Mira Hacia la Cruz

Mira hacia la cruz

David Almanza Villalobos

“Y Jehová dijo a Moisés: Hazte una serpiente ardiente, y ponla sobre una asta; y cualquiera que fuere mordido y mirare a ella, vivirá”..

Números 21:4-9

El pueblo de Israel “habló contra Dios y contra Moisés”. Se quejaron amargamente del desierto porque un desierto es complicado. En un desierto no hay nadie, todo cuesta mucho, por el día es caliente, por la noche es frío.

Además, calificaron de “pan tan liviano” al maná, al “pan del cielo”, dando a entender que les repugnaba. Al referirse al maná, como “pan liviano”, estaban diciendo que era un pan que no los saciaba, que no les agradaba, que no era lo que ellos querían.

En respuesta a esta queja, Dios envió “serpientes ardientes” entre el pueblo, cuya mordedura provocaba un dolor agudo y era mortal.

Como tantas otras veces, Moisés hizo de mediador y suplicó al Señor en favor del pueblo.Dios lo escuchó, y mandó a Moisés que hiciera una serpiente de bronce y la pusiera sobre un asta, para que todos la pudieran ver. Todos los que eran mordidos y miraban con fe a esa serpiente de bronce, fueron sanados y quedaron con vida.

El pueblo de Israel, lógicamente, conocía bien esta historia; seguramente la transmitían de generación en generación. La Biblia no menciona dónde ni cómo guardaron esta serpiente. No sabemos si en aquel entonces ya habían hecho algo como un “lugar de peregrinación” en honor a la serpiente, o si había un “altar” donde la habían colocado para que pudiera ser contemplada. Quizá había un día conmemorativo en el año, cuando se recordaba este acontecimiento.

Lo cierto es que esta serpiente fue venerada durante siglos, e incluso le quemaban incienso.Así, finalmente, el símbolo de la gracia y misericordia de Dios se transformó en un objeto venerado y adorado. Incluso le traían sacrificios. Se transformó en ídolo.

El rey Ezequías desenmascaró la idolatría, y la hizo pedazos para que ya nadie lo pudiera reconocer.

2 Reyes 18:4, leemos:

“… e hizo pedazos la serpiente de bronce que había hecho Moisés, porque hasta entonces le quemaban incienso los hijos de Israel; y la llamó Nehustán”.

Después que el rey Ezequías exterminó en Judá los “altares”, las “imágenes” y las “Asera”, al principio de su reinado, poniendo fin a la evidente idolatría en el pueblo de Dios, echó mano de un objeto de unos 700 años de edad, que en Judá gozaba de sumo respeto y era correspondientemente venerado.

Era la serpiente “ardiente” o serpiente “de bronce”, por medio de la cual Dios había dado sanidad y salvación al pueblo de Israel al final del viaje por el desierto.

¿Qué podemos aprender de la destrucción de la serpiente de bronce para nuestros días? ¿Hay personas o cosas que Dios nos ha dado como gran bendición, y que, no obstante, pueden convertirse en ídolos, gozando de una veneración que no les corresponde?

La Biblia nos habla de una nación en crisis, la biblia nos menciona que cuando vino la crisis de las serpientes, Dios mandó construir una serpiente de bronce para que todos miraran a ella y fueran sanados.

Hoy veo serpientes ardientes que muerden a la gente y la desanima, como el COVID-19. El desánimo de creyentes que, al no ir al templo, se sienten desanimados porque sienten que un local les da identidad.

Veo a no creyentes desanimados porque están encerrados en sus casas.

Veo gente quejarse y murmurar de Dios.

Veo unos gobernantes que no saben qué hacer.

En fin, hay muchas serpientes mordiendo como la duda, la soledad, la avaricia, la ansiedad, el temor, la desesperación, la desobediencia, la religiosidad e idolatría. Serpientes que inyectan su veneno llamado falta de fe.

Como los israelitas en el desierto, muchos andan caminando con su vista en el suelo, para no ser mordidos por una serpiente sin darse cuenta que ya los mordió, porque dejaron de ver a Dios, porque dejaron de confiar en él y confiaron en sus fuerzas.

La orden de Dios en el desierto, es que todos mirasen a la serpiente que estaba arriba en una asta, como diciendo: mírenme a mí.

Por eso Juan nos dice: “Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del hombre sea levantado; para que todo aquel que en él creyere, no se pierda, sino que tenga vida eterna”.

Pensando en esta crisis, quiero preguntarte: ¿cuál es tu prioridad? ¿Hacia dónde volteas a ver? ¿En quién estas confiando?

¿Confías en el gobierno? Perdóname, pero el gobierno está igual o más desesperado que tú.

¿Confías en tus finanzas? ¿Confías en los geles antibacteriales y sanitizantes?

Todo esto puede fallar. Tu confianza debe estar en Dios solamente.

No adores la serpiente de bronce, no adores lo material, no adores lo humano, no adores lo que tú puedes ver pensando en que eso te va a salvar. Adora a Dios solamente.

Quiero proponerte aquí estás prioridades:

  1. Que tu prioridad sea confiar en Dios. Dios no es lo último que nos queda, es lo primero. Deposita tu fe en Él. Solo en él está nuestra paz y salvación.
  2. Protege a los más débiles. Seguramente hay gente que depende de ti, como niños o adultos mayores. Protégelos, ámalos y muéstrales que en Dios tenemos esperanza.
  3. Salva las almas. Háblale a las personas, que ya es tiempo de dejar todo ídolo. Es tiempo de dejar de confiar en sus posesiones, es tiempo de dejar atrás el ídolo del poder, de los partidos políticos, el ídolo de la falsa paz. Háblale a las almas que solo en Cristo hay salvación. 

Recuerda lo que Jesús dijo: Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo. Juan 

Recuerda, la iglesia no es un lugar a donde tú vas, la iglesia es una familia a que tu perteneces.