
El peligro del conocimiento teológico
Cometemos un craso error cuando en nuestro deseo de combatir la falta de conocimiento bíblico, convertimos el conocimiento en un fin y no en un medio.
José Daniel Espinosa Contreras
El título de este artículo, a priori, puede ser confuso. ¿Cómo el conocimiento teológico podría ser peligroso? ¿No sé supone más bien que este conocimiento es beneficioso e imprescindible? ¿No reside el verdadero peligro en la falta de este conocimiento teológico en las iglesias? Ciertamente, la falta de conocimiento bíblico y teológico es uno de los grandes males que afecta a muchas iglesias cristianas, dando lugar a toda clase de herejías, sectas y prácticas vergonzosas. En otro contexto, el profeta Oseas escribió: «Mi pueblo fue destruido, porque le faltó conocimiento» (Oseas 4,6). El conocimiento es indispensable. El apóstol Pablo oraba por sus hermanos en Colosas para que fuesen: «Llenos del conocimiento de su voluntad» (Colosenses 1,9). Pero tal conocimiento no es un fin en sí mismo, sino que es un medio que persigue un fin mayor: la transformación integral de nuestras vidas a la imagen de Jesucristo, de modo que nos convirtamos en verdaderos adoradores del Dios verdadero. De modo que cometemos un craso error cuando en nuestro deseo de combatir la falta de conocimiento bíblico, convertimos el conocimiento en un fin y no en un medio. Y sí, este es un peligro real que amenaza a la Iglesia en Occidente.
Sabemos que el conocimiento teológico se ha convertido en un fin cuando los Seminarios Bíblicos y Facultades Teológicas pierden su dimensión práctica y se enfocan únicamente en el conocimiento; cuando se evalúa el conocimiento del estudiante, pero no su carácter o vida devocional; cuando el estudio de la Palabra de Dios te lleva a hincar los codos, pero no a hincar las rodillas en actitud de adoración; cuando las iglesias miden el grado de madurez de sus miembros por su conocimiento de los conceptos teológicos de la Sagrada Escritura y no tanto por su piedad o poder espiritual, cuando nos es fácil aprender teología, pero nos resulta complicado vivirla.
Debería resultarnos aleccionador el hecho de que los mayores conocedores del Texto Sagrado en tiempos de Jesucristo –fariseos, escribas y doctores de la Ley–, fuesen los que recibiesen las críticas más duras por parte de Jesús (Mateo 23,13-33). ¿De qué les sirvió su conocimiento? Sus vidas giraban en torno al estudio e interpretación de la Ley, pero sus vidas no habían sido afectadas por la misma. Y algo anda mal, muy mal, cuando puedes pasar horas de estudio alrededor del texto bíblico, pero su mensaje no te conmueve de manera personal y auténtica a cada momento.
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