Una Navidad Combativa

20) Una Navidad combativa¡Una Navidad combativa!

¿Feliz Navidad?  ¡No mucho!

Por Juan Stam

En este pasaje tenemos el relato de la Navidad según Juan de Patmos. Es una Navidad extraordinaria, muy sombría. Es el lado oscuro de la Navidad, que nos advierte contra el peligro de sentimentalizar demasiado el nacimiento del niño Jesús.

No cabe duda de que Navidad es felicidad; sólo un Scrooge podría ser triste y amargo en estas fechas, pero nunca un cristiano. Nosotros cantamos alegres, “Oh santísimo, felicísimo, grato tiempo de Navidad”. Pero a veces romantizamos demasiado el suceso: “en la faz del Señor brilla un límpido rayo de luz”, dice un himno navideño, y según otro:

Allá en el pesebre, do nace Jesús,

La cuna de paja nos vierte gran luz;

Estrellas lejanas del cielo al mirar

Se inclinan gozosos

Su lumbre a prestar.

 

La vaca mugiendo

Despierta al Señor,

Mas no llora el niño,

Pues es puro amor…

Según un villancico popular, los reyes del oriente vienen a ver “Al niño Dios que sonríe /Entre una mula y un buey, /Aunque todo el mundo sabe /Que es de los reyes el Rey”. La tradición navideña nos presenta un niñito muy sublime pero poco humano y poco creíble.

El capítulo doce del Apocalipsis da una perspectiva muy diferente sobre la Navidad; este pasaje navideño no aparece en el leccionario eclesiástico para la época, ni es nada probable que sea texto para sermones de la ocasión. Aquí no tenemos nada de “Navidad, Navidad, hoy es Navidad; es un día de alegría y felicidad”.[1]

Es más bien un día de amenaza, peligro y lucha. Mientras en los evangelios y en nuestros himnos, los pastores y los sabios del oriente buscan al niño para adorarlo, en el Apocalipsis el dragón lo espera para devorárselo. El infanticidio que en los evangelios se presenta bajo Herodes unos dos años después, aquí está presente aun antes de nacer el esperado niño.

En el trasfondo de la versión del Apocalipsis se vislumbra un mensaje que es también político: nos es nacido un Salvador, y no es el emperador, hijo de Zeus y Latona, sino Jesús de Nazaret; nace el Rey, con autoridad sobre las naciones, y no se llama ni Nerón ni Domiciano. Precisamente en eso estaba la radicalidad de la Navidad apocalíptica, y por eso su nacimiento desató una tormenta de conflicto y represión. Su nacimiento trajo no sólo alegría, sino también lucha, dura lid contra las fuerzas de maldad, arduo combate por “el reino de Dios y su justicia”.

En la Navidad más que en cualquier otra época del año, debemos recordar que vivimos en un mundo de pecado, de injusticia, de pobreza y opresión. De esto nos recuerda el cantautor nicaragüense, Carlos Mejía Godoy, con su villancico centroamericano, “Feliz Navidad”:

Cuando desempaques tus regalos,

niño de lujosa vecindad,

piensa en tantos niños que no saben

para qué es Navidad;

 

Piensa en el muchacho limpiabotas

Que su noche buena pasará

en la banqueta dura y fría

del atrio de la catedral.

 

Feliz Navidad, feliz Navidad,

en justicia y libertad,

Feliz Navidad, feliz Navidad,

un mundo mejor,

sin miseria y opresión.

 

Esa metralleta de juguete

que te traje este año Santa Claus,

es el aguinaldo cariñoso

que nos manda el tio Sam.

 

Hoy necesitamos más escuelas,

más cultura, más educación;

son más importantes cien maestros

que un blindado batallón.

 

Cuando estés sentado ahí en tu mesa,

donde abundan vino y caviar,

piensa que en la cárcel hay hermanos

que por vos luchando están.

 

Ellos no tendrán este diciembre

ni pavo relleno ni champán,

Pero brindarán desde su celda

con la copa de su ideal.

 

Tiene que venir pronto ese dia

cuando ya no sea la Navidad

sólo privilegio de los ricos

sino de toda la humanidad.

 

Pedro, Avenancia, Jorge y Mincho

Vamos a cantar el villancico

de nuestra liberación.

 

Feliz navidad, feliz Navidad,

en justicia y libertad,

Feliz Navidad, feliz Navidad,

un mundo mejor,

sin miseria y opresión.

 

Claro, Navidad es felicidad, pero debe ser también compromiso y lucha. La Navidad nunca será completa mientras tantas personas no compartan la alegría que celebramos y la vida que Cristo vino a darnos a todos. Una Navidad auténtica es, por necesidad, conflictiva. Por eso, no basta con sólo “feliz Navidad”. Habrá que decir alguna vez, “¡te deseo una Navidad incómoda, inquieta, de lucha! Que el Niño te conceda una Navidad combativa!”

[1] De hecho, tampoco es fácil imaginar a María, en medio de los dolores de parto, cantando “Oh santísimo, felicísimo, grato tiempo de navidad”.

Comentario:

Re: La Navidad Apocalíptica. Por josemaba43@hotmail.es el 07/05/2015

Del mismo modo que la Mujer del Apocalipsis no es símbolo de María, la madre de Jesús, sino que a esas alturas de la historia (c. 100 d.C.) considera Juan sabido por todos el relato del nacimiento de Jesús, en Apocalipsis doce el hijo simbólico no es la persona Jesucristo, sino que representa una realidad mayor. El hijo simbólico es Cristo como don que fue entregado entero por y para nosotros, es el don del soplo santo, la promesa del Padre, las vestiduras de Cristo, la Unción del santo, etc., y esa fue la victoria del Dragón, conseguir apagar el don en el que los apóstoles pedían por activa y pasiva que se perseverara (que se persevera en la bendición, no en las penurias y en la aflicción, sino que se perseverara en la bendición para poder soportarlas cuando vinieran).

El hijo simbólico de Apocalipsis doce es la realidad objetiva conseguida para nosotros por Dios gracias a la victoria del Hijo de Dios, bendita bendición que fluyó del cielo a la tierra mediante los apóstoles que portaban “la sana doctrina” (hoy lo es a medias, está adulterada) a los que creían en el nombre de Jesús, y que por desgracia retornó al cielo, pero en el cielo sigue estando, hoy en día es como si el cielo estuviera cerrado, no herméticamente, pero sí cerrado si lo comparamos con el tiempo en el que los apóstoles vivían.

La buena noticia es que la mujer sigue siendo hoy en día fértil, no estéril, de ahí la necesidad de que vuelva a concebir, amén y amén, y esto no por nuestro esfuerzo, sino por el poder de Dios, amén. Los escritos de Juan tienen un común denominador distintivo respecto de los demás evangelios y escritos apostólicos, y es el realce del soplo (espíritu) santo de Dios y su importancia en el devenir histórico de la iglesia: Juan 13-17, la resurrección de lázaro, las señales del principio de su libro, etc., todo son guiños al mismo mensaje que empapa todo lo que Juan escribió: La necesidad del don del Padre ganado por Dios para nosotros, amén. La falta del espíritu santo provocó o motivó que tuviera que ser dado la revelación del Apocalipsis, si no ya no hubiera hecho falta, por tanto, Apocalipsis es también provisión de Dios para la semana simbólica (el siete) de la falta del don, de la sequía, etc.

Amo profundamente los escritos de Juan porque van a la llaga, y no es casualidad que Jesús dijera precisamente a Juan que quedaría hasta que Jesús volviera, siendo Juan por tradición el último apóstol vivo sobre la tierra, y Juan no sufrió martirio. No. No es casualidad. Todo tiene su sentido y su coherencia, qué bonito es descubrirla, también con su ayuda pastor Stam. Que Dios le bendiga mucho pastor Juan Stam.  

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