La Predicación como una Respuesta

16) Pensamientos episcopalesLa Predicación como una Respuesta

Por Jon Herrin

Hace ocho años comencé un estudio de la predicación en el Nuevo Testamento.  Mi misión, mi intento, era llegar a un entendimiento del contenido de esos sermones primitivos—los sermones y enseñanzas de los discípulos en los Hechos de los Apóstales.

Primeramente, si los sermones y enseñanzas anotadas en el Nuevo Testamento son recordados precisamente, ninguno de los sermones duraba más que 15 minutos (refiere al Sermón del Monte… si está leído lentamente). También veremos una falta de PowerPoint, de bosquejo por boletín, ni unas luces de color ni música electrónica (no es que estos sean cosas malas…solo obviamente no necesario).  Y, otras cosas que notaríamos son las variedades de respuestas a los sermones/enseñanzas—muchas veces hay respuestas apasionadas… en otros momentos una falta de respuesta.

Quizás la realización más importante que descubrí durante este estudio de las predicaciones/enseñanzas de Pedro, Felipe, Esteban y Pablo es que su predicación siempre… SIEMPRE… es una respuesta a la situación ante ellos. 

La predicación en el libro de los Hechos de los Apósteles es un acto de respuesta.

¿Y hoy en día? ¿Todavía la predicación es un acto de respuesta?  ¿Enseñamos y predicamos en una forma que responde a lo que está pasando en la vida de la comunidad o en la vida de la iglesia?  ¿O, reducimos la predicación a un ejercicio académico de la exposición teológica o literaria?  ¿Ha sido transformada la predicación en una representación dramática o literaria?

Antes de tomar otro paso, quiero afirmar que la buena predicación expositora, o enseñanza dramática, puede ser formas de predicación excelentes y apropiadas de la predicación que responde. El clave es siempre hacer nuestra predicación y enseñanza una actividad que responde. Si estamos predicando y enseñando como una respuesta a las preguntas y cuestiones que surgen de los eventos alrededor, la gente va a responder sin el uso de impulsos manipuladores. Si no, en el mejor momento vamos a levantar buenas preguntas en que la gente simplemente no ha pensado todavía, y en lo peor, vamos a dar respuestas a preguntas que nadie está preguntado, que no importan a nadie.

Antes, algunos de los momentos más trágicos de nuestros tiempos—9/11, los tsunamis de 2004 y 2011, el terremoto de 2010 en Haití y los de 2017 en México, los huracanes recientes, las balaceras en las escuelas públicas—en estos eventos tenemos las oportunidades para responder con predicación y enseñanza significativa que realmente muestre cómo nosotros como cristianos seguidores de Cristo Jesús, podemos vivir en aquellos tiempos y ministrar a un mundo que no entiende por qué cosas así pasan. En la misma manera, podemos enseñar y predicar en respuesta a todos tipos de eventos que impacten nuestras vidas y comunidades. Podemos mostrarles cómo las Escrituras proveen una senda para cada persona —¡no siempre una senda fácil!—una senda para pasar a trevés de las luchas, dificultades, celebraciones y victorias de la vida… mientras nos mantenemos en el camino de fe.

Que cada uno de nosotros que nos pongamos de pie en un púlpito o aula, esté siempre consciente de lo que está pasando en nuestro mundo, en nuestras comunidades y en nuestras iglesias… que nuestra predicación responda a las necesidades y preocupaciones reales en los corazones y en las vidas de la gente.

Jon Herrin