Ustedes que aún Quedan, ¡Sean Fuertes!

¡Ustedes que aún quedan, sean fuertes!

Sermón dirigido a los ligueros del siglo XX en la celebración con motivo del CXXXI aniversario de las Ligas Metodistas de Jóvenes e Intermedios, el pasado 24 de mayo de 2020.

Isaías Ramos Corona (liguero)*

¡Saludos a todos mis hermanos! En lo particular a mis hermanos de todas las generaciones de las Ligas Metodistas. Les saludo como liguero de la generación de 1975 a 1980.

Reciban saludos desde la iglesia donde ahora sirvo como pastor en Cuautla, Morelos: “Templo de Cristo”.

Mi agradecimiento a mi hermano Elías Campos y a su equipo coordinador, que entiendo se encuentran entre ellos: Susy, Rebe y Héctor Campos, así como Alex (López) Páez. Gracias por esta invitación privilegiada que, por los tiempos, nos hace actualizarnos y hacer uso de los medios electrónicos. Saludo también a quienes tienen participación en este culto: Pacita (Quijano), Samy Cisneros, Talía Escorza, y ¡mi querido Azael Tavera con su esposa! Gracias por hacer posible el vivir este momento conectando con los tiempos de antaño.

Es un privilegio para su servidor tomar la palabra en un día tan especial como es el aniversario número 131 de las Ligas Metodistas de México. Quiero iniciar tomando las palabras de Hageo, (2:4) “Ustedes que aún quedan, sean fuertes” (versión NTV). Lo hago considerando que en la actualidad muchos ya no están.

Estas palabras fueron dichas por el profeta al pueblo de Israel cuando ellos regresaban del exilio en Babilonia. Ellos regresaron para reconstruir su ciudad, su pueblo. Fue cuando, según la historia, el más grande grupo del pueblo judío regresó del cautiverio, después de haber perdido mucha gente.
Su misión fue «reconstruir».

Y antes que hacerlo con los muros de Jerusalén, su misión fue reconstruir el templo. Pero… ¿Por qué? ¿Por qué el templo? Cuando en los inicios del reencuentro con la Tierra Prometida, Dios no permitió construirlo, sino hasta que hubo rey y hasta que llegó Salomón al trono. Es decir, el tercer rey. Entonces, ¿Por qué con Hageo, sí?

Permítanme afirmar tres cosas:

Primero, porque Dios así lo quiso y había que obedecer. Por tanto, el asunto era ser obedientes. Dicho sea de paso: No cuestione las ordenanzas de Dios.

Segundo, porque Dios es impredecible. ¿Qué quiero decir con ello? Que Dios puede dar una orden y luego cambiarla. El asunto es que no nos quedemos con una fórmula de Él y su actuar. No podemos contenerlo. ¡Es decir, no podemos llevarlo! ¡Él nos lleva! De otra manera, no sería Dios.

Él nos sorprende día a día. Tenemos que estar en comunión con Él ¡Diariamente! No hacer fórmulas como: “Ayer me bendijo porque hice tal o cual cosa, así que seguiré haciéndola para que me bendiga”. ¡NO! ¡No es así! ¡Dios no actúa de esa manera! ¡No es un fetiche! ¡No es un ídolo! Es una Persona.

Tercero: Construir el templo es darle el lugar al Señor antes de cualquier acción. Antes de cualquier movimiento, antes de mover un solo dedo, Dios debe ser el centro, La prioridad.

Hermano, ¿Vas a hacer un cambio? ¿Vas a construir algo? ¿Algo caído? ¿Cómo está tu familia? ¿Cómo está tu matrimonio? ¿Cómo está tu negocio? ¿Tu realización? ¡Reconstruye! ¡Reedifica! Pero hazlo estableciendo tu prioridad.

El templo no sólo representaba darle el lugar a Dios en los inicios, sino todo el tiempo. Era la garantía que Dios sería la prioridad siempre. Pues era el lugar donde el pueblo de Dios recurriría permanentemente para recibir órdenes de parte de Dios y obedecerlas. ¿Para qué? Para su propio bien. Para no desviarse del Camino de Dios.

Si tú lo has hecho y lo que vives está muy lejos de lo que fueron los inicios -tu tiempo de liguero-, aún puedes “reconstruir tu ciudad”. Una de las herencias que el Espíritu Santo nos dejó a través del protestantismo fue que el creyente va al templo teniendo como prioridad recibir la Palabra de Dios para obedecerla. Es muy importante la gratitud, la adoración, la alabanza. Pero es fundamental, el que vayamos para recibir la Palabra de Dios y ponerla en práctica.

Algo significativo en este primer avance del pueblo israelita a su tierra, a la reconstrucción de su pueblo, es que el liderazgo lo llevaron dos personas significativas, muy familiares en los términos para nosotros los metodistas: un seglar y un sacerdote. En nuestros términos: un pastor y un laico. ¿Qué les parece? No puede ir uno sin el otro. Incluso en nuestra Iglesia Metodista, no hay representación legal, si no están ambos.

Veamos ahora el versículo 3: “Quién ha quedado entre vosotros que haya quedado entre vosotros que haya visto esta casa en su gloria primera, y cómo la veis ahora?” ¿No es ella como nada delante de vosotros?

La gente se burlaba de Zorobabel y de Josué, porque el templo que estaban construyendo no se parecía en su esplendor en nada al de Salomón. Incluso lograron impedir que reconstruyeran el templo de manera legal. Y, ¿Saben quiénes se burlaban e impedían esta reconstrucción? El propio pueblo. Los que quizás recordaban la gloria del antiguo templo.

En vez de ayudar, estorbaban.

¿Saben quiénes son los mayores detractores -en nuestro tiempo- al tratar reconstruir los trabajos de la Iglesia? ¿Al tratar de reanimar esta reconstrucción? ¡Los líderes de antaño! Los que entonces animaban a no quedarnos sentados. Los que impulsaban a la evangelización. Los que compusieron cantos. Los que dirigieron campañas.

¿Dónde está nuestro liderazgo ahora? Muchos, ni siquiera permiten a sus hijos o nietos ir a las reuniones de Liga. No les interesa respaldar a los jóvenes.

No nos ponemos a sus órdenes para respaldarles. Hay tanta falta de asesoría y acompañamiento juvenil.

¿Cuántos de nosotros no vivimos la gloria, el esplendor de las Ligas en el siglo pasado? Cuando Manuel V. Flores o Raúl Ruiz Ávila, por decir algunos. Las ligas eran muy grandes. De 50 o 60 jóvenes y si acaso eran pequeñas, por muy pocas eran de 30. ¡Fue su esplendor!

Si de veras fue lo que fueron las Ligas, ¿dónde está nuestro liderazgo pasado?

Hablando en términos históricos, fuimos quienes abrimos obra en Sureste. Pusimos pastores de nuestras propias Ligas. Carlos Sánchez salió de la Liga de Gante; el hermano que quedó de pastor en Villahermosa, liguero también. Sostuvimos como Ligas esas misiones. Invadimos Puerto Vallarta bajo el liderazgo del pastor Josué Álvarez y quedó una iglesia metodista. Fuimos los ligueros que provocamos cambios en la misma Disciplina. Los términos Desarrollo y Testimonio Cristianos fueron aporte de los ligueros. La visión del Asesor, en vez de Director de Trabajo Juvenil fue también un cambio acorde a los tiempos, que hasta ahora muchas denominaciones no han alcanzado.

Si eso fuimos, las bases de la Iglesia Metodista en la actualidad son fuertes. Somos ahora los que hemos tomado la estafeta, aunque muchos ya estamos entregándola. Pero aún queda mucho por hacer. Tenemos todo para levantar, “construir” dice el versículo 4 del mismo capítulo 2 de Hageo: “Cobrad ánimo” no sólo por lo que fuimos (ahí está Luis Saborío, Presidente nacional de Ligas y ahora líder en una Iglesia fuerte de la Ciudad de México; Ángel Flores, pastor ahora en Guadalajara, también con mucho crecimiento por parte de Dios; Chuy Sevilla, autor de varios cantos, líder de un grupo humanitario en Guadalajara, por mencionar algunos) sino por lo que somos. No por nosotros mismos, sino por Dios.

Dice también el texto leído: “Yo estoy con vosotros, dice Jehová de los ejércitos”. No con nuestras fuerzas. Jehová de los ejércitos, el Poderoso para la batalla, nos dice: Si hay que guerrear, es decir también enfrentar al enemigo, como lo hicieron Zorobabel y Josué, tenemos de nuestro lado al Único que puede darnos la victoria. ¡“Ustedes que aún quedan”! Muchos ya no están o quizás están en otros grupos. Desde ahí están en la lucha. Sin embargo, hay otros que no están en ningún lado. ¡Ve a buscarlos, hermano!
Cuando Jesús envío de dos en dos a sus discípulos dijo: “id primero a las ovejas perdidas de Israel”. Tiene fundamento lo que estamos diciendo. El reto que nos presentó Elías. Ve con aquel hermano o hermana que ya no está. Que quizás esta en el desaliento, en la desesperanza. Ahora mismo, con el miedo a la pandemia. ¡Necesita reencontrarse con Jesús! Y eres tú quien Dios puede usar para su renovación en Cristo. Pero no vayas con tus propias fuerzas. Esta pandemia ha traído crisis de todo tipo y entre éstas: Hambre espiritual. Y ahí es donde podemos ser usados por el Señor.

“Cobrad ánimo y trabajad”, dice la Escritura. Dice el profeta a nosotros hoy día “Sean fuertes”. Que este período de retiro espiritual familiar, además de reencuentro con la familia, sea también de recobrar fuerzas. Regresemos con toda la fuerza nosotros que aún quedamos, pero para ser bendición.

Recuerda hermano, hay que reconstruir la ciudad de Dios; pero para ello, lo primero es el templo. Es decir, tu comunión con Dios. asegúrate que esa comunión sea pensante, en convicción. No es religiosidad. Es «naturalidad», es vida diaria; nueva vida. Como metodistas tenemos las bases, la historia, tenemos el liderazgo; pero, sobre todo, la presencia del Espíritu de Dios. Recordemos lo que Wesley decía casi para partir con el Señor: “Lo más importante es que Dios está con nosotros”. Si buscamos servirle, edificar, reconstruir lo derrumbado.

Ahí donde tú estás hermano, ahí se puede levantar la ciudad de Dios. Que el próximo aniversario sea el recuento de lo reconstruido en medio de las crisis.

¡Elevaos y elevad todo por Cristo!


* Isaías Ramos Corona, pastor metodista durante más de 40 años actualmente sirviendo en el Templo de Cristo, Cuautla. Mor. Ha sido pastor de la IMMAR en diversas congregaciones en la Cd. de México y en los estados de México, Guanajuato, Querétaro, Puebla y Morelos, así como en labores misioneras en EUA y Costa Rica. Ha sido académico en Seminarios Metodistas y en la Universidad Madero, asesor de trabajo juvenil, superintendente de Distrito y obispo de la CAS.