El Amor en Tiempos del COVID-19

El amor en tiempos del COVID-19

Emmanuel Vargas Alavez

La crisis de salud que estamos viviendo a nivel mundial está haciendo al menos tres cosas: primero, ha promovido el “distanciamiento social” como una forma para evitar el contagio. Es decir, la gente no deberá saludarse de mano, de beso en la mejilla, ni abrazarse; y deberá mantener la separación de un metro de distancia entre personas. Además, debe evitar asistir a lugares donde se reúnan más de diez personas. También sería bueno, y si le fuera posible, recluirse en su casa mientras pasa esta crisis sanitaria.

Segundo, la gente que está entrando en pánico, se vuelve egoísta, rara y violenta. Va a los comercios y compra “todo” lo que cree que necesita para “sobrevivir”. Incluso está dispuesta a pelear para conservarlo. Algunos comercios están “aprovechando” la situación para obtener mayores ganancias; otros están saqueando “aprovechando el río revuelto”, y es escandaloso el ejemplo de Trump ofreciendo millones de dólares para obtener exclusividad de alguna vacuna contra el virus.

Tercero, esta crisis nos está obligando a permanecer en casa (a quienes les es posible). Las escuelas, universidades y compañías que puedan hacerlo, implementarán medidas para seguir su enseñanza o trabajo, pero lejos de las aulas u oficinas. Deberán aprovechar la tecnología o algún otro medio creativo para continuar con su aprendizaje y trabajo.

¿Y el amor?

A diferencia de los personajes de la novela de García Márquez en “El amor en los tiempos del cólera”, no podemos permanecer en el barco con la bandera que indica “infección” y navegar eternamente y para siempre en solitario.

El amor tendrá que encontrar nuevos caminos. Ya lo estamos viendo en diferentes lugares donde la crisis sanitaria ha sido más fuerte: reconocer a quienes arriesgan su vida para proteger la de otros (médicos, enfermeras/os, laboratoristas y en general trabajadores/as de la salud). Que debemos colocar nuestras finanzas en lo que realmente importa y es trascendente: en la salud, en el combate a la pobreza, en el combate a la corrupción, en la investigación científica, en la colaboración entre países, y en todo aquello que en verdad aumente el bienestar de la población.

¿Serán capaces de reconocer esto los gobiernos a nivel mundial? ¿Nosotros como ciudadanos del mundo?

Con esta pandemia, en verdad que nos estamos dado cuenta de cuán pequeña es nuestra “aldea global” y qué tan peligroso puede ser que las naciones (y sus ciudadanos) solamente piensen y se ocupen de sí mismas y nada más.

¿O no?