
Volveremos a encontrarnos… ¿y si no?
Harold Segura
La fe en Jesús nos permite aceptar estas dos posibilidades: que nos volvamos a encontrar, porque la esperanza nos sustenta y mantiene siempre viva la mirada hacia el mañana. Cantaba el salmista: “Porque tú, Señor, eres mi esperanza, mi refugio, Señor, desde mi juventud” (Salmos 71:5).
Pero, gracias a esa misma fe, aceptamos nuestra finitud y vivimos consciente de los límites de nuestra humanidad. “Hay un tiempo para nacer y un tiempo para morir” (Eclesiastés 3:2). No procede del Evangelio la negación de la muerte, ni la exoneración de los males de este mundo. Eso lo inventaron otros.
A propósito del tema, Martín Lutero, el reformador protestante del siglo XVI, ante el peligro de muerte por la peste bubónica que azotaba a la Europa de aquellos años, hizo público su compromiso de cuidarse: “Debo evitar lugares y personas para quienes mi presencia no es necesaria para no contaminarme, y posiblemente infectar y contaminar a otros para causar su muerte como resultado de mi negligencia”.
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