Cinco Poderosos Testigos De Dios 

15. Cinco testigos de DiosCinco Poderosos Testigos De Dios 

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La Biblia reconoce cuando menos, 5 poderosos y legítimos testigos de Dios; de tal manera que la verdad testificada por ellos, es suficientemente sólida como para condenar a aquellos que rechazan su testimonio. 

  1. La Creación.

Aunque las cosas creadas no se expresan con un lenguaje humano, ellas dan un testimonio fiel de la obra de Dios, y de su gloria; y su mensaje es tan poderoso, que ignorarlo, es rechazar, sin excusa válida, la elocuente revelación que Dios nos dejó en la naturaleza.

La Biblia dice: Los cielos cuentan la gloria de Dios, y el firmamento anuncia la obra de sus manos. Un día emite palabra a otro día, y una noche a otra noche declara sabiduría.No hay lenguaje, ni palabras, ni es oída su voz. Por toda la tierra salió su voz, y hasta el extremo del mundo sus palabras. Así, lo que de Dios se conoce es manifiesto, pues Dios nos lo manifestó. Porque las cosas invisibles de Él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tenemos excusa (Salmo 19:1-4 y Romanos 1:19-20).

Nótese que de acuerdo con esto, nadie necesita suponer la existencia de Dios, pues basta con observar, analizar, y estudiar hasta el nivel microscópico y molecular, la creación, para que fácilmente reconozcamos que todo es obra del diseño inteligente del omnipotente e inmensamente sabio Dios. Aún el estudio en detalle de las maravillas del ADN, los genes, las células, tejidos, órganos, y sistemas de nuestro cuerpo, se vuelven poderosos, fieles, e irrefutables testigos de la existencia del glorioso Creador, sea que lo queramos aceptar y creer, o no.

  1. La singularidad característica de los componentes no físicos del humano.

Nuestra alma, personalidad, mente, y especialmente, nuestra conciencia son poderosos testigos de nuestro origen como creación diferente de Dios. ¿Cómo es que solo los humanos tenemos la singular capacidad de reconocer la moralidad, y de instintivamente juzgar y calificar los pensamientos y conductas propias y ajenas, como morales o inmorales, justas y correctas, o injustas e incorrectas? Estas expresiones son prueba de nuestra naturaleza moral, una capacidad intangible, que no puede explicarse de otra manera que aceptando lo que la Biblia dice: Que fuimos creados a la imagen y semejanza de Dios (Gn 1:26-27).

La Biblia dice: Por lo cual eres inexcusable, oh hombre, quienquiera que seas tú que juzgas; pues en lo que juzgas a otro, te condenas a ti mismo; porque tú que juzgas haces lo mismo. Y sabemos que el juicio de Dios contra los que practican tales cosas es según verdad. Pero ¿piensas esto, oh hombre, tú que juzgas a los que tal hacen, y haces lo mismo, que tú escaparás del justo juicio de Dios? Y sabe que ante Dios, cuando los gentiles que no tienen la ley mosaica, hacen por naturaleza lo que es de la ley, éstos, aunque no tengan ley, son ley para sí mismos (Romanos 2:1-3 y 14).

La singular preocupación dela humanidad sobre la moralidad (sobre lo que es bueno o malo), no tiene ninguna explicación satisfactoria fuera del contexto bíblico. Así, la única explicación satisfactoria es que el humano (aún después del pecado y caída de Adán), es una criatura hecha a la imagen y semejanza de Dios, y que diariamente, y al final, necesariamente daremos cuentas delo conveniente o inconveniente de nuestros actos, frente al Soberano Dios y Creador, quien a través de la conciencia, nos hace discernir la bondad o maldad de nuestros actos, y lo correcto o incorrecto de nuestra conducta. Así, aunque la conciencia humana no es infalible y hasta puede ser acallada y engañada, ella no deja de ser un poderoso testigo de la existencia de Dios.

El evangelio dice que cuando los escribas y fariseos le dijeron: Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en el acto mismo de adulterio, y en la ley nos mandó Moisés apedrear a tales mujeres. Tú, pues, ¿qué dices? Jesucristo les dijo: El que de ustedes esté sin pecado,que sea el primero en arrojar la piedra contra ella. Pero ellos, al oír esto, acusados por su conciencia, salían uno a uno, comenzando desde los más viejos hasta los postreros; y quedó solo Jesús, y la mujer que estaba en medio (Juan 8:4-9).

  1. La Santa Biblia.

Los 66 libros canónicos de las Sagradas Escrituras inspiradas por Dios, y escritas por unos 40 varones, todos israelitas, menos Lucas que era griego, nos proporcionan, un poderoso y transformador mensaje escrito de parte de Dios. A diferencia del testimonio de la naturaleza, que aunque poderoso, esta distorsionado por la herencia adámica, y no es verbal, ni capaz de redimir a nadie, los originales de los escritos sagrados (en hebreo, arameo, y griego), son la poderosa e infalible verdad revelada de Dios.

Nótese que Pedro asegura que la Escritura es más segura y confiable que su testimonio ocular de Jesucristo.

La Biblia dice: Porque no les hemos dado a conocer el poder y la venida de nuestro Señor Jesucristo siguiendo fábulas artificiosas, sino como habiendo visto con nuestros propios ojos su majestad. Además, tenemos también la palabra profética más segura, a la cual hacen bien en estar atentos, como a una antorcha que alumbra en lugar oscuro. Entendiendo primero esto, que ninguna profecía de la Escritura (la Biblia) es de interpretación privada, porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo. Es por eso que las Sagradas Escrituras, te pueden hacer sabio para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús. Pues toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para convencer, para corregir, y para instruir en justicia. Porque de cierto les digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasará de la ley, hasta que todo se haya cumplido(2ª Pd 1:16-21; 2ª Ti 3:15-16; Mt 5:18). 

Porque como desciende de los cielos la lluvia y la nieve, y no vuelve allá, sino que riega la tierra, y la hace germinar y producir, y da semilla al que siembra, y pan al que come,así será mi palabra que sale de mi boca; no volverá a mí vacía, sino que hará lo que yo quiero, y será prosperada en aquello para que la envié (Is 55:10-11). 

  1. El mismo Señor Jesucristo, el Verbo o Palabra de Dios encarnada.

Cuando despojándose de algunos de sus atributos divinos, Dios hijo, se hizo carne, y con cuerpo humano concebido por el Espíritu Santo, nació en Belén, y ministró durante unas tres décadas en esta Tierra, como el Mesías, Emmanuel, el Verdadero Dios, y el Testigo Fiel, Él se constituyó en el más poderoso testigo de Dios, tanto con sus palabras, como con sus hechos, su pasión, crucifixión, resurrección, y ascensión (Ap 1:5 y 19:13; Jn 14:6; 1ª Jn 5: 7 y 20). 

  1. La Providencia divina en la historia.

A pesar de que no es un testimonio libre del riesgo de malas interpretaciones, es obvio que la historia de la humanidad, desde su creación hasta nuestros tiempos, es un poderoso testimonio del cuidado, presencia, control, y soberanía de Dios sobre el mundo y los humanos. Se cuentan por miles los poderosos testimonios de personas que aún sin haber estado conscientes de ello en ese momento, reconocen que durante todo su peregrinar terrenal, Dios, providencialmente, cuidó y guió sus vidas.

La Biblia dice: ¿Tenemos necesidad, como algunos, de cartas de recomendación para ustedes, o de recomendación de parte de ustedes? Nuestras cartas son ustedes, escritas en nuestros corazones, conocidas y leídas por todos los hombres; pues es manifiesto que (sus vidas) son carta de Cristo expedida por nosotros, escrita no con tinta, sino con el Espíritu del Dios vivo; no en tablas de piedra, sino en tablas de carne del corazón (2ª Co 3:1-3).

Para que su testimonio fuera como espada de dos filos que penetrara hasta lo más profundo de los humanos, Jesucristo, les dijo a sus discípulos: Juan ciertamente bautizó con agua, mas ustedes serán bautizados con el Espíritu Santo dentro de no muchos días. Y recibirán poder, cuando haya venido sobre ustedes el Espíritu Santo, y me serán testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra (Hechos 1:5 y 8). 

Por eso Pablo escribió: Y tal confianza tenemos mediante Cristo para con Dios; no que seamos competentes por nosotros mismos para pensar algo como de nosotros mismos, sino que nuestra competencia proviene de Dios, el cual asimismo nos hizo ministros competentes de un nuevo pacto, no de la letra, sino del Espíritu; porque la letra mata, mas el Espíritu vivifica (2ª Co 3:4-6). Que los testimonios de estos poderosos testigos aumenten y fortalezcan nuestra fe. AMEN.

(Este artículo está basado en una traducción y adaptación libre del artículo escrito por Johnson, J. J. S. 2012. Christmas, Vikings, and the Providence of God. Acts & Facts. 41 (12): 8-10).

Ernesto contreras