
La laicidad en México ante el nuevo escenario político
Leopoldo Cervantes-Ortiz
Foro Ciudadano Iglesias y religiones a favor de los derechos humanos y el Estado laico, Auditorio Benito Juárez, Congreso de la Ciudad de México, 26 de octubre, 2018.
Mientras que la gente, la sociedad se consideraba sin derechos humanos, no admitía los derechos de los demás. Sólo la apropiación de ese significante, de esa realidad simbólica, conceptual, jurídica, la de derechos humanos, le dio al Estado laico la posibilidad real de existir como una atmósfera cotidiana de la sociedad, no simplemente como el conjunto de leyes que ahí están y que sirven extraordinariamente en el proceso educativo, sino en el proceso de la vida cotidiana.[1]
Carlos Monsiváis
Lo acepten o no los sectores sociales más retardatarios, la práctica formal y legal de la laicidad es un proceso irreversible en México. Y se menciona esto así debido a que, incluso algunas formaciones políticas (sin exceptuar al partido que ganó las elecciones presidenciales el 1 de julio pasado), siguen utilizando elementos religiosos o haciendo alusiones a ese tema en sus plataformas o campañas. También fue el caso del abanderado priísta en las mismas elecciones, quien ofreció todo un panorama litúrgico y familiar acercade las fiestas de fin de año. Sin negar la omnipresencia de los elementoscristianos, así como su relevancia para millones de ciudadanos/as, el Estado mexicano y los regímenes que lo encarnen tienen delante de sí un enorme desafío: cumplir y hacer cumplir las leyes que han establecido la laicidad como norma basada en la igualdad plena de todas las creencias religiosas (o de la increencia misma) y en la libertad para practicarlas, pero sin poner en entredicho la neutralidad total de quienes representan los estamentos públicos en las áreas correspondientes. Ese tipo de veleidades coyunturales únicamente se explica por la ansiedad de los candidatos por obtener el voto de los creyentes como una especie de conversión intempestiva a una afición religiosa que, bien vista, no tiene suficiente atractivo para ellos en tiempos“normales”. La impostura de los políticos abiertamente religiosos, como HugoÉric Flores, presidente del PES, llegó hasta el extremo de anunciar, con bombo y platillo que, con su ingreso a la Cámara de Diputados, “Dios regresó a la esfera política mexicana”. No cabe duda de que el “síndrome Prigione” sigue aún muy vivo entre nosotros.
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