
Amaos los unos a los otros
Ernesto Contreras Pulido
drernestocontreras@hotmail.com
En muchas empresas, por razones de seguridad, los empleados deben portar un gafete que los identifica como compañeros de trabajo. No hace mucho, mientras oraba por una persona que con mucho temor entraba al quirófano para que se le practicara una operación que tenía el riesgo de dejarla paralítica, me enteré que un compañero de trabajo era cristiano porque se puso a orar en voz queda junto conmigo. ¿Qué no sería bueno que los cristianos usáramos un gafete de identificación?
En los primeros tiempos de la iglesia, identificarse públicamente como cristiano implicaba el riesgo de ser encarcelado, torturado y hasta crucificado, decapitado o devorado por las fieras del circo romano. En nuestros tiempos, en el mundo musulmán, también es riesgoso que los demás sepan que uno es cristiano y, en varios países, como por más de 50 años lo fue en la desaparecida URSS comunista, declararse públicamente como cristiano, puede significar ir a la cárcel, sufrir tortura y pérdida de todas las posesiones y derechos humanos.
En algunas ciudades del centro y sur de México, las consecuencias de confesarse cristiano evangélico quizás no lleguen al martirio, pero no es raro que supongan persecución por parte de fanáticos que consideran al cristiano evangélico como un hereje digno de repudio, persecución, condenación, y castigo. Sin embargo, miles de valientes hijos de Dios han estado siempre, en todas las circunstancias y en todo lugar, dispuestos a honrar y obedecer a Jesús, que dijo: A cualquiera que me confiese delante de los demás, yo también le confesaré delante de mi Padre que está en los cielos (Mt. 10:33).









