¿Reforma Eclesiástica? ¡Reforma Religiosa!

13. Reforma Eclesiástica-Reforma Religiosa¿Reforma Eclesiástica? ¡Reforma Religiosa!1

Pbro. Emmanuel Vargas Alavez

Durante muchos años hemos creído –y yo me encontraba entre ellos– que al reformarnos eclesiásticamente (es decir, que al renovar, revisar, modificar, cambiar, etc., nuestro libro de la Disciplina), con ello estaríamos logrando un cambio en nuestra manera de experimentar la religión o de vivir la fe. Esta es una creencia por demás falsa.

La reforma eclesiástica –la reforma de los estatutos de administración, organización y gobierno– no implica una reforma religiosa (es decir: una reforma de la vida espiritual). Tal vez esa sea la expectativa, pero esto no ocurre de manera automática ni por decreto. Y especialmente esto es verdad en esta época cuando se ha introducido toda una corriente “secular” de administración dentro de la Iglesia.

Me explico. La corriente “secular” de administración que ahora parece regir en nuestra iglesia, nos dice que existen jerarquías, que existen cadenas de mando que son inalterables, y que por ello es “piramidal”. Es decir, que una vez que las autoridades están en ese nivel, ya casi sería un “atentado” o “blasfemia” cuestionar o dudar de las decisiones que toman o de las declaraciones que se hacen ante la sociedad y la iglesia; y que la única tarea de las bases es sostener esa superestructura. Aunque se trate de negar verbalmente, en la práctica es una realidad.

Por ejemplo, de acuerdo con la administración secular la promoción que se hace de las buenas relaciones entre los empleados no tiene otro propósito que el de aumentar la producción, es para que la compañía tenga el mejor lugar entre sus competidores o para que las ganancias sean mayores. Es decir, no se promueven las buenas relaciones entre los empleados porque sea bueno para las personas, sino con el objetivo de que las compañías tengan más ingresos. El Presbítero Rafael Murillo Paniagua ha publicado y ha hecho circular (desde 1996) un documento que trata de justificar un orden jerárquico de manera “bíblica, teológica, filosófica y administrativamente”2. Un “orden” que llama “teo-democrático” y “piramidal”. Este es un buen ejemplo de la invasión de los valores “seculares” en la iglesia.

Por otro lado, durante un tiempo se creyó que la Administración por Objetivos era la solución y la CAM la adoptó (no se mal entienda, no digo que fuera algo malo); pero

luego llegó la administración estratégica (con el FODA, Misión, Visión, etc.) y se llegó a creer que sin ella no solamente estaríamos perdidos, sino acabados, y la adoptamos (aunque tampoco digo que sea algo malo).

Sin embargo, una vez más quiero dejar bien claro que, por sí sola, una reforma eclesiástica (de estatutos, leyes, normas, organización, gobierno, administración, estructura, etc.) no puede producir una experiencia que lleve al encuentro con la religión verdadera3 que necesitamos en este momento.

En los tiempos de Juan y Carlos Wesley (siglo XVIII) la forma que había adoptado la Iglesia de Inglaterra (que era la iglesia del estado) no proporcionó lo que el pueblo en verdad necesitaba. Aunque la Iglesia Anglicana se había reformado tanto en su organización como en su teología (entre los siglos XVI y XVII). Con el tiempo, tanto la estructura como la teología se hicieron pesadas y no produjeron mayores cambios en la vida del pueblo. Fue necesario un movimiento de Dios en los corazones del pueblo de Inglaterra para devolverle al Anglicanismo su verdadero sentido. Es decir, su fuerza para cambiar vidas, su virtud para transformar caracteres, su capacidad para despertar el deseo y la búsqueda honesta de Dios, y su poder para convertir a tímidos personajes en valientes testigos del poder transformador de Dios. Este movimiento fue el Metodismo.

En la actualidad, parece ser que se esperaba que la Iglesia Metodista de México tomara un impulso inusitado después de la Conferencia General de 1998, donde se propusieron ambiciosas metas de crecimiento en congregaciones y miembros. No ha sucedido. Por lo menos en el área en la que se encuentra el que esto escribe. Y, por razones de honestidad personal, debo decir que de esos “pecadores” yo soy el primero.

La petrificación nos dice que un organismo ha dejado de existir aunque conserve la forma. Es decir, un árbol petrificado seguirá teniendo toda la forma de un árbol, incluso con los detalles que harían posible reconocerlo; pero tiene la imposibilidad de hacer que brote un renuevo de su estructura (porque se ha convertido en piedra). Creo que si seguimos por el sendero de creer que la reforma eclesiástica traerá automáticamente una reforma religiosa corremos el peligro de petrificarnos. Para usar las palabras de Juan Wesley, podría suceder que “conservemos la forma, pero sin el poder”.

Uno de los síntomas de dicha petrificación de la iglesia es evidente cuando quienes tienen dones o ministerios particulares para realizar una función dentro de la iglesia (misionero, evangelista, profeta, maestro, pastor, administrador, servicio, etc.) no tienen la oportunidad de ejercerlo porque la estructura no lo permite, porque no existen los espacios para ello y porque no se busca la manera de abrirlos (“porque antes no se ha hecho” o porque hoy no se quiere hacer). Cuando la estructura no da oportunidad para otros ministerios, es un síntoma de que será muy difícil que puedan brotar algunos renuevos que anuncien que todavía existe vida en un tronco que está comenzando a petrificarse.

Parece ser que nuestra manera de contemplar a la iglesia ya no es desde la perspectiva de un organismo que requiere la función y participación de todos sus miembros para mantenerse vivo. Más bien parece que en este tiempo ese organismo ha perdido su

vitalidad, ha comenzado a petrificarse en una institución a la que ahora se hace necesario preservar, incluso a costa de sus miembros.

En 1985, a invitación del obispo Alejandro Ruiz, el Dr. Theodore W. Jennings presentó una reflexión con motivo del Centenario de las Conferencias Anuales de la IMM. En esta, Ted (así lo conocimos muchos de sus alumnos) recuperaba el sentido original de dichas reuniones. De acuerdo con su análisis, las Conferencias Anuales iniciadas por Wesley intentaban recobrar y reflejar el verdadero sentido de la administración bíblica. Ni hace treinta y tres años, ni ahora (aunque han existido intentos por recuperarlo) se le ha dado a las Conferencias Anuales la importancia que merecen y la forma necesaria que pueda colaborar en la renovación de la Iglesia. Tanto nos hemos concentrado en la reforma eclesiástica que hemos olvidado o descuidado el asunto de la reforma religiosa.

En su exposición sobre El Papel de la Conferencia Anual en el Pensamiento y Acción de Wesley4, Ted Jennings nos dice que lo principal en las Conferencias Anuales no era tratar asuntos de administración –como en la actualidad ocurre– sino buscar los medios para promover el desarrollo cristiano de los miembros del movimiento Metodista.

Esto se lograba planteando y contestando tres preguntas básicas:
1) ¿Qué debemos predicar y enseñar? (el contenido doctrina/teología).
2) ¿Cómo debemos predicar y enseñar? (la forma pedagógica que se va a usar).

3) ¿Qué debemos hacer? Es decir, ¿cómo debemos manejar y reforzar nuestra doctrina, disciplina y práctica?5 (integración de la teología y doctrina en la vida de iglesia y la personal de manera cotidiana).

Esta forma de presentar y conducir una Conferencia Anual lleva implícita la preocupación por las personas antes que por la institución; la preocupación por las necesidades de desarrollo cristiano antes que por el mantenimiento de una estructura que corre los riesgos de satisfacerse a sí misma y de convertirse en inhumana y, lo que sería peor, el riesgo de convertirse en anticristiana (algo que ha pasado a lo largo de la historia de la Iglesia Cristiana y que ha suscitado movimientos de reforma, de avivamiento o renovación).

Originalmente, las conferencias dirigidas por Wesley se dedicaban al estudio y discusión profundos de la fe. En particular sobre aquello que estaba más relacionado con la vida cristiana. De esta manera se procuraba que todos los Metodistas estuvieran bien informados y formados para dar testimonio de su fe. Otro de sus énfasis estaba dirigido a satisfacer la necesidad de conversión (para los no-creyentes), de desarrollo cristiano o madurez en la fe (a los ya-creyentes y que ahora llamamos discipulado). Un tercer énfasis estaba en la instrucción práctica dirigida a los pastores para que su ministerio fuera más eficaz y eficiente.

La Conferencia Anual también servía para evaluar de qué manera la comunidad cristiana metodista estaba expresando su fe por medio de su forma de ser y actuar para reformar a la nación (combate a la corrupción, al desempleo, a la esclavitud). Lo mismo que los esfuerzos para reformar a la iglesia (promover un “avivamiento” de la fe). De hecho, todo el movimiento Metodista puede ser interpretado como un esfuerzo de reforma religiosa (y no eclesiástica) dentro de la Iglesia Anglicana.

Es cierto que lo administrativo tenía (y debe tener) su lugar en la Conferencia Anual. Pero, tal como dice Jennings, principalmente se le debía considerar para obtener información sobre los retos, oportunidades, necesidades y problemas que estuviera enfrentando la iglesia, y para que pudiera responder a todos ellos tan rápida y tan eficientemente como le fuera posible. Todo esto con el propósito de cumplir el fin que Dios le había dado al Metodismo: extender por toda la nación la santidad que enseñan las Escrituras6. Jennings nos dice que este tipo de agenda para los trabajos de la Conferencia Anual, en realidad se debía a que “el primer asunto de una Conferencia Anual era la edificación del cuerpo [de Cristo]”. Si, bajo la dirección de Dios, privilegiáramos este elemento para definir la agenda de la Conferencia Anual, tal vez (y sólo tal vez) la asistencia aumentaría, el interés resurgiría, el ministerio sería más consagrado, y nuestras asambleas anuales serían fuente de inspiración y fortaleza.

Así pues, quien esto escribe, cree que en verdad necesitamos una reforma religiosa que comience con nuestros cultos en la iglesia local. Después, cultos que inspiren y fortalezcan a los asistentes a las asambleas de distrito, las anuales y hasta las generales de nuestra denominación. Creo que esto sería un elemento primordial y ayudaría a impedir que el Metodismo –por lo menos en esta área del país– se petrifique, o que siga existiendo con la forma pero sin el poder.

Estoy consciente de que podrían decir que me estoy atreviendo demasiado (?). Me podrían decir: “médico, cúrate a ti mismo”. Y tendrían razón. Pero también sé que ya no podemos vivir con la ilusión de que la estructura por sí misma satisfará toda esa sed de Dios que muchos de los pastores y laicos metodistas tenemos (y que, desafortunadamente, están comenzando a saciar en otros pozos).

Al expresar esto, pueden decir que “me estoy curando en salud”. Sin embargo, también podría preguntarles: ¿Acaso soy el único que se siente así? ¿Soy el único que se encuentra en esta encrucijada? No lo creo. Pero, como la estructura ha comenzado a petrificarse, entonces muchos de nosotros nos vamos petrificando junto con ella y comenzamos a “descuidar el don que está en nosotros” (1 Ti. 4:14); o tal vez sencillamente nos vamos acomodando dentro de la estructura para obtener privilegios, cargos o prebendas; o para no ser “castigados” y por eso callamos y no protestamos.

Sé que muchos pueden calificar el panorama que aquí describo como “negativo”, incluso algunos podrían decir que “no estamos tan mal”, y tendrían razón. Pero, lo que aquí expreso, proviene de la más profunda lucha conmigo mismo, con el estudio personal de la Disciplina, y porque he vivido y trabajado dentro de la estructura de la IMMAR (siendo delegado a más de cuatro Conferencias Generales, funcionario y pastor) y, definitiva y fundamentalmente, por lo que la Biblia nos dice. Así pues, mi “negatividad”, mi “pesimismo” lo identifico con el de Jeremías. No es la negatividad por si misma, no es la crítica como un juicio desfavorable; sino la crítica como un momento que sigue al análisis y nos conducirá a la acción.

 

Lo que aquí expreso es con el propósito de evitar que caigamos en la tentación en que cayó Israel al decir a los videntes: “no veáis; y a los profetas: No nos profeticéis lo recto, decidnos cosas halagüeñas, profetizad mentiras…” (Is. 30:10). Más bien –al igual que en el caso de Jeremías– esta crítica tiene el fin de exhortar a que “busquemos el rostro de Dios” (que tal vez hemos confundido con la estructura) y de hacer su voluntad. Es con el fin de volver a depositar nuestra confianza solamente en Dios (y no en las estructuras, por poderosas o útiles que estas puedan ser), y así confirmar que seguimos unidos a la vid que nos alimenta, que nos da la vida (Juan 15).

En este tiempo, y al menos en esta área de la IMM (la Conferencia Anual de México) creo que necesitamos dejar de seguir creyendo que una reforma eclesiástica dará por resultado una reforma religiosa; o que las formas son más importantes que el contenido; o que la estructura debe estar por encima de los congregantes a los que tiene que servir. Haciendo un símil del texto bíblico diríamos que: “la estructura se hizo por causa de la iglesia, no la iglesia por causa de la estructura” (y este es otro tema en que deberíamos concentrar nuestra atención: ¿cuáles son las estructuras que más convendrían a la CAM en este tiempo?).

Es tiempo de reflexionar seriamente sobre la muy necesaria reforma religiosa dentro de nuestra área geográfica (en oración, escudriñando las Escrituras, en ayuno y buscando la voluntad de Dios), y dejar de creer que las cosas están bien como están. Debemos dejar de creer que todo puede mejorar a partir de una reforma de estatutos, leyes, o normas administrativas; o por la sustitución de personas que las presiden; o por cualquier otro aspecto que tenga que ver más con la forma y no con la vida de la CAM. Creo que este es el verdadero reto que nos confronta como cristianos metodistas de la CAM.

A quienes compartan esta misma preocupación, les invito a establecer un diálogo a partir de estas propuestas (¿deseos?). Pero a que lo hagamos confiando en que Dios nos dirigirá hacia aquello que en verdad sea necesario para recuperar la vitalidad en la CAM; a lo que sea importante para extender el Reino de Dios en esta región; a que encontremos aquella forma que será la mejor para la Conferencia Anual de México en este tiempo; y para que las iglesias locales sigan siendo (o se conviertan en) miembros útiles en el Cuerpo de Cristo.

Bajo la dirección divina, pudiera ser que de este tronco medio seco, de esta estructura semi-petrificada, pueda brotar un renuevo que anuncie que todavía hay vida (Job 14:7- 9), y se convierta en una vida abundante (Jn. 10:10). Siempre debemos recordar lo que Juan Wesley exclamó al estar agonizando: “lo mejor de todo es que Dios está con nosotros”, y yo añadiría: a pesar de todo, por encima de todo y en contra de todo.

También serán bienvenidas todas las reclamaciones, desacuerdos o argumentación en contra.

Pbro. Emmanuel Vargas Alavez

P. S. Pueden enviar su correspondencia a evaimm@yahoo.com.mx o dejar sus comentarios en face book: Emmanuel Vargas Alavez

1 Un reciente ensayo del pastor Abner Alanis, enviado a los pastores y laicos de la CAM el 18 de Mayo del 2018, me hizo recordar lo que con anterioridad había propuesto y que fue publicado en el Evangelista Mexicano en el año 2000. Aunque han pasado dieciocho años desde ese entonces, creo que este ensayo conserva su vigencia, Así pues, como respuesta a lo expuesto por el pastor Alanis, pero también como propuesta para reflexionar en estos tiempos sobre el metodismo en la CAM, lo vuelvo a presentar con algunas modificaciones y actualizaciones.

2 Ver el folleto titulado El Gobierno de la IMMAR, Aspectos Bíblico-Teológicos, Filosóficos y Administrativos (Guía de Estudio). En este, el Pastor Murillo intenta justificar un tipo de organización y gobierno dentro de la IMMAR que está más de acuerdo con esa corriente “secular” de administración que con los postulados verdaderamente bíblicos, teológicos, históricos, disciplinarios y de organización de nuestra Iglesia. Más adelante presentaré un análisis de dicho documento, y presentaremos un modelo que creemos que refleja mejor lo contenido en nuestro libro de organización y gobierno, mejor conocido como Disciplina.

3 La religión verdadera, o religión viva, fueron los términos que Juan Wesley utilizó en sus obras para referirse a esa vida de devoción a Dios que es ardiente y sincera. En otro documento trataré de definir lo que Wesley quería decir con religión, que es muy diferente a como hoy la usan muchos “cristianos” insinuando que el cristianismo y la religión son antagónicos; que se puede (o se tiene que ser) cristiano sin ser religioso; que el cristianismo no es una religión; etc., etc.

4 Fue publicado por el Seminario DGBC, de la Iglesia Metodista. El Dr. Jennings fue profesor en el Seminario Dr. Gonzalo Báez Camargo por varios años. Durante estos nos dejo un gran legado de conocimiento sobre la teología cristiana y, en especial, sobre la historia y teología Metodista. Incluso, la experiencia que vivió como docente en el Seminario lo llevó a escribir un libro (Good News to the Poor, John Wesley ́s Evangelical Economics) que ha sido pionero y fundamental para muchos otros estudios que se han hecho en nuestro continente, en el Europeo y en Asia.

5 De acuerdo con Randy Maddox –uno de los mayores estudiosos contemporáneos de la teología wesleyana– la disciplina se refiere a las “prácticas que uno se compromete a realizar de tal manera que desarrollen la capacidad o „libertad‟ para que las conductas deseadas fluyan de manera natural”.

6 Desde la perspectiva Wesleyana, la santidad no tiene que ver con la perfección entendida como la ausencia de faltas o pecados. Más bien se entiende como el amor llenando el corazón y la vida (amor a Dios y amor al prójimo) en su mayor expresión.

 

2 comentarios sobre “¿Reforma Eclesiástica? ¡Reforma Religiosa!

  1. Estimado Emmanuel tu escrito me trajo a la memoria una platica que tube con el Obispo Alejandro Ruiz cuando este era el director del CEU y yo un seminarista, esta se desarrollo despues de un sermon sobre el Espiritu Santo predicado por el biblista Nazareno Ralph Earle. Yo le pregunte al Obispo “?Porque no traen a gente como este hermano a una Conferencia Anual y nos da una serie de predicaciones para ilustrar a los pastores”, el me contesto, “la Conferencia no es para eso” desde ese dia me he preguntado ?para que es? ?Para hacer politica” ?Para vacaciones” ?Para conseguir un mejor nombramiento?.
    Me gustaria leer los escritos de los que hablas, voy a tratar de conseguirlos, uncluyendo el escrito de Rafael Murillo. Gracias por tu aporte! Jose A. Torres

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    1. Pasator Torres, tus comentarios quedan a disposición del Pastor Emmanuel. Coincidimos contigo en que, así como Wesley utilizaba las conferencias anuales para instruir a sus pastores, deberíamos en la actualidad recuperar ese propósito original. Bendiciones.

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