Documentado y Arreglado por Silvano Mares, tomando los conceptos fundamentales de los Rdos. Lic. Héctor Laporta y Rev. Lic. Jorge Bravo C.
Silvano Mares Rangel
In Memoriam del Dr. Gonzalo Báez Camargo,
ecumenista ejemplar y miembro de la IMMAR
La actitud retrógrada de algunos cristianos metodistas, carentes de la debida y suficiente información, produce un oscurantismo que deriva en actitudes de una supina ignorancia, que deriva en actitudes contrarias a lo que Jesucristo expresara en San Juan 17:21, “Mi ruego es que mantengan siempre la unidad espiritual como tú y yo, Padre, la mantenemos. Y que de la misma forma que tú estas en mí y yo en ti, que ellos estén en nosotros”; por su parte San Pablo, en su carta a los Efesios en el capítulo 4, verso 3 señala: “Unidos, déjense guiar por el Espíritu santo; y reine entre ustedes la paz”. ¡Más claro ya no se puede!
Don Gonzalo, a quien siempre admiré no sólo por su brillante carrera como miembro de la Academia, lingüista y biblista de renombre, que estuvo en las excavaciones del Qumran, y periodista de amplio reconocimiento (decano de los editorialistas de EXCELSIOR); sino por ser mi tutor en muchos de los aspectos de mi formación profesional-teológica y periodística, siempre fue un baluarte del verdadero metodismo, siguiendo la égida del Rev. Juan Wesley; su docta cátedra sobre estudios de la Biblia, en la Iglesia “La Santísima Trinidad”, siempre fue un abrevadero de mentes lucidas que querían profundizar no solo en su fe, sino en el conocimiento de la Palabra de Dios, y que precisamente por esas actitudes recalcitrantes y dogmáticas, se vio opacada, a grado tal que cuando ya no pudo continuar con su clase, tuvo que buscar refugio en el Auditorio de la Sociedad Bíblica de México, y de esa manera se perpetuo la cátedra, de tan ilustre magistrado.
Hoy, con la dispensa de mis amables lectores, me ha invadido la nostalgia, de aquellos tiempos en que Don Gonzalo Báez Camargo, (Pedro Gringoire, como editorialista de Excelsior), y este escribidor, nos reuníamos en el TOKS, de Av. División del Norte, al calor de unas humeantes tazas de café, y recibía de su docta enseñanza, que bien supe aprovechar. “Mi maestro” ¡es de esas pocas gentes que se da a extrañar!
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