Día de la Educación Metodista

10. Org. Rector - Día de la Educación MetodistaDía Mundial de la Educación Metodista

Entender la esencia y la finalidad de la Educación Metodista requiere trasladarnos  al siglo XVI y revisar la obra del clérigo y libertador protestante Martín Lutero, quien siempre estuvo convencido de la importancia de la educación como punto focal de justicia. Su aún viva doctrina de la justificación por la fe, nos muestra que el ser humano se salva por la sola gracia de Dios y no por las obras, pero esta interpretación libre y correcta de la palabra  de Dios sólo fue posible en aquel entonces para quien sabía leer y escribir. “Por ello en sus 95 Tesis, se opuso rotundamente a la necesidad de intermediarios para acceder a la palabra de Dios, y a partir de ello consistentemente junto con sus seguidores por priorizar la educación y la creación de escuelas” (Rocchietti: 2017).

Nuestras raíces están en la práctica del cristianismo de la Reforma Protestante de Martín Lutero, Juan Calvino, Jacobo Arminio y sus continuadores. Y nuestra motivación constante como herederos del metodismo, es la experiencia del corazón ardiente de Juan Wesley, su responsabilidad social y piedad ilustrada.

La filosofía educativa se nutre de la expresión Wesleyana de la fe cristiana que se fundamenta en el gran mandamiento enseñado por Jesucristo: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. Este es el primero y gran mandamiento y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. Mateo 22:37-39.

Entonces nada más vivo, actual y oportuno que el pensamiento de Lutero que ya en sus sermones enseñaba:

“… haz estudiar a tu hijo con toda confianza. Al fin será un hecho que tu hijo y el mío, es decir, hijos de la gente del pueblo, han de gobernar el mundo, tanto en el ámbito espiritual como en el secular. Porque los ricos avaros no quieren ni pueden hacerlo”.

Por ello, la filosofía de educación metodista es nuestra respuesta a las apremiantes necesidades cotidianas de los individuos y las familias, a las interrogantes de la humanidad acerca de su origen, de su problemática presente y de su destino final; y en lo pragmático la oportunidad para “…la formación de profesionistas éticos que se encarguen del desarrollo de nuestra nación” (Romero: 2003).

En definitiva, los colegios y la Universidad Metodista en México, trabajan bajo la convicción de que el ser humano tiene un llamado a servir a su prójimo por amor. “La educación forma a la persona y la lleva a cambiar su conducta. Los conocimientos, valores y actitudes que impartimos como maestros servirán para que los alumnos se transformen positivamente y consecuentemente influyan en la sociedad. Nuestro campo es México, su niñez y su juventud” (Romero: 2003).

Sin duda la aportación histórica de la educación metodista en nuestro país es invaluable, nuestras escuelas protestantes aparecieron durante el Porfiriato y ofrecieron en la práctica un espacio educativo propicio para jóvenes de escasos recursos. “Tarea educativa que impactó en la formación revolucionaria de los pedagogos protestantes como Andrés Osuna, Director de Educación Primaria (1916-1918) durante el gobierno de Carranza y Moisés Sáenz, padre del indigenismo y Subsecretario de Educación (1924-1928) bajo la gestión de Obregón y Calles” (Pierre: 1989).

Es nuestra pedagogía liberal la que realmente diferenció a la educación metodista y también a nuestras escuelas, el doble acento puesto, en la formación del individuo como un actor social y por otra parte, en la necesaria enseñanza de prácticas igualitarias y de valores democráticos; lo cual se tradujo a su vez, en la búsqueda de una pedagogía activa que no solamente exige la participación de los alumnos en las clases sino que trata también de desarrollar una educación permanente a través del desarrollo integral del individuo.

La educación metodista sigue siendo oportuna y eficaz, hoy más que nunca debemos, trabajar para formar individuos justos, críticos, humildes y piadosos. El verdadero desarrollo social exige la confrontación de lo que como sociedad hemos generado y lo que a Dios le agrada. Educar no es solo una tarea de intelecto, sino de formación moral y de fortalecimiento de identidad y carácter de los individuos, el Metodismo continúa vigente.

Si ya Lutero consideraba que “…Una de las artimañas más importantes del diablo, si no la más importante, consiste en aturdir y engañar al hombre común, de tal manera que no quiera mandar a sus hijos a la escuela ni hacerlos estudiar”; nosotros podemos decir, que una de las artimañas del hombre que no honra a Dios y que no ama a su prójimo consiste en manipular y controlar la educación.

La característica principal del Metodismo era y continua siendo, la Evangelización, apuntalada por el testimonio de vida de los fieles y la obra social en apoyo a quienes tienen necesidades o carencias. “Una carencia importante, es la falta de instrucción por ello Wesley mismo, indujo la alfabetización y la cultura como compromiso de los miembros de la Iglesia metodista” (Serna: 2009).

Nuestro interés genuino por el bienestar la sociedad, debe impulsar nuestra vocación docente para poder afirmar con gran convicción lo que ya Martín Lutero exponía a sus concejales.

 “Antes que otro oficio preferiría, si no fuera pastor, ser maestro o educador de niños, pues sé que… esta profesión es útil, la más importante y la mejor, y además, no estoy seguro cuál de las dos (se  refiere también a la de pastor) es la mejor. Una de las virtudes más excelente sobre la tierra es la de educar fielmente a los hijos ajenos, cosa que muy pocos, casi nadie, hace incluso con los propios”.

En palabras de Juan Wesley “… el mundo es mi parroquia” y en nuestro pensamiento y sentir, el mundo es nuestra escuela. “Oh Señor, que no vivamos para ser inútiles”, Juan Wesley.

Referencias:

  • Bastian, Jean. (1989). “Los disidentes”. México: Fondo de Cultura Económica.
  • Rocchietti, Marcos. (2017). “Propuestas pedagógicas de Martín Lutero”. Montevideo: ALAIME boletín informativo.
  • Romero, Job. (2003). “Filosofía Institucional Metodista”, México: UMAD.
  • Serna, Gonzalo. (2009). “Un ejemplo de la educación Metodista en México: Los primeros años”. México: Congreso Internacional de Investigación. Recuperado en http://www.comie.org.mx/congreso/memoriaelectronica/v10/pdf/area_tematica_09/ponencias/0400-F.pdf.
  • Tema aportado por la Universidad Madero Campus Papaloapan