Pastoral para la Vejez (1)

Los retos de una pastoral para la vejez
(Primera parte)

Abner Alaniz Rangel (adaptación)

Debo advertir que me presento como un aficionado, en proceso de vejez, que comparte sus experiencias de más de 50 años de ministrar al servicio de la Iglesia Metodista de México, además de amplia investigación documental; y no tanto como un experto en la materia.

Sólo lamento que tengo la condicionante del tiempo, que me obliga a dejar en el tintero mucho del material investigado; y hay razón en ello, los expertos afirman que no se puede conservar la atención del auditorio, más allá de unas cuantas líneas. Invoco vuestra indulgencia.

«Senectus ipsa est morbus». “¡Qué pena llegar a viejo!” reza un viejo texto egipcio, que data de 2,500 años antes de Cristo; y añade: “El viejo se debilita día a día, sus oídos se vuelven sordos, su vista se baja, su fuerza declina, el corazón no descansa. La boca se queda muda y ya no habla. Sus facultades mentales merman; no consigue recordar hoy lo que hizo ayer. La vejez es la peor de las calamidades que puedan afligir al hombre”.

Slattery afirmaba: “La edad no es un pretexto para hacerse viejo”. “Por más viejo que seas puedes ser más joven que nunca”: Albert Einstein. “Envejecer es ser capaz de ser más joven durante más tiempo que los otros”: Bernard Shaw. “Por el hecho de envejecer no se deja de reír; mas dejar de reír te hace envejecer”: Honoré de Balzac.

“Setenta años se nos conceden. Y algunos quizá vivan hasta ochenta, pero aún los mejores de esos años suelen ser de vacío y dolor; pronto desaparecen y nos esfumamos” (Salmo 90:10). “Juventud y pelo negro, vanidad”, observa el Eclesiastés (11:10). La Biblia no se recata en llamar la atención sobre la caducidad de la vida y del tiempo, que pasa inexorablemente, a veces con un realismo descarnado: “¡Vanidad de vanidades! […] ¡Vanidad de vanidades, todo es vanidad! “(Eclesiastés 1, 2). ¿Quién no conoce esta severa advertencia del antiguo Sabio? Sin duda, los ancianos, especialmente enseñados por la experiencia, lo entienden muy bien.

Setenta eran muchos años en el tiempo en que el salmista escribía estas palabras, y eran pocos los que los superaban. Hoy, gracias a los progresos de la medicina y a la mejora de las condiciones sociales y económicas, la vida se ha alargado notablemente. Sin embargo, sigue siendo verdad que los años pasan aprisa.; el don de la vida, a pesar de la fatiga y el dolor, es demasiado bello y precioso para que nos cansemos de él; por ello el Rey David exclama: “Enséñanos a contar nuestros días y a reconocer cuán pocos son; ayúdanos a emplearlos como debemos” (Salmo 90:12). “Fui joven y estoy viejo, y en todos mis años jamás vi que el Señor abandonara al hombre que lo ama; tampoco he visto a los hijos de los justos pasar hambre” (Salmo 37:25).

“Y ahora, en mi vejez, no me eches a un lado. No me abandones ahora que las fuerzas me faltan […] y ahora que estoy viejo y canoso, no me abandones. Dame tiempo para contarle a esta nueva generación, y también a sus hijos, de todos tus potentes milagros” (Salmo 71: 9, 18). “Los nietos del anciano son su corona de gloria. La gloria del hijo es su padre” (Proverbios 17:6). “Escucha el consejo de tu padre y no menosprecies la experiencia de tu madre anciana” (Proverbios 23.22).

¿Qué es la vejez? La mayoría de las definiciones subrayan los aspectos deficitarios, negativos: la vulnerabilidad, la propensión a las enfermedades, la progresiva marginación, el acercamiento de la muerte. El envejecimiento es un hecho ineludible, pero el considerarse agotado, en régimen de bajas revoluciones y al margen de las cuestiones que afectan a la sociedad en su conjunto, es una opción estrictamente individual.

La vejez, es la etapa de la vida que representa madurez y experiencia. Es un periodo estable, de reflexión, de toma de decisiones bien pensadas: es un tiempo de pausas, avances retrocesos. Para algunos estudiosos esta etapa es una especie de segunda adolescencia. A pesar de ser esta etapa de la vida una situación privilegiada con respecto a las edades anteriores, sin embargo, es la más descuidada por los sicólogos y sociólogos, debido a que no hay accesos a grupos de la sociedad adulta que puedan ser investigados con mayor facilidad; tampoco hay ritmos de crecimiento tan claros en los adultos que dejen huellas perceptibles.

Para muchas personas la vejez es un proceso continuo de crecimiento intelectual, emocional y psicológico. Momento en el cual se hace un resumen de lo que se ha vivido hasta el momento. Es un período en el que se debería gozar de los logros personales y contemplarse los frutos del trabajo personal. El envejecimiento es un proceso que comienza pronto en la persona. La vejez, constituye la aceptación del ciclo vital, único y exclusivo de uno mismo y de todas aquellas personas que han llegado a este proceso. Supone una nueva aceptación del hecho que uno es responsable de la propia vida. (4)

Este periodo de vida no esta exento de vivir su propia crisis de desarrollo (física, sexual, emocional e intelectual). La crisis pasa por la tensión, preocupación, angustia, soledad, la incomprensión y el temor del avance de los años. Sin duda que es una etapa de vida que necesita la atención pastoral, en donde el evangelio pueda dar esa paz y tranquilidad deseada en un mundo que vive en forma apresurada y llena de violencia.

Vejez, tercera edad, edad adulta, adultos en plenitud, senectud; como se le quiera llamar, es un periodo existencial en el cual se tiene terror, nadie quiere imaginarse “viejo”. Mas aún, si la sociedad presta su mayor atención a la niñez que a la vejez. Hay una sensación de decadencia, enfermedad, ruina, pérdida, separación, rechazo, abandono, martirio, suicidio, asesinato y genocidio.

Nadie quiere aceptar que se envejece, que el cabello comienza a cambiar de color hasta llegar a encanecer, o de plano se ha caído. En esta situación muchos recurren a una serie de recursos artificiales para aparentar ser joven: el yoga, el yogurt, dietas de moda, lociones, lámparas de sol, cremas anti arrugas, vitaminas, cirugía plástica, preparados de belleza, planchado de cutis, ejercicios de gimnasia, máquinas rejuvenecedoras que devuelvan la elasticidad juvenil a piel y a los músculos, curas para impotencia, técnicas sexuales, etc. El tiempo es el mayor enemigo. Esta es la crisis de la tercera edad.

En realidad, la vejez debería ser una etapa de tranquilidad, sosiego, reflexión madura, experiencia al servicio de la juventud, preparación para la etapa final. La sociedad debería explotar la experiencia de las personas de este periodo de vida y brindar lugares propicios para su descanso y recreación. A veces se habla de ella como del otoño de la vida -como ya decía Cicerón-, por analogía con las estaciones del año y la sucesión de los ciclos de la naturaleza, primavera, verano, otoño e invierno; basta observar a lo largo del año los cambios de paisaje en la montaña y en la llanura, en los prados, los valles y los bosques, en los árboles y las plantas.

Hay una gran semejanza entre los biorritmos del hombre y los ciclos de la naturaleza, de la cual él mismo forma parte. Al mismo tiempo, sin embargo, el hombre se distingue de cualquier otra realidad que lo rodea porque es persona, plasmado a imagen y semejanza de Dios, como un sujeto consciente y responsable. La reflexión que predomina, por encima de episodios particulares, es la que se refiere al tiempo, el cual transcurre inexorable. “El tiempo se escapa irremediablemente”, sentenciaba Virgilio el antiguo poeta latino.

“El hombre está sumido en el tiempo: en él nace, vive y muere”. Con el nacimiento se fija una fecha, la primera de su vida, y con su muerte otra, la última. Es el alfa y la omega, el comienzo y el final de su existencia terrena, como subraya la tradición cristiana. No obstante, aunque la existencia de cada uno de nosotros es limitada y frágil, nos consuela el pensamiento de que, por el alma espiritual, sobrevivimos incluso a la muerte. Además, la fe nos abre a una “esperanza que no defrauda” (Romanos 5, 5), indicándonos la perspectiva de la resurrección final.

La Escritura conserva una visión muy positiva del valor de la vida. El hombre sigue siendo un ser creado “a imagen de Dios” (cf. Génesis 1:26) y cada edad tiene su belleza y sus tareas. Más aún, la palabra de Dios muestra una gran consideración por la edad avanzada, has el punto de que la longevidad es interpretada como un signo de benevolencia divina (cf. Génesis 11:10-32).

Con mi afecto y respeto.

Un comentario sobre “Pastoral para la Vejez (1)

  1. La palabra jubileo está vinculado con jubilación, cómo ese tiempo de gracia, cómo ese momento para el descanso. Hoy no todos los adultos mayores tienen esa oportunidad, pues siguen trabajando. Es un tema que debe de profundizarse porque no existe una pastoral que atienda las necesidades, de forma integral, al adulto mayor. Una alumna que hacía una investigación sobre el tema y se dió cuenta que muchas veces son ellos quienes sostienen el trabajo eclesial y son menospreciados; que hasta los 70 años todavía van a la iglesia pero conforme pasaba los años, ya no, pero ya no se les visitaba, etc. Requiere tres elementos, me parece 1. Analizarlo bíblicamente e históricamente; 2. Investigar el tema en la iglesia; 3. Acompañarlos. Dios le bendiga hermano Abner.

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