¿Qué Debería Hacer un Estudiante de Teología?

¿Qué es lo que debería hacer un estudiante de teología hoy?
Teología en práctica [1]

Leonel Iván Jiménez Jiménez

Tienen que ser como niños [Mt. 18.3] y es por esta meta que ustedes estudian teología: para convertirse en niños otra vez” [2].

Karl Barth

Estudiar teología es un acto de osadía. No es raro que cada generación de estudiantes de teología sea reducida. En medio de la incertidumbre económica y las presiones sociales, un estudiante de teología es un ser extraño: alguien que dedica su tiempo a estudiar idiomas que ya no se utilizan en la forma en que los aprende, que tiene asignaturas tan extrañas como “teología sistemática” y que pasa sus días (con sus noches) revisando un texto de autores inciertos y antigüedad considerable. 

​Además, el estudiante de teología se mueve en un mundo raro y contradictorio: la iglesia. Como creyente ha sido llamado a ser parte de la iglesia, el cuerpo de Cristo, pero también tiene como vocación servir a la comunidad religiosa cristiana. Tiene la misión de mirar a las congregaciones tal como Cristo las mira, como hombres y mujeres libres, pero también debe conocer las heridas y vicios de una comunidad en que habita un mundo también herido, no para juzgarla, sino para guiarla en la construcción de algo diferente. 

​Cualquiera en su sano juicio recomendaría alejarse de inmediato de la teología y los seminarios. No obstante, debemos decir lo contrario, pues el estudio de la teología implica cierta locura y mucha osadía, las cuales no son ajenas a la fe cristiana: la cruz es locura y la encarnación osadía de un Dios que ama sin limites. El estudio de la teología implica la locura de acercarse radicalmente a la revelación de Dios -Jesucristo- para pretender la osadía de “contar la vieja historia” a un pueblo necesitado de buenas noticias.    

1. La teología como única opción 

Dietrich Bonhoeffer, quien dedicó gran parte de su esfuerzo a enseñar, escribió en 1933 un ensayo con el título que hemos tomado prestado: “¿Qué es lo que debería hacer un estudiante de teología hoy?” [3] La pregunta es siempre vigente: mientras existan alumnos y alumnas de teología será relevante y deberá actualizarse al tiempo y contexto en que se vive. 

​Bonhoeffer inicia su ensayo con una declaración atrevida: uno debería estudiar teología sólo cuando existe la certeza de no poder estudiar cualquier otra cosa. La experiencia del llamado corre en paralelo: todo hombre y mujer creyente ha recibido la convocatoria para seguir a Jesucristo y servir a su causa. No hay excepción en esto: el llamado es para todas y todos, en diferentes ministerios y enfoques, pero no hay creyente que no sea convocado al servicio. El pastorado y el estudio de la teología (asuntos que no pueden separarse) tienen su fundamento en el llamado general de Dios a su pueblo, pero su marco decisivo está en la pasión de quien se decide por este particular camino. Quien decide estudiar teología es porque desea pensar acerca de Dios, deleitarse en las Escrituras, meditar en la misión de la iglesia y se ofrece a trabajar en el mundo desde la perspectiva teológica y la acción pastoral. 

​Para estudiar teología el requisito es que no exista otra opción, no porque el estudiante de teología no pueda explorar, incluso especializarse, en otros campos, sino porque todo le remite al camino que le apasiona. En un juego de conceptos, el estudiante de teología sabe que esta disciplina le ha atrapado de manera irresistible y no puede hacer más que caminar por ese sendero. Sin duda, el estudiante de teología requiere conocer el mundo en el que vive. No es posible responder a las preguntas que el mundo formula sin estar en diálogo y en el lenguaje cotidiano, por lo que estudiar teología exige un enfoque interdisciplinario. Sin embargo, el estudio de la teología y la práctica pastoral ofrecen un lenguaje único y un enfoque esencial: el lenguaje y el enfoque del evangelio. Este lenguaje y enfoque no es dicho por ninguna otra disciplina, por lo que es esencial que el estudiante de teología pueda articularlo lo mejor posible. Su tarea es esencial para el mundo porque el lenguaje y enfoque del evangelio son necesariospara el mundo. 

​Como todas las disciplinas, el estudio de la teología conlleva grandes desafíos, pero tiene retos que no se encuentran en otras vocaciones. El estudiante de teología no sólo ama su disciplina, sino que también ha prometido amar a los destinatarios del decir teológico: la iglesia y el mundo. Este desafío es el mayor de todos, pues se presenta como una mujer o un hombre de lenguaje extraño, juzgado por los estándares de muchos, cuestionado en su conocimiento y crecimiento. Este juicio es hecho por quienes ha decidido amar: por el mundo, que considera a su disciplina intrascendente, y por la iglesia, pueblo redimido, pero también herido. A pesar de esto, el estudiante de teología debe seguir con su preparación y la proclamación del mensaje que ha recibido. 

​A pesar de los desafíos y en medio de las muchas disciplinas que existen, quien estudia teología debe remitir su mirada al centro de su tarea: Jesucristo. Estudiar teología y ejercer la labor pastoral no es otra cosa sino mantener fija la mirada en Jesucristo e invitar a que otros también lo hagan. Para la teología, todo problema del mundo, aunque estudiado desde sus muchas aristas, debe ser visto desde Jesucristo. La pasión de quien estudia teología es esta: el deseo de mirar todo desde Jesucristo. 

2. Estudio responsable y escucha

Para Bonhoeffer el estudio responsable y la escucha son indispensables en el estudio de la teología. Es necesario escuchar la Palabra de Dios y, para poder hacerlo, es necesaria la humildad. No hay mayor peligro para el estudiante de teología que la pérdida de humildad: pensar que se sabe todo, juzgar a quienes tienen opiniones diferentes o una preparación distinta, saberse demasiado capaz. Es verdad que hay mujeres y hombres que trabajan lo suficiente para convertirse en exégetas bíblicos creativos, teólogos capaces, predicadores convincentes y pastores sabios, pero quien exalta sus propias virtudes, aún más el que juzga al otro, deja de escuchar la Palabra revelada en el mundo. 

​Esta tentación es constante en el desierto del estudio de la teología. A cada paso se presentará la oportunidad de considerarse mejor que el otro, crítico eficaz del prójimo y autosuficiente en las capacidades propias. Esto no es más que querer convertir en pan las piedras del camino: el hambre de reconocimiento suele ser grande, tanto que no pocos terminan por arrojarse del pináculo de los templos. Por esta razón es necesario recordar un solo verbo a toda persona involucrada en el estudio teológico: Escucha. Escuchar la Palabra de Dios es recordar que nada se sabe, que siempre se estará a la entrada del misterio y que sólo por gracia es que se conoce el evangelio. Se encuentra a la Palabra encarnada no en un hombre docto, sino en un galileo pobre y despreciado por los teólogos de su tiempo. 

​La humildad de saberse escucha de la Palabra lleva a la necesidad del estudio disciplinado. Los desvíos teológicos son peligrosos para el mundo: han costado sangre, opresión y exclusión de millones. Quienes, en nombre del evangelio, han provocado guerras, discriminaciones y violencias en mujeres y hombres, han pasado por las escuelas de teología. No sólo debe mantenerse a Jesucristo como el centro de toda labor teológica, sino que quienes estudian teología deben tomar en serio su disciplina: no puede hacerse menos el ejercicio exegético, el rigor metodológico, el estudio del acompañamiento pastoral y la labor homilética. Pensar que quienes ejercen el pastorado no requieren estudio teológico formal y disciplinado es una falacia. Considerarque la teología puede mantenerse en la academia es un espejismo. Imaginar que se puede estudiar teología sin disciplina es un absurdo. 

​El estudiante de teología necesita de tiempo, espacio y recursos -por más limitados que sean- para conocer la historia de la iglesia, el caminar de dos mil años de teología, los avances más recientes en la investigación bíblica y los desarrollos en la pastoral. El estudio de la teología requiere de lectura, paciencia, ejercicio de la creatividad, curiosidad insaciable y la construcción de la disciplina propia de quien necesita especializarse en su campo.

3. Servir a la verdadera iglesia de Cristo

La iglesia es la nueva voluntad y propósito de Dios para la humanidad [4]. La iglesia ya está completa en Cristo, revelación del corazón de Dios y su fundamento inconmovible, de quien cada creyente es miembro de su cuerpo. La iglesia plena en Cristo es vista en la comunidad cristiana en el mundo. Esta comunidad es comunidad de Dios, unida por el Espíritu Santo. Sin embargo, la comunidad cristiana vive en la continua tensión entre el pecado y la realidad de Cristo. Como iglesia de Cristo es plena, pero como comunidad debe ser continuamente restaurada y afirmada en su vocación como representante de la nueva humanidad. 

​En otro texto, Dietrich Bonhoeffer expresa cuál es la responsabilidad de la comunidad cristiana al interior: “permitir nuestro encuentro para que nos revelemos mutuamente la buena noticia de la salvación” [5]. Aún con las muchas deficiencias de la institución religiosa y los constantes quebrantamientos de la comunidad religiosa, el estudiante de teología debe saber que en esa comunidad e institución quebradiza, lastimada e hiriente está congregada la iglesia de Cristo. La comunidad religiosa no es la Iglesia ya plena gracias a la obra de Cristo, pero sí reúne -y esa reunión es por obra del Espíritu Santo- a hombres y mujeres que han sido llamadas por Jesucristo. Por lo tanto, quien estudia teología está obligado a servir a la verdadera iglesia de Cristo: aquel cuerpo -verdadera presencia de Cristo en el mundo- que se deja entrever en la comunidad religiosa. 

​El estudiante de teología, al realizar este servicio, sabe que la vocación de la iglesia es confesar a su Señor. La iglesia es testimonio de la fe en Jesucristo: no tiene otra vocación. Toda palabra y obra nacen de este testimonio. Quien estudia teología se prepara para ser guardián del testimonio de Jesucristo, pues de continuo está amenazado por la falsa doctrina, la idolatría y las leyes injustas. El estudio de la teología sirve a la iglesia al reconocer los desvíos, los cuales no deben ser equiparados con las diferencias de opinión. Los desvíos de la iglesia son aquellos que llevan a servir a dioses falsos, hechos a imagen humana, instrumentos de opresión y demandantes de sacrificios. La teología da testimonio de Jesucristo y, al dar testimonio, denuncia a los ídolos, los cuales suelen habitar en las instituciones y se infiltran en la comunidad religiosa. El estudiante de teología se prepara para dar la voz de alerta y gritar cuando el Enemigo está al acecho: es un atalaya que protege al pueblo con su voz. Esto le ha de costar grandes decepciones, lágrimas y rechazos, pero debe saber que es parte de su vocación. No hay profeta que pueda estar tranquilo demasiado tiempo, ni atalaya que pueda descansar por completo. 

​Hay quienes enarbolan la bandera del conocimiento, la pureza teológica y la correcta interpretación de la Biblia. El estudiante de teología debe aprender que justamente ahí es donde el peligro abunda. No puede someterse a quienes afirman esto, mucho menos convertirse en uno de ellos. Se estudia teología para saber que no se sirve a un modelo institucional, ni teológico, ni hermenéutico, sino que se sirve al Dios que habla en el presente y se mueve en el mundo de hoy; que ha dado testimonio en las Escrituras y la tradición de la iglesia, pero que sigue proclamando buenas noticias a las y los afligidos de este tiempo. El estudiante de teología no se prepara para servir a lo que otros han dicho, sino a lo que Dios ha revelado en Jesucristo. En palabras de Bonhoeffer, esto debe pensarse con cuidado, modestia, objetividad, en amor, pero también con audacia, plena determinación, y en el mismo espíritu dar testimonio de ello. 

​Servir a la verdadera iglesia de Cristo es proclamar en todo momento el testimonio de Jesucristo, alentar a la comunidad religiosa para asumir su vocación y alertar cuando el falso profeta se aproxima.  

4. Dar testimonio del amor

Finalmente, quien estudia teología requiere saber que todas sus palabras, acciones y estudio hablan del pacto que une al ser humano con Dios y a Dios con el ser humano. Dice Karl Barth, 

El objeto de la teología es, en realidad, Jesucristo. Ahora bien, esto significa que tal objeto es la historia del cumplimiento del pacto entre Dios y el hombre. En esta historia, el gran Dios se dio y se ofreció a sí mismo en su propia libertad original para ser el Dios del hombre pequeño. Pero, en esta historia, el hombre pequeño se dio y se ofreció también a sí mismo, en la libertad que le fue concedida por Dios para este acto, con el fin de ser el hombre del gran Dios” [6].

​Estudiar teología es dar testimonio de este amor perfecto. No hay otro tema, sino este. Podrá hablarse de los temas del mundo, de la institución religiosa, de las comunidades de fe; de política, economía, ecología, estudios de género, violencia y más, pero siempre desde el testimonio del amor perfecto del pacto entre Dios y el ser humano. Quien estudia teología anuncia el pacto hecho por Dios a todas las esferas de la vida. Quien estudia teología sabe que debe acompañar -en las calles si es necesario o en las formas que sean adecuadas- la causa de Dios en el mundo, no para repetir lo que otros han dicho, sino para anunciar que hay Alguien que hace nuevas todas las cosas. 

​A causa de este amor, el estudio de la teología debe hacerse bajo ese principio. “Sin amor, -dice Barth- la labor teológica sería una lamentable polémica y un desperdicio de palabras” [7]. El mundo y la comunidad cristiana están hastiados de lamentables polémicas y desperdicio de palabras. Hay demasiadas voces que claman para sí mismas la razón y anuncian -incluso sin saberlo- esclavitud y rechazo. Las polémicas son cada vez más cansadas y absurdas, alejadas del pacto de reconciliación establecido en Jesucristo. Por esta razón son necesarios los y las estudiantes de teología. Cada persona que levanta la mano para asumir la locura y osadía del estudio teológico, cada generación que entra a un seminario es esperanza de que terminarán pronto las lamentables polémicas y los desperdicios de palabras. Cada vez que alguien decide dedicar sus años al estudio de la teología y la práctica pastoral la esperanza se renueva: habrá quienes sean atalayas de la comunidad cristiana, anunciadores del pacto y testigos de Jesucristo. 

​En suma, ¿qué debería hacer un estudiante de teología hoy? Saber que se prepara con disciplina, paciencia y esfuerzo para dar testimonio del amor de Dios en Jesucristo, tanto a la comunidad cristiana como al mundo. Estudiar teología es una respuesta al amor de Dios y un compromiso de amor a la iglesia y al mundo. Todo se resume en esa palabra, porque el amor es lo único que permanece. Todo terminará llegado su momento, mas el amor quedará por siempre. “Este amor permanece en aquel en quien el pacto entre Dios y el hombre ha llegado a cumplirse. Permanece incluso cuando los teólogos vienen y se van, incluso cuando las cosas llegan a resplandecer más o a estar más oscuras en la teología. Permanece como el sol cuando está nublado, como el sol que existe y permanece victorioso por encima de las nubes” [8]. Este es el amor que anuncian quienes estudian teología. 


NOTAS
[1] Campamento vocacional del Seminario Metodista “Dr. Gonzalo Báez-Camargo” (5 de julio de 2020).  
[2] Eberhard Busch (ed.), Karl Barth in Conversation, v. 2 (Louisville: Westminster John Knox Press, 2018), 110. Traducción propia.
[3] Larry L. Rasmussen (ed.), Dietrich Bonhoeffer Works: Berlin 1932-1933, v. 12, trad. Isabel Best y David Huggins (Minneapolis: Fortress Press, 2009), 432-435.
[4] Dietrich Bonhoeffer, Sanctorum Communio: a theological study of the sociology of the Church, trad. Reinhard Krauss y Nancy Lukens (Minneapolis: Fortress Press, 2009), 141.
[5] Dietrich Bonhoeffer, Vida en comunidad, trad. Francisco Tejeda (Salamanca: Sígueme, 2005), 15.
[6] Karl Barth, Introducción a la teología evangélica, trad. Constantino Ruiz-Garrido (Salamanca: Sígueme, 2006), 234.
[7] Ibid, 228.
[8] Ibid, 237.