Rubén Jaramillo y el Metodismo Mexicano del Siglo XX

15. Rubén Jaramillo y el metodismo mexicano del siglo XXRubén Jaramillo y el metodismo mexicano del siglo XX

Por Leopoldo Cervantes-Ortiz

Durante mucho tiempo el nombre de Rubén Jaramillo Méndez ha estado un tanto proscrito en los anales del metodismo mexicano.

“Hace unos momentos me recordaban el hecho de que soy cristiano, y lo soy, nunca lo he negado, y es precisamente el sacrificio de Cristo el que me mueve. No es el bienestar, ni las promesas de prosperidad, lo que cautiva del evangelio, sino su amor por el hombre y su llamado al sacrificio. Desde el principio mismo de nuestro movimiento le dije a mis hombres que yo creo firmemente en que es necesario que el grano muera para que el fruto venga, y que le doy gracias a Dios porque me ha permitido la satisfacción de ser grano y no fruto”.[1] Rubén Jaramillo.

Durante mucho tiempo el nombre de Rubén Jaramillo Méndez ha estado un tanto proscrito en los anales del metodismo mexicano. Reconocido como una de las figuras más importantes del protestantismo en este país, al lado de Pascual Orozco, Andrés Osuna, Gonzalo Báez-Camargo, Alberto Rembao, los hermanos Moisés y Aarón Sáenz, Raúl Macín, Carlos Monsiváis, Evangelina Corona y Sergio Cárdenas, entre otros,[2] referirse a él causa cierta incomodidad debido a su participación política y guerrillera en el estado de Morelos, en donde fue asesinado junto con su familia el 23 de mayo de 1962, durante el gobierno de Adolfo López Mateos. [Alan Sánchez Cruz: Rubén Jaramillo, pastor y profeta.] Alan Sánchez Cruz: Rubén Jaramillo, pastor y profeta. Señalado como un importante cuadro de la izquierda mexicana y miembro del Partido Comunista, no obstante haber sido militante y pastor de la iglesia mencionada, su labor prácticamente está ausente en los recuentos históricos. Tal como comenta Maritza Macín en el prólogo del libro de Alan Sánchez Cruz: “Campesino y pastor de la Iglesia Metodista, Jaramillo levantó su voz y las armas ante las injusticias cometidas contra el pueblo”.[3]

Nacido en 1900 en Zacualpan, Estado de México, y bisnieto de un colaborador cercano de Benito Juárez, muy joven estuvo a las órdenes directas de Emiliano Zapata.[4] En la historia reciente de México, Jaramillo siempre ha sido incluido como parte de los movimientos de resistencia social al régimen imperante en México. A su muerte, cobró mucha resonancia un reportaje de Carlos Fuentes aparecido en un número especial de la revista Siempre!, quien recuperó mucho del contexto acumulado después de varios años de militancia y organización social. “La tragedia del indomable líder campesino y su familia atrajo la atención del autor de La región más transparente, quien en el verano mismo de 1962, acompañado por los escritores Fernando Benítez, Víctor Flores Olea y León Roberto García acudió al lugar de los hechos. Su propósito consistía en investigar y denunciar una matanza silenciada por la ‘gran prensa’ mexicana”, rememora José Alberto Castro.[5] “De acuerdo con el testimonio de Carlos Monsiváis, en cuanto salió el número dedicado a Jaramillo el presidente López Mateos se sintió agredido pues una parte de la opinión pública lo responsabilizaba de dicho crimen, por comisión u omisión. Fue así como se rompió el diálogo con el gobierno”.[6] Ese texto se estableció como uno de los pocos que trataron de mantener viva la memoria del escandaloso suceso en que fue masacrado por el ejército. Sus palabras todavía resuenan “para contrarrestar el silencio”:

“En la soledad y la altura, como un Macchu Picchu mexicano, se levanta el antiguo centro ceremonial tolteca. El silencio puede escucharse: el canto de los grillos en el atardecer, las patas de las cabras que descienden velozmente de las ruinas, el graznar de los zopilotes clavados sobre un perro muerto, no logran destruirlo. Es un silencio que cobija y esculpe, en complicidad con el sol poniente, la vasta extensión del Valle de Morelos Xochicalco, atalaya de piedra, domina ese lienzo ondulante, de luces y sombras, que contiene todas las gamas del verde y parece prenderse al cielo de bloques oscuros, de nubes veloces, en cambio perpetuo. Todo, cielo y tierra, es ceñido por las montañas transparentes y cortadas, semejantes a las ubres de la loba clásica. Aquí murió Rubén Jaramillo”.[7]

El texto de Fuentes sigue siendo una referencia obligada para quien desee conocer el trasfondo de los sucesos que llevaron a la masacre y constituye uno de los mayores homenajes que ha recibido. Con el paso de los años, otros autores se siguieron acercando a ese terrible suceso y, a la vez, para desenterrar del olvido la gran trayectoria de lucha social de Jaramillo. Así, se fueron sumando los trabajos de Renato Ravelo,[8] Raúl Macín[9] y, más recientemente, la tesis doctoral de Tanalís Padilla y otros textos suyos,[10] además de incontables artículos publicados en La Jornada,[11] sin olvidar una amplia semblanza.

El volumen de Macín, particularmente, por porvenir del ámbito protestante, publicado originalmente por el movimiento Iglesia y Sociedad en América Latina, causó polémica por la forma en que rescató su formación religiosa y situó, aun cuando el libro es una historia novelada, el cual se ha reeditado varias veces.[12] Este mismo autor persistió siempre en preservar la memoria de Jaramillo . En Lutero: presencia religiosa y política en México, en donde recogió la entrada que elaboró para la Enciclopedia de México, afirma: “[Jaramillo] se distinguió como orador y maestro de los jóvenes en la escuela dominical. Le gustaba predicar acerca del profeta Amós y la justicia social [eco de lo cual se hace Sánchez Cruz en una sección de su libro]. Este testimonio, ocultado durante mucho tiempo por la Iglesia a la que él perteneció, es citado a menudo por los protestantes mexicanos que aceptan el principio evangélico de que ‘es necesario que el grano muera para que el fruto venga”.[13]

En esa misma obra, al hablar de la crisis actual y de la eventual presencia de lo protestante en el país, Macín ahonda aún más en la importancia de la fe para Jaramillo: “Jaramillo solía decir que, a pesar de que entregó sus credenciales de pastor cuando se decidió a luchar con las armas en la mano, nunca se dejó de considerar hijo de Dios y siervo de su pueblo. Confesaba que su libro preferido en la Biblia era el del profeta Amós”.[14] Y no ha faltado tampoco el homenaje poético para Jaramillo, desde la composición de un corrido con su nombre, de José de Molina,[15] hasta la elegía de Abigael Bohórquez, Canción de amor y muerte por Rubén Jaramillo.[16] Muestra fehaciente de la forma en que el régimen se ha comportado en relación con este crimen de Estado fue la respuesta de la Sedena cuando se solicitó información al respecto: “‘¿Quién es Rubén Jaramillo? ¿En qué forma participó en el Ejército y Fuerza Aérea mexicanos?’ De esta manera respondió la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) a una solicitud de información en la que se pidieron documentos sobre el operativo Xochicalco, en el que el líder campesino y defensor de los derechos humanos perdió la vida a manos de efectivos militares y de la policía judicial de Morelos, en 1962”.[17]

Activista político en una época en la que no existía más alternativa que el oficialismo, Jaramillo dio continuidad a las luchas zapatistas por las tierras de cultivo en Morelos. El jaramillismo, un movimiento que siguió fielmente la huella de Zapata, se estableció como una herencia ideológica y política, muy al margen de la formación religiosa que había tenido su fundador. “En 1944, su líder aceptó la amnistía del presidente Manuel Ávila Camacho, y en 1958 de Adolfo López Mateos. Ambos mandatarios les otorgaron salvoconductos, pero ninguno se comprometió a aplicar reformas que cambiaran la situación que produjo el levantamiento. Esta falta de voluntad oficial repercutiría profundamente en la trayectoria del movimiento”.[18] La remembranza del crimen, luego de acercamientos aparentemente amables, pero sumamente frustrantes con el gobierno, en las palabras de Gilberto López y Rivas, es espeluznante: 

“En aquel trágico 26 de mayo, camiones del ejército irrumpieron en la comunidad de Tlaquiltenango, coparon las azoteas de las casas vecinas a la vivienda de Jaramillo y su familia e iniciaron la operación de secuestro del líder campesino, su aguerrida compañera e hijos. Los soldados, dirigidos por el capitán José Martínez del destacamento de Zacatepec, respondieron con burlas e insultos a uno de los hijos de Jaramillo, quien esgrimía como defensa el decreto presidencial de amnistía. De ahí fueron conducidos al sitio arqueológico de Xochicalco, donde, tras un frustrado intento de conminarlos a ponerse de rodillas, fueron fusilados y ultimados con un tiro de gracia”.[19]

 

La reconstrucción biográfica, histórica y pastoral que ha llevado a cabo Sánchez Cruz tiene el mérito de trazar muchos puentes para derivar hacia la trinchera eclesial, especialmente la pastoral, aunque varios los deja suspendidos. El texto ganó en ligereza con la eliminación de los datos sobre el estado de Morelos y permitió que se advierta, en el resto de los capítulos (“Metodistas en la revolución” y “La lucha de Rubén Jaramillo”), la importancia del pensamiento y la obra de Jaramillo, en abierta contradicción con los dictados de su iglesia. Si desde 1938 ya no apareció en los registros de la Iglesia Matodista, esto significó que se dedicó en cuerpo y alma a la lucha social. No obstante, uno de los méritos del libro consistió en rescatar la nostalgia que Jaramillo experimentó, incuso en sus momentos de guerrillero, de los estudios bíblicos y los cultos en los que participó tantas veces.[20] Sus responsabilidades pastorales, tan bien reconstruidas por el autor, dejaron el lugar a un compromiso político inquebrantable que no cejó ni siquiera ante los riesgos de cooptación por parte del gobierno. 

Lo que Tanalís Padilla calificó de “abrazo de Judas” por parte del presidente López Mateos, luego de sus diversos diálogos, marcaría para siempre su destino, el cual desde 1943 estuvo signado por una decisión inquebrantable de búsqueda de justicia ante tanto abuso. Ese año afirmó “que lo hacía ‘convencido de que ante este gobierno, hablar en favor de los campesinos, como es digno, es un crimen’. Jaramillo llevaba varios años defendiendo los derechos de los

cañeros del ingenio de Zacatepec donde, en 1938, había sido presidente del consejo de esa cooperativa. Pero a partir de 1940, sus gestiones se enfrentaban cada vez más a las represalias del gerente, cuyos pistoleros atentaron en varias ocasiones contra la vida del veterano zapatista”.[21] Ni siquiera valió su amistad con Lázaro Cárdenas. Aceptó varias amnistías “porque consideraba que le otorgaban un espacio para ampliar su lucha”. En 1945 formó el Partido Agrario Obrero Morelense (PAOM), y al año siguiente se postuló para gobernador de Morelos, pero fue la represión la que lo llevó, de nuevo, a la clandestinidad. En 1951 regresó a la vida pública, optando por la vía electoral, pues se volvió a postular para gobernador en 1952, cuando nuevamente fue reprimido. La represión de ese último año dio inicio a otro periodo de clandestinidad. Aun así, los jaramillistas mostraron su voluntad de participar dentro de la vía legal y aceptaron la amnistía de López Mateos. “La reunión terminó con un abrazo, que luego sería recordado como “el abrazo de Judas”, ya que el hostigamiento gubernamental se inició casi de inmediato”.[22] Cuenta la leyenda que ni siquiera la intervención de la esposa de López Mateos, militante presbiteriana, en 1962, impidió el asesinato del líder campesino.

No queda duda alguna de que dos de sus herederos, en el seno del metodismo han sido Raúl Macín y César Pérez, ambos pastores también, y que tomaron la estafeta de Jaramillo en circunstancias un tanto diferentes, pero igualmente exigentes. El primero, al renunciar también a la vida eclesial y consagrarse a la arena política, como miembro, igual que su maestro, del Partido Comunista Mexicano y de otras organizaciones de izquierda. Pérez, a su vez, en el ámbito de la defensa de los derechos humanos. Quede constancia de que lo sembrado por el insigne revolucionario metodista, masón y zapatista no fue en vano incluso al interior de su propia iglesia que tanto amó. 

[1] Raúl Macín, Rubén Jaramillo, profeta olvidado. 3ª ed. México, Claves Latinoamericanas, 2002, p. 41, cit. por Alan Sánchez Cruz, Rubén Jaramillo: pastor y profeta. Casa Unida de Publicaciones, 2015, p. 156.

[2] Cf. L. Cervantes-Ortiz, “Los hijos de Lutero en México: un recuento histórico con nombres”, en Carlos Mondragón González y Carlos Olivier Toledo, eds., Minorías religiosas: el protestantismo latinoamericano. México, UNAM/ Centro de Investigaciones sobre América Latina y el Caribe, 2013 (Política, economía y sociedad en América Latina y el Caribe, 17), p. 248. 

[3] M. Macín, “Prólogo” a Rubén Jaramillo: pastor y profeta, p. 9.

[4] A. Sánchez Cruz, op. cit., p. 79.

[5] J.A. Castro, “La muerte de Rubén Jaramillo, por Carlos Fuentes”, en Proceso, 9 de enero de 1999, www.proceso.com.mx/179833/la-muerte-de-ruben-jaramillo-por-carlos-fuentes.

[6] Alejandro Olmos Cruz, “Periodismo cultural básico”, en Revista de la Universidad de México, p. 18.

[7] C. Fuentes, cit. por J.A. Castro, op. cit.

[8] R. Ravelo Lecuona, Los jaramillistas. México, Nuestro Tiempo, 1978. Cf. “Rubén Jaramillo Méndez”, en www.memoriapoliticademexico.org/Biografias/JMR00.html.

[9] R. Macín, Jaramillo, un profeta olvidado. Montevideo, Tierra Nueva, 1970; en www.stunam.org.mx/8prensa/cuadernillos/cuaderno11.htm.

[10] T. Padilla, Rural resistance in the land of Zapata. The Jaramillista movement and the myth of the Pax priísta. Durham-Londres, Universidad de Duke, 2008. Esta autora ha divulgado ampliamente el fruto de sus investigaciones en diversos medios. Cf. T, Padilla, “Rubén Jaramillo: el muerto incómodo”, en La Jornada, 19 de mayo de 2007, http://www.jornada.unam.mx/2007/05/19/index.php?section=opinion&article=016a2pol; Ídem, “El abrazo de Judas”, en La Jornada, 4 de mayo de 2008, http://www.jornada.unam.mx/2008/05/04/index.php?section=opinion&article=008a1pol; Ídem, “Rubén Jaramillo: a 50 años de su muerte”, en La Jornada, 15 de mayo de 2012, http://www.jornada.unam.mx/2012/05/15/opinion/021a2pol; Ídem, “La huella histórica de Jaramillo”, en La Jornada, 5 de junio de 2012, http://www.jornada.unam.mx/2012/06/05/politica/009a1pol; e Ídem, “Historia, magisterio y resistencia”, en La Jornada, 4 de junio de 2016, www.jornada.unam.mx/2016/06/04/opinion/015a2pol.

[11] Cf. Ricardo Montejano, “El proyecto estaba precioso”, en Masiosare, supl. de La Jornada, 30 de mayo de 1999, http://www.jornada.unam.mx/1999/05/30/mas-ricardo.html; Arturo Jiménez, “Jaramillo, abrir el expediente”, en La Jornada, 13 de octubre de 1999, http://www.jornada.unam.mx/1999/10/13/jaramillo.html; Laura Castellanos, “La hija de Rubén Jaramillo”, en Masiosare, supl. de La Jornada, 24 de junio de 2001, http://www.jornada.unam.mx/2001/06/24/mas-memoria.html; “Memorias de un jaramillista”, en Masiosare, supl. de La Jornada, 5 de mayo de 2002, http://www.jornada.unam.mx/2002/05/05/mas-amarillista.html; Gilberto López y Rivas, “Rubén Jaramillo: cuatro décadas de impunidad”, en La Jornada, 23 de mayo de 2003, http://www.jornada.unam.mx/2003/05/23/018a1pol.php?printver=1&fly=; “Incumplidos, los ideales de Rubén Jaramillo a 42 años de su asesinato”, en La Jornada, 24 de mayo de 2004, http://www.jornada.unam.mx/2004/05/24/005n1pol.php?printver=1&fly=; Luis Hernández Navarro, “Mónico Rodríguez, la estirpe de los indómitos”, en La Jornada, 9 de diciembre de 2008, http://www.jornada.unam.mx/2008/12/09/index.php?section=opinion&article=021a1pol; Rubicela Morelos Cruz, “Murió Félix Serdán, ejemplo de resistencia campesina en 1942”, en La Jornada, 23 de febrero de 2015, www.jornada.unam.mx/2015/02/23/politica/013n1pol.

[12] Reedición: México, Diógenes, 1984. [13] R. Macín, “Presencia y ausencia de Lutero en el protestantismo mexicano”, en Lutero: presencia religiosa y política en México. México, Nuevomar, 1983, p. 64.

[14] R. Macín “Lutero, ausente y presente en la crisis actual”, en Lutero: presencia…, p. 70.

[15] Véase: http://www.albumcancionyletra.com/corrido-a-ruben-jaramillo_de_jose-de-molina___122288.aspx 

[16] A. Bohórquez, Acta de confirmación. Canción de amor y muerte por Rubén Jaramillo. México, Universidad Autónoma de la Ciudad de México, 2015, http://ludibria2000.blogspot.mx/2010/09/cancion-de-amor-y-muerte-por-ruben.html. Cf. Gerardo Bustamante Bermúdez, “Juan Bañuelos y Abigael Bohórquez: la poesía como resistencia y representación social”, en Acta Poética, vol. 37, núm. 2, 2016, https://revistas-filologicas.unam.mx/acta-poetica/index.php/ap/article/view/736/778.

[17] Elizabeth Velasco C., “Sedena ignora quién fue Rubén Jaramillo”, en La Jornada, 7 de noviembre de 2008, www.jornada.unam.mx/2008/11/07/index.php?section=politica&article=019n2pol

[18] T. Padilla, “El abrazo de Judas”, op. cit.

[19] G. López y Rivas, op. cit. 

[20] A. Sánchez Cruz, op. cit., p. 155.

[21] T. Padilla, “El abrazo de Judas,”, op. cit. 

[22] Ídem. 

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