La Singularidad del Niño Jesús

19) La singularidad del niño JesúsLa Singularidad del Niño Jesús

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 El niño Jesús, como todos los demás, fue singular, o sea, único. Ya se descubrió que genéticamente nunca puede haber dos niños o hijos 100% idénticos, pues la simiente del varón (espermatozoide) y la simiente de la mujer (óvulo), jamás transmiten exactamente la misma información genética a dos de sus hijos.

Hay más de tres millones de variantes en los genes, que en forma natural, determinan en los hijos, entre otras cosas, diferencias en el color de los ojos, la piel y el cabello; así como en el tamaño y aspecto de la nariz, las orejas, las manos y los pies.

Aún en los gemelos homocigotos o idénticos (que proceden de un mismo huevo), en las primeras divisiones del embrión, se activan o desactivan algunos genes, de tal manera que una mamá observadora, siempre puede distinguir a uno de los gemelos del otro, ya sea por un remolino diferente en el pelo de la cabeza; un lunar sólo presente en uno de los gemelos, u otra característica discreta, pero distintiva.

Pero Jesús además, por ser el único que cumplió más de 100 profecías mesiánicas al pié de la letra, fue singular entre los más de 10 mil millones de humanos que han nacido desde la fundación del mundo, por ser (a diferencia de Adán que fue el hijo de Dios creado), el unigénito del Padre, o sea el único hijo concebido y engendrado por Dios mismo.

La Biblia dice que el ángel le dijo a José: “No temas en recibir a María tu prometida como esposa; porque lo que en ella es engendrado, del Espíritu Santo es. Y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS. Todo esto aconteció para que se cumpliera lo que fue dicho por el Señor, por medio del profeta: He aquí una virgen concebirá y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Emmanuel, que interpretado es: Dios con nosotros (Is 7:14; Mt 1:20-23).

También Jesucristo fue singular, porque éste Verbo (Jesucristo) quien hizo el universo y sustenta todas las cosas con la palabra de su poder, es Dios, ya que el mundo y todas las cosas por Él fueron hechas, y sin Él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho. Jesucristo dijo: “oh Padre, glorifícame con la gloria que tuve contigo antes que el mundo fuera” (He 1:2,3; Jn 1:1-3 y 17:5).

Por eso es que la Biblia asegura que Jesucristo, siendo Dios, se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo; y fue hecho carne, y habitó entre nosotros, y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad. Por eso es que aunque a Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, Él le ha dado a conocer. (Fil 2:6, 7; Jn 1: 1-29 y 17:5).

La Biblia relata que María, estando embarazada de Jesucristo, fue a visitar a su parienta Elizabeth, esposa de Zacarías, madre de Juan el Bautista; y aconteció que, al oír Elisabeth la salutación de María, la criatura (Juan, el bautista) saltó en su vientre; y Elisabeth fue llena del Espíritu Santo, y exclamó a gran voz, y dijo: Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre (Jesús). ¿Por qué se me concede esto a mí que la madre de mi Señor (Jesucristo) venga a mí? Bienaventurada la que creyó, porque se cumplirán las cosas que le fueron dichas de parte del Señor.

Entonces María dijo: Mi alma engrandece al Señor; y mi espíritu se regocija en Dios mi Salvador, porque ha mirado la bajeza de su sierva; y he aquí, desde ahora me dirán bienaventurada todas las generaciones. Porque me ha hecho grandes cosas el Poderoso; y Santo es su nombre. Y su misericordia es en los que le temen, de generación en generación. Y María guardaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón (Lc 1:39-50 y 2:19). Cuando nació Jesús, se dice que un ángel del Señor vino sobre unos pastores, y la gloria del Señor los cercó de resplandor; y les dijo: No teman; porque he aquí les doy nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo: Que ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es Cristo el Señor, Emmanuel, que quiere decir Dios con nosotros (Lc 2:9- 14).

La Biblia dice que cumplidos los ocho días para circuncidar al niño, llamaron su nombre JESÚS (Dios salva); como fue llamado por el ángel antes que Él fuera concebido por el Espíritu Santo, en el vientre de María. Pero además, que cuando se cumplieron los días de la purificación de ella, conforme a la ley de Moisés, trajeron al niño Jesús a Jerusalén para presentarle al Señor (Como está escrito en la ley del Señor: Todo varón que abriere la matriz, será llamado santo, apartado para el Señor); y José y su madre estaban maravillados de las cosas que se decían de Él, pues Simeón, un hombre justo y piadoso, tomando al niño Jesús en sus brazos, los bendijo y dijo a su madre María: “Una espada traspasará tu alma. Y he aquí, Éste (Jesús) es puesto para caída y levantamiento de muchos en Israel; para que sean revelados los pensamientos de muchos corazones; y para que sea señal que causará controversia.

Como si fueran pocos todos estos sucesos que hacen único al niño Jesús, dice la Biblia que estaba allí Ana la profetisa, quien viniendo en esa misma hora, también daba gracias al Señor, y hablaba de Él (el Mesías, Jesucristo) a todos los que esperaban la redención en Jerusalén. 

Sólo de Cristo, se dice que, como dos años después de su nacimiento (recuerden que Herodes mando matar a todos los niños menores de dos años, de acuerdo al tiempo de la aparición de astro que anunció su nacimiento), unos hombres sabios del oriente vinieron a Belén, y entrando en su casa, al ver al niño Jesús con María su madre, se postraron y le adoraron como a sólo a Dios se le adora; y abriendo sus tesoros, le ofrecieron dones, oro, incienso, y mirra (Lc 2:21-39; Mt 2:1-11). Sin ningún fundamento bíblico, por ser tres los regalos, y venir de oriente, se supone, de acuerdo a la tradición, que eran tres los hombres sabios; que uno era blanco, otro cobrizo, y otro negro; y que venían en un caballo, un elefante y un camello. 

Del niño, Juan, el que sería llamado „el Bautista,‟ se dice: “Y tú, niño, profeta del Altísimo serás llamado; porque irás delante del Señor (Dios, Jesucristo), para aparejar su camino; para dar conocimiento de salvación a su pueblo, para remisión de sus pecados, por la entrañable misericordia de nuestro Dios, con que nos visitó desde lo alto con la luz de la aurora (Jesucristo), para dar luz a los que habitan en tinieblas y sombra de muerte; y para encaminar nuestros pies por camino de paz. Por eso dice el evangelio que en Él (Jesucristo) estaba la vida, y la vida era la luz que resplandece en las tinieblas.

A diferencia del niño Juan, que crecía y se fortalecía en espíritu; Lucas, el médico y evangelista, no dice que el niño Jesús crecía en espíritu, como Juan, ya que en Él habitaba corporalmente toda la plenitud de la deidad; sino que el niño Jesús sólo crecía en estatura y en gracia para con Dios y los hombres; y se fortalecía, y se llenaba de sabiduría (Lc 1:76- 80; 2:40 y 52; Juan 1:4-5; Col 3:9).

Por todas éstas y más razones, Jesucristo es único entre todos los humanos, e inequívocamente, el Mesías prometido que vino a buscar y a salvar a los pecadores (Lc 19:10; Jn 3:17).

Por eso dice la Biblia que Dios Padre le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre; para que en el nombre de Jesús, se doble toda rodilla; de los que están en el cielo, y en la tierra y debajo de la tierra, y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor (Dios), para la gloria de Dios Padre (Fil 2:9-11).

Por eso también, es justo, sabio, y conveniente, que todos nosotros, postrados delante de Él, le adoremos, creamos en que Él es nuestro Redentor; y le aceptemos, recibamos, y confesemos como nuestro Gran Dios y Salvador.

Si usted aún no ha confesado a Jesucristo como su Salvador personal, le invito a que con corazón sincero, haga la siguiente oración: “Buen Padre Celestial, te doy muchas gracias porque me amas y porque enviaste a Jesucristo a morir y derramar su sangre en la cruz del Calvario para pagar por todos mis pecados. Yo reconozco que como todos los demás, soy pecador y te pido perdón por ello; y hoy te acepto, recibo, y confieso como mi único y suficiente Salvador; y te prometo, que con la ayuda de Dios, me esmeraré cada día más, en vivir como Dios manda en la Biblia. Gracias Buen Padre Celestial, porque de acuerdo a tu promesa, mi nombre está escrito en el libro de la vida eterna, por los méritos de Jesucristo mi bendito Salvador.” AMEN.

Si usted hizo de corazón esta oración, lo felicito, le doy la bienvenida a la familia de Dios, y le informo que hay gozo con los ángeles del cielo por su confesión (Lc 15:10).

 No deje de ir el próximo domingo a una iglesia cristiana a adorar, alabar, y bendecir el nombre de nuestro Gran Dios y Salvador Jesucristo con sus hermanos en la fe, y a escuchar la predicación de su santa palabra que es la Biblia.

Es mi oración que Dios le siga bendiciendo, y que el Espíritu Santo mismo, le dé testimonio a su espíritu de que usted ahora es un hijo de Dios. AMEN.

¡Gloria a Dios en las Alturas! ALELUYA. ¡Feliz Navidad!

Ernesto contreras