La Salud como Factor para Tener Paz

La Salud como Factor para Tener Paz

Dr. Ernesto Contreras Pulido
drernestocontreras@hotmail.com

La Biblia dice: “Amado, yo deseo que tú seas prosperado en todas las cosas y que tengas salud, así como prospera tu alma.” Y Jesucristo agrega: “El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; a pregonar libertad a los cautivos y vista a los ciegos; a poner en libertad a los oprimidos; a predicar el año agradable del Señor (3 Jn. 2; Lc. 4:18-20).

¡Qué bueno que el deseo del Creador y Sustentador de nuestra vida es que tengamos salud! Pues vaya que la necesitamos para vivir en paz y cumplir las tareas que desde que amanece hasta que vuelve a amanecer tenemos que cumplir, si es que queremos tener una vida abundante, feliz, llena de satisfacciones legítimas, de bendición para los que nos rodean y para la sociedad en general.

La enfermedad física, mental o espiritual, es uno de los factores que más poderosamente nos quitan la paz y la capacidad de cumplir el propósito para el cual estamos en esta Tierra, tan llena de tribulaciones, riesgos y amenazas reales. La felicidad verdadera sólo se alcanza cuando podemos superar los obstáculos, llegamos a estar enteramente preparados para tener una vida útil y productiva, y logramos usar al máximo nuestros muchos o pocos recursos incluyendo, primordialmente, el grado de salud que tenemos.

La vida no es ‘color de rosa’ sino más bien una lucha diaria, a muerte, por sobrevivir y alcanzar la meta de ser felices en medio de la realidad que nos rodea. Esto no es fácil y requiere de todos los recursos disponibles en el lugar geográfico y momento histórico que nos toco nacer, crecer, desarrollarnos y funcionar; por lo que es de prudentes el aprovechar, al máximo, lo que tenemos a nuestro alcance.

Desde que amanece hasta que vuelve a amanecer, somos atacados por las radiaciones dañinas del sol; por sustancias químicas tóxicas presentes en muchos alimentos enlatados; o por billones de microbios que nos invaden por el aire que respiramos, y hasta por los ojos y la piel. Sobrevivir cada día sanos es una verdadera lucha a muerte entre nuestros mecanismos de defensa, como el sistema inmune. Contra las agresiones del medio ambiente que nos rodea, vivamos donde vivamos.

Pero aún desde el momento mismo de la concepción, ya somos amenazados de muerte por miles de factores hereditarios, circunstanciales y sociales. Un 15% de los bebés son concebidos con defectos. Por tanto, no son compatibles con la vida y son abortados espontáneamente. Otro pequeño porcentaje, al llegar el embrión a una matriz enferma o defectuosa, no logra anidarse y también termina abortado; y por último, 60 millones de bebés al año, son abortados por mujeres que consideran al hijo algo no deseado. Por eso se dice que la matriz es el lugar más peligroso para vivir en este mundo.

Pero aún si logramos nacer sanos, hay lugares en el mundo y nuestro país, donde hasta el 20 o 30% de los niños que nacen sanos, mueren antes de los dos años de edad por diarreas, infecciones, malnutrición, maltratos o accidentes; y aún, si logramos sobrevivir y salvar las demás amenazas de muerte, enfrentaremos más amenazas en la adolescencia y juventud de nuestra vida.

La ONU dice que en el mundo mueren 56 millones de personas por año, 150 mil cada día, 107 por minuto y 1.75 por segundo. Y que las principales causas de muerte son las enfermedades cardiovasculares y pulmonares (30%), además del cáncer, frecuentemente asociadas al mayor asesino de todos, que es el tabaquismo, junto con la diabetes y sus complicaciones, los accidentes y las muertes violentas. Además, desde fines del siglo XX, el SIDA está dentro de las 10 causas más frecuentes de muerte en el mundo.

Así, aunque no podemos evitar al 100% las causas de enfermedad y muerte, lo mejor que podemos hacer para tener una vida saludable y contribuir con ello a vivir en paz, es incluir en nuestras vidas, desde la más tierna infancia, todos los hábitos y medidas disponibles para tratar de evitar las enfermedades más dañinas y mortales.

Prevenir siempre será mejor que intentar curar o reparar el daño, pues la historia y la experiencia nos enseñan que aunque nos arrepintamos sinceramente y, eventualmente, nos alejemos definitivamente de nuestras conductas irresponsables de alto riesgo y seguramente dañinas, muchas veces las secuelas y consecuencias de haberlas practicado, a veces hasta en una sola ocasión, son de muy difícil solución y frecuentemente irreversibles.

Siempre será mejor vacunar al niño contra de la Poliomielitis, que tratar de rehabilitarlo después de haberla padecido; siempre será mejor no fumar y evitar así desarrollar enfermedades incurables y mortales en la edad más productiva de nuestra vida, como la bronquitis crónica, el enfisema o el cáncer pulmonar; siempre será mejor evitar la cirrosis hepática causada por el alcoholismo crónico; y evitar las conductas de algo riesgo asociadas con el contagio del SIDA, que tratar de ayudar a los pacientes a bien morir.

Dios nos ha enseñado que el ser humano es un ser tripartita. La Biblia dice que la voluntad de Dios es que el mismo Dios de paz nos santifique enteramente; y que todo nuestro ser: espíritu, alma, y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo (1 Te. 5:23) y, por lo tanto, debe ser nuestro mejor interés como proveedores de servicios de salud, proveer a nuestros pacientes un tratamiento integral: a su espíritu, alma, y cuerpo.

Que el Dios de toda gracia, que nos llamó a su gloria eterna en Jesucristo, después que hayamos padecido un poco de tiempo, Él mismo nos perfeccione, afirme, fortalezca y establezca. Y que a Él sea la gloria y el imperio por los siglos de los siglos. Amén. (1 Pe. 5:10-11).

REFERENCIA
Contreras-Pulido, Ernesto. (2019). La salud como factor para tener paz. Marzo 7, 2109, de Instituto Virtual Sitio web: http://media.wix.com/ugd/0317a1_1140a3eb10bfaa1eca3b28c53d68365a.pdf