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Un corazón ardiente por Dios, origen del metodismo

 “Como a las nueve menos cuarto, mientras escuchaba la descripción del cambio que Dios opera en el corazón por la fe en Cristo, sentía arder mi corazón de una manera extraña. Sentí que confiaba en Cristo, y en Cristo solamente, para mi salvación. Y recibí la seguridad de que Él había borrado mis pecados y que me salvaba a mí de la ley del pecado y de la muerte. Me puse entonces a orar con todas mis fuerzas por aquellos que más me habían perseguido y ultrajado. Después di testimonio público ante todos los asistentes de lo que sentía por primera vez en mi corazón.”                           John Wesley

Era el año de 1738, cuando la renovación de la iglesia en Inglaterra se tornó inminente ante la inspiración divina que recibió John Wesley aquella noche del mes de mayo. Sin proponérselo desde entonces se convertiría en el líder de un gran avivamiento espiritual en plena revolución industrial.

Centrada en la Biblia y su relación con la vida cotidiana del creyente, a mediados del siglo XVIII surge la iglesia metodista, inspirada en la vida y enseñanzas de Wesley. Promoviendo desde sus inicios la práctica seria de la fe cristiana, el metodismo en el mundo se ha enfocado a la evangelización de nuevas almas para salvación en Cristo Jesús, reafirmando que “el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado” (Romanos 5:5)

Muchos son los cambios que ha experimentado el metodismo en el mundo a través de la historia impactando positivamente a la sociedad. La iglesia metodista ha sido promotora de la lucha contra la ignorancia manteniendo vigente su lema “junto a cada templo una escuela”, enseñando a la luz de la Biblia los principios morales y éticos que forjan hombres y mujeres de bien.

La erradicación de la pobreza ha sido otro de sus ejes de acción a través de la organización de cooperativas, albergues y trabajo misionero incluso con el establecimiento de hospitales para suplir las necesidades básicas de salud de los que menos tienen.

El trabajo de la iglesia metodista bien puede resumirse en un solo texto, Mateo 10:8 “…dar de gracia lo que de gracia se recibe”. El Señor Jesucristo nos ha regalado un corazón nuevo, transformado a través de su salvación y eso es lo que debe reflejar la vida de un metodista.

 Un corazón lleno de amor por su palabra y su obra, un corazón que anhele su presencia, con oídos atentos a la voz de Dios, que clame por un avivamiento y predique su palabra. Un corazón con iniciativa, que medite en lo que haga falta entregar, que sea testimonio vivo de seguir a Cristo y volvamos a hacernos llamar “los de corazón ardiente”