La Coraza de Justicia

La coraza de justicia

Dr. Ernesto Contreras Pulido

La Biblia dice: Por lo demás, hermanos míos, fortalézcanse en el  Señor y en el poder de su fuerza. Revístanse de toda la armadura de Dios, para que puedan estar firmes contra las asechanzas del diablo, que solo vino para hurtar matar y destruir. Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes. Por tanto, tomen toda la armadura de Dios, para que puedan resistir en el día malo, y habiendo  acabado todo, estar firmes. Estén pues,  firmes, ceñidos sus lomos con la verdad, y revestidos con la coraza de justicia y el escudo de la fe, con que puedas apagar todos los dardos de fuego del maligno (Ef. 6:10-16; Jn. 10:10).

Es bien conocido que desde el tiempo de los romanos, la coraza, al principio de cuero, y luego incluyendo placas de metal, y actualmente a base de Kevlar, en los chalecos antibalas, le han salvado la vida a innumerable cantidad de soldados y policías, que en forma preventiva, disciplinada y prudente, todos los días, antes de iniciar sus labores, se aseguran de ponérselo, aunque el 99.9% de las ocasiones, no participen en tiroteos.

En el cristiano, la recomendación bíblica de usar 24 horas al día la coraza de justicia, que es Jesucristo, es una medida preventiva y defensiva, que nos asegura la protección divina en contra de los dardos de fuego del maligno, que nos son enviados, desde que amanece hasta que vuelve a amanecer, y desde el momento mismo en que decidimos enrolarnos en el ejército de Jesucristo, como hijos, siervos, ministros y soldados útiles de Dios, a los que el enemigo considera la peor amenaza para las huestes de satán y su reino de tinieblas.

Así, Dios no nos da esta coraza de justicia para que vivamos paranoicos y en temor constante de que en cualquier momento, las asechanzas y ataques del maligno van a lograr su propósito que es hurtar, matar y  destruir  nuestra integridad, felicidad y vida, sino para que vivamos confiados, felices y protegidos, seguros de que Dios cumplirá su fiel promesa que dice: No les ha sobrevenido ninguna tentación o prueba que no sea humana; pero fiel es Dios, que no nos dejará ser tentados o probados más de lo que podemos resistir, sino que dará también juntamente con la tentación y  prueba, la salida, para que podamos soportar (1ª Co 10:13).

¡Gloria a Dios! Porque la Biblia asegura que el que había al abrigo del Altísimo, morará bajo la sombra del  Omnipotente; y que mientras usemos la coraza de justicia, el pecado no se enseñoreará de nosotros porque estamos bajo la gracia (Sa 91:1; Ro 6:14). Solo así podremos vivir confiados. ¡Bendito sea Dios! que nos provee de todo lo necesario para peregrinar en victoria, contra las huestes del mal, por este mundo gobernado por el usurpador príncipe de este mundo, satanás.

¡Alabado sea Dios! Porque nuestra coraza de justicia es mucho mejor y más efectiva que el chaleco antibalas, pues no solo nos defiende de los dardos de fuego del maligno que nos llegan desde fuera, sino de los ataques que vienen desde dentro, desde nuestra naturaleza carnal y mortal, y nos atacan constantemente. Además, nos protege de daños no solo temporales y terrenales, sino de los daños que trascienden a nuestra existencia después de la muerte.

Como un ejemplo de lo que la coraza de justicia (Jesucristo) hace para el pecador, el profeta Zacarías escribió: Y me mostró Dios al sumo sacerdote Josué, el cual estaba delante del Ángel de Jehová (Jesucristo), y satanás estaba a su mano derecha para acusarle. Y dijo Jehová a satanás: Jehová te reprenda, oh satanás. Y Josué estaba vestido de vestiduras viles, y estaba delante del Ángel. Y habló el Ángel, y mandó a los que estaban delante de él, diciendo: Quítenle esas vestiduras viles. Y a él le dijo: Mira que he quitado de ti tu pecado, y te he hecho vestir de ropas de gala (la coraza de justicia). Además, dice la Escritura que todos los hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús, que  han sido bautizados en Cristo, de Cristo están revestidos (Zac. 3:1-4; Ga. 3:26-27).

Al respecto, la Biblia dice: Creyó Abraham a Dios, y le fue contado por justicia. Así, a todo aquel que cree en Aquel que justifica al impío (Jesucristo), su fe le es contada por justicia. Como también David habla de la bienaventuranza del hombre a quien Dios atribuye justicia sin obras, diciendo: Bienaventurados aquellos cuyas iniquidades son perdonadas, y cuyos pecados son cubiertos (por la coraza de justicia y la santidad de Jesucristo). Bienaventurado el varón a quien el  Señor no inculpa de pecado (Ro. 4:3-8).

Es sumamente importante que entendamos que la coraza de justicia es algo de vida o muerte para el cristiano, hijo y siervo de Dios, porque aun siendo ya salvos, mientras peregrinamos en esa Tierra, somos vulnerables, al ser el blanco predilecto del diablo y sus huestes de demonios y millares de humanos que están a su servicio.

La recomendación divina dice: Estas cosas les acontecieron a los antiguos, como ejemplo, y están escritas para amonestarnos a nosotros, a quienes han alcanzado los fines de los siglos. Así que, el que piensa estar firme, mire que no caiga. Vivir como muchos adolescentes, creyéndonos invulnerables, nos hace aún más vulnerables que si como siervos maduros, velamos, no ignorando las maquinaciones del diablo.

 La Biblia dice: Hermanos, si alguno fuere sorprendido en alguna falta, ustedes que son espirituales, restáurenle con espíritu de mansedumbre, considerándote a ti mismo, no sea que tú también seas tentado. Sobrelleven los unos las cargas  de los otros, y cumplan así la ley de Cristo. Porque el que se cree ser algo, no siendo nada, a sí mismo se engaña (Ga 6:1- 3).

Si alguien cree que ya superó la etapa en que puede caer en tentación, en cualquier área de la  vida,  ya cayó en el  engaño del diablo. ¿Usted ya tiene bien identificada cuál es el área más vulnerable de su vida? Dios quiera que así sea.

La Biblia nos dice que hay cuando menos tres áreas especialmente vulnerables en nuestra vida: 1. El orgullo. La Biblia dice: Cuando viene la soberbia, viene también la deshonra; mas con los humildes está la  sabiduría. Ciertamente la  soberbia concebirá contienda; mas con los avisados está la sabiduría. Antes del quebrantamiento es la soberbia, y antes de  la caída la altivez de espíritu. Mejor es humillar el espíritu con los humildes, que repartir despojos con los soberbios (Pr. 11:2; 13:10; 16:18). Por eso, el apóstol recomienda: Igualmente, sean sumisos unos con otros, revístanse de humildad; porque: Dios resiste a los soberbios, Y da gracia a los humildes. Sométanse pues, a Dios; resistan al diablo, y huirá de ustedes. Acérquense a Dios, y Él se acercará a ustedes. Pecadores, limpien las manos; y ustedes los de doble ánimo, purifiquen sus corazones. Humíllense delante del Señor, y Él los exaltará (1 Pe. 5:5; Stg. 4:6-10).

Dijo el sabio Salomón por inspiración del Espíritu Santo: Hijo mío, está atento a mis palabras; inclina tu oído a mis razones. No se aparten de tus ojos; guárdalas en medio de tu corazón; porque son vida a los que las hallan, y medicina a todo su cuerpo. Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; porque de él mana la vida. Aparta de ti la perversidad de la boca, y aleja de ti la iniquidad de los labios. Tus ojos miren lo recto, y diríjanse tus párpados hacia lo que tienes delante. Examina la senda de tus pies, y todos tus caminos sean rectos (Pr 4:20-26).

2- La segunda área sumamente vulnerable de nuestra vida es la tendencia a caer en el desánimo y desesperanza. El  sabio Salomón también escribió, al ver lo que le rodeaba: Asimismo aborrecí todo mi trabajo que había hecho debajo del sol, el cual tendré que dejar a otro que vendrá después de mí. Y ¿quién sabe si será sabio o necio el que se enseñoreará de todo mi trabajo en que yo me afané y en que ocupé debajo del sol mi sabiduría? Esto también es vanidad. Volvió, por  tanto, a desesperanzarse mi corazón acerca de todo el trabajo en que me afané, y en que había ocupado debajo del sol mi sabiduría (Ec 2:18- 20).

Por circunstancias reales como ésta y miles más, somos constante y poderosamente tentados a abandonar la  lucha diaria por la vida, la salud, la felicidad, y el éxito, y a darnos por vencidos, sobre todo cuando llegamos a convencernos de que no hay remedio, salida, ni futuro feliz para la circunstancia, la desgracia, y el fracaso en que hemos caído y actualmente estamos. Pero esta es otra de las mentiras del diablo, que cuando imprudentemente le hacemos caso, son devastadoras, al grado de que muchos, por eso, no encuentran otra solución que el suicidio.

La Biblia está llena de ejemplos en que Dios, milagrosamente, resolvió y transformó una circunstancia catalogada por los expertos, como sin remedio, en una nueva y maravillosa oportunidad de servicio, bendición, y legítima satisfacción, para el que prudentemente, por encima del miasma de la condición humana, y lo descorazonador de las circunstancias que nos rodean, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, deciden prudente y sabiamente, con una fe inquebrantable en Dios, despojarse de todo peso y del pecado que nos asedia, y correr con paciencia la carrera  que tenemos por delante, puestos los ojos no en las circunstancias, sino en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de Él, sufrió la cruz, menospreciando el oprobio (las burlas), y se sentó a la diestra del trono de Dios.

Al que está tentado a caer en el desánimo y la desesperación, la Biblia le dice: Considera a Aquel que sufrió tal contradicción de pecadores contra sí mismo, para que tu ánimo no se canse hasta desmayar. Porque aún no has resistido hasta la sangre, combatiendo contra el pecado (He. 12:1-4).

Como ejemplos de los que salieron victoriosos frente a las artimañas y ataques aparentemente devastadores e irremediables del diablo, están la mujer que sufría flujo de sangre por 12 años, y a la que los médicos consideraban desahuciada, pero que Jesús sano milagrosamente; y la mujer sorprendida en adulterio y que estaba a punto de ser apedreada hasta la muerte, como justo castigo por su pecado; pero que Jesucristo le dio una nueva oportunidad diciéndole: “Ni yo te condeno. Vete y no peques más” (Lc. 8:43-44; Jn. 8:3-11).

Otro ejemplo es la vida de José, hijo de Jacob o Israel, que habiendo sufrido múltiples calamidades, esclavitud y cárcel, un día pudo decirles a sus hermanos: Yo soy José su hermano, el que vendieron para Egipto. Ahora, pues, no  se entristezcan ni les pese haberme vendido acá; porque para preservación de vida me envió Dios delante de ustedes (Gn. 45:4-5).

Por último mencionaré el ejemplo de Pedro, que después de haber negado tres veces a su maestro, antes de que el gallo cantara dos veces, lloró amargamente por su fracaso, considerando que  su traición no merecía perdón ni misericordia;  pero Jesús, lejos de condenarlo por ello, le dio la oportunidad de confesarlo tres veces, y le dio una nueva oportunidad  para ser bendición a sus condiscípulos (Mt. 26:33-35 y 69-75; Jn. 21:15-17).

Todo esto demuestra que aun en las peores circunstancias, cuando usted, como todos los demás, llora amargamente por lo desesperada de su situación, lo profundo y grave de las heridas emocionales sufridas, o lo irremediable de su enfermedad, es bueno que sabiamente, reconozca que Dios es Soberano y está en control de nuestras circunstancias, por lo que vale la pena, confiar en Él como nuestra coraza de justicia, y nuestra única solución y remedio temporal y sempiterno, para nuestros males.

3. La tercera área sumamente vulnerable de nuestra vida es la tentación de desear lo que no conviene. La Biblia dice: No amen al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él. Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo. Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que  hace la voluntad de Dios permanece para siempre (1 Jn. 2:15-17).

Así también ustedes, considérense muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús, Señor nuestro. No reine, pues, el pecado en su cuerpo mortal, de modo que lo obedezcan en sus concupiscencias; ni tampoco presenten sus miembros al pecado como instrumentos de iniquidad, sino preséntense ustedes mismos a Dios como ofrenda viva, y sus miembros a Dios, como instrumentos de justicia (Ro. 6:11-13 y 12:1).

Los deseos lícitos, son una bendición y nos ayudan a crecer integralmente (en espíritu, alma y cuerpo), y a ser cada día, mejores hijos y siervos de Dios; pero los deseos mundanos, nos pueden traer espantosas y a veces irremediables consecuencias terrenales, como enfermedades mortales: El cáncer pulmonar de los fumadores, o el SIDA en los que practican relaciones sexuales de alto riesgo (por la boca y por el ano).

Concluimos: Si proteger físicamente el corazón es de vital importancia, descuidar el corazón espiritual, o sea el centro de las emociones y el espíritu, puede llevarnos a la muerte eterna y la condenación. Hemos de recordar que la condición  del corazón y el espíritu, determina toda nuestra conducta, por lo tanto, sobre toda cosa guardada, hay que guardar y proteger nuestro corazón, con la coraza de justicia (Jesucristo), porque de él maná la vida. Amén.

REFERENCIA

Contreras-Pulido, Ernesto. (2018). La coraza de justicia. Noviembre 13, 2018, de Dr. Ernesto Contreras Pulido Sitio web: http://docs.wixstatic.com/ugd/0317a1_08917478a3f9448f88351e0ea2ce2c10.pdf