especialmente en el siglo de las luces, desarrollando posturas fundamentalistas con respecto a su contenido y defensa de la lectura literal. Esta corriente se convirtió en un movimiento fuertemente asentado en el siglo XX [1]. En el ámbito protestante, el fundamentalismo está íntimamente relacionado con The Fundamentals, los folletos que aparecieron aprincipios del siglo XX en los Estados Unidos y que hacen referencia a las doctrinas irreductibles de la fe, que darían lugar a la aparición de la World’s Christian Fundamentals Association(1919). Los seguidores de esta corriente teológica propugnan una teología individualista del éxito, identificada con un evangelicalismo conservador. El cristiano es alguien a quien el Señor concede éxito, salud, dinero, poder… Uno de los más conspicuos representantes de esta corriente ha sido el telepredicador Jerry Falwell (cf. “mayoría moral”, 1979). Los fundamentalistas no dan paso a la duda ni a la tolerancia. La verdad no hace ningún tipo de concesiones; llegado el caso, hay que defenderla de todo tipo de agresiones, sin escatimar esfuerzos ni medios (las confrontaciones bélicas más importantes son siempre provocados por mentes fundamentalistas).

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