El Sexo y el Género

22. El sexo y el géneroEl Sexo y el Género.

    Drernestocontreras@hotmail.com

Para  conservar  su  especie,  los  seres  vivos  necesitan  reproducirse  antes  de  morir.  En  la  naturaleza,  se define como especie, al grupo poblacional formado por individuos que se pueden reproducir entre sí. Por ejemplo, un chango y un humano, no se pueden reproducir, por lo tanto, no son de una especie “hermana,” como es el caso del caballo y el burro (y otros 20 casos másen la naturaleza, como el león  y el tigre,  y el jitomate  y la  papa), que, aunque  se pueden reproducir, el resultante  (la  mula,  el tiglón la jitopapa, etc.), es siempre estéril y por lo tanto no crea una nueva especie. Hay unos 2 millones de  especies  conocidas  de  plantas  (300  mil)  y  animales  (1.5 millones),  y  probablemente  haya  más  de  10  millones  de especies por descubrir.

Casi a diario se descubren nuevas especies, y se calcula que solo de insectos y bacterias, podrían haber más de  10  millones de  cada  uno; pero nunca se ha  encontrado  una especie  en  evolución, o una  forma intermedia  entre  una  especie  y  otra,  y  menos  alguno  de  los  llamados  eslabones  perdidos  entre  un invertebrado y un vertebrado, entre un reptil y un mamífero 

La  gran  mayoría  de  las  especies  son  bisexuadas,  o  sea  con  individuos  de  dos  sexos (macho  y hembra), y con dimorfismo sexual (el cuerpo del macho es diferente al de la hembra). Solo la unión de un  gameto  (célula  reproductora)  masculino  (por  ejemplo,  el  espermatozoide  en  los mamíferos) con uno femenino (el óvulo), puede formar hijos o descendientes.

Aproximadamente  el  70%  de  las  plantas con  flores(angiospermas), son  hermafroditas  (que  tienen flores con órganos  sexuales  masculinos y femeninos), y que  se  pueden  fecundar  a  sí mismas. 

Pero,  aunque  hay  gusanos hermafroditas, el  hermafroditismo  es  excepcional  en  los  animales, nunca se  asocia  con  conductas  no heterosexuales. El hermafroditismo, no existe en los mamíferos, incluyendo a los humanos

El  sexo  es  determinado  genéticamente,  y  no  es  modificable,  pues  queda  registrado  en  el  núcleo  (como  la yema del huevo), de cada una de los miles de millones de células del organismo. En el humano, por ejemplo, si un óvulo (que  siempre  tiene cromosoma  sexual  X)  es fecundado  por  un  espermatozoide  con  cromosoma  sexual X, tendrá   como   resultado   la   concepción   de   una   hija,   con   fórmula   cromosómica   sexual   XX;   si   el espermatozoide que  fecunda  al  óvulo, tiene  cromosoma  sexual  Y,  el  resultado  será  un  hijo  varón,  con fórmula cromosómica XY.

Cualquier otra fórmula cromosómica sexual (XO, XXX, XXY, XYY), que por accidente, pueda, muy ocasionalmente, generarse,  engendra  individuos  humanos anormales  (pseudohermafroditas),  con  alteraciones  principalmente  en  los genitales,  que  son siempre estériles, y  con  conductas  predominantemente  femeninas;  pero  nunca  condicionan  conductas no heterosexuales, o antinaturales de otro tipo.

Lo natural, es que, para que la especie se perpetúe, conviene que el comportamiento sexual, social y cultural de  la  persona,  sea  congruente  con  su  sexo  biológico:  que  la  conducta  del varón  esté  revestida de masculinidad,  y  el  de  la  mujer,  de  femineidad.  En  otras  palabras,  que  la  persona  parezca  lo que sus cromosomas sexuales dicen que es: Varón o mujer.

Desde  la  primera  aparición  de  la  especie  humana  (Homo  sapiens),  cualquier  comportamiento  no heterosexual de la primera pareja (diferente a la unión sexual del varón con la mujer), y cualquier relación sexual (coito), que  no fuera  pene-vagina  (por  la  boca,  o  por  el  ano,  por ejemplo),  o  la  relación sexual del humano con un animal, hubiera causado la extinción de la especie.

Desde los tiempos de Sodoma y Gomorra (alrededor del 2,000 a.C.), ya está documentado en la literatura de varias culturas antiguas, que había personas con conductas no heterosexuales, y actualmente, en diferentes encuestas de población de los cinco continentes, entre 1% y 3.6% de la población, se declaran gays o LGBT (lesbianas, gays,  bisexuales  o transgénero),  aunque  hay  otros  estudios  como  el  clásico  de  Kinsey (1950),  que  reportó que  hasta  un 10% o más de la población de E.U.A., tuvo alguna vez una experiencia con individuos de su mismo sexo; pero que ésta experiencia excepcional, no se tradujo en una conducta homosexual permanente. Actualmente, se reconoce que la conducta no heterosexual, después de la adolescencia, es casi irreversible. 

Aunque  no  es  raro  que  desde  la  niñez aparezcan conductas  que,  de  acuerdo  a  la  cultura  circundante,  se identifiquen o califiquen de característicamente contrarias a su sexo biológico (que a un niño le guste vestirse como niña  y jugar con  muñecas, por ejemplo), aún  no se ha  comprobado  que  haya  un gen  gay, o alguna  otra alteración biológica u hormonal, en los gays.

Hay estudios en gemelos idénticos (con una información genética idéntica), en los que un gemelo se   hizo gay   y   el   otro   siguió   como   heterosexual. Esto   descarta   que   el comportamiento  gay  sea  consecuencia  de  alguna  alteración  genética  (en  los  genes). Una experiencia homosexual ocasional (en la cárcel o la guerra), no hace a una persona gay; ni tampoco la  ausencia de  hormonas (en  los  castrados),  o la  terapia  hormonal (como  con testosterona en mujeres), aunque les ocasiona que les salga barba, bigote y voz ronca, no las hace gays. O sea que a los gays, ni les faltan, ni les sobran hormonas sexuales.

La  conclusión  es  que, las  conductas  no  heterosexuales,  no están determinadas  por  los  genes u hormonas,  y que, por  lo  tanto, son  conductas adquiridas que  alteran  la  conducta  sexual,  social  y cultural  de  los  gays, y  que  pueden  asociarse  a conductas  sexuales  (bisexuales, homosexuales y lesbianismo), travesti, o transgénero en general.

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Desde  finales  del  siglo  XX, y  hasta  la  actualidad, se  han  hecho  múltiples  intentos  por  clasificar  las conductas  no  heterosexuales  de  esta  minoría,  principalmente  con  el  fin  de  que  tengan  una  identidad definida,  y en  un  intento  por legitimar  su  conducta como  aceptable en  la  sociedad.  Con  este  fin,  se desarrolló el concepto de la identidad de género.

La  identidad  de  género  es  el  sexo  sicológico  con  el  que  una  persona  se  identifica,  y  que  puede  o  no coincidir  con  su  sexo  biológico  determinado  cromosómica  y  genéticamente.  Se  asocia  con  los  conceptos  del  sexo biológico (manifestado  por los  genitales), la  identidad de  género (conducta), y la expresión de  género (las actividades o roles que culturalmente se atribuyen a un sexo).

En la mayoría de las sociedades la conducta sexual es binaria (varonil o femenina); pero cuando la conducta del individuo no cabe en ninguna de las dos, entra el concepto de transgénero, concepto aun no  bien  definido,  pero que es  la  persona  que  tiene  incongruencia  entre  su  identidad  de  género  (su conducta) y su sexo biológico (genético, cromosómico, genital) 

El  debate se ha  centrado en si conviene o no clasificar los tipos  de transgénero, pues algunos  creen  que promueve  la estigmatización  y  la  discriminación  (homofobia),  de  los  gays.  Los  géneros  más  conocidos  son:  heterosexualidad, homosexualidad  (lesbianismo en  las  mujeres),  bisexualidad, y  transexualidad  (los  que  pretenden  cambiar el  aspecto externo de su sexo,con cirugías y terapias hormonales).

 

Lo más importante es enfatizar que la identidad de género la define y establece cada persona, y no es ni heredada,  ni  causada  por  la  sociedad.  Cada  individuo  es libre de  identificarse  como  varón,  mujer,  o persona  transgénero.  Todos  tienen  iguales  privilegios  y  derechos  humanos,  y  todos son igualmente responsables de las consecuencias de su conducta.

Dios en la Biblia, es muy específico, cuando dice que todo pecador, heterosexual u homosexual, nace condenado a sufrir tanto en forma terrenal como eterna, las consecuencias de sus conductas destructivas, y que el único Remedio Universal para sus males físicos, mentales y espirituales, es creer, aceptar, recibir y confesar a Jesucristo como su Dios y Salvador.

La  Biblia  enseña  que  todos,  tanto  por  la  herencia  adámica  como  por  los  pecados  voluntarios, somos pecadores, y el alegar que uno “así nació” (heterosexual, homosexual, etc.), de ninguna manera nos justifica ante Dios. La conclusión es que todos necesitamos salvación, para todos hay salvación, y todos podemos alcanzarla, por la gracia y la fe en Jesucristo. AMEN.

Ernesto contreras

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