¿Hay profetas en la iglesia del siglo XXI?
(Parte 1)
Por Juan Stam
Los profetas no eran futurólogos, mucho menos adivinos ni pitonisas. No eran profetas porque vaticinaban el futuro sino porque entendían el presente a la luz de la voluntad de Dios
Cada principio de enero supuestos profetas presagian los sucesos del nuevo año que comienza, como una especie de super-horóscopo. Con suerte se cumple la mitad de sus especulaciones, lo que consideran “un buen porcentaje”.
Qué diferente de la ley de Moisés, que afirma que cuando un “profeta” predice algo y eso no ocurre, el tal “profeta” merece la pena de muerte. Si esa ley se aplicara hoy, nuestros cementerios estarían llenos de cadáveres de profetas. Claro que nada de ese circo es “profecía” en el sentido verdadero.
El concepto bíblico de la profecía se descubre mejor por el análisis de los escritos proféticos de las escrituras hebreas (Isaías a Malaquías, en nuestro canon), junto con los “profetas anteriores” (Moisés, Miriam, Samuel, Elías, Eliseo, Natán, etc.). Ese grupo numeroso no se caracterizaba por concentrarse en el futuro a expensas de su contexto del presente. Al contrario, su eje central era el cumplimiento fiel del pacto de Dios con Israel y con las demás naciones.
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